martes, 25 de diciembre de 2012

Chismorreo de navidad


" Pobre familia, sabe usted. Los abuelos, digo...
De pequeña, la hija mayor, la morena, era dulce, calladita. Pero su hermano el segundo, un mentiroso redomado.
Ella era obediente, un ejemplo de niña hacendosa. Y su hermano, un "bala perdida".
La otra hermana, Belencita, no había nacido todavía... llegó mucho más tarde. Un descuido.
La mayor era...
Era. Hasta que conoció a Gaby, el cartero y su amigo Pepe, el dueño de la carpintería de aquí al lado.
Ah! que ya los conoce usted...
Pues eso... que un día la niña fue al taller de Pepe a pedir un presupuesto para la rueca que de un tiempo a esa parte hacía un ruido raro: se le atascaba no sé qué y la lana se le rompía al dos por tres. O eso dijo...

Cuando al cabo de meses, apareció a la puerta de su casa un cesto, no con el pan nuestro de cada día, no, sino con un chiquirritín dentro, al hermano, nadie le creyó.
Le pasó como al pastorcito aquel con el lobo y las ovejas.
Se armó la marimorena. Se enteró todo el barrio.
Se oían los gritos desde la calle:

-¡Pinocho! ¡Ya está bien ¿no te parece?! ¡No seas más terco que la mula! ¡La Mari es una santa! Y más te valdría aprender de ella.

Como digo yo:
 "Unos crían las ovejas y otros se llevan la lana" ¿verdad? O algo así...
Eso me recuerda lo de los bancos (luego se lo cuento)...

Pero bueno... los abuelos son buena gente y donde comen cuatro, comen cinco y donde comen cinco comen seis. Y como el niño, angelito, no hablaba todavía y no sabían lo que les esperaba, se lo quedaron.
Y santas pascuas.

La verdad es que al principio el chaval era majo, sabe usted... un poco soñador quizá. Un iluminado que le dirían en mi pueblo... majo, sí... hasta que los amigotes le metieron en una compañía de teatro, italiana creo. Déjeme pensar...Es muy conocida... Sí, la de los "Hermanos Estrómboli": montan espectáculos de títeres por todo el mundo. Y por lo visto les va muy bien.
Y allí, se juntó con unos cuantos elementos. Con él, eran trece en total. Mal número...
Siempre de cuchipanda y gastando bromas... hasta en los cementerios... al dos por tres desvalijaban la pescadería o la panadería... y hasta se colaban en las bodas para hacer de las suyas.

Y que conste que el chaval no tenía mal fondo.
Pero como decía su pobre madre que en paz descanse
" Ya se sabe... las malas compañías."

Por cierto, hoy es su cumpleaños. Me lo dijo su tío esta mañana mientras fregaba yo las escaleras... que tendré que volver a limpiar con la de gente que subirá otra vez. Y ¿sabe usted el ruido que arman con la batería y las trompetas?... y beben y beben... botellas y más botellas... y me tocará otra vez a mí recoger los cristales rotos... y además, a saber si es verdad, lo del cumpleaños... qué el tío también... le gusta tomarme el pelo... Se cree que soy tonta y que no me doy cuenta...

¿Sabe que el tío tiene un despacho en el ayuntamiento? Asesor del ayudante del asesor del segundo secretario de no sé quién. Como lo oye.
Así que... mejor me callo.
No vaya a ser que me quiten la portería o me hinchen el recibo de la luz... que ya me han quitado la paga extra. Ni lotería he podido comprar este año. Hasta el lotero se puso de huelga el otro día.

Hablando de la luz, habrá que decirle al presidente de la comunidad que saltan los plomos en cuanto se encienden las del belén....

¿Ha visto qué bonito nos ha quedado?



Es que estas fechas son una fiesta para los niños ¿verdad?

Es el cumpleaños de todos los niños del mundo a la vez ¿no?...

Y yo, para ver sonreír a los padres y reír a los niños...
lo que sea.

Ya tendrán tiempo de llorar con la que cae... Por cierto, no se le olvide el paraguas, que el tiempo amenaza tormenta... ¡Qué pase un buen día!
Yo voy a seguir con mi limpieza, que mucho hablar, mucho hablar pero el trabajo no se hace solo.
Lo dicho: ¡qué pase un buen día! "

Pompita de "A mal tiempo, buena cara"

              para los niños de los cinco continentes.

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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Entrada especial

Entrada especial dedicada a todos los bailones de cualquier edad y ritmo
         pero en particular para Mari y Jordi.

 ¡Va por vosotros, taberneros! ¡¡¡¡Muac!!!!



Y también...



Pompita musical

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martes, 18 de diciembre de 2012

Destino de juguete


Ya no lleva el timón de su viaje. Entre risas lo llevó hace tiempo o por lo menos eso creía.

En realidad, siempre a merced de la corriente del río o de la marea o del viento o de la calma inmóvil de su puerto.

Cuando salió a la luz de un día especial de invierno, tenía grandes aspiraciones: iba a descubrir el mundo y surcar los siete mares.
Navegó hasta la otra punta del mundo.
Trajo a la vuelta sedas y perfumes, especias y frutas exóticas.
Le esperaban gozosos todos los puertos y se llenaba su barco de maliciosos grumetes.
Desafiaba las tempestades y atracaba en islas paradisiacas.
Festejaba los viajes en las tabernas de la bahía, rodaba en todas las camas de las casas alegres, bebía con todos los mendigos y los lisiados, caía rendido, harto de ron y de manjares contundentes, debajo de las mesas de todas las posadas donde le perseguían los gobernadores vengativos.
Le llamaban por su nombre todos los loros y buscaba sus caminos mirando la Osa polar... (*)

... Pero esto se acabó: el pirata no es más que un juguete que no volverá a la Isla del Tesoro, ni al País de Nunca Jamás, ni comprará los sobrecitos de sueño de la Isla de los Placeres, ni compartirá viajes con Gulliver...

Olvidado en su caja de cartón, roto su barco, perdido entre indios, cochecitos sin motor, la granja otrora ruidosa y ahora muda, los puzzles de Peter Pan, las canicas de cristal, los libros de Teo, el juego de la oca y las cartas de las siete familias.
Olvidado en el fondo de un baúl, en un rincón del cuarto infantil.
Olvidado por el niño que lo recibió con alegría... un niño que ya no es niño.

El pirata no es más que un juguete entre otros.
Y se acaba de dar cuenta: su niño se ha hecho muy mayor.
El niño ya no comparte juegos con la hermana pequeña que todavía ayer le preguntaba :
   "¿Jugamos a los piratas? A mí, me aburren las barbies"
El niño ni le contesta.
El verano pasado, se encaprichó de los juegos
                           del ordenador.

Falta poco para que bajen el baúl al trastero
                                    y con él, al pirata.
                              .................................................

Pompita para todos los juguetes cuyos niños han crecido.

                         ¡Démosles otra vida!
             Otro niño les espera para poder soñar...

.* contracción infantil oída hace años ;)

martes, 11 de diciembre de 2012

Luna menguante

                                            de la red

¿No sabeis por qué mengua la luna?...
Pues yo os lo digo: por siete razones:

- porque se la comen a cachito los ratones cada noche...
- porque se derrite como una bola de sorbete de limón...
- porque se esconde detrás de sus hadas de nube...
- porque la desgastan los ojos de los astrónomos...
- porque se agota corriendo detrás del sol...
- porque se entrega sin medida a los poetas...
- porque se hace cuna y cobijo...

-¿Estás segura?...
-Completamente segura. Y si no me creéis...
... pues aquí tenéis otras razones:

LA LUNA

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.
 

                                                Jaime Sabines

Ahora, ya sabéis por qué mengua la luna.

Pompita para los poetas-poetas y los astrónomos-poetas
y también para los astrónomos-astrónomos.

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martes, 4 de diciembre de 2012

Las hadas del invierno


Las hadas del invierno peinan una larga cabellera azul noche profunda que sujetan con estrellas de hielo y cubren coquetamente con leve tocado de gasa gris humo de chimenea.
Lucen piel de plata y ojos de acero puro.
Suelen vestir de añil o de blanco, con tupidas capas de armiño ribeteado de terciopelo celeste.
Y usan unos largos guantes de seda brillante, abotonados con hexágonos de nieve.

Se mueven de noche, silenciosas, deslizándose sobre el hielo de los lagos, contemplándose en los espejos de las charcas dormidas, paseando por el bosque, sin palabra, eligiendo a las víctimas de sus besos entre los árboles más débiles. Y bajo el peso de sus caricias, se quedan entumecidas las ramas y crujen; degarradores quejidos sin respuesta.
Y ellas sonrien, despectivas, metálicas.
Porque ellas son fuertes, resistentes y conocen todos los secretos.Y ya nada las sorprende.
Ni los secretos de los humanos.
Son las que mejor conocen al ser humano que desde siempre ha luchado contra ellas, contra su aliento gélido, contra su escasez de generosidad, contra sus garras de hielo, contra sus dentelladas de cierzo... contra su indiferencia cómplice con la señora de la guadaña.

Son las hadas de los contrastes:
Son insensibles, frías, silenciosas y sin embargo nos traen el bullicioso calor casero, calor de familias que en sus fechas se buscan para compartir recuerdos, repartir besos atrasados y transmitir sus ritos.

Pero sólo los niños las quieren, jugando con sus risas nevadas y sus bromas de patinaje; y esperando sus sorpresas de año en año.
Y ellas las traen: con ciudades y casas decoradas con carcajadas de colorines brillantes, regalos cerca de un abeto que ellas ornan con bayas rojas robadas al acebo, alegría infantil y ruidosa de zambombas y panderetas y soplos de vaho maravillado encima de las bufandas.

Son contradictorias, frías y cálidas, desconcertantes.
Y por eso casi nadie las quiere... casi nadie las entiende.
Son implacables con los pobres, por ignorancia, porque no entienden a los humanos necesitados de calor.
Pero por unos días sacuden a los menos pobres en el corazón cuando los tocan con sus uñas de hielo que se tiñen de tesoro escondido.
El que dormita en todo ser humano y que pocas veces saben despertar sus hermanas más risueñas y olvidadizas.

Son guapas y distantes.
El sol se torna pálido para dejarlas disfrutar un rato de la naturaleza. Para que luzcan ellas.
La luna las ama, brillando con más nitidez en su cielo nocturno, reflejándose, coqueta, en cada copito de su nieve que añade estrellas bailarinas y caprichosas al séquito de la reina selenita.
La tierra disfruta con ellas, las recibe con gozo, hinchándose de aguas futuras... Año de nieves...

Son alegres y serias.
Nos regalan noches largas para festejar. O para refugiarnos en lo más profundo de nuestras almas, cobijo interior, reposo donde tomar impulso para la próxima vuelta de la rueda sin fin, para encarar con templanza la llegada de las amigas del sol: las despreocupadas e ingenuas hermanas verdes que pronto se asomarán, haciéndoles burla.
Pronto asomarán...primero tímidamente, vacilantes, indecisas y luego con aplomo impertinente.
Asomarán en cuanto ellas, hadas azules, dejen caer lentamente su capa de armiño en gotitas cristalinas y cantarinas...
En cuanto guarden sus espadas de témpanos...
En cuanto se vayan, desnudas, piel pura, a la soledad secreta y libre de sus neveros, en lo alto de las montañas, más cerca del cielo que les da su color infinito.

Así son las hadas de cabellera azul...
... con sus labios que sonríen friamente y reparten besos de cencella refulgente sobre cada rama del bosque...
y con estrellas doradas en el fondo de sus ojos de humo.

Pompita azul, azul noche, azul profundo, azul eléctrico,
                             azul cielo de invierno.

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sábado, 1 de diciembre de 2012

Paroles, paroles, paroles...


Tenía que ocurrir:  las palabras explotaron. Pues hartitas estaban con las etiquetas que les habían puesto y sobre todo hartas del mal uso que de ellas se hacía.
Algunas estaban molestas.

Por ejemplo animalitos sin malicia como el cerdo, la víbora, el cabrito, la cotorra... ya os podéis imaginar: cuando unos no están en el plato es porque los cocineros se los tiran a la cabeza de mala manera y de las otras, unas malas lenguas desvirtúan su significado.

El amor y el sexo también se preguntan cosas del estilo "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?" los han liado y manoseado tanto desde siempre que ya ni ellos mismos saben lo que significan.

Y ¿la generosidad? ¿qué me dicen de la generosidad?
¿la caridad bien entendida? pues de ella se rumorea que debería empezar por sí misma.
Curioso...

Y cantidad de páginas en el diccionario que ya no informan sino crean más y más confusión ya que cuando salen de paseo nadie las reconoce...

Pero para volver a la explosión... hay otras bastante más indignadas como son

                  Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Tres que llevan años intentando calar de verdad (ésta es otra que también está hasta las narices), intentando calar de verdad en la mente y el corazón de la gente.

La Libertad, estática a la entrada de un puerto o al pie de un puente.
La Igualdad, siempre buscando su lugar entre signos inequívocos de más o menos.
La Fraternidad, resumen de reuniones de dudoso cariz e intención.

Una se salva: la Amistad. Siempre se olvida de la etiqueta y de las buenas maneras pero a la suya, sale siempre a flote. Esto es cierto.

Y otra se desespera: la Verdad... Ésta, siempre lo ha tenido muy difícil... "Si quieres que te diga la verdad..." o "¿verdad que...?" Aunque nos digan que va por delante siempre se nos esconde la mitad y cuarto y mitad.

En serio: no sé en qué piensan los que hacen los diccionarios. Deberían repasar sus definiciones o sus métodos de enseñanza.
 ............

Pompita con agua turbia, jabón que huele mal y que llevaba mucho tiempo a punto de explotar.

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martes, 27 de noviembre de 2012

Sensaciones


No debí dejar la ventana abierta tanto tiempo.
No es más que un soplo de aire, insignificante tal vez, pero de repente me estremezco.
Luce un sol más pálido en esta época del año, inundando el salón, rozándome los pies al pasar, recreándose un menguante rayo en la taza del té que no he terminado de beber; juguetea su reflejo frío en la cuchara. Una cucharada de luz.
De luz sin calor. De sol de casi invierno.
Lo veo encima del olivo, en esta parte congruente del jardín que vislumbro desde el vértice de mi sillón, desde mi ventana.
Este cielo de otoño tiene hoy un apagado color azul de romero. Lo cruzan unas livianas nubes grises, deshilachadas por el aire fresco que sopla desde la sierra. No amenazan.
Pero noto como el peso de unos dedos fríos en mi nuca. Sensaciones. Insidiosas. Latiendo en las sienes.
No sé de dónde vienen. Pero sé que se cuelan en mí, se infiltran bajo mi piel.
Las noto, casi palpables.
Tengo frío.

Un soplo de aire otoñal me susurra al oído:
" Es hora de sacar otra vez las bufandas de lana de tres vueltas en espiral. Lo que se avecina es invierno."
........................................

Pompita destemplada.

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martes, 20 de noviembre de 2012

Tienen vida propia...

 
- Ya no tardará. Me parece que oigo la llave en la cerradura.
- ¿Crees que hoy saldremos de paseo?
- Con ella, nunca se sabe.

Ella entra. Y entra con una sonrisa que dibuja paréntesis a cada lado de su boca. Se ha cruzado con su vecino de enfrente que salía justo cuando ella llegaba. Y siempre se saludan sonriendo, sin hablar.

Se pone cómoda. Se instala a la mesa delante de la ventana y abre el plumier.

- ¿Qué lápiz ha escogido hoy?
- Me parece que el verde, el de la punta roma, suave.
- ¡¡Bien!! hoy saldremos nosotros.
- Tranquilizaros: ya sabéis con qué facilidad se le cambia el humor; y el color del lápiz.

Ella trabaja en una fábrica de juguetes.
Y para escapar al gesto mecánico de ensartar todo el día cuentas de plástico para los collares de las muñecas, pasa parte de sus noches ejercitando sus dedos en una caligrafía que no domina.

Casi tanto como las palabras, le gustan los puntos, comas, comillas, puntos de admiración.
Le gustan mucho los punto y coma que parecen guiños cariñosos intercambiados entre exóticas palabras.
Pero sus preferidos son los puntos suspensivos... Y en los días de lápiz de punta roma, los saca a pasear, de tres en tres, como a ellos les gusta...
Los usa para escribir cuentos... tiene pensado uno donde los puntos suspensivos llevan de vuelta a casa a los niños extraviados...
Los usa también para dibujar balbuceos de enamorados que se unen con un cinturón de Orión...
Hoy, le han dado la idea de utilizarlos en un relato de intriga... una policíaca con pocos indicios...

-Esperad... Está dudando entre el verde y el blanco... Sí... Ha cogido el verde... Menos mal...

Los signos de exclamación suspiran aliviados. Cuando elige el lápiz blanco de mina dura, bien afilada, significa que está furiosa y entonces ¡se agotan pronto los signos de exclamación!
Los signos de interrogación ya no se preguntan nada; ¿para qué? Ellos saben que sea lo que sea lo que brote del lápiz, sea cual sea el color del lápiz, ellos siempre salen de paseo.
El punto final se lo toma con tranquilidad: no le llamarán hasta el amanecer.

Estaba terminando una pulsera a juego con el collar de la víspera, los dos de cuentas redondas y suaves, sólo ensartando puntos suspensivos de diferentes tamaños y tonalidades. Y estaba probándose la pulsera cuando llamaron a la puerta: tres toques leves y seguidos...
Era su vecino de enfrente, con un diario en la mano.

Una sonrisa de asteriscos iluminó su cara y lo miró con puntos interrogativos en los ojos.
Pero, cuando él la vio con este collar y esta pulsera, se le nubló la vista, se volvió loco, sacó unas tijeras de su bolsillo y ...

                       .  .  .   _  _  _   .  .  .

En el piso, la policía no encontró más que un montón de cuentas de fantasía en forma de puntos, asteriscos, comas y comillas como lágrimas de plástico derramadas por el suelo.
Y en medio, una silueta femenina de papel de periódico a tamaño natural. Sin cabeza. También faltaba la mano derecha... Cortadas a tijeretazos rabiosos por la linea de puntos suspensivos que las ornaban...

De la joven china del ático, no se supo nunca más...
Ni de su vecino, el censor de la gaceta local...

Sólo el hijo de la portera que, a escondidas, se quedó con el plumier y las cajitas de puntuación sabe que entre las dos puertas del quinto hay tres gotas... tres gotitas como grosellas alineadas...

Pero quien estas líneas escribe sabe que existen más gotitas, todas diferentes, de muchos colores como los lápices del arcoiris de los niños, paseando por el mundo, por la vida, de tres en tres... y tienen vida propia...

Pompita para...

http://franpompasdejabon.blogspot.com.es/2011/05/puntos-suspensivos.html

domingo, 18 de noviembre de 2012

Otro error... lo siento

!"·#$%&/()=?¿ ....... Gracias por dejarme desahogarme ..... ¡¡¡¡¡¡Es que soy TORPE!!!!!!


Pero... "De los errores se aprende" ... y... "La mancha de mora, con otra verde se quita" :D :D :D 

Ps Sin comentarios por favor... snif...snif...

martes, 13 de noviembre de 2012

Rroû y la llamada


 Rroû es un gato. Un gato negro. Un gato diferente y entrañable a cuya vida nos acercamos de la mano de Maurice Genevoix, gran conocedor de la Naturaleza y gran maestro del idioma francés.

Hace años, una amiga mía recogió un gatito y estaba interesada en leer algo sobre ellos y le recomendé este libro (uno de mis básicos, bueno... uno más de ellos).
Al no encontrarlo traducido, me comprometí en hacerlo para ella, a razón de un capítulo por semana. Nunca había hecho nada por el estilo y me costó; pero me gustó mucho el reto.
El libro habla de gatos, de cómo los ven los hombres, de cómo seguramente nos ven ellos cuando se dignan en mirarnos (si es que lo hacen) y habla de más cosas de la naturaleza en general y de la naturaleza humana también.
Por todo esto, me atraía el reto. Y me asustaba algo también, no lo niego. Pero disfruté.
Y mi amiga también, leyendo las entregas semanales y ayudándome con sus críticas a corregir torpezas y sortear dificultades de traducción.
Y por todo esto le tengo tanto cariño a este libro.

Hace poco han pasado las grullas encima de nosotros.
Y volverán a pasar en marzo, me han dicho, en su camino inverso al de ahora.
Puede que algunos las oigan. Puede que unos pocos las oigan y las vean también.
Puede que en muchos su nombre despierte sueños de viajes lejanos.
Y puede también que oigan y sientan esta llamada.

"La llamada"... así se titula el capítulo del cual os traigo un extracto.
(A Rroû, convaleciente de multiples males, frutos de sus correrías salvajes, sus amos le han encerrado en casa para que se reponga. Pero nada detiene a un gato, ni nadie es su amo por mucho que se lo crea. Y  escapa, atraído sin remedio, visceralmente atraído por la llamada de las grullas, sinónimo de libertad.)

"... Pero ya otros gritos palpitan en los confines de la noche, se acercan desde el norte inclinándose hacia la casa. Rroû estira el cuello apasionadamente, clava sus ojos como dardos, pupilas dilatadas. Su cabeza erguida dibuja en el cielo el vuelo de las aves viajeras. Son grullas. Puede verlas en la franja de una nube donde el vuelo triangular clava su punta y desaparece. Pero pronto emergen, justo encima de la casa. Sus gritos roncos parecen precederlas: pasan, con las patas colgando, en medio de una estremecedora bofetada de alas.
Rroû ha maullado largamente en el borde del tejado. Su grito sin edad, en la noche atormentada, ha respondido a la llamada de las aves. Durante un segundo, su silueta brota como suspendida en el lindero del cielo, inclinada hacia el suelo impetuoso de las nubes. Y de repente desaparece, se ha zambullido en el torrente sin orillas donde baten las alas de las migratorias."

Y dejo que vuestra imaginación siga volando con ellas.
Y viajando con él.
                 Rroû. Uno de mis gatos preferidos.
Un gato que vive libre, cerca del hombre pero a su aire, en el campo.
Un gato que vive... en un libro precioso.

Pompita para él. Y para Maurice Genevoix por supuesto.

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lunes, 12 de noviembre de 2012

Un momento

Todos tenemos momentos alegres y momentos tristes, momentos vivos y otros muertos, momentos grises o azules o rosa o del color que más nos gusta o del color que más nos rodea.
Momentos inmóviles y otros en movimiento, unos de locura y otros de sensatez, momentos de análisis y otros de impulso.
Momentos de sol radiante
                        o de cielo nublado
                                     o de luna llena.
Todos de frontera fluctuante como las mareas.
Estos son sólo algunos de los ingredientes de la mezcla de cada uno, pero hay muchos más y cada uno conoce los suyos.

Y yo, hoy he tenido un momento "porque sí".
En forma de paquete postal que ha entrado en mi casa esta mañana como un rayo de sol .

Y dentro... Un tesoro del mar. Y una hoja de papel.


Mientrasleo.... mientras leo tus renglones azules y admiro la sonrisa rosada de esta boca que viene del mar, y me recreo imaginando el montón de palabras que escucharé de esta boca al acercármela al oído, mientras mi interior procesa todo esto, se me abre una sonrisa de fuera y sobre todo una sonrisa desde dentro.

No todos los días te regalan un tesoro en forma de
                              sonrisa.
Y la quería compartir con vosotros. Porque sí.

Gracias, Silvia. Muchas.

Pompita... porque sí.
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martes, 6 de noviembre de 2012

Las dos cabras y el laberinto

                                                         parte del rebaño, muy cerca de casa
Éranse dos cabras jovencitas que por curiosidad se alejaron del rebaño y sin saber cómo se vieron atrapadas en un laberinto.
Una había entrado por la puerta, despistada por el perfume de las clemátides que por allí crecían.
Y la otra intrépida había entrado trepando con agilidad pero no sin dificultad por encima del muro vegetal.

- "¡Bééé!" se oía en un extremo del laberinto.
- "¡Bééé!" se oía al otro extremo.

                                                          laberinto del Horta (Barcelona) (de la red)

Los pájaros, intrigados, volaban por encima y a ratos intentaban ayudarlas a superar la prueba del laberinto y a salir de allí. Pero solamente a ratos. Ya se sabe: los pájaros no tienen mucha cabeza y se distraen con el vuelo de cualquier mosca o mosquito. Y ni los mosquitos o moscas podían ayudar, ocupados como estaban intentando librarse del pegajoso hilo arácnido de Ariadna que se había roto en varios trozos... un lío, vamos.
Y las dos tontas (ya se sabe también que las cabras no se caracterizan por ser muy espabiladas; tozudas, sí y mucho pero espabiladas, poco) a veces andaban muy cerca, solamente separadas por una barrera verde un poco alta pero no se les ocurría cómo salvar la frontera o no veían necesidad de hacerlo.
Se entretenían comiendo flores del sendero, siguiendo mariposas multicolores o mirando el cielo (ilusas... como si de allí les fuera a venir la inspiración)

- "¡Bééé!" balaba la una.
- "¡Bééé!" contestaba la otra.

Además este laberinto no era muy común porque en ciertos tramos de los callejones sin salida, un paisajista con sentido del humor (o con mala idea) había sustituido la alambrada donde crecían aulagas espinosas y trepaba "barba de chivo", por muros de espejos de dos caras.
Y ya se sabe lo indigesta que es la barba de chivo para las cabras ¿verdad? Y cómo engañan los espejos. Con lo cual se complicaban las cosas.

Varias veces, creyendo haberse encontrado, se precipitaron y ¡zas! chocaron cabeza contra espejo, por ambos lados. 
Y aunque las cabras tienen la cabeza dura (esto también es muy sabido), se quejaban del coscorrón.

- "¡Bééé!" se oía a un lado.
- "¡Bééé!" se oía al otro lado.

Y ya se sabe: con tanto gañido, con tanto balido, con tantas quejas, ni meditaban las lechuzas durante la noche, ni cantaban los ruiseñores de madrugada, ni descansaban los ratones durante el día.

- "¡Bééé!"...
- "¡Bééé!"...

Muchas cosas están sabidas en este cuento ¿verdad? pero lo que nadie sabe es cómo acabó.
A ver si vosotros me lo contáis...

- "¡Bééé!"...
- "¡Bééé!"...

.......................................

Pompita para las cabras de mi pueblo que a pesar de podar el seto a su manera, me caen bien.

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martes, 30 de octubre de 2012

Joyas de sirena


Aquella noche, una sirena de ojos verdes soñaba indolente entre las olas, en las proximidades de la playa; allí, justo donde las medusas se retiran a dormir y donde las estrellas del cielo bajan a beber.
Sus hermanas se estaban preparando para la Fiesta de la Madrugada de Venus, probándose peinados y eligiendo adornos entre los tesoros del cofre de la cueva.
Pero la sirena de ojos verdes no gustaba del alboroto ni de las peleas para hacerse con lo que a las otras les atraía tanto: collares de oro, pendientes de plata o chales de seda blanca, restos del botín del barco hundido.
Ella prefería que las estrellas de mar sujetaran sus rizos negros o las algas se posaran en sus hombros a modo de estola. No le entusiasmaban las fiestas ruidosas y prefería pasear entre olas, mirando el cielo.

Estaba absorta, contemplando la luna llena, cuando de repente vio caer millares de lucecitas verdes y anaranjadas, muy brillantes. Al recoger algunas de estas chispitas que rebotaban sobre la espuma de las olas antes de apagarse, le sorprendió su tacto suave y cálido. Cálido como si estuviesen vivas.
Y estaban vivas: oía sus carcajadas cristalinas.
Maravillada, se quedó largo rato viéndolas caer en el mar como gotas de lluvia que la rodeaban de luz tenue. Y comprobó que al tocar el agua, unas se tornaban perfectas, semejantes a las perlas que la luna regalaba a veces a las ostras; y otras se disolvían, tiñendo su piel blanca con suaves reflejos de coral  y perfumándola de bergamota.

Algunas se quedaron prendidas en su pelo dibujando una diadema. Otras adornando sus muñecas con pulseras irisadas y sus orejas con pendientes diminutos.

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A día siguiente, una niña encontró la playa salpicada de trocitos de cristal pulidos por las olas y gritó maravillada:
 - "¡Mira, Abuela! ¡Te lo dije! Las vi caer del cielo anoche!"
- "¿El qué, hija?" preguntó la abuela.
- "¡Las joyas de las sirenas! ¡Las que el cielo les regala! ¡Te lo conté ya otras veces!"
- "...Sí... son bonitos estos cristalitos de colores... ¿Sabes que el mar los fabrica tirando botellas contra las rocas y que luego los pulen las mareas?"
- "¡Qué no, Abuela! No te enteras... son las joyas que los duendes del cielo regalan a las sirenas para la fiesta de cada año. El mar les regala conchas... ¡Mira! Como éstas."



La abuela sonríe mirando a la niña.
La niña también sonríe; mirando el cielo en busca de los duendes.
Y al cabo de un rato, pregunta:
- " Abuela ¿vamos a comprar helado de chocolate con menta para merendar...? Es que les gusta a los duendes de Venus... Y luego, me sigues explicando lo de los planetas ¿vale? "
- " Pues... vamos." contesta la abuela, bastante desconcertada.

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Pompita para quien me inspiró esta historia.
"...  era más divertido en aquel entonces imaginar que eran piedras preciosas que habían perdido las sirenas. Y las piedrecillas de caracol, algún tipo de perla rara..."

PS. ¡Mirad el cielo! Desde ayer tenemos luna llena...


 .

martes, 23 de octubre de 2012

Nacimiento

                                                                    cueva de Les Combarelles (red)

 Una noche, inquieto, empezó a arañar con las uñas la pared fría y húmeda.
Tumbado en un sitio alejado de la hoguera cuya luz intermitente bailaba en la piedra de la pared.
La pared de la gruta.

Las primeras noches, con las uñas. Hasta desgastárselas.
Más tarde, con un trozo de madera.
Luego, con una esquirla de silex.
Algo le empujaba a ello, cada noche. Algo instintivo.
Como cuando olisqueaba el paso de los animales.
Como cuando andaban todos en la arena húmeda y observaba las diferentes huellas de los pies que le precedían.
O cuando reconocía las de los animales que cazaban.
Recuerdos. Estímulos.
Huellas.

Primero un arañazo, un trazo, como tanteando la resistencia de su refugio mineral... y otro trazo...
Y otros...
Y muchas noches, y muchos trazos, como surcos de profundidad variable. Como senderos.
Otros trazos, más rectos o más largos. O inclinados.
O en grupos de varias noches de palitos cada vez más intencionados.

Y curvas también, como las que veía a su alrededor: las olas del mar cercano, las ondas de arena dejadas por el retroceso del agua, la silueta de las colinas que se divisaban enfrente de la gruta.
Luego, espirales o círculos. Como caracolas, como ciertos cantos de la playa.
Círculos. Como los que dibujaban las águilas en el azul del cielo, sobrevolando su presa.
Círculos cada vez más perfectos, como la lejana luna llena que pasaba de vez en cuando en la negrura.
Huellas.Pruebas de su paso.

Se animó. Siguió cada noche, arañando, a oscuras, en solitario, en secreto.
Intuía que los demás miembros del grupo no lo aprobarían: no servía para la supervivencia, no alimentaba al grupo.
Sólo era algo extraño, inquietante y estimulante. Como la huella de un animal desconocido que no podía dejar de rastrear. Olisqueaba la pared. Le gustaba.
Le hacía sentirse bien, como el resplandor de la hoguera que calentaba su cuerpo y sosegaba su ánimo, alejando las tinieblas.
Huellas. Pruebas de su paso. De su existencia.

A escondidas, perfeccionó su afición, cambiando materiales, trazos, ritmos.
Una noche, por una diferencia en la dureza de la pared de piedra, no consiguió alinear sus trazos y el resultado se asemejó a las huellas de mano que otros habían dejado en la piedra, mucho antes...
Repetidas veces posó su mano inquieta en la piedra, superponiéndola a sus trazos...
Gruñidos. Fiebre. Temor. Temblor. Luz.

La mano... con la cual, en silencio, transmitía, comunicaba a los demás miembros de su grupo, la cantidad de animales avistados, la cantidad de futuras presas, tan importantes para la supervivencia del clan.

Huellas. Pruebas de su paso. De su existencia.
De la conciencia de su existencia.
                                              Mensajes nacientes.



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martes, 16 de octubre de 2012

Aquel día, los duendes...


"Aquel día, los duendes andaban inquietos.
Y por eso tomaban sus refrescos de lima a grandes tragos ruidosos (y eructando) y no a pequeños sorbitos educados como era su costumbre. (ya sabéis que casi siempre toman refrescos de gaseosa azul con lima y hielo y un chorrito de licor de mandarina:  hace mucho calor en Venus)

Estaban muy preocupados:
Se avecinaban grandes cambios en su órbita : se rumoreaba que, mediante votación y con resultado de 4007817104582 gritos contra uno, el Concejo de los Sabios-sabios había decidido que de ahora en adelante, su órbita sería cuadrada; y cuadriculados sus ojos y sus pantalones y sus gafas (para los que las necesitaban)
Se rumoreaba...  pero nadie les sacaba de sus dudas. Así que cavilando, cavilando estaban ... y así estaba el panorama desde Venus y sus alrededores: un poco negro. (fijaros en la foto...)

Y los duendes no estaban para nada conformes con la idea y se agitaban como un enjambre de abejas en época de recolección de la miel. (ya sabeís: cuando los visillos de dos patas se la roban... Pero de esto, hablaremos otro día)
El zumbido de sus quejas era ensordecedor. Retumbaba toda la galaxia.
La Vía Láctea estaba a punto de agriarse. En el sol se vislumbraban futuras erupciones.
La luna terrestre callaba, asustada. En todas partes llovían meteoritos.
Y lo peor: el helado de chocolate con menta (base de su dieta habitual) les daba ardor de estómago.
Algunos de sus 4007817104583 ojos de gominola, normalmente de un tierno verde-pradera se tornaban (mal síntoma) color "cacadeoca" (color que, como sabéis también, es poco favorecedor... hasta en Marte).

A unos, los ojos se les caían al suelo donde se derretían o rodaban y rodaban como canicas hasta el borde de su (todavía) elipse de paz.
Otros, en su desesperación, adelantándose a los acontecimientos, se precipitaban al vacío, flotando y nadando en el mar de nubes, tal era su desazón.

Lo que no sabían los duendes verdes de Venus es que, más allá de las nubes que les tapaban la vista, se abría un espacio que ellos desconocían, por ser, en general, poco viajeros.

Y muy cerca, estaba el planeta azul... un planeta de agua... un agua azul poblada de sirenas que..."


                              ... continuará...
...............................................................

(esta vez no ha sido el teléfono el culpable de la interrupción, sino el timbre de la puerta y el chico de los congelados proponiéndome un nuevo helado de fresa... no sé, no sé... creo que me gusta más el de chocolate o de pistacho... y me queda todavía.)

PS   para los lectores que se han perdido en mi espacio interplanetario, rebobinad unos meses terrestres y consultad el mapa pompestelar número 4007817104583  (1ª parte) y siguiente.
http://franpompasdejabon.blogspot.com.es/2012/06/erase-una-vez4007817104583-1-parte.html
http://franpompasdejabon.blogspot.com.es/2012/06/erase-una-vez-4007817104583-2-parte-y.html

martes, 9 de octubre de 2012

Respuesta

................................
(Vuelve de una breve estancia en una diminuta isla ya conocida:
Arenas blancas, aguas turquesa, una hamaca entre tres palmeras... Inmovilidad...
Buena temperatura...Comida diferente... Inmovilidad...
Personal amable... Flores... Olores... Inmovilidad...)
.................................


Sube al coche. En el asiento del conductor.
Cerrar la puerta, clac. Abrocharse el cinturón, clic.
Rectificar el espejo retrovisor, el asiento.
Contacto. Canta el motor.

Los manos se demoran, acariciando el volante, amorosamente.
Y sonríen por el reencuentro.

Primera, retenida. Intermitente.
Mirar atrás. Delante. Volver a mirar atrás. Y delante. Sonrisa.
Levantar suavemente el pie izquierdo a la vez que el pie derecho presiona, suavemente también, el pedal del acelerador. Salir. Segunda, tercera, cuarta. Quinta.

Sonríe. Pulsa un botón y suena la música...

Y sigue su camino. El que sea. Adonde sea.
Agarrando el volante... y cantando.

.................

               "Pies ¿para qué os quiero?"
Pues, no para huir como invita la expresión, sino para seguir el camino.

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domingo, 7 de octubre de 2012

Una tarta de peras... diferente.


Este año cae el 7 de octubre en domingo
....  pero en el 82 cayó en jueves.
Y cuando salimos de casa, de madrugada, hacía fresco.
Luego, sobre las 4 de la tarde, salió un sol precioso.
No podía ser de otra forma: acababas de nacer.

Ya la víspera, habías llamado a la puerta, de madrugada también, pero luego habías cambiado de idea.
No estarías listo. A pesar de haberte tomado tu tiempo para anunciar tu llegada. Mucho tiempo.

O notabas que yo no estaba lista del todo porque llevaba unos días con una actividad frenética: de limpieza a todas horas, planchando, guardando, organizando mil detallitos, en plan hormiguita...

... hasta me puse a hacer una tarta de peras con flan.
Y en la vida me ha salido otra tarta de peras tan rica como esa de octubre de hace 30 años.

Y como ya no me importaba engordar unos gramos más o no, de esta tarta tan rica repetí en la cena: me comí dos trozos: el mío y el tuyo.
Tan segura estaba que desde dentro la disfrutarías, igual que disfrutabas las canciones de cuna que le cantaba a tu hermana...

Hoy, no he podido hacerte la famosa tarta de peras (no me dejan entrar en la cocina ultimamente: me llaman "patosa") pero tu hermanita ha hecho una tarta de manzana que tiene muy buena pinta. Y tu padre, gran cocinero también, hará la comida. (¡con tu ayuda de experto en barbacoa! )
Y sobre todo, lo celebraremos todos juntos, como siempre.

Hoy cumples 30 años, hijo. Y todavía, no me lo creo...

Y el día ha amanecido igual que hace 30 años, fresco por la madrugada
y será soleado por la tarde.

Pompita de " Bon anniversaire"
    escrito con dulce en
           " mi tarta un poco diferente" de este año.

Añado música a petición del interesado:



martes, 2 de octubre de 2012

Pregunta


 
 27,86 el castellano...
 29,57 el romano...
 y  30,48 el anglosajón.
Los hay también del Tirol y de Borgoña, de Suecia y de Polonia...
Pero el más grande es el chipriota:  33,59 cms ... creo que ya no se usa.
En cuanto despegamos del suelo, se cuentan por miles.
Los usan los poetas normalmente... salvo los que van por libre.
Y los conocen los fabricantes de camas.
Para los egipcios, sonaba como una "b"  y hasta tienen uno con su nombre.
Los griegos también por cierto.
Los podemos encontrar también en las páginas de los libros, contándonos más cosas.
Y en la lámpara que ilumina las páginas.
Normalmente van de dos en dos; se parecen pero como en un espejo y se complementan.
Pero a veces son únicos y van solos: asi los tienen ciertos moluscos y también ciertos vegetales.
Hay que dirigirse al de la montaña antes de alcanzar las alturas.
Hay personas que nacen así y a otras les va... de otra forma.
Los bebés juegan con los suyos pero a los mayores nos cuesta hacer lo mismo.
Si sospechamos que alguien no va a actuar de forma adecuada, interrumpimos su acción.
Dicen que al final del camino, ellos van por delante.
A veces se nos brindan para quedarnos sentados.
Dicen también que no les prestamos suficiente atención.
Si alguien nos gusta, caemos rendidos a los suyos.
Hay que tenerlos en el suelo... no sirve de nada buscarle tres al gato.

Y por decir...
Dicen también que las mujeres (porque estamos siempre sin desatender las obligaciones) les damos tres veces más guerra que los hombres (y por esta razón, ellos a nosotras, también nos dan más guerra que a los hombres... y que los hombres... y que nosotras a los hombres incluso.)

Y yo, me lo creo todo sin dudarlo un instante.

Pero despues de repasar (con unos de plomo) todas estas expresiones donde están presentes y despues de reirme un rato jugando con ellas...
...  me topo con esta pregunta...
                 "Pies ¿para qué os quiero?"...


Pompita con pregunta y puntitos suspensivos ...

PS mi respuesta: la semana que viene.

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martes, 25 de septiembre de 2012

El rumor


El rumor empezó allí, en el claro de un bosque ignorado de los hombres e ignorante de sus estaciones.

Primero, fue un simple susurro aislado.
De madrugada, un escalofrío inusual recorrió la copa de un arce. Estornudó y pidió disculpas dejando caer una sonrisa sobre el musgo.
Luego, se estremeció también un abedul. Pero los abedules, ya se sabe: tiritan por cualquier motivo, así que nadie sospechó nada.

Y el día transcurrió cálido, como los anteriores:
Mirlos escandalosos con banquete de moras, hormigas espigadoras en cada recoveco, elfos peinando las cabezas hirsutas de las incipientes castañas y gnomos sacando brillo a las piedras del sendero con lágrimas de resina.

Todo normal.

Todo normal... hasta que al cabo de unos pocos días, en los árboles mudaron los cantos.

Y el rumor rápidamente se extendió por medio de las ardillas que avisaron a las lechuzas que se lo comentaron a los ciervos que a su vez, después de deliberar con jabalíes y ratones, decidieron pregonar con voz sonora la buena nueva:

 "¡Ha llegado nuestro otoño!"

Y ya no fue sólo rumor sino clamor.

Y con el alboroto, se despertaron las hadas pelirrojas que sonrieron felices.
                      ¡Por fin les tocaba a ellas!


Dejaron sus escondites de liquen listos para acoger a sus hermanas rubias de la estación anterior: muy pronto llegarían y se merecían un descanso.
Y ellas, desperezándose, cantaron alegremente, desde todos los árboles, el poema del otoño, repartidor de tareas:

Para las artistas:
Pintar las hojas despacio, una a una, sin repetir colores, cuidando los matices, respetando las características de cada planta. Un delicado maquillaje con gotas de miel, rubor de manzana y reflejos de atardeceres morados. Y perfilar con lapiz-avellana y el ingrediente enigmático del ámbar líquido.  
Y sin olvidar añadir los detalles que luego darán voz al viento y su sinfonía caprichosa.

Para las meticulosas:
Hacer recuento de setas, colocarlas en círculos, hileras o grupitos y sobre todo, sobre todo etiquetarlas (tarea de suma responsabilidad).
Y preparar los almacenes que pronto se llenarían de bayas, piñas, nueces y semillas.

A las más jovencitas, deseosas de pasear, les fue asignado el oficio de carteros: de riachuelos en arroyos, entregarían la notificación de tener listos los lechos y las orillas donde las nubes irían a instalar su fábrica de neblinas azulonas.
Otras debían llevar la hoja de ruta a las aves viajeras que llevaban unos días esperándola con impaciencia.

Las hadas mayores fueron encargadas de explicar el plan de retirada a los tozudos insectos rezagados .
Y otras tenían que revisar alquitaras y frascos de perfumes para empezar a vaporizar cada rincón del bosque en cuanto cayesen las primeras lluvias.

A las hadas más aventureras, se las mandó fuera del bosque, a las praderas, para enseñar a los bulbos de cólquicos el camino de la luz y rogar a los demás un poco de paciencia...

...Y mil cosas imprescindibles que se tienen que hacer en esta época del año.
Porque no se las oye como a sus hermanas del verano, tan exuberantes, tan bulliciosas, no vayáis a pensar que las hadas del otoño son ociosas.

No, no son ociosas.
Es que las hadas pelirrojas trabajan en silencio.
En profundidad. En silencio...

En el bosque, sólo un leve rumor las delata...

Pompita de otoño.
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sábado, 22 de septiembre de 2012

No es lo que parece...


No, no es lo que parece.

Esta sirena no soy yo (jajaja...¡qué pena!) ni me he ido otra vez a escuchar la arena.
Lo que pasa es que "una musa-medusa de calcetín rosa" ha pisado sin querer unas reflexiones de salamanquesa bonita (ggrrr) sobre la llegada del otoño, prevista para hoy y... ni tiempo de resucitarla...  así que he decidido aplicar un remedio antiguo de la tele (en mi tierra por lo menos... aquí, no lo sé)

"Disculpen esta interrupción en nuestra programación habitual. Interrupción debida a problemas técnicos que solucionaremos en breves instantes."

Y ponían generalmente un acuario, con sus burbujitas y sus peces mudos.
O unas vistas del Mundo del silencio, con medusas y todo, al estilo de Cousteau (programación que por cierto le encantaba a la gata que tenían mis padres en aquellos años. Y a nosotros nos encantaba verla tan intrigada con el paseo de los pececillos en blanco y negro. ¡qué pena no haber tenido forma de grabar sus pesquisas por la parte posterior del aparato! Ahora os podría poner un vídeo de gatitos juguetones, de esos que abundan ultimamente)

Y ponían música clásica para hacer más amena la espera.
Y "¿qué música más clásica y más amena que la de las olas?" pensé yo.

Podría haber puesto también un resumen de las mejores jugadas del último partido o del culebrón de turno (sin esperanza) Pero no. A mí, esto no me inspira demasiado.

Así que, el verano se alarga y hoy toca esto...  No pompita de la sierra sino burbujitas de olas.

La semana que viene tocará otra cosa...

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viernes, 21 de septiembre de 2012

Error...

Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error Error

Edito para añadir: esta entrada, debida a un error (o más bien cúmulo de errores de dedos impacientes), no tiene más valor que por los comentarios aquí aportados por gente con sentido del humor.
El error es no tenerlo. No el navegador, sino el sentido del humor como GPS.
Y mi comentario es que "De los errores se aprende" 

Besos de carcajada para todos. "Recálculo..." 

martes, 18 de septiembre de 2012

Curiosa relación


Desde que cayó dentro del coche y pasó varios días allí, escondido debajo del asiento y en silencio, lo tengo atado con una correa a la idem del bolso como un perrito y me acompaña siempre que salgo de casa.
He vivido muy a gusto sin él durante años y resulta que desde hace años también, está siempre conmigo.
Bueno... en realidad, muchas veces dormita en mi bolso (el que sea: soy bolso-adicta), olvidado o sin batería. (eso lo saben tan bien mis hijos que cuando quieren hablar conmigo, primero llaman a su padre)
Puedo pasar días sin hacerle caso ni echarle una mirada y otros...a todas horas.
Pero forma parte del "kit" de las cosas imprescindibles que están siempre en mi bolso, como la cartera y el cuadernito naranja de mis apuntes de divagar, el cepillo del pelo y el pintalabios, las llaves y el tabaco... (bueno, la lista es larga: mis bolsos son grandes y parecidos al de Mary Poppins)

Es normalito, sin jueguecitos. Llamo yo "jueguecitos" a las muchas cosas complementarias que aparentemente ahora son imprescindibles también para vivir (¿?) en sociedad.
No soy pro-tecnología punta, qué se le va a hacer...
No es una prolongación de mi mano como lo es para otras gentes que me rodean; no lo tengo pegado (injertado más bien) al cuerpo como otros que me sé...

Hablo poco con él. Pero en él escribo, de todo un poco: títulos de libros, medidas de cosas que tengo que comprar, citas importantes... cosas así. Cosas que luego muchas veces ni me acuerdo de consultar. Soy un desastre con el móvil.

Escribo mensajes también (al fin y al cabo se inventó para esto, creo: comunicarse con otras personas que no están cerca)... mensajes que por despiste alguna vez que otra, mando al destinatario equivocado con las risas que esto provoca.
Y como soy una sentimental sin remedio, me cuesta borrar mensajes recibidos, antiguos, cariñosos o divertidos.
¡Con lo bonito que era guardar cartas y postales, con su lacito... !

Como soy torpe y algo (bastante) alérgica a la tecnología, no sé utilizar todas las posibilidades que me brinda... ni me preocupa mucho investigarlo, sinceramente. Además, cada vez que lo he intentado, lo he cabreado y se ha vuelto loco... y yo también. Por ejemplo, creo que no he mandado más que unas pocas fotos y de foto en foto, nunca estoy segura de recordar cómo se hace. Ya lo sé... es muy fácil pero... soy así de torpe.

Sin embargo, tengo que reconocer que me gustan sus musiquitas que, cuando suenan, me evocan rostros. Sonidos que varían, desde compases romanticones o burlones a maullidos de gato o cantos de pájaros o lo que sea, dependiendo de la gente.
Y cuando suena la de los mensajes, me avisan en casa: "¡Una lechuza!" (sí... la de Harry Potter... soy así... qué se le va a hacer... me gustan las lechuzas y la magia)

Pero a veces es incordioso el pobrecito: como por ejemplo, cuando pretendo echarme una siesta y se pone a cantar a voz en grito sin parar y enciman se equivocan y preguntan por Pili y no quieren admitir que "se ha equivocado al marcar, no me llamo Pili y este número es el mío, se lo aseguro"
Porque encima insisten dos o tres veces en busca de la tal Pili.
Creo que la próxima vez contestaré:
 " Soy yo... ¿mi voz?.. ah! es que estoy resfriada... Cuéntame..."  y me entero de sus secretitos. Jeje.
o "No se preocupe, le daré el recado a Pili en cuanto la vea." Y ¡qué se fastidie la tal Pili!
o " Pili me ha pedido que le diga que no quiere saber nada de usted y que ha cambiado de móvil." Bueno... eso, no... Sería maldad pura y dura...
Bueno... mi grado de maldad dependerá del insomnio de la noche anterior y de la necesidad de siesta que tenga.
Mejor apagarlo ¿no?... Pero ...¿y si me llaman? ¿y si es urgente?...

También es incordioso cuando suena en mitad de una conversación y estoy como un pato mareado sin saber a quien atender primero, y al final, contesto al móvil que me pone nerviosa, olvidando ser educada y preguntar "¿ me disculpas?..." o cuando suena y me pone nerviosa otra vez porque estoy conduciendo y pensando "¿será importante? ¿y dónde aparco yo, aquí, en la autopista?..." .

Por eso lo tengo muchas veces silenciado... corriendo el riesgo de olvidar darle voz de nuevo y tener que oír luego quejas del tipo:"¡Hija! no sé para qué tienes móvil: es imposible hablar contigo."

Y yo pienso: "Ya sé que llevamos años con él pero ¿cómo hacíamos para comunicarnos antes de este chisme? ¿cómo hacíamos para quedar con alguién? ¿cómo hacíamos para orientarnos en la carretera? ¿para saber la hora? ¿para...? yo qué sé... Ahora se hace de todo con el móvil." Y lo hacíamos. De otra forma pero lo hacíamos.
Ya sé que este discurso sonará a rancio, a analfabeta, a pasada de moda pero es un aparatito (el de los demás y el mío) que me molesta muchas veces (o por exceso o por defecto) y tenía una cuenta pendiente con él.

A su favor, reconozco que con lo "preocupona" que soy, me da tranquilidad que me digan:" He llegado bien" o decirlo yo por si se preocupan por mí, y saber que lo tengo conmigo en el bolso... "por si acaso".
"Por si acaso"... muchas cosas que necesitan urgencia.
Es la mayor utilidad que le veo.

Curiosa relación la mía con el móvil. Pero me consuela pensar que somos algunos así. O ¿no?...

Pompita con mensaje y sonido.
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viernes, 14 de septiembre de 2012

De ola en ola...




- ¿Qué te pasa?
- Tengo frío.
 
-¿Qué te pasa?
- Me voy mañana.

- ¿Qué te pasa?
- Se acabó viajar en tus carabelas...
   ... despeinarme con tus brisas...

         De ola en ola...

- ¿Qué te pasa?
- Se acabó escuchar los relatos de tus olas...
   ...tatuar en mi piel la sal de tus arenas ...

          De ola en ola...

- ¿Qué te pasa?
- Se acabó arroparme con tus algas...
  ... perfumarme con tus aromas...

         De ola en ola...

- ¿Qué te pasa?
- Se acabó mecerme con secretos de sirenas...
  ... beber tus lágrimas de luna...

          De ola en ola...

- ¿Qué te pasa?
- No te olvidaré.

          De ola en ola...

- ¿Qué te pasa?
- Volveré...

          De ola en ola...
                             ... el verano que viene.
          De ola en ola...
                                Volveré...

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viernes, 7 de septiembre de 2012

La arena me contó...




 Tumbada en la arena, juego con ella... es fina y se escurre entre mis dedos como los días de vacaciones en el reloj... sin ruido...

¿Sin ruido? ... escucho el susurro que dibuja al pasear en mi piel, en la toalla, en mi cuadernito naranja...

Cierro los ojos...Me adormezco, mecida por este murmullo... a cada momento más insistente.

"Yo era acantilado ¿sabes? Allí, al norte... Blanco, alto, defensivo y tengo un hermano gemelo al otro lado del canal. El mar que nos creó y nos dejó la firma de sus conchas, sus estrellas y sus erizos, el mar nos separó, nos alejó."

"Y yo era una caracola de los mares del Sur, rosada, brillante, irisada, habitada, sonora. El mar que me dió la vida y me paseó de ola en ola, me hizó añicos contra un portaviones un día de tempestad y me llevó lejos de mis aguas turquesas."

"Yo (no me gusta contarlo...), yo sé que era una ostra, (no se lo digas a nadie ¿vale?)  Vivía en un parque vigilado por Dahut. Mira, todavía tengo reflejos de perla. ¿verdad que me sientan bien?"

"Y yo, un mejillón... ¿sabes?... me arrancaron de mi familia... hace tiempo... Eramos como una piña...
Estoy de luto ¿no lo ves?..."

"Y yo... pues...no lo sé... no entiendo lo que hago aquí... estaba en el desierto, tan tranquilo, sin ver a nadie... y entre remolinos de vendaval y sacudidas de patera, me encuentro aquí donde todos me pisotean y me manchan...Si no fuese por la media luna que veo a veces..."

" ¡Ozú! ¡Shiquillos! ¡qué malajes sois! ¡Escuchar todos! Mi historia es mucho más divertida: yo era una botella de cristal verde (¡hip!) que un marinero lanzó por la borda pero ¿sabeís una cosa? las ballenas me han contado que antes había sido acantilado normando, concha del Pacífico, mejillón de Galicia, ostra de Bretaña y muchas más cosas que se remontan en la noche de los tiempos, mucho antes de la Reconquista incluso y que en realidad debo de ser (¡hip!) el granito de arena más antiguo del mundo mundial aunque no lo parezca. Me gusta la juerga y bailar y cantar y... ¿quereís que...?
¡Anda Manué! ¡Saca la guitarra! ¡Ozú, hace una caló!...
¡Y tú, Candela, mi arrrma, trae la neverita questoy seco...  hace una caló..."

Me despiertan la música del levante y el taconeo de la arena que escapa de las palmas de mis manos y baila unos metros más allá.
Pero sigue contando sus batallitas en mi piel y mi pelo     y entre las hojas de mi cuadernito naranja.

¡Cuántas cosas cuenta la arena! Escuchad...

"Yo era acantilado ¿sabes?..."


martes, 28 de agosto de 2012

El eco

Cuando se mezclan lectura, cine e imaginación...


Levanto los ojos de mi libro un rato para descansar la vista y mi espíritu vagabundea mirando las nubes y pensando en la vida del niño cabrero, el niño púdico y solitario de la novela de Marcel Pagnol que leo por enésima vez y siempre me cautiva por la aparente sencillez de su escritura y la perdurabilidad de sus mensajes.
Me refiero a la trilogía
   "La gloire de mon père", "Le château de ma mère" y "Le temps des secrets"

El entrañable protagonista es Marcel compartiendo con nosostros los recuerdos de su infancia.
Marcel y su devoción hacia su familia, la admiración que siente hacia su padre, la adoración hacia su madre, su relación con cada miembro de su familia.
Pero, para mí, otro personaje importante de esta trilogía provenzal es Lili, su amigo de las vacaciones, con quien tanto compartirá, de quien tanto aprenderá, tan distintas sus vivencias. Dos mundos aparentemente opuestos pero que gracias a la magia de la niñez, se reconocen y se comunican.


Sé cual va a ser la vida del pequeño Lili des Bellons pero, si le sigo primero en el texto, mi imaginación divaga luego por caminos distintos a los que le marcó su autor...
Mágica trampa de la lectura.

Le leo, niño, vigilando sus cabras, haciendo el recorrido de sus trampas, entre matorrales de aromáticas, guardando liebres y pájaros en el morral, asustándose con la mirada airada del búho del Garlaban y jugando con el eco... hablando con el eco... como un Principito provenzal.

                               entrada de la gruta del "Grozibou"
El eco, el único que le responde hasta la llegada de Marcel, su amigo de la ciudad.
Oigo sus gritos y la voz del eco que anima su soledad.
- "¡Ohé!"...-... "¡Hé!"...
- "¡Estoy aquí!"...-... "¡Aquí!"...
- "¡Ven!"...-... "¡Ven!"...

Una risa respondiendo a su risa.

Le imagino mozo, soñador, enamorado y tímido...
Y oigo sus preguntas a todas las flores humildes de la montaña...
- "¿Sí?"...-... "¡Sí!"...-... "¿No?"...-... "¡No!"...

Y el canto obsesivo de las cigarras. Y el sonido de la flauta dulce de pastor. El olor mareante del tomillo silvestre, de la ajedrea... el murmullo de los manantiales secretos en ese paisaje aparentemente tan seco de Provenza; tierra de poetas de lengua cantarina y mágica.
Magia del agua escondida que da resplandor al desierto árido del paisaje... Y se vuelven a mezclar los personajes... Lili... Principito...
Bruma malva y lejana de los campos de lavanda en los llanos. Provenza olorosa.


                  lavanda en Provenza (foto sacada de internet)
Por la novela, sé que de mayor se fue a la ciudad, donde no suena ningún eco; la ciudad donde se desesperó con el sonido falso de las estancias de los cuerpos vacíos. Persiguiendo una respuesta a una pregunta que la guerra truncó.
 "Entre plantas frías del norte cuyo nombre desconocía" nos dice Pagnol.                                         .

A pesar de su autor, le imagino, de muy mayor, anciano ya... un día vuelve a los riscos del Garlaban, al refugio del búho, entre rocas. Para despedirse.
Sin aliento, preguntó "¿Adios?"...
Su voz sonó tan débil que el eco, esta vez sin engaño, no le devolvió siquiera una última sílaba de falso consuelo.
Siempre preguntó.
Nunca afirmó nada más que cosas de su rincón de Provenza; sabiduría libre...

En el valle, entre rumor de pájaros, gemido de ramas y canto de viento, imagino a un alma, ansiosa de responder cual eco y que esperó su voz que nunca le preguntó nada. ... nada...
Este alma no existe, el anciano tampoco.

Pero existen estos tres libros preciosos que me hicieron vagabundear. Como todos.
Ecos de la lectura y que una relectura vuelve más sonoros.



Pompita para Marcel Pagnol que me hizo descubrir y saborear la Provenza mucho antes de recorrerla.

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martes, 21 de agosto de 2012

Coleccionistas de palabras


Los coleccionistas de palabras son gente curiosa, gente afortunada.                                 
 Recogen las palabras oídas por la ventana, las acogen, las miman, las guardan en sitios secretos. Contemplan su tesoro de vez en cuando. Lo enseñan a los amigos. Hasta te cuentan dónde y cómo las encontraron.
Así son los coleccionistas de palabras.
Como otros que coleccionan sellos viajeros, plumas de aves, conchas, hojas de árboles o lo que sea que les haga felices.

Encuentran las palabras. Y sonríen al encuentro que puede producirse en cualquier lugar o momento. Sonríen y las apuntan. Las atesoran.
A veces, las piden prestadas o las roban sin miramiento, tal es su ansia.
Las atesoran.
Unas por su sonoridad, su color.
Otras por su forma, su origen, para identificarlas como un entomólogo sus mariposas, para ponerles rostro, consultando el álbum de familia del diccionario.
Otras veces, las más, por su fondo, su sabor, que les trae un eco que resuena, que vibra también en ellos.
Cada uno tiene su criterio a la hora de hacer su colección.
A veces, las comparten sirviéndolas como manjares en una mesa, mezclando sus ingredientes, sazonando con tiento, cuidando la presentación y la temperatura.
O las regalan como cajas de bombones de relleno sorprendente.
O juegan haciendo trueques o inventan otras nuevas con código secreto como hacen los niños o los enamorados.

A veces, al hojear sus cuadernitos, se dan cuenta de que algunas las tienen "repe". Será que se han tropezado con ellas varias veces a lo largo de los años y que, o bien no habían calado muy hondo la primera vez y las olvidaron, o bien, al contrario, que les gustaron tanto que no les importó tenerlas escritas varias veces y con caligrafía distinta.
No olvidemos que son coleccionistas. O sea, gente rarita.

En las carpetas principiantes, se encuentran algunas palabras superficiales o rimbombantes, sofisticadas o complicadas.
Los hay que se especializan sólo en un campo: bien estructurada su colección que comparten sólo con gente afín, profesionales o estudiantes o simples curiosos.
Y otros más libres, desordenados, bohemios o artistas las mezclan todas componiendo ramos silvestres que van repartiendo por allí.
En las carpetas de los privilegiados, hay palabras asociadas a un nombre querido... o evocadoras de un momento o lugar especial... o en varios idiomas... o lo que sea que a ellos les gusta.

Con el paso del tiempo, la lista de sus palabras crece, al ritmo de lo que encuentran en su camino, de los regalos recibidos, de los trabajos de investigación a los que han dedicado sus horas libres.
Los coleccionistas son gente entregada.
Pero si va menguando su lista, no es que se empobrezca, no; es porque se depura, obviando palabras que ya no hacen sonreír ni sorprenden, ni entusiasman... marchitas ya... sin perfume.

Si en su "carpeta de hoy", (por no decir "ultima carpeta" (no me fío yo de esta palabra "último o última": ¿la última será la más actual o la que será seguida de un punto final?) ) si a veces muchas les parecen tan gastadas ya, se preguntan si hicieron bien en encerrarlas en cuadernitos.
Entonces escriben frases, textos, libros para que las palabras puedan volar como nubes llenas de agua nutritiva o nubarrones tormentosos que estremecen o simplemente nubecillas bonitas como efímeras mariposas que alegran la vista.

Y algunos, en sus momentos de "corazón a marea baja" como cantó Brel (a quien le tomo prestadas estas palabras) , algunos piensan:
"La próxima vez, colecciono sólo perfumes"
Pero no saben que los perfumes también vuelan.
Y otros coleccionistas empiezan a escribir con pluma mojada en agua olorosa, frases que encierran en frasquitos de cristal que tiran a la inmensidad del mar... y empiezan de nuevo los trueques, intercambios, regalos, guiños...

Abrir un libro, leer un texto ajeno, es como abrir un frasquito de perfume...

O abrir una ventana y apoyarse en el alféizar de la mañana, y contemplar... y saltar por la ventana y luego entrar en el paisaje para mirarlo de más cerca, y hacerse pintor y añadir un árbol, una nube, un pájaro...

Y entrar en un blog conocido o desconocido es lo mismo.
 ¿con qué nos perfumaremos, hoy?...

Pompita para todos vosotros, que visito y que me visitáis,
mirando unos y otros por las ventanitas.

Y en especial para "mariajesús" a quien se le duplican las letras y multiplican las palabras.
y "mientrasleo" que siempre tiene alguna olorosa sorpresa reservada entre sus "montones de libros".
y mi amiga "mabel" que todo lo pinta color esperanza.

PS aunque vieja conocida, mi palabra apuntada de hoy:
                               "alféizar"
 por su color, su música, su origen... y todo lo anterior.
                               Y ¿la vuestra?...

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martes, 14 de agosto de 2012

Volvemos a las "nadadas"




Secándose estaba. Momificado ya de tan seco. Esperándome. Desde nuestro último chapuzón, hace tanto tiempo. (nos castigaron por abusos.)

Nos gustaba jugar, saltar, correr, las risas, el ritmo, las salpicaduras, el olor a cloro.
       Los
             "¡Uy! ¡qué fría está hoy!",
                            "¡Vamos, chicas!",
             "No puedo más con mi cuerpo",
                            " Hoy se ha pasado el profe"
             "¡Secador libre!",
                            "¡Nos vemos el lunes!"

A él, hasta le gustaba la música de la clase de aquagym (a mí no tanto, pero para darle gusto, seguía el ritmo) pero nos castigaron a los dos sin saltitos en el gresite azul-piscina. Por abusones. Por discrepancias.
"Esto, no le conviene de momento. Mejor, bicicleta estática. Es por su bien" dijo este señor de bata blanca, tan triste y tan mandón.

Le gustaban las charlas antes del agua con el bañador blanco tan atlético, los esfuerzos y las risas dentro del agua con el color fuscia tan sofisticado o con los dos bañadores negros, anchotes, algo torpes y tan alegres, y más charlas despues del agua con el gorro azul marino, jubilado parlanchín y el gorro de flores verdes más parlanchín aún.
Y el sentirse arropado por el albornoz amplio, y el mareo de la centrifugadora del vestuario, y su bolsita transparente... ¡ay! su bolsita transparente... donde abrazaba a las gafas y el gorro plateados... ¡ay!... y su descanso tomando el sol, rozando con el hombro la toalla naranja... y suspirando por la siguiente clase.

Sé que lo echaba de menos.
No me atrevía a mirarlo.
Me daba pena.
Le oía quejarse: "Llévame, anda..."
Al verlo tan abandonado y tan triste, esta mañana le he dicho: "¡Qué narices! Si no saltamos con música, por lo menos hoy nos echamos unos largos tú y yo, solitos.
¡A ver quién aguanta más! ¡Te desafío!
No estamos para Olimpiadas pero ¡qué nos quiten lo bailaó!"

¡Qué a gusto nos hemos quedado!

Pompita con agua (fría) de gresite azul.

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martes, 7 de agosto de 2012

Una de policias y ladrones...




Las veía desde donde estaba sentada, con mi libro y mi botellita de agua al alcance de la mano, disfrutando de la tarde.
Estaban a pleno sol, paseando en la arena. Solas o en grupo. Todas morenas, muy morenas, la piel brillante, animadas, cintura de avispa.

Un grupito llamó mi atención. Parecían conspiradoras: se habían parado y cuchicheaban, sus cabezas casi tocándose, gesticulando pero lo imprescindible, sin gritos.
Parecían amigas íntimas. Sin embargo, hubo un momento en que pensé que iban a pelear: una asió a la que tenía cerca y la zarandeó. Pero en seguida se calmaron y siguieron con su conciliábulo discreto (¿quizás eran mudas?)

Luego, de repente, el grupo se disolvió y cada una se fue por donde le apeteció. O hacia donde las llamarían sus obligaciones.
Algunas de dos en dos. Otras, solas.
Una, algo más nerviosa que las demás, se fue sola pero volvió enseguida sobre sus pasos y recogió un bulto que había en el suelo y que se le habría olvidado con el sofoco de la conversación o con las prisas.

Como me intrigaba, me levanté y la seguí. Andaba yo despacio, observándola desde lejos, fijándome en su caminata que me pareció algo errática (se confirmaban mis sospechas: era miembro de una asociación secreta, quizá peligrosa, planeando una invasión a gran escala, una guerra sin cuartel; era una conspiradora que quería borrar huellas ¿me habría descubierto? ¿hasta dónde me llevaría en su deambular para despistarme?)

De repente, se paró. Parecía perdida. Pero, arrimándose a una pared larguísima, siguió todo recto, ya sin titubear. Casi corriendo a pesar del enorme bulto que llevaba (¿qué transportaría, tan importante que no lo soltó ni un momento? ¿material robado? ¿droga? algo muy valioso para ella, sin duda)
Estaba en forma, está claro: tan delgada y tan fuerte y corriendo con ese calor, cargada con ese bulto de forma indefinida pero que se intuía muy pesado.

Cruzó una esplanada (la crucé yo también), torció hacia un pasadizo (torcí) y dejó el bulto delante de un recoveco que había en la pared y donde otra, con el mismo aspecto enigmático, parecía esperarla. Intercambiaron información durante un rato (bueno, esto me lo imagino porque desde donde estaba seguía sin oírlas) y luego, la de la entrada se metió adentro, llevándose el bulto misterioso.

La primera de mis conspiradoras fue hasta una puerta de madera y se paró en el umbral (me paré también, fingiendo mirar hacia otro lado). Levantó la cabeza (parecía un perro olisqueando el ambiente). Dio media vuelta, como molesta, disgustada y volvió más despacio (algo cansada me imagino) hasta el lugar del encuentro y entró también.
Y la perdí de vista.


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Creo que lo he conseguido: no soy mala y no les veto la entrada al cuarto de baño (al fin y al cabo, vivían en esta zona mucho antes que nosotros, mucho antes de que construyéramos la casa) pero en una temporada, no se acercarán a Mi despensa... las hormigas.

Pompita soplada con curiosidad hacia ellas.

Y con admiración hacia Bernard Werber que escribió, mezclando rigor científico y fantasía desbordante,
su "Trilogía de las hormigas".
Historia que me viene siempre a la mente cuando las veo o si me hablan de ellas.

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martes, 31 de julio de 2012

Calor...



Ha llegado el verano... y el calor.
Cierra los ojos y suben a la superficie de su memoria, como burbujas frescas de profundidad, unas encontradas sensaciones de calor... sensaciones injustificadas puesto que en su casa no entra el sofoco.
Calor de fuera. Calor de las calles. Calor de una calle.

Calor de un pueblecito alcarreño que apenas consta en los mapas.
Calor. Un verano interminable. Una casa vieja de muros gruesos. Moscas... como las de Machado: pertinaces.
Y que, a pesar de la mosquitera, se han colado en la penumbra de la salita fresca.
Sólo un haz de luz cae sobre su libro.
No se echa la siesta como hacen todos. Lee.
"Novelas ejemplares", de tapa sobada. Lee.
Lee y a ratos se entretiene cazando las molestas moscas con una goma elástica.
Buena puntería. Le sonríen el negrito y el chinito del Domund desde la estantería.

Gallinas sueltas en la calle, pugnando por entrar en la casa a través de la cortina de tiras de plástico colgada delante de la puerta cerrada.
No se oye ruido alguno en esta hora aplastante.
Salvo el zumbido de una mosca rebelde y el intermitente cloquear despistado de una gallina tozuda, buscando el frescor de la casa.
Silencio aplastado incluso en la gran acacia cercana: los pájaros han bajado a la vega, al frescor del río.
El pequeño río donde dormitan los cangrejos en sus escondrijos que la pandilla conoce .

Calor. La higuera del corral, sus violetas gotas de miel... y sus avispas celosas y malvadas.
La leñera donde se esconden las gatas de pueblo, flacas y ariscas, ojos febriles de repetidas preñeces.
Calor. El polvo de las eras; mudas ahora.


 

Muda también la campana de la iglesia románica, teñida de abandono y sólo adornada por el vuelo de los estorninos... o ¿eran avioncillos?... no lo sabe... o no lo recuerda si lo ha sabido.
Y las flores silvestres del altar, casi siempre marchitas y que la Carmen cambia cuando se acuerda, cuando tiene un rato de respiro entre el huerto y la casa. Calor.

Pronto parará el "correo" de las cinco, cerca de la acacia... viajando con toda la calorina como dice su madre...
Y "Ca Pedro", donde se amontonan sin orden lo mismo latas de sardinas al lado de alpargatas que velas y aperos y esos tirabuzones rubios y pegajosos para cazar moscas; y que ya nadie utiliza. Moscas. Calor...
Ya no existe el colmado...  ni su dueño.

Y las fiestas: el subir a la ermita de la Fuensanta, andando o a veces con la borriquilla de la tía Juana o a lomo de la mula del tío... ¿cómo se llama el vecino?... ¿cómo se llamaba? No lo recuerda...

Los "dormidos" de la tahona y las tortas de pellizco cubiertas de azúcar que traen del pueblo vecino.
El majuelo. El molino del aceite con sus capazos de esparto y su olor acre. El viejo nogal.
Las promesas de las moras de las zarzas del sendero... estarán verdes aún. Calor.

La fuente fresca donde había que bajar para llenar los cántaros en ese pueblo sin agua corriente hace... ¿cuarenta años? ...¿ya cuarenta años?...
El botijo blanco sudando; su chorrito de anís.

Los tomates de piel rosada y fina, en la fresquera. Deformes, hinchados, jugosos.
Le sube a la boca el deseo del sabor del tomate o del pepino  que iban a robar en los huertos y comían a mordiscos, con un pellizco de la sal que siempre llevaban en el bolsillo de la camisa.
Los tomates del pueblo... ¡Ay! los tomates del pueblo...


Se levanta y abre la nevera, buscando con la mirada...
Y vuelve a cerrar la puerta, nostálgico.

-"Me apetecía un tomate del pueblo..."

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