martes, 23 de octubre de 2012

Nacimiento

                                                                    cueva de Les Combarelles (red)

 Una noche, inquieto, empezó a arañar con las uñas la pared fría y húmeda.
Tumbado en un sitio alejado de la hoguera cuya luz intermitente bailaba en la piedra de la pared.
La pared de la gruta.

Las primeras noches, con las uñas. Hasta desgastárselas.
Más tarde, con un trozo de madera.
Luego, con una esquirla de silex.
Algo le empujaba a ello, cada noche. Algo instintivo.
Como cuando olisqueaba el paso de los animales.
Como cuando andaban todos en la arena húmeda y observaba las diferentes huellas de los pies que le precedían.
O cuando reconocía las de los animales que cazaban.
Recuerdos. Estímulos.
Huellas.

Primero un arañazo, un trazo, como tanteando la resistencia de su refugio mineral... y otro trazo...
Y otros...
Y muchas noches, y muchos trazos, como surcos de profundidad variable. Como senderos.
Otros trazos, más rectos o más largos. O inclinados.
O en grupos de varias noches de palitos cada vez más intencionados.

Y curvas también, como las que veía a su alrededor: las olas del mar cercano, las ondas de arena dejadas por el retroceso del agua, la silueta de las colinas que se divisaban enfrente de la gruta.
Luego, espirales o círculos. Como caracolas, como ciertos cantos de la playa.
Círculos. Como los que dibujaban las águilas en el azul del cielo, sobrevolando su presa.
Círculos cada vez más perfectos, como la lejana luna llena que pasaba de vez en cuando en la negrura.
Huellas.Pruebas de su paso.

Se animó. Siguió cada noche, arañando, a oscuras, en solitario, en secreto.
Intuía que los demás miembros del grupo no lo aprobarían: no servía para la supervivencia, no alimentaba al grupo.
Sólo era algo extraño, inquietante y estimulante. Como la huella de un animal desconocido que no podía dejar de rastrear. Olisqueaba la pared. Le gustaba.
Le hacía sentirse bien, como el resplandor de la hoguera que calentaba su cuerpo y sosegaba su ánimo, alejando las tinieblas.
Huellas. Pruebas de su paso. De su existencia.

A escondidas, perfeccionó su afición, cambiando materiales, trazos, ritmos.
Una noche, por una diferencia en la dureza de la pared de piedra, no consiguió alinear sus trazos y el resultado se asemejó a las huellas de mano que otros habían dejado en la piedra, mucho antes...
Repetidas veces posó su mano inquieta en la piedra, superponiéndola a sus trazos...
Gruñidos. Fiebre. Temor. Temblor. Luz.

La mano... con la cual, en silencio, transmitía, comunicaba a los demás miembros de su grupo, la cantidad de animales avistados, la cantidad de futuras presas, tan importantes para la supervivencia del clan.

Huellas. Pruebas de su paso. De su existencia.
De la conciencia de su existencia.
                                              Mensajes nacientes.



.

23 comentarios:

  1. Mmmmmmm, una se imagina al remoto artista de Altamira.

    Precioso y muy imaginativo, o realista, quién sabe.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Hay tres petroglifos en Paradela que te encantaría ver.
    Casi seguro que hechos a escondidas, pero nunca sabremos para quién.

    ResponderEliminar
  3. Una recreación deliciosa de esos pioneros inquietos que probaron a dejar sus huellas impresas en rocas, simplemente porque sí, por el placer de crear algo aunque no sirviera para nada o porque acabaran dándose cuenta de lo útiles que eran para comunicarse con los demás. Un afán que todos llevamos dentro. Dejar una huella que nos sobreviva, que les indique a los demás que estuvimos, lo que fuimos.
    Muy, muy bonito.

    ResponderEliminar
  4. Me encanta, soy de las personas que han tenido la suerte de ver Altamira más de una vez, y luego he buscado otras cuevas. Me fascina esa forma de comunicación y mirar escudriñando el mensaje que nos querían dejar.
    Magnífico, de verdad.
    Besos

    ResponderEliminar
  5. El germen de la cultura, ya sabes, eso que se da cuando las cosas del comer están razonablemente aseguradas y que nos define como humanos. Excelente!!

    Un beso

    ResponderEliminar
  6. Siempre me he preguntado cómo se habría vivido este paso de lo figurativo a lo abstracto que evolucionó en escritura y esto en varios sitios tan alejados geográficamente.
    De pequeña tuve la suerte de visitar la región de Périgord y luego de más mayor Altamira (en una época en que todavía se podía entrar en la cueva de verdad) y otras muchas del estilo y me sigue maravillando este "gran paso para la Humanidad".
    Me alegra que os haya gustado mi interpretación de los hechos. :)
    Mariajesús, el día que me acerque a Paradela, cuento contigo ;)
    Besos a todos.

    ResponderEliminar
  7. Hola bonita...siempre ando por aquí aunque no siempre te deje mi huella...es que me dejas anonadada la mayoría de las veces...vive tu mundo siempre así!!!
    Besos

    ResponderEliminar
  8. Mabel ¿recuerdas esta imagen de la playa que usamos una vez en "nuestro rincón acronímico"? me encantó... y dejé volar mi imaginación jajaja.
    Bizoussss
    Ps ahora voy a prepararte el "desayuno" ;)

    ResponderEliminar
  9. Poco podían imaginar los hombres de Altamira y Lascaux que aquellos dibujos derivarían en las cámaras digitales actuales :) Ellos hicieron y dejaron huella, en efecto. Yo me conformo con hacerla, aunque luego se la lleve la marea.

    ResponderEliminar
  10. :) Sí, Diego, los dos extremos de los soportes de las huellas con mensaje para el colectivo humano y en el medio, el papel, Gutenberg... y ahora volvemos a la imagen de las cámaras, donde cada uno ve lo que quiere.
    ¡qué bien me has entendido! :)
    ¿qué será lo siguiente?... ¿escribir sobre el agua... con espuma de mar? Hay tantas formas de dejar una huella como granitos de arena hay en la playa. :)

    ResponderEliminar
  11. Me preguntó cómo verán nuestras huellas dentro de mil años. Me temo que de todo habrá.
    Excelente texto, como siempre.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Y yo me temo que mirarán los garabatos actuales como mirábamos los jeroglíficos antes de la Piedra de Rosetta... si es que los miran. O si queda algo o alguien para mirar.
    Un abrazo, Mercedes.

    ResponderEliminar
  13. Me da que me lo imagino solitario e incomprendido...¡Qué duro es "bajar del árbol"!...;)
    B7s

    ResponderEliminar
  14. Estoy seguro que fue así como lo narras como empezó todo.
    Bello texto.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  15. Mari... puede que luego le miraran con admiración o envidia o puede también que otros "solitarios" se acercaran a él para compartir otras técnicas... nunca lo sabremos.
    Y por mi parte casi mejor: así conserva su magia "la bajada del árbol" ¿no?
    B7s

    tetealca, no sé si fue así pero... ¿por qué no? :)
    Abrazo hacia el castillo.

    ResponderEliminar
  16. Son señales muy humanas que nosotros igualmente estamos dejando a los que vendrán después y a ellos les toca descifrar tantas catástrofes como les dejaremos, pues me temo que no será un mudo ideal precisamente.

    BESICOS Y GRACIAS POR TU VISITA.

    ResponderEliminar
  17. Existes en el fondo de mi gruta, pero a veces tu "certificado de existencia" desaparece de mi lateral (mi pelea constante con la tecnología :( )

    Ana ¡ánimo! y sigue dejando huella; ya me las apañaré para leerte y dejarte una prueba de mi paso.

    Besicos, guapa.

    ResponderEliminar
  18. Bom dia! Fiquei deveras emocionado com teu versos.
    parabens
    Sinval

    ResponderEliminar
  19. Bom día, Sinval.
    Muito obrigada pela presença em minha casa. :)
    Y ahora, me paso por la tuya donde ampliaré mis conocimientos básicos (muy básicos) de tu hermoso idioma.

    Abrazo (o ¿um abraço?) :)

    ResponderEliminar
  20. ¿Tú crees que esta huella cibernética será recuperable algún día? ¿Pervivirá? Ojalá que algún descendiente nuestro (en mi caso indirecto), que nunca sabrá que lo ha sido, dentro de muchos siglos pudiese ver esta entrada y decir: ¡Qué bien escribían los trogloditas del siglo XXI. No te ofendas por la comparación...
    La primera vez que salió impreso algún escrito mío fue cuando me pidió mi hermana Koncha que le hiciese un pequeño prólogo-relato para su poemario. Cuando vi el libro y mis letras allí pensé que ya, que ya estaba la huella plantada. Ahora pienso en el personaje de tu relato y me entra un cierto cosquilleo...
    Yo quiero ver la cara de felicidad que pone ese señor que va a leer tu relato-entrada dentro de muchos, muchos siglos.
    ¡Un besazo, Framboise!

    ResponderEliminar
  21. Jajaja Román, ¡qué exagerado eres! Te has pasado de tres pueblos ¿no crees? :)
    Ya me imagino la satisfacción que puedes experimentar cuando ves tus palabras inmortalizadas...
    Y yo sigo sin tener tu libro, atada a mi sillón como estoy sin poder salir de casa. :( En cuanto salga de mi retiro forzoso, me hago con él (mi "mando a distancia" está desbordado de trabajo extra ultimamente con un cursillo acelerado de tareas domésticas :( )

    Besote... de troglodita jajaja

    ResponderEliminar
  22. Fram, mañana contesto con tiempo tu comentario: me encanta todo lo relacionado con lo nórdico, especialmente con lo celta. Un pequeño secreto: mi abuela, mi querida Anne Gregor era escocesa, de Inverness. Avatares de la vida la trajeron a España y conoció a mi abuelo.

    Ella me contaba cuentos, mitos y leyendas de aquellas tierras, que, obviamente llevo en la sangre y también en el alma.

    Un besazo

    ResponderEliminar
  23. :) Ay! con las abuelas... Pues me paso a leerte ahora ;)

    Besote

    ResponderEliminar