martes, 28 de octubre de 2014

Pensando en Brassens

"Es tan imposible traducir la poesía como es imposible traducir la música."

Esta frase de Voltaire, me la hizo conocer, hace años, un alumno especial.
Especial por muchas razones:
Estaba yo acostumbrada a alumnos de mi edad o menores la mayoría.
Y con él, había algo más de cincuenta años de distancia temporal.
Él, jubilado todavía activo que seguía ayudando a su hija a llevar las riendas del bufete que había iniciado su propio abuelo creo.
Y yo, recién llegada aquí, jovencita, y profesora todavía inexperta.

Y para mí, era especial también por ser un gran admirador de
mi muy admirado Brassens.

Y ese alumno bastante díscolo que, si bien se doblegaba a ratos a los imperativos de la gramática francesa que tenía bastante oxidada, siempre que podía me llevaba por el camino brassensiano.
Y yo... tratándose de Brassens ¡me dejaba!
Las clases eran siempre en francés por supuesto, desde el mismo momento de entrar en ese despacho (olor a cuero y a los libros viejos que lo forraban por tres lados de suelo a techo) hasta la hora de salir a la calle y encontrarme, de repente cegada por el sol, como saliendo de otro mundo, para seguir mi recorrido de alumnos particulares.

Y eran siempre un gustazo de intercambio de conocimientos donde yo, por supuesto, me llevaba la mejor parte, vista la amplitud de su cultura.

Y un día me pidió, nada más empezar la clase, que intentáramos con un poema que Brassens tradujo en canción.
Canción que me confesó le encantaba por la musicalidad de las frases pero que no estaba seguro de comprender del todo.

Aparté los previstos y aburridos ejercicios de subjuntivo y entre los dos, nos salió esto que os traigo como mi homenaje anual a Brassens.
Y homenaje también a Hermenegildo, cuyo apellido he olvidado pero cuyo nombre siempre me viene a la memoria cuando escucho esta pequeña maravilla de poema de Antoine Pol.
Brassens lamentó no haber llegado a conocerlo en persona... como pasa con "Las transeúntes" del poema.


                                                  https://www.youtube.com/watch?v=wCqTuP1JdFo
 
Quiero dedicar este poema
a todas las mujeres que uno quiere
durante algunos instantes secretos.
A las que no conocemos apenas,
a las que un destino diferente se lleva
Y que no volvemos a encontrar jamás

A aquella que vemos aparecer
un segundo a su ventana
y que, rauda, se desvanece
pero cuya esbelta silueta
es tan linda y delgada
que permanecemos embelesados.

A la compañera de viaje
cuyos ojos, encantador paisaje,
hacen parecer corto el camino.
A la que, quizás,
somos el único en comprender
y que dejamos sin embargo bajar
sin haber rozado su mano.

A las que ya tienen dueño
y que, viviendo horas grises
cerca de un ser demasiado diferente,
nos han dejado, inútil locura,
ver la melancolía
de un porvenir desesperante

Queridas imágenes vislumbradas,
esperanzas de un día, frustradas,
estaréis en el olvido mañana:
A poco que la felicidad sobrevenga
es raro que uno se acuerde
de los tramos del camino

Pero si uno erró su vida,
con un poco de envidia, sueña
con todas estas felicidades intuidas,
con los besos que no se atrevió a tomar,
con los corazones que, quizá, le esperan,
con los ojos que jamás ha vuelto a ver.

Entonces, por las tardes de cansancio,
poblando la soledad
con los fantasmas del recuerdo,
lloramos los labios ausentes
de todas estas bellas transeúntes

a las que no supimos retener.

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martes, 14 de octubre de 2014

Se llaman Plic... 1


Ha sido largo su viaje y están impacientes por llegar. Traen en su equipaje recuerdos y regalos para todos: frasquitos de perfumes exóticos y vistosos collares de semillas, chales de gasa brillante y poesías lejanas, susurros de arpa, repiqueteos de castañuelas y voces de timbales.

Y llegan, cabalgando melodías. Y prestas, acuden a su cita anual.
Comprueban una vez más la hora tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Las esperan. Tienen que llegar. Las esperan desde hace meses.
Y también se preguntan qué les va a tocar en suerte: ¿un tejado con pendiente? ¿un árbol con sus ramas abiertas, listas para el abrazo? ¿una flor rezagada? ¿las plumas de un gorrión?...

Son muchas. Inexpertas, algo inquietas (para algunas es su primer viaje). Pero confiadas se dejan llevar por el viento del oeste y después de un aterrizaje a veces algo brusco, por fin llegan a su destino.

Todas visten la misma capa transparente; y como acróbatas se deslizan a lo largo de hilos invisibles y mágicos. Todas impregnan con su frescor el ambiente que rodea la casa. Y las rocas de la sierra se vuelven olorosas apenas las primeras en llegar resbalan en ellas.
Cuando se paran, estancadas en el musgo o enganchadas en una teja,
abren suavemente sus alas irisadas y de ellas salen unos seres diminutos cuyos ojos brillantes nos hacen sonreír:

                                    Son las hadas trotamundos.

Las hadas viajeras, llamadas también "hadas Plic".
Se parecen tanto que casi todas se llaman Plic.
Otras no. Otras se llaman Ploc.
Pero no quiero hablarte de las Ploc: son los seres más malvados , destructores, malolientes y antipáticos que existen.

Las hadas Plic, al contrario, son buenas, generosas, cantarinas y alegres y han viajado a lomo de nubes blancas o azules que les prestan sus reflejos para acudir preciosas y veloces a su cita con el otoño que las adora.

Empujadas por mil vientos. Decorando mil cielos de acuarelas.
Alegrando mil bosques. Refrescando mil campos.

Y si oyes esta canción: "Plicplicplic... Plicplic... Plicplicplic...",
seguro que se te abre una sonrisa al imaginar a las hadas de la lluvia.

Las tendrás que imaginar porque no las verás: son demasiado pequeñitas; pero oirás que se llaman, se encuentran, se abrazan, bailan, cantan y se tiran felices y jubilosas desde lo alto del tobogán del tejado.
Escurriéndose luego, mansamente, hasta las hojas de la madreselva donde se paran un rato a descansar...


Luego caerán, una tras otra, en la tierra donde les espera otro viaje,
no menos largo y emocionante.

Pero esto es otra historia que te contaré... otro día.

Pompita para Ana María, para el día que pueda leerla. ;)

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martes, 7 de octubre de 2014

Las rosquillas de la Abuela

Cuando los muchos años pesan en el cuerpo, cuando los dolores se instalan en cada articulación para no moverse de allí, cuando las piernas ya no pueden disfrutar pateando, inquisitivas, las tiendas del barrio o de más lejos, cuando la mente tiene a la tecnología como una barrera entre generaciones, cuando el presupuesto no se puede estirar más siendo su pensión tan escueta y sus nietos y bisnietos tantos...
¿Qué hacen las abuelas para seguir agasajando con cariño a los retoños de sus propios hijos como lo han hecho toda la vida?...
Ni los ojos cansados ni los hombros agarrotados pueden ya tejer jerseys o coser vestidos para abrigar cuerpos tan grandes.
Ni sus conocimientos sirven para comprar libros para mujeres y hombres de lecturas tan insospechadas para ellas.

¿Qué hacen?...
Pues hacen lo que sus manos algo torpes pero aún inquietas las dejan hacer todavía para participar en el cumpleaños. Aunque no les quede muy claro el número ya alcanzado por el chico o la chica del día especial. Son nueve nietos y cuatro bisnietos (más otro en camino) cuyos nombres y fechas se mezclan a veces.
¿Qué hace...?
Hace lo que sus nietos todos le agradecen con mimos emocionados y alaban con una frase redonda e inapelable:

                        "Como las rosquillas de la Abuela, ninguna."


Sabéis que me gusta compartir recetas con vosotros pero... lo siento, hoy no puedo. Hoy, no hay receta.
Primero porque cada familia tiene Su receta que es la mejor por supuesto. Y seguro que tenéis la vuestra. ¿verdad?
Y luego porque, si bien conseguí hace unos meses sacarle, casi a traición, a mi suegri, a la Abu de mis hijos y sobrinos, su receta tan celosamente guardada durante años (siempre dada por supuesto pero omitiendo pícaramente el ingrediente-truco secreto que las hace únicas), me vais a perdonar pero no puedo disponer de una parte de la herencia de mis hijos y sus primos.
¿Me entendéis, verdad?

Sólo deciros que son las mejores del mundo mundial, sin duda alguna.

          Es que... "Como las rosquillas de la Abuela, ninguna."

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