martes, 10 de octubre de 2017

Niños de verano

 

Lápices de colores corretean en espacios abiertos. Quiméricos niños con hebras de seda enlazan rumorosos silencios. Refugiados en el perfume de las nubes, irizado azahar, alumbran luciérnagas con la mirada al caer la noche... Como vencejos, sus cometas, oníricos ecos, recorren anacarados cirros susurrantes en busca de estrellas. Efluvios de alhucema liban, soñadores...
Atesoran las horas y sus laderas vacilantes como mariposas efīmeras, arrancando vuelo irregular...

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Pompita de verano, extraviada y volando errática en un otoño caluroso...
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martes, 5 de septiembre de 2017

Y le dijo...

¿De qué te ha servido? No entiendo por qué lo hiciste...
No. Francamente no lo entiendo...
¿No estabas a gusto con la tripa llena rozando el suelo? ¿Con la estabilidad de tus cuatro puntos de apoyo? ¿Con retozar libremente en mis laderas?...
¿Porqué lo hiciste? ¿Curiosidad?... ¿Envidia de los pájaros?...
Primero levantaste la cabeza, te vi.
Para mirar más lejos supongo; por encima de mi hombro...
Luego levantaste una mano y más tarde despegaste la otra; pensando quizás que así tocarías el cielo...
Y repetiste tanto el movimiento que, a pesar de tu torpeza inicial, conseguiste levantarte.
Ebrio por el descubrimiento, asiendo cualquier cosa con la ilusión de verte erguido. Y no satisfecho con ello, empezaste a pensar, a inventar, cada día más lleno de orgullo.
Este orgullo que te hizo querer dominar mi mundo; hasta el punto de adjudicar nombre a cada cosa que veías para hacerlas tuyas y sólo tuyas. A las montañas y los valles, a los ríos y los océanos, a las plantas y los animales; a todos nosotros...
¡Hasta bautizaste a las estrellas sin considerar que no te necesitaban para brillar!... Ni ellas ni la luna que pisoteaste en tu afán de dominarlo todo.
¿Porqué te hiciste bípedo?...
No entiendo porqué lo hiciste... Yo que tú, no me sentiría tan orgulloso del resultado...
Ya no tienes remedio...
Pero a pesar de estar erguido, sigues siendo pequeño para mí. Muy pequeño...
Escucha mis palabras. A menudo me enfado, te avisan mis volcanes, mis huracanes, mis terremotos, los glaciares o las abejas... Pero te dejo vivir.
Tú a mí me incordias, constantemente. Casi no puedo respirar... Así que intenta molestar lo menos posible porque no puedo con el humo tóxico que sale por todos los poros de tu piel,  de tus narices siempre hinchadas y también de tu boca, casi siempre sucia... y sobre todo de tu ombligo que admiras tanto...
Me cuesta respirar...
Y si un día yo dejo de respirar será tu fin, Hombre...

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Pompita...
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martes, 8 de agosto de 2017

Nadie

                                                         https://www.youtube.com/watch?v=-UPxCNnhSDU


Sin que pueda deshacerme de él
El tiempo pone pies en polvorosa.
El tiempo que se va marcha atrás
Me hace saltar en sus rodillas.
Mis padres el verano las vacaciones
Mis hermanos y hermanas haciendo los locos.
Tengo en la boca la inocencia
De las mermeladas del mes de agosto.

Nadie se cura de su infancia.

Los mantelitos y las sombrillas
Que se abrían a la hora del té
Para refrescar a las señoritas
Sonrojadas en sus vestidos veraniegos.
Y yo con la nariz en sus encajes
Respiraba a contraluz
En el perfume de las mirabel
El olor perturbador del amor.

Nadie se cura de su infancia.

El viento violento de la historia
Iba a esparcir, a diluir
Nuestra juventud irrisoria
Y a cambiar nuestras risas en sollozos.
Amor naranja amor amargo.
La imagen desvanecida de un padre
Que desapareció con la guerra
Renace con inaudita fuerza.

Nadie se cura de su infancia.

El que llega a desaparecer
¿Porqué lo hemos descuidado?
Hacemos un gesto hacia la ventana
Sin saber que no es un "hasta luego".
Cada uno tiene su historia
Y en nuestro corazón, al acecho,
El vaivén de la memoria
Abre y desgarra lo que fue.

Nadie se cura de su infancia.

Bella, cruel y tierna infancia.
Hoy es arrodillado ante ti
Donde recobro su inocencia
Al hilo del tiempo que se desanuda.
Abre tus brazos abre tu alma
Para que deguste en ti su sabor,
Mi amor fresco mi amor mujer,
La felicidad del ser y del tiempo dulce.

Para que me cure de mi infancia.

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Pompita pompita degustando ciruelas...
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martes, 25 de julio de 2017

Tenia dedos verdes

                                                    Hinojo marino (Crithmum maritimum)  foto mía id. por Fernando Macé

Un niño estaba tumbado bocabajo en la hierba. Absorto. Olisqueaba. Sonreía, feliz.
Acariciaba con la mirada al infinito mundo verde que le rodeaba.

Creció; y con él, creció también el mundo que le regaló descubrimientos cada día más apasionantes. Y sonrisas, risas y carcajadas.
A menudo, sus dedos se acercaban a una planta, con respeto; y a ratos agarraban el lápiz que le acompañaba siempre y, después de meditar un momento, apuntaba en su carpetita verde un nombre vernáculo o en latín, un olor, un número, un punto interrogativo...
Y sonreía pensando en sus amigos que tanto gustaban de sus dibujos...

Un día se quedó durmiendo con la nariz entre hierbajos.
Sus dedos dejaron caer el lápiz, la carpetita verde, la lupa...
Pero las plantas, agradecidas, le arroparon para su último viaje.
Y el viento sopló suavemente y esparció las semillas de sabiduría y amistad de un amable duende verde alrededor del mundo...

¡Qué tengas un feliz sueño, amigo maestro Fernando!

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Pompita algo huérfana hoy...
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martes, 18 de julio de 2017

Música y letras

Dicen que la música es un idioma universal. Y que hay músicas que quedan grabadas en nuestra alma para cada momento de nuestra vida.
Las nanas de la primera infancia... Las canciones de amor, atemporales...
Para aprender. Para reír. Para bailar. Para soñar.
Notas que no se olvidan nunca. Incluso si las letras que se apoyan en ellas se diluyen con el tiempo.
Hay también músicas que levantan el ánimo.
Que ayudan a andar. Que insuflan fuerza. Que unen en la desgracia.
Sonidos evocadores hasta para quien no los ha oído desde la infancia. 
Melodías que se tararean o se cantan a voz en grito lo mismo en fiesta nacional que en manifestaciones multitudinarias de cualquier índole...
Que se transforman, al igual que sus monumentos más emblemáticos, en símbolo de un país.
Y es el caso de la Marsellesa.
Y sí, me gusta su música. Quizás porque su melodía forma parte de mi vida desde pequeñita. Una de sus bandas sonoras.... No sé...
Pero no me gusta su letra. Nunca me ha gustado. Muy violenta a lo largo de sus quince estrofas (que casi nadie se sabe de memoria por cierto.)
Letra sangrienta escrita en su origen para animar a luchar contra los invasores y los déspotas de la época pero que, mal interpretada fuera de su contexto inicial, anima a la violencia en cualquier ámbito, por cualquier motivo.
No comparto.
Y no soy original, no soy la única en pensar así: hubo varios intentos de cambiar su letra por otra distinta, nada bélica, nada mortífera.
No cuajó la idea. Aunque periódicamente surge de nuevo la polémica.

Y quienes lo han propuesto eran o son tan franceses como el que más, de nacimiento o de corazón. 
Tan franceses como yo que lo soy por los cuatro costados, de nacimiento, de familia , de formación, de corazón  (y de sangre quizás: ¿quién puede, sin hacer el ridículo, presumir de saber a ciencia cierta de dónde o de qué color es cada gota de su sangre y vanagloriarse de ello?...)
Desde el gran Jean Jaurès que la consideraba "una letra atroz" hasta Lamartine y Victor Hugo, Charles Aznavour o Georges Brassens por citar algunos de los más conocidos. 
O el mismo abbé Pierre que se preguntaba, como lo hacemos muchos franceses, "¿Cómo unos padres  pueden enseñar a sus hijos eso de 
                " ¡Que una sangre impura riegue nuestros surcos!" ?
... Menuda barbaridad esto de ponerse a la misma altura que la barbarie de algunos.

Ya mayor pero siempre activo y con el mismo espíritu, el cantante  Graeme Allwright   , neo-zelandés de nacimiento y francés de corazón, escribió hace años y sigue cantando estas otras letras que podéis escuchar aquí si os interesa.   


                                                https://www.youtube.com/watch?v=OPMWD29OyVg
                                                https://www.youtube.com/watch?v=wzYvLRpbn-g

Misma música pero letra muy distinta.

Para todos los hijos de la Tierra
cantemos amor y libertad.
Contra todos los odios y las guerras
el estandarte de la esperanza está izado. bis
El estandarte de justicia y de paz.

Reunamos nuestras fuerzas, nuestro valor
para vencer la miseria y el miedo.
¡Que reinen en el fondo de nuestros corazones
la amistad, la alegría y el compartir.

La llama que nos alumbra
cruza las fronteras.
Vayamos, vayamos, amigos, 

solidarios andemos hacia la luz.
 
Cada vez que oigo los primeros acordes de la Marseillaise (y julio se presta a ello), pienso que mi himno, en caso de tenerlo,  sería más bien éste, el suyo: uno para todos. Una lucha sí pero sin revanchismo, sin perdedores. Sin intereses ocultos. Sin efectos colaterales desastrosos.
Sino todo lo contrario.
Una letra utópica o ingenua, lo sé...
A menudo me lo dicen. (por lo menos una vez al año...)

Pero una utopía mía (una más) de la cual no me quiero apear.

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Pompita de julio.
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martes, 4 de julio de 2017

Con esfuerzo infinito

Con esfuerzo infinito, estiró el brazo derecho hacia la mesilla de noche (o hacia donde creía recordar estaba la mesilla de noche), tanteó el aire y al no encontrar nada, levantó el párpado izquierdo (el derecho hacía días que había desistido) y, con esfuerzo infinito, mandó a su cerebro (o lo que quedaba de ello) enfocar la vista en busca de la botellita de agua que (creía recordar) había dejado allí... antes de dejarse caer en la cama. Inerme.
Con infinito esfuerzo, alcanzó la botella; comprobó que no le quedaba más que una gota. Y comprobó que esta gota le transmitía sofoco en los dedos a través del plástico medio derretido, pegajoso y deforme que se bamboleaba delante de sus ojos. Los cerró.
Con infinito esfuerzo, pensó... y descartó la idea mareante de levantarse y arrastrarse hasta la nevera.
Y con infinito esfuerzo se llevó la gota incongruente a los labios...

Notó enseguida cómo esta última gota, al llegar a su garganta cerrada, retrocedía y le subía a los ojos, escurriéndose luego lentamente por la mejilla apergaminada en busca de sus labios resecos. Que no alcanzó, cayendo al suelo donde se estrelló y dibujó, como tantas otras, una flor extraña de pétalos de cristal incoloro...
..........
Cuando, al terminar el verano, los vecinos forzaron su puerta y entraron en su casa, preocupados por su larga ausencia, no encontraron más que unos montoncitos de sal abrazando un jarrón esbelto con una única orquídea seca, deshojada en la mesilla; a su lado, la radio despertador repetía y repetía, atascada en bucle:
"¡Buenos días, excursionistas! * No salgan a la calle sin nuestro "Recorrido a la Sombra". Tenemos ahora mismo 40º en la Gran Vía con una humedad relativa del aire del... "

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Pompita soplada con esfuerzo infinito en una calurosa noche de verano...
* un guiño refrescante sólo para cinéfilos amantes del frío invernal :D

PS. Porfa, si alguien sabe del escritor que redactó hace tiempo un "Manual para recorrer Madrid sólo por las aceras a la sombra" (o algo parecido... no estoy nada segura del título tampoco), que me lo recuerde ahora que estamos todavía a tiempo...
... o calle para siempre, cargando en su conciencia con los cadáveres de las almas en pena y en busca de relativo frescor. :D)

PS ¡Ánimo! El verano puro y duro, son sólo dos días (o tres): ¡Disfrutadlo! Haced acopio de calorcito que luego nos quejaremos del invierno... :)

PS. Y por favor, no os olvidéis de dar de beber a los pajaritos si me ausento, presa de infinita pereza veraniega... ;)

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martes, 27 de junio de 2017

Cake salado

Ya sé que puede parecer una locura hablar de meterse en la cocina con los calores que caen estos días y más con el horno funcionando pero...

Hace poco, volvía de la calle, estaba sedienta, licuándome como un helado a pleno sol a pesar de haber salido muy temprano así que pensé que sudar un poco más o un poco menos, no tendría mayor importancia.
Y sin embargo... ¡qué calor! Por Tutatis, ¡qué calor!... Casi me arrepiento a la mitad...
Pero me animó sobre todo el pensar en algo que me iba a solucionar la cena (porque luego a la hora de la idem, sólo oír (u oírme) decir ¿qué cenamos? y me entra una vagancia infinitaaa...)

Así que, valientemente... me puse manos a la obra con los
ingredientes siguientes:

100 grs de harina
Levadura de panadería en sobre (viene en granulado y es más fácil de usar que la prensada comprada en la panadería. Cada día me simplifico más la vida en la cocina... me estoy haciendo mayor... o vaga... o lista. Ya era hora.)
1/2 vaso de leche (para diluir el sobre de levadura)
3 huevos
Una pizca de sal.
1/2 lata de aceitunas negras deshuesadas
50 grs de chorizo desmenuzado (se puede sustituir por taquitos de bacon o unas anchoas (en esos casos, no se pone sal a la mezcla)
100 grs de queso rallado
100 grs de mantequilla (o margarina como queráis. La receta original viene con mantequilla pero yo prefiero usar margarina: sale más ligero. Intenté una vez hacerlo con aceite de oliva pero su sabor coge demasiado protagonismo y eclipsa a los demás; no sabe igual, así que volví a la margarina, más neutra.)
Unos 10 tomatitos secos y conservados en aceite (le dan al conjunto un sabor increíble)
Unas hojas de albahaca fresca o de menta o cebollino. (al gusto. Yo, esta vez puse albahaca: me encanta y este año tengo una planta preciosa, frondosa y olorosa. Y que los bichos que a veces se la meriendan no han descubierto todavía.

Arranquemos: primero se enciende el horno a 180º .
Luego se forra el molde de cake con papel especial para horno.
(después de esto, me tomo un traguito de agua fresquita con limón)
Luego se derrite la margarina en el microondas para que no esté demasiado caliente a la hora de mezclar con el resto de los ingredientes.
(otro traguito porque yo también me estoy derritiendo)
Se trocea todo finito, finito. (a mano, mejor que en un robot donde se haría papilla. Y sólo habrá que lavar el cuchillo y la tabla... lo dicho, me estoy haciendo comodona.)
Y todo seguido, se baten los huevos como para una tortilla y se vierten en un bol grande donde está ya el resto de los ingredientes.
(otro traguito)
Se diluye la levadura con la leche.
Se mezcla con la harina.
Se añade la mantequilla (o margarina) derretida pero ya templada.
Y se vierte y mezcla muy bien muy bien con todo lo anterior.
(otro traguito y otro)
Mientras he hecho todo esto, se ha calentado ya el horno así que vierto todo en el molde de cake que meto en el horno (piso intermedio)
¡Ufff! Acabé...
Y como empieza a hacer calor en la cocina... me voy a refrescar.
No sin antes mirar la hora: necesitará el cake unos 30 minutos aproximadamente; dependiendo del horno puede ser un poco más o un poco menos con lo cual, la primera vez, mejor no alejarse demasiado y echar una miradita de vez en cuando, pinchar con un palito de madera para cerciorarse de cómo va la cocción y proteger con una hoja de papel de aluminio si hiciera falta. (Como siempre, vamos.)
Yo, ya lo tengo controlado: en mi horno son entre 30 y 35 minutos: el tiempo de darme un bañito para ¡por fin! refrescarme.

El resultado es éste:


Superpráctico para llevar de excursión, ya troceado y envuelto en su papel de plata (cambia un poco del clásico bocata de lo que sea ¿no?...)
O para una cena sin complicaciones: a la hora de la terrible pregunta ¿qué cenamos? puedo responder "Cake salado con una ensalada verde. Y de postre... fruta de temporada."

De vicio, de pecado mortal. ¡Irresistible!...Quien prueba, repite.
Repetí. Y repetí.
(Sólo para asegurarme de que sigue siendo tan rico como siempre... Sigue.)

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Pompita de "Bon appétit!"
Y de nuevo con las manos en la masa (recobrando costumbres pues me di cuenta hace poco que llevaba muuucho tiempo sin compartir con vosotros una de mis viejas y queridas recetas, de ésas que no fallan nunca.)
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martes, 6 de junio de 2017

Infatigables...

Infatigables... ellas.
Y yo no me canso de mirarlas, observarlas, admirarlas.
Y de envidiarlas. Siempre activas, de sol a sol. Sólo frenadas en las horas del mediodía cuando no se las ve (pero porque siguen trabajando en el subsuelo, a la fresca de sus refugios). Sólo paradas un rato cuando la tormenta, que a su escala se vuelve diluvio universal, las machaca y destroza parte de sus edificaciones. Que se apresuran a reconstruir.
Infatigables.
Son arquitectas, ingenieras de camino, criadoras de sus crías que transportan de allí hacia aquí o al revés según las horas, criadoras de otras especies que explotan, agricultoras, recolectoras. De lo cultivan, de lo que encuentran, de lo que roban cuando pueden: lo aprovechan todo.
Infatigables.

¿No les duele nunca nada? ¿No necesitan descansar nunca? ¿Tendrán acaso fisios gratis para masajear sus cuerpos machacados por el trabajo intenso? ¿Tendrán viajes del Imserso donde les dan de todo, masticado, sin tener que planificar nada, sin tener que pensar (que es una cosa agotadora, se diga lo que se diga)? ¿Se irán de balneario cada fin de semana para cuidar sus articulaciones rígidas y sus huesos que crujen? (¿tienen huesos las hormigas?... me parece que no... ¿Será su secreto entonces?... Será su secreto, seguro.)
¿Cómo lo hacen?...
Infatigables.
Las envidio. Envidio su actividad que no decae nunca... Envidio sus patitas ágiles (las mías no lo son), sus articulaciones siempre engrasadas (las mías no lo están) ...
Su esbeltez (también)... Su comunicarse sin ruido (también).

Soy una envidiosa...
Vale... pero en otra vida quiero ser hormiga. He dicho.

... Aunque... no sé... ¿Ven la luna, las nubes y las estrellas  las hormigas?...
Quizás me lo pienso mejor y me busco otra animalita para la reincarnación...
No sólo cuentan las articulaciones, desprovistas de poesía. ¿No?...

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Pompita observando la actividad de los hormigueros de mi jardín.
(Hoy sin foto. El suelo está muy bajo y no encuentro el tres en uno...)
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martes, 16 de mayo de 2017

El sendero de los sueños

Eran siete. Cada una de un color distinto. Las habían mandado allí para purgar sus pecados que eran muchos; y despojadas de su cuerpo mágico que las hacía invisibles, les habían dado el disfraz de unas libélulas de alas frágiles y transparentes.


Y ellas que habían incordiado tanto a los humanos en sus anteriores encarnaciones, debían ahora sortear los múltiples peligros que acechan a todo ser alado.
Algo arrepentidas por sus fechorías pasadas, estaban en ese momento cavilando sobre la manera de enmendarse, conseguir su rehabilitación a los ojos de los demás moradores del bosque y recuperar, con el perdón, su aspecto habitual.

Su reflexión fue interrumpida por un ruido muy familiar: el de los pasos de un hombre que solía pasear por este bosque en busca de soledad y silencio... Aquel día, el hombre, algo mayor y cansado, se sentó en el tronco tumbado de un árbol que allí yacía entre la hierba; con ese banco improvisado el lugar se tornó propicio a la meditación o la ensoñación.

Al ver su rostro serio, ellas se acordaron de lo mucho que le habían fastidiado en el pasado: dolorosas picaduras de avispas, molestos zumbidos de mosquitos que le quitaban el sueño y más trastadas de chinches que en su inconsciencia de jóvenes e inexpertas hadas del bosque habían urdido para entretenerse cada primavera. Fechorías que a la vejez lamentaban y por las cuales estaban ahora sufriendo destierro.

Pero las hadas, al igual que los duendes, trasgos y demás diminutos que pueblan nuestro entorno, si bien son a menudo incordiosas por burlonas, son también personitas sin maldad verdadera. Y se les ocurrió una idea curiosa para alegrar al visitante...
Rozaron levemente las ramas del enebro que daba sombra al banco con el fin de salpicar a su huésped con el polvo de oro que en esta estación se escondía entre las acículas. Pues son muchas las propiedades de los enebros y las hadas lo saben. Y esta lluvia dorada viene cargada de poderes mágicos que los humanos no sospechan...


Al hombre le gustó el chaparrón impalpable a su alrededor. Le pareció bonito verlo bailar abrazado a los rayos de sol que se colaban entre los troncos. Pero estornudó estrepitosamente y parte del polen dorado se le metió en los ojos. Y se apoderó de él un sopor al que no se resistió, tan a gusto se encontraba en ese lugar.
Lo que no imaginaba ese hombre es que el sueño profundo que le invadió era un ardid mágico de las Siete Hadas del Enebro para hacerse perdonar lo mucho que le habían perseguido y maltratado toda la vida con sus bromas de mal gusto.

Ellas entraron por sus ojos, como siempre lo hacen; se escondieron detrás de sus párpados y se apoderaron de sus sueños... Pero esta vez no fue con la idea de truncarlos sino con el propósito de dejarle un regalo muy especial, un favor exclusivo...
Sembraron a su alrededor el sueño de un bosque umbrío y misterioso, con su camino serpenteando entre musgos y flora silvestre de jaspeados tonos azules. Se respiraba paz en este bosque sólo poblado de pájaros cantores. Y le dejaron pasear de la mano de sus recuerdos y sus sueños juveniles por el camino de polen dorado, entre campanulas celestes y jacintos olorosos.

Cuando el hombre despertó, se encontró de nuevo en el paisaje de siempre y muy lejos del Bosque Dorado de las Hadas pero volvió a su casa con una sonrisa en los labios.
Y al pasar al lado de la señal de la senda encantada, le guiño un ojo al ciervo alado que le había mostrado otro de los muchos caminos de los sueños del ser humano.

                                                          de la red: una de las múltiples señales mágicas de Bretaña

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Pompita con guiño:
Este cuento está dedicado a un curioso perrito verde que me lo inspiró, regalándome el favor especial de pasear por
                      el Camino de las Hadas de su lejano Bosque Azul.
Muchas gracias, P. ;)
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lunes, 1 de mayo de 2017

En mayo


Suele florecer en mayo si las temperaturas son propicias.
Y su perfume es inconfundible.
El muguet o lirio del valle (Convallaria majalis) es símbolo de alegría
y sobre todo es amuleto de la suerte para cualquier aspecto de la vida, amor salud o trabajo.
Y por esta razón se reparte entre familiares y amigos en estas fechas en mi tierra, desde el mismo día 1º,  el día del Trabajo.

Y con estas pequeñas flores de mi jardín, os deseo un feliz mes de mayo a todos y mucha suerte para todo el año:
Suerte para los que buscan y esperan encontrar ;
para los pre-activos y los activos;
y para los pre-jubilados y los jubilados.

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Pompita de mayo con sonrisa.
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martes, 18 de abril de 2017

Un conejito de Pascua

Mi gato, que no entiende de semanas, ni santas ni paganas, que no sabe de religiones ni de ritos ni leyendas, y sólo vive al ritmo de días y noches que regula su actividad y su descanso, festejó hace poco y a su manera la vuelta de la primavera y aprovechó sus correrías por el monte a su manera también... saliendo de caza.

Su instinto depredador le lleva a menudo por el camino fácil: el de los ratoncillos.
Otras veces por el reto más complicado de los pájaros, aún a sabiendas que, de conseguirlos, se expone a mis regañinas (que, lo sé, le importan bien poco pues me mira con su sonrisa inocente pensando: "Tú, grita, grita. Pero yo me lo he pasado en grande. Y sé que se te pasará tu enfado conmigo.")
Otras veces conjuga los dos deportes y se enfrenta a un reto mucho más divertido por más difícil: la caza veraniega del murciélago, este animal mitad ratón, mitad pájaro. Y algunas veces ¡lo consigue!
Para no herir sensibilidades, no os pondré fotos de los diversos trofeos que trae a casa como regalos día sí y otro también.

Pero hace unos días, salió de caza mayor... o la caza mayor le salió al encuentro... en forma de gazapillo.
Y como buen gato que es, hizo lo que a unos parecerá crueldad pero que, a los que entendemos de gatos, no nos parece otra cosa que una prueba más de que, a pesar de vivir "domesticado", ha sabido conservar sus instintos naturales y hacer lo que hacen a veces sus primos mayores en libertad cuando el hambre no aprieta: no sacrificar a su presa en el acto sino traerla viva, observarla y jugar con ella para aprender de sus reacciones para futuras cazas.
Un gato de piso (lo que yo llamo un gato de peluche) juega con moscas porque al privarle de su libertad se le priva de la posibilidad de dar rienda suelta a su instinto cazador con presas más interesantes ¿no?...
Pero Munsi no es un gato de peluche.
Y los únicos insectos que llaman su atención son los saltamontes que deben de ser para él lo más parecido a las pipas que a los humanos nos entretienen tanto...

Ya sé que a algunos mis palabras horrorizarán pero... seamos sinceros... a mí, mucho más me horrorizan cosas como las guerras todas, la caza como deporte para presumir, el embuche de ocas, las corridas de toros, las cabras de campanarios y demás "juegos" humanos para la crueldad de los cuales siempre hay alguna excusa o justificación...

Pues sí, Munsi, mi gato, cazó un gazapillo, lo trajo al jardín, y después de introducirlo por la gatera que le permite entrar y salir de casa a su antojo, me lo regaló.
Vivito y coleando, sin una gota de sangre, sin un rasguño salvo una pequeña calva sin pelo en el cogote.
Otro gato de hace años, era un especialista de la caza de conejitos que regalaba a la perra que los miraba sin mucho interés y sin duda se preguntaba: "Y yo ¿qué hago con esto?..."
Pero este gato de ahora, quizás por no tener compiche de cuatro patas, trae sus presas a casa para compartirlas con su familia bípeda.

Sin embargo, esta presa tan poco corriente para él, le vino grande y lo dejó tan sorprendido que no hizo otra cosa que observar... hasta que se cansó y me dejó a mí a solas con el regalo.

Así que, por otros caminos que los de las leyendas, credos y ritos de Semana Santa, por otro regalo aparte de los huevos decorados y de chocolate de toda la vida,
disfruté yo este año de mi particular conejito de Pascua.



Y ¿qué pasó luego?... Pues como estaba el animalillo tan en plena forma, después de no pocos esfuerzos para capturarlo (no tengo las habilidades de mi gato y ¡hay que ver lo que brincan los conejitos!) conseguí arrinconarlo en un cubo y soltarlo fuera del jardín, aprovechando que el cazador tomaba el sol, relajadito y disfrutando de un merecido descanso, como es de ley en Semana Santa también por otra parte...


Después de un rato pensativo, el animalito indultado aprovechó su suerte y desapareció entre jaras, cantuesos y enebros, bajando hacia el riachuelo.

Quizá su aventura dé pie a una leyenda bonita que circulará de madriguera en madriguera en las primaveras venideras... Me gustaría que así fuese...

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Pompita de una semana, entre santa y pagana.
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martes, 11 de abril de 2017

No busques más


No, no busques más. Lejos de la agitación estéril y del mundanal ruido sólo existe la alegría de las ramas del manzano estrenando flores en un domingo de abril; y el zumbido de las abejas que se emborrachan de sol. No busques más, no. Aquí está el renacer.



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Pompita debajo del manzano.
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martes, 4 de abril de 2017

Mañana...

...mañana cumplimos años, mis pompitas y yo.
Y me pasa de año en año con ellas igual que me pasa con mis hijos, las miro, me asombro y me digo:
"No me lo puedo creer... ¡Pero si fue ayer cuando empezasteis a andar!... ¡Pero si fue ayer cuando empecé a soplar...! Y ¡qué creciditas os veo hijas mías! Y ¡qué guapas con estos colores en las mejillas! Incluso las menos altas y menos rubias. Jajaja... Cómo pasa el tiempo!... Qué mayor me estoy haciendo sin darme cuenta..."

 Jajaja... No me toméis a mal este arranque de ombliguismo chocheando pero desde que ya no tengo abuela (y hace años), me necesito para todo: para inyectarme optimismo si hace falta, para hacerme la pelota (ahora se dice "mimar el ego" y dicen que es muy sano de vez en cuando aunque ¡sin abusar, eh!); e incluso para regañarme sin miramientos de vez en cuando también, no vayáis a creer... Menuda era mi abuela en eso también pero ¡ojo! siempre con razón y cariño...
Y sobre todo, tal como lo hacía ella, para obligarme a reflexionar; y sobre cualquier cosa.
Ella era así de grande; y servía lo mismo para un roto que un descosido.

Y hoy al cabo de estos seis años en vuestra compañía, reflexiono y me pregunto en voz alta lo que muchas veces me pregunto en voz baja... "¿Porqué escribo?..."
... Pues... No lo sé con exactitud...
¿Será porque disfruto jugando con las palabras, las conocidas, las recién descubiertas o las inventadas?...
¿Porque soy una parlanchina empedernida quizás y mientras escribo nadie me interrumpe ni me hace perder el hilo?...
¿Porque me gusta compartir lo que me gusta con la gente que me gusta... y a veces lo que me disgusta o me entristece también?...
¿Será porque me gusta saber lo que piensa la gente que me rodea, me visita y deja un poco de sí en sus comentarios?...
¿Porque al ver lápiz-tigre y papel siento picor infantil en los dedos?...
¿Será porque pretendo dejarles a mis hijos otros recuerdos sobre mí (aparte de mi soufflé de queso por supuesto, o mis erupciones volcánicas o mis remiendos a sus rodillas y a alguna cosa más?...)

¿Por qué escribo?... pienso, mientras los mirlos alborotan en el porche contándose sus historias. Y gracias a ellos recuerdo una frase:
"Un pajarito me ha contado que estamos hechos de historias." 
Creo que es de Eduardo Galeano (pero no estoy muy segura porque lo que vuela lejos a menudo es mi memoria y a veces se mezclan mis lecturas...)
O ésa otra: "Las historias tienen que volar fuera de su jaula para no languidecer y morir."
(Ésta es de Eduvigis, la lechuza impertinente que tengo en el hombro, estoy segura.)

Y recuerdo otra frase, de Galeano también, en "El libro de los abrazos":
"¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos?"...  
 ¿Será por eso?... ¿Por todo lo anterior?... En realidad no lo sé.

Y vosotros... ¿por qué escribís?...
Quizás en vuestras razones encuentre la mía....
Anda, porfa, decidme "¿Porqué escribís?"...

Pero si es un secreto y no me lo contáis, lo entenderé; y con uno de vuestros abrazos de cada cumpleaños bloguero, estaré satisfecha y me servirá para festejar hoy como cada martes aquí.
(bueno... martes u otros días, que en esto también a veces se me mezclan las cosas y las fechas.)

Vosotros sois mi regalo de la cajita de cada mes de abril. ¿Lo sabíais?...
Así que gracias a todos por estar aquí un día más.
Y perdonadme si alguna vez he dejado vuestro comentario sin responder, por despiste; no me gusta ser ni parecer desconsiderada. Os prometo ser más atenta. Besos a todos.

Y me callo, que voy a emocionarme.

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Pompita... emocionada.

Ps  Con la emoción se me iba a olvidar lo que os digo casi cada año:
       "Mientras haya agua limpia, jabón perfumado y ganas de soplar..." ;)
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jueves, 23 de marzo de 2017

En el camerino de las hadas


¿Dónde habré dejado los pendientes? ...


¿Alguien ha visto la borla de mi polvera? ...


¡No encuentro mi estola preferida, ya sabes, la verde! ...


¿Y dónde están mis lentillas nuevas, las azules? ...


¿Qué opinas? ¿ Un broche naranja o mejor en blanco y azul? ...




Creo que me pondré la capa verde este año, con la diadema de…



No, no, no. Estáis equivocadas, haditas del jardín. Nada de diademas ni de tacones de vértigo: esto no es un concurso de belleza, señoritas… Guardad todo esto para el día de la inauguración.
Que por cierto se ha pospuesto otra vez: me acaban de avisar que la primavera se retrasa por culpa del tráfico aéreo: un atasco de nubes de nieve, encima de la Alameda nº6. *



Pero sin embargo daros prisa: todas tenemos que estar preparadas para recibir a la primavera.
Y vuestra carroza (carretilla quería decir) os espera, princesas jardineras.

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Pompita suspirando por la primavera...
* A6 para los que la sufren

martes, 7 de marzo de 2017

¿A qué saben las nubes?...


De repente notó frescor en los ojos a través de sus gafas negras.
Y preguntó:
- ¿Se escondió el sol verdad?
- Supongo... Noto una nube cruzando el cielo...

-... ¿A qué sabrán las nubes?...

Él cogió su mano y jugando dirigió su dedo índice hacia el cielo y le dijo:
- Dímelo tú.
Ella se rió, se llevó el dedo a la boca, lo saboreó y contestó muy seriamente:
- A helado de vainilla, mi preferido.
- Acertaste. Y ¿ésta otra?
- Muy fácil: a chantilly con moras y arándanos.
Siguieron caramelo de mandarina y sorbete de violeta, pollo asado y setas, espárragos silvestres y agua de mar...Y mil cosas deliciosas que inventaron sobre la marcha mezclándolas con recuerdos de sus lecturas descubiertas con las puntas de los dedos.
-  ¿Y esta nube? A ver si lo adivinas...
Estuvo dudando, sacudiendo la cabeza; y volvió a apuntar con el dedo.
- No sé... No me gusta... Sabe rara... ¿A metal?... ¿A humo?...
¿A pólvora?..
- Podría ser... Se ha levantado aire: se aproxima una tormenta, creo.

Descubierto su nuevo juego, siguieron probando cada nube, cada día, apuntando al cielo.
Un banquete de sibaritas; entelequia donde mezclaron sin orden ni lógica el sabor de las nubes.
Unas desfilaban rápidamente, insípidas ya de tan conocidas. Otras tenían sabor a frutas exóticas que no supieron identificar. Algunas empachaban con sus ribetes de azúcar impalpable.
Tuvieron, de madrugada, desayunos opíparos de tímidas nubes azules. Y cenas anaranjadas de atardeceres melancólicos. Festines de cúmulos con sabor a tiza escolar. Meriendas deshilachadas y susurradas de brumas verdes. O rosadas a cualquier hora...
Y así, durante meses, degustaron el cielo a su manera.

Pero empezó el buen tiempo, sin nubes de ninguna clase. Se quedaron hambrientos de sueños. Preguntando cada día a los que miraban el cielo y redactaban informes meteorológicos:
-¿Tendremos nubes hoy?
Y se hundían en el silencio de un cielo sin relieve, con sabor amargo, cuando les contestaban tan ufanos que no; que no había nada en el cielo; que estaba totalmente despejado; que iba a ser un hermosísimo día de primavera; que ya era hora ¿no?...
Y se acabó el juego infantil del sabor de las nubes.

Pero años después, los dos seguían preguntándose, a solas detrás de sus párpados ciegos:
- ¿A qué sabrán las nubes?...

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Pompita volando, con pregunta errática.

Ps. Y algo nuevo para los "golosos"...
http://www.aemet.es/es/noticias/2017/03/Nuevo_Atlas_Nubes
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martes, 28 de febrero de 2017

Miradas

                                               https://www.youtube.com/watch?v=zI5ih9jlaLI

Había en el jardín ramos de luz.
El sol atravesaba los colores del sotobosque.
A orillas del hermoso estanque, un pescador solitario
dormitaba dulcemente con su caña entre los brazos.

Era un día de verano, ligero como un domingo.
El aire transparente bajo el follaje claro.
La felicidad estaba allí, apacible, entre las ramas 
y los reflejos cambiantes de los árboles y los helechos. 

El sol inundaba la orilla del río.
Parejas enlazadas bailaban en el pontón
cerca de mesas repletas de botellas y de vasos.
Unas guirnaldas colgadas se derramaban bajo los balcones.

Una mujer, de pie, miraba algo
con una luz mágica en el fondo de los ojos;
su brazo desaparecía bajo un ramo de rosas.
Estaba apoyada en un sofá extraño.


Era en el Grand Palais, en unos lienzos de maestros:
había un Monet y dos o tres Renoir.
Con el corazón en los cuadros me sentía renacer.
Y al cerrar los ojos, podría verlos de nuevo. 

       El mundo tiene la belleza de la mirada que en él posamos.
       El jardín de Monet, el sol de Renoir
       no son si no el reflejo de su visión de las cosas
       de las cuales cada uno de nosotros puede ser el espejo.

       La vida nos pinta les días al azar del viaje
       en amor, en dolor o en melancolía.
       Es un poco de este tiempo lo que dejamos en herencia,
       enriquecido por la mirada que en él hemos posado.

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Pompita sin más... por puro placer. :)
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martes, 21 de febrero de 2017

Oír y ver

Hacía años que no las oía.
¿Por qué gritan tanto?
¿Están enfadadas por algo?
¿Avisan de algo?
¿De qué?
¿A quién?
¿Es un canto de felicidad?
¿Por qué motivo?...
Y hacía años que no las avistaba más que en mi imaginación.
Oteando el cielo. En vano.
Pero a veces se tiene suerte.
O se está en el lugar exacto y en el momento exacto.
Y hace unos días las oí.
Siempre se oyen primero: son gritonas, escandalosas incluso.
Y por supuesto las busqué. Y las encontré.
Eran muchas, muchísimas. Y más aún. Incontables.
Las vi.
Sobrevolando muy alto en un cielo despejado como a veces nos regala este febrerillo loco que alterna días de niebla y lluvia con días de sol primaveral.

Pero no las retraté esta vez.
No me hace falta: las tengo en el fondo de la retina.
Donde están mis mejores fotos.
Las que nunca conseguiré enseñar por mucho que lo intente.

¿De quién os estoy hablando?... Os podría poner unas de "mis fabulosas fotos" de hace años pero...mejor lo dejo a vuestra imaginación.
Y las pintáis en este cielo tan azul de hoy.
Este mismo rincón del lienzo donde aparecieron ellas. (un poco más arriba... un poco más...¡Ahí! Justo ahí. )



¡Ah!...Y ya sé lo que decían y traían...
Me lo contó un duende (O ¿es un ratoncillo?) de gorrito blanco que también las esperaba.

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Pompita volando. Yendo y viniendo. Como ellas.

martes, 14 de febrero de 2017

Buscando aliados

¡¡Tranquilos!!... no es mi intención hablar de la coyuntura mundial o particular de cada uno: estos temas ya me aburren hasta decir ¡Basta!
Me dan incluso escalofríos... Y los que me conocéis un poco sabéis que no aguanto que me aburran; ni el frío.
Cuando me aburren, uno de mis aliados más seguro es la lectura.
Pero cuando tengo frío, me busco otros para luchar contra el monstruo del frío, que me aburre también.
Están los jerseys gruesos, las mantitas de lana, las bufandas kilométricas de tres vueltas o más, los calcetines (divertidos o no), la chimenea y muchos eteces entre los cuales está...

                                           ... el cocido madrileño.


No soy madrileña (ni tampoco de la Rioja como dicen que lo es esta "cosa" tan fantástica) y el descubrir aquí este plato tan parecido al pot-au-feu de mi tierra y mis amores me llenó de alegría, años ha.
Y siempre está presente en mi mesa los días de frío.
Parecidos por su origen humilde; y algo distintos por uno sólo de sus ingredientes, pues el pot-au-feu de mi infancia de l´Ile-de-France no lleva garbanzos por no crecer allí con tanta facilidad mediterránea como aquí.
¡Qué fallo climatológico! Con lo que me gustan...
Son como otros de mis queridos puntos suspensivos, tan tiernos... y que me llevan al nirvana en el plato.

Así que hace años y sin pensármelo dos veces, me hice tránsfuga gastronómica y me pasé al cocidito madrileño: ni mi mente ni mi estómago entienden de banderas ni de fronteras: si me gusta lo que pruebo, lo hago mío. Así de sencillo. (y que me perdonen mis antepasados)

Me gustan las comidas que son a la vez del terruño cercano y sin embargo de terruños universales como lo son las sopas ancestrales que encontramos en todas las culturas; con la riqueza de sus variantes que las hacen hermanas y sin embargo únicas, como lo son también sus habitantes de a pie; las comidas de cuchara, sencillas y nutritivas, bonachonas y sin artificios.
¡Ay!... esas comidas que se preparan casi solas, al chupchup del tiempo sin agobios y el de la paciencia, teniendo sus ingredientes elegidos con amor toda la responsabilidad del resultado que no falla nunca; y no dándome más trabajo que preparar las verduras que acompañan "el arreglo" de las carnes, los chorizos, los huesos, la gallina, las puntas de jamón y los eteces que varian de una casa a otra...

Y me gusta tanto que hasta canturreo al prepararlo, anticipándome con el disfrute del tuétano, objeto de codicia siempre escaso, a veces untado en las tostadas; y con la licencia mía de la "fusión cultural" con la mostaza de Dijon ("la mejor del mundo mundial", jeje, con esto no transijo, que se sepa.), la mostaza que acompañará la carne melosa y tiernita.
Y la rejilla de ganchillo casero que retiene los garbanzos en su sitio, y tan parecida a la rejilla de los rulos de mi abuela, hace que me suba una sonrisa a los ojos y a la boca pensando en ella... Ella que era tan verdadera y a quien le gustaba tanto comer bien; y cantar y bailar en las verbenas parecidas a las de las Vistillas...
Y ya siento el calorcito que, a la noche, reconfortará mi estómago con su caldo perfumado de un chorrito de jerez, hojitas de hierbabuena y su lluvia de estrellas o de letras... y luego sus croquetitas ricas, ricas... hum...

¡Ay! ¿Os lo podéis creer?...Estoy salivando de placer sólo con escribirlo...

Hasta... ¡hasta me pondría a bailar, al estilo más castizo, dando las tres vueltas de rigor con el cocidito!
Y visualizando el colorido del plato que se gesta en la olla, me compadezco de los sushis o los cupcakes aparatosos y artificiales que invaden las páginas de cocina últimamente...
Y apartando esas imágenes, sigo canturreando, enamorada del cocido, este plato auténtico y nutritivo. Sin trampa ni cartón. Y que no engaña nunca.
                         
                             "No me hable usté
                              de los banquetes que hubo en Roma
                              ni del menú del hotel Plaza en Nueva York"...

                      ...    "Porque tú eres gloria pura,
                              porque tú eres gloria pura,
                              cocidito madrileñooooo..."

                                                      https://www.youtube.com/watch?v=vLAF_TV6HcA

Hoy es martes y esta noche pondré los garbanzos a remojo pues según mandan los canones y siendo mañana miércoles, en mi cocina serrana madrileña particular, mañana tocará cocido, como hacen en las tascas de la capital (que una es de pueblo y a mucha honra pero procura estar al tanto de lo que allí se cuece).
Y sobre todo, sobre todo, como es de ley cuando hace frío (que sea miércoles, lunes o domingo)

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Pompita "chupchup" con sonrisas desde mi cocina y desde mi "desván"...

Y con un guiño hacia quien tanto apreciaba mis puntos suspensivos... ;)
¡Va por ti, amiga galleguiña! :)

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Ps :D  Después de redactar mi particular "canto al cocido" me enteré de que empezó el viernes pasado la VII Ruta del Cocido madrileño. :)))
No me extraña... con este frío...
Espero que las charlas de sobremesa de los comensales no sean de temas... aburridos. ;)
                                  .

martes, 7 de febrero de 2017

Petite fleur


Es una pequeña flor
del despertar de febrero.
Lleva años floreciendo,
en dos días brotando.
A veces me perfuma:
la luz del sol la anima
como si fuese primavera.
De maravilla su mente
va siempre vestida,
Es una pequeña flor,
hito en el calendario.
Pétalos sueltos y tiernos,
irisados y frágiles,
o pintados del imaginario.
Una estrella dibujada,
una perla multicolor,
mi pequeña flor
en el calendario.

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Pompita para ti, desde el calendario de mi corazón.

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Y con la música que esta mañana no salió.

                                                           .https://www.youtube.com/watch?v=J7u9x50GGGs

martes, 17 de enero de 2017

Trasgo del hielo



Ocurrió.
Confiada, estaba flotando, no sabía hacia dónde, dejándose llevar, adormecida por una ola suave que la acunaba.
Entre cielo de agua titilante y cielo de tenue nube crepuscular, rubor brumoso de alhucema.
Y ocurrió.
De madrugada.
En una metálica madrugada de luna llena, estrellada y cortante.
De madrugada. Se quedó presa. Congelado el baile.
Muerto el ímpetu de sus sueños utópicos y viajeros.
Mordida por el soplo engañoso de un beso susurrado que recorrió su espina dorsal.
Atrapada en la inmovilidad repentina por el veneno.
Que se introdujo en sus venas, paralizándolas, deteniendo las pocas pulsaciones verdes que le quedaban.
Que volvió quebradizas sus frágiles orillas.

Sólo un relámpago breve de lucidez: el tiempo de ver el mortecino destello azul... Un vaho letal, aliento del malévolo trasgo del invierno. Silbando despreocupadamente entre las ramas...
Y su joroba cínica alejándose con paso tranquilo e indiferente hacia otra víctima.

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Pompita helada.
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sábado, 7 de enero de 2017

Pecadores...

Esto es un sinvivir... Por muchos buenos propósitos de principio de año, cuando no es por una razón es por otra y siempre termino cayendo en las trampas golosas:
Empezando por las golosinas sobrantes de los Trece Postres y del turrón y del mazapán y de los bombones de chocolate con licor (que son mi pasaporte al infierno pero que hay que terminar cuanto antes...)
Y siguiendo por la también pecaminosa brioche de la mañana de Navidad después de abrir los regalos por ejemplo. O la del chocolate con churros del día de Año nuevo con la excusa de recuperar energía para dedicarla a todo lo que nos traerá el año que acaba de empezar...
Siempre pecando. Dulcemente.
Y siempre con una buena coartada, una buena excusa...

La razón esta vez es de peso: respetar las tradiciones.
Porque no sé si lo habéis notado pero muchas de las tradiciones pasan por la cocina, por el estómago... y por la bascula también. (Ya lo dije...razón de peso.)
Y aún más en una casa de doble nacionalidad donde somos doblemente respetuosos con los legados de nuestros mayores y tenemos en cada hito festivo-religioso del año dobles motivos para disfrutar:

Cuando no es la bûche de Noël que mis hijos consideran imprescindible para que de verdad sea Navidad, toca el roscón o/y la galette des rois...
Y ¿porqué voy a negarlo?... Me gusta estar en la cocina cuando se trata de repostería.
Y ¿cómo voy a negarme?... Pues negándome.
Negándome a negarnos estos pequeños placeres.
Y pecamos todos juntos. Y tan felices.



Pero este año, (por esto de la alternancia de culturas y por disfrutar de la suerte de nuestras circunstancias dobles) , ha tocado tradición francesa y la galette.


Y ya que pecamos, disfrutemos porque partir del día 7... toca ser razonables... Y hacer más deporte... O rezar a san Nicasio *...
O dedicarnos a otros pecados...

...¡Pero dentro de nada tocarán las crêpes de la Candelaria francesa! ... ¡Y luego las torrijas de la Semana Santa española!...
Insisto: Esto es un sinvivir...

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Pompita golosa y de momento... sin remordimientos. :D

* Ps. Aquí os pongo la plegaria a san Nicasio que me mandaron (no sé porqué) hace poco...  por si os hace falta ;)
                                                                  " San Nicasio, san Nicasio
                                                                    Bájame la barriga
                                                                    Sin ir al gimnasio "
A ver si funciona... :D
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martes, 3 de enero de 2017

Última y primera


Última alegría del 2016 y primera alegría del 2017:
Este petirrojo que retraté el día 31, pensativo estaba. (¿Me gustará o no me gustará lo que nos ha puesto hoy?...) Tímido, como siempre. (¿me atrevo o no me atrevo con el comedero nuevo?...)
O como casi siempre... recuerdo a uno que un día de hace años entró en el salón pitpiteando, reclamando su desayuno...

Y hoy (ayer), lo he vuelto a ver, esta vez disfrutando de un menú de fiesta, aprovechando que ni los rabilargos ni las urracas se habían percatado todavía del banquete que les había preparado: unos poquitos garbanzos que sobraron del último cocido del 2016, con su pan y su grasa de jamón y más cosas. Y hasta les puse de postre algunas uvitas de ésas chiquitinas que me sobraron también pues no quise hacer trampa y me tomé valientemente las más gordas. (Este año, para variar, muy sabrosas por cierto. Y terminé en los tiempos. Voy progresando. A ver si con mi empeño en masticar bien este año, se me cumplen los deseos. O por lo menos uno o dos, tampoco quiero ser abusona.)

Al rato aparecieron unos carboneros también, con su chaleco de mayordomo siempre listos para limpiar la mesa que les pongo a diario. Hacía tiempo que no los veía: el comedero nuevo, tipo jaula-despensa  (de los chinos, pues sí,  como el anterior ) ha molestado a más de uno, por ser exclusivo para peques hambrientos (los que más necesitan de nuestra ayuda con este frío serrano), comedero selectivo que deja comer sólo a los que pueden entrar y salir a su antojo entre los barrotes.
Sí, me puse firme hace poco: ¡Ya está bien de alimentar a los más grandes que arramblan con todo, me dejan la mesa y las sillas del porche hechas un asco y sobre todo, sobre todo dejan a los más necesitados sin nada!...
(... tema ampliable esto último, ahora que lo pienso... pero no. Ya lo sabéis: mis pompas quieren ser amables y no gruñonas. Sólo hechas de agua limpia y jabón oliendo a flores silvestres. Que para otras cosas... con las tertulias políticas-televisivas-gritonas o de cotilleo nos sobra... y nos sobra... y nos sobra.)

Pero no retraté ayer a ninguno de mis peques alados, tan embelesada estaba con admirarlos. Me pasa a menudo: no tengo reflejo paparazzi con la máquina siempre lista. (sin embargo, un día de ésos os traeré algunas cosillas de otros momentos mágicos...)

Ha empezado bien el Año 2017 en mi jardín. Que siga.

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Pompita con sonrisas de principio de año. :)))))))
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