Las pompas de jabón... infancia, belleza de las cosas efímeras que sin embargo no olvidamos, sentimientos, cosas impalpables sin las cuales no seriamos nadie.
-... ojos negros, guitarra rubia, vaquero azul deshilachado...
... deshilachado cielo negro de tormenta a rachas, nubes verdes y relámpagos hirientes de chaparrones...
... chaparrones de besos, bromas, risas y palabras de viva voz, cara a cara o en el espejo, sin nadie...
... nadie o amores, familia o amigos, conocidos o desconocidos, perros o gatos, en desorden...
... desorden por vocación profunda y con humor...
... humor que hace sonreír o reír a carcajadas a los más serios siempre... o casi siempre... oscilante...
... oscilante según sopla el viento, amarillo, verde, rosa como un molinillo infantil en el tejado...
... tejado donde anidan pájaros, muchos pájaros ...
... pajarito exótico-excéntrico, sin rama donde posarse mucho tiempo...
... tiempo columpiado sin principio, tiempo de ingenuos dibujos, de todos los colores...
... colores de una perla del sur, flor del poético idioma provenzal que te da su nombre y la duda multicolor de sus pétalos que vuelan en el aire...
... en el aire, la música de la primera canción : " la la lala... par la main...la la la lalala... en regardant tout au bout du chemin " ¿Recuerdas?...
... en el aire... zigzagueando y frágil como una pompita de jabón.
Vuelvo enseguida: voy a por agua ... ¿se pueden hacer pompitas con el agua del mar?... tendré que investigar. Traeré también arena... es increíble lo que te cuenta la arena...
Pompita de colores, sabores y olores marinos
para todos vosotros.
"¿Sí?...
Ah! muy bien... ¿Me puede dar el número de la referencia, por favor?...
Sí, apunto...
Cuatro, cero...Cero, siete, ocho, uno, siete... Uno,
cero, cuatro, cinco, ocho, tres. Muy bien. Muchísimas gracias. Hasta
luego."
Bien... ahora sí que se acabó.
Ahora sí que han huido mis duendes... asustados por el escandaloso ruido terrestre.
"No
toque el hombro del jinete que pasa, se daría la vuelta y caería la
noche, una noche sin estrellas......" escribió Supervielle."... y
tendría que esperar que un segundo jinete, tan potente como el primero, decidiera pasar."
Tendré que esperar que el jinete de mi inspiración vuelva a pasar... con un duende (cítrico) en la grupa de su caballo.
Y tendré que amordazar el teléfono con el trapo de limpiar los cristales en cuanto me huela a cuento infantil detrás de la oreja.
Bueno... pues... seguiré con mis guantes de goma y mis tareas caseras...
.....................................
"Al descolgar el teléfono, le sorprendió que la voz de
su interlocutor oliese a mandarina pero pensó que sería por el nuevo producto
de limpieza que había usado esa misma mañana...
mas... el
olor a cítrico revoloteó desde el aparato gris hasta el techo, donde una
pequeña jirafa, colgada boca abajo, escupía entre hipos una cinta de seda tornasolada, verde, amarilla,
anaranjada y...
...y la cinta se hizo ovillo, una irisada nube-cidra parecida a... a un genio de lámpara...
...un
genio de lámpara, sonriente como una naranja en su árbol... un genio de lámpara que...
que al crecer, empujó y derrumbó las paredes de la casa y se volvió pomelo gigante... cuyo olor... cuyo olor atrajo los 4007817104583
ojos verde-lima, redonditos como gominolas, de media docena de duendes .. que tomaban el sol en una terraza... del
barrio 6/06 de las afueras del planeta Venus, bebiendo refrescos de gaseosa azul de la marca Cuca-Luna, donde flotaban hielitos de bergamota con forma de estrellas. Aquel día, los duendes..."
Aquel día, el lápiz-tigre se comió los guantes de goma y se quedó la casa sin barrer..
Y colorín colorado, el frotar se va a acabar... perdón ... y colorín colorado, este cuento se acabó. FIN.
.....................................
Y
ahora os dejo:
EAN*, voy a seguir de safari-tertulia con la araña-jirafa que está en
el techo de mi desván y a sacarles brillo a las lámparas... a ver si sale un genio y
me concede unos 4007817104583 deseos.
Bueno, con un par de ellos, me conformo. (pero mejor si son siete)
Pompita limpia con perfume de cítricos, soplada hacia todos mis duendes...
... y un gran vaso de zumo de naranja dulce
para uno en particular. * Nota de la autora: EAN = "Estudiando A Nostradamus" (expresión muy usada en ciertos ámbitos extraterrestres.)
Érase una vez... No...
Éranse dos veces... No...
Éranse 4007817104583 veces... No, tampoco... demasiadas veces... seguro que los niños no se lo creen. Son tan listos los niños de hoy en día...
Los adultos, puede que sí se lo crean pero...
Empiezo de nuevo: "Había en mi jardín... (¿Por qué en mi jardín? ¿por qué no en el jardín del vecino?...)
Vamos a ver... vamos a ver.
Miro el techo... busco... y no veo nada.
(Sí... una pequeña araña... "une araignée au plafond")
Mordisqueo el extremo naranja de mi lápiz-tigre (así llamado por sus rayas amarillas y negras... made in Germany... Staedtler Noris 2B)...
Con esta forma de empezar, no me saldrá un cuento para niños...
Un cuento para niños no se escribe con esto.
Un cuento para niños se escribe con... con gatos que hablan (pero que hablan sólo con niños; con adultos, no: los adultos no entienden a los gatos).
Se escribe con flores de formas y colores impensables y que también hablan (pero sólo entre ellas: las flores son muy suyas... ya lo dijo George Sand hace tiempo).
Se escribe con un niño malo que se vuelve bueno (o al revés) o con una niña cursi o preguntona o con un empacho de piratas, de gominolas o de hadas, o con... extraterrestres (sí... esto me gusta... con extraterrestres... gominoláfagos)
La idea está aquí. Me ronda...
Pero se hace la interesante, la coqueta. Va. Viene. La veo. Se esconde...
La idea es como un duende.
Un duende malicioso que lleva días, justo detrás de mi oreja, como una gota de perfume.
Un duende que me sopla en voz baja, palabras, frases... habla tan bajito que no oigo bien lo que me dice: sólo huelo su perfume, fresco (cítrico como dicen los entendidos en perfumes).
Este duende que revolotea a su antojo, me persigue desde hace días (desde que compré las gominolas...) pero siempre cuando tengo las manos ocupadas, no con lápiz-tigre sino con guantes de goma, ocupadas en limpieza casera (cosa que no interesa para nada a los niños ... y para ser sincera, a mí tampoco)
Entonces, apunto los susurros del duende en la "Carpeta-del-rincón-del-cerebro-reservada-para-susurros-de-duendes" (sí, aquí, detrás de la oreja derecha, porque soy diestra... supongo que para los zurdos será al revés) Donde la idea, decía, unas veces termina por germinar sola y se desliza su aroma desde la oreja hasta la punta del lapiz y otras veces termina por volatilizarse como la colonia fresca... y pierdo el oloroso hilo cítrico de tinta invisible de un cuento que (creo recordar) empezaba así:
"Érase una vez, un jardín habitado por unos duendes que cantaban a voz en grito: ".4007817104583" haciendo juegos malabares con naranjas de la China y limones del Caribe..."
(¡Ah! Parece que mis gafas especiales para oler-leer la "Carpeta-del-rincón-del...etc...etc...", funcionan de nuevo)...
(Sí... pero...este número 4007817104583... no sé qué hacer con él... un número muy grande para unos niños tan pequeños... o ¿no?... bueno, siempre lo puedo cambiar si veo que molesta a los niños...) (continuará...)
La pompita explotó por culpa de las ondas grises del sonido del teléfono.
Ya ha llegado al número 62 de esta calle empinada donde le ha tocado vivir.
Es una calle cualquiera, de nombre y aspecto sencillos... y no lo es: no pasan muchos coches veloces y ruidosos... tiene tramos sólo aptos para peatones, y con escalones desiguales y desgastados por el uso.
Algunos días, le falta el aliento; y apoyando la espalda en un árbol de tronco casi tan arrugado como su propia frente, se sienta un rato antes de entrar, recreándose en lo que abarca su mirada: la cuesta de todos los días que arranca en la parte baja y lejana de su ciudad natal, las puertas de colores distintos pero parecidas a la suya, algun pequeño jardín, unas tapias, y números que van subiendo por esta calle apartada del centro ruidoso.
Está empezando a caer el sol que se refleja en los ventanales de algunos antiguos edificios, puntos de referencia donde se enganchan los recuerdos de su vida.
Sonríe.
Y se levanta, ya recobradas las fuerzas: le esperan en casa.
Su mujer, con la pregunta habitual y reconfortante, cariñosa: "¿Qué tal tu día?"
Y sus dos hijos, con otras preguntas y el bullicio de sus proyectos que son suyos también.
Este texto de hoy, no es mío sino la traducción de una canción de Lynda Lemay. "La centenaire"
No me gusta mucho traducir ciertos textos: es tan delicado; te encuentras tan expuesto/a a no saber transmitir el sentido exacto, el ritmo del pensamiento, la dulzura del texto original y a traicionar, por torpeza, la palabra de su autor.
Pero me decidí a traducirla por... para darle voz a quien ya casi no la tiene.
Desde la bruma silenciosa de sus ojos y sus oídos de
98 años, ella, normalmente tan dulce y paciente,
dijo con enfado:
"Pero ¿qué hago aquí todavía?"
No sé exactamente a qué se refería con esta pregunta pero me vinó a la mente esta canción:
" Llevo cien largos inviernos
gastando el mismo cuerpo.
He cumplido cien años ayer
Pero ¿a qué espera la muerte?
Todavía tengo toda mi cabeza
está llena de recuerdos
de la gente a quien he visto nacer
y después he visto morir.
He llevado tantos lutos
que tengo ideas negras
Y estoy aquí, preparándome,
eligiendo mi ataúd.
Pero el médico me repite,
visita tras visita,
que tengo una salud perfecta
Y va y me felicita
He visto la Primera Guerra,
el primer teléfono
Héme aquí . centenaria
pero bueno.. a mí ¿de qué me sirve?
Los grandes aviones rugen
Hay una raya en el cielo
Es como si el Eterno
me hubiese tachado de su lista
Llevo cien largos inviernos
gastando el mismo cuerpo
He cumplido cien años ayer
Pero ¿a qué espera la muerte?
¿qué es lo que no he terminado
que tendría que terminar?
¿perder un último amigo?
¿enterrar a mis nietos?
He cumplido cien años ayer.
Mi sitio ya no es éste.
Está en el cementerio
está en el paraíso.
Si merecía el infierno
pues está logrado
porque soy centenaria
y sigo con vida todavía.
Yo he nacido con las velas,
He crecido con el carbón.
Por supuesto que me acuerdo
del primerísimo fluorescente.
He conocido la Gran Crisis:
iba yo a cumplir treinta años.
He conocido las iglesias
con gente dentro.
Yo he conocido los caballos
y las tablas de lavar,
y un río tan hermoso
que podíamos bañarnos.
Yo he conocido el sol
antes de que fuera peligroso.
¡¡ pero qué vieja soy!!
¡ven a buscarme, por Dios!
He cumplido cien años ayer
y no es por falta de rezos
pero parece que
Dios se ha olvidado de mí.
Entonces tengo cuidadoras,
sólo nuevos rostros,
unas amigas de paso,
pagadas por semana.
Hablan un idioma
que jamás será el mío
Y me da pena
tener cinco veces su edad
y mil veces su cansancio,
inmóvil en mi ventana
mientras ellas navegan
tranquilas por Internet.
Es cierto que espero la muerte
pero no es por ser mórbida,
es que tengo cien años en el cuerpo
y porque todavía estoy lúcida
Es que estoy hambrienta
pero ya no hay nada que morder,
Es que mi pasado se desborda
y mi porvenir está vacío.
Enseñan en la tele
cohetes que despegan
¿me explicará alguien
lo que me retiene en el suelo?
Soy de otra época,
pertenezco a la Historia,
he tenido mis años locos,
he tenido mis horas gloriosas,
He tenido un buen marido
y cuatro hermosos hijos
pero todos se fueron
a dormir en el firmamento
Y yo soy la única que sigue despierta
la única que vive y sigue viviendo.
Me caigo de sueño
. Pero ¿a qué espera la muerte?"
.Para ti,
esta pompita-abrazo que no leerás ni oirás nunca...
... perdida en la bruma de tus 98 años.
Estás cerca. Lo sé.
Me provocas. " Upupa, upupa.... upupa, upupa."
Como cada año por estas fechas.
Presencia hermosa, escurridiza, temerosa.
Te oigo a lo lejos; reconocería tu voz entre mil.
Me tienes obnubilada. Te burlas de mí, de mi andar que yo creo silencioso, de las precauciones que tomo en cuanto sospecho tus visitas, cada año más escasas.
No me muevo. No respiro.
Parezco un gato al acecho con mis uñas rítmicas tanteando la cámara sin perderte de vista.
No ronroneo de placer anticipado pero casi.
Te veo llegar entre los árboles...
El ronroneo-latir de mi corazón se me antoja redoble de tambor. Lo vas a oír.
Ya por fin te tengo cerca... de perfil... estos colores... este pico que hurga en busca de alimento, en la tierra, entre la hierba rala, pausadamente.
Sin saberlo, pasito elegante a pasito elegante, te aproximas a mi escondrijo.
Milímetro a milímetro, te enfoco.
No me muevo. No respiro.
Mi cuello está agarrotado, mis manos quietas; sólo la punta de mis dedos está viva, tensa, lista para el momento óptimo.
Y, de repente, levantas tu abanico enfadado, gritas airada, ojos negros furiosos.
... y vuelas lejos, pero sin prisa, cual mariposa provocativa.
Algo te puso sobre aviso. ¡¡¿¿El qué??!!
... ¿qué hice mal?... porque está claro que algo hago mal para te me escapes siempre...
Y otra vez la ilusión de retratarte se esfumó...
Año tras año, más frustación, seguida, año tras año, de más ilusión que, año trás año, se torna obsesión.
La ilusión de tenerte prisionera en mi cámara.
Como te tienen otras y otros "pajarólogos", fotógrafos con más pericia que yo
... y con la suerte de toparse con abubillas sordas.
Pero te tengo, libre y prisionera, en el fondo de mi retina de donde jamás podrás escapar.
Igual que de mi mente no se borrará esta buena lección o consuelo que me das, recordándome que las metas alcanzadas no siempre procuran tanto disfrute ni tan duradero como el de las ilusiones perseguidas.
Pompita "upupa" para Mercedes, mi "parajóloga" predilecta, tú que conseguiste tu cigüeña negra.
Gracias por tus fotos, regalos sin precio, de lujo.
Y en particular por ésta:
la de mi anhelada y nunca alcanzada abubilla.
La madre despierta sobresaltada y corre a la habitación de su hijo. Otra pesadilla...
-"¿Qué ha sido esta vez, mi niño?"
-"Los árboles... los árboles... salían del bosque y se iban. Y no quedaban bosques..."- dice el niño, entre hipos, con los ojos asustados y las mejillas húmedas. "¿Verdad que los árboles no se pueden ir, Mamá? ¿Verdad?"
-"No, no se pueden ir: tienen raíces... Pero quizá les gustaría, para pasear y ver otras cosas...
En tu sueño, los árboles son valientes. Y yo te voy a contar un cuento de árboles miedicas que se hicieron valientes."
- " Hubo un tiempo en que los árboles no tenían raíces y no se quedaban quietos en el mismo sitio.
Y crecían bosques que se desplazaban por todas partes en cuanto se juntaban para charlar: a veces en familia, ya sabes: los pinos con los pinos, los abedules con los abedules..."
-"Los enebros con los enebros, los robles con los robles..."
-" O a veces en clanes: los de hoja perenne con los de hoja perenne, los de hoja caduca con los de hoja caduca..."
El niño mira la lámina de árboles que tiene en la pared... y la madre sigue con su historia improvisada.
-"..O mezclados todos, para contarse sus historias.
Como tú, con tus amiguitos del cole o con los primos.
Pero un día, por culpa de un vendaval que tiró a varios de ellos al suelo, les entró el miedo a desplazarse y caerse; y poco a poco, al quedarse tan quietos...
...¿Sabes lo que pasó?...¡les crecieron unas raíces!...
Al principio, les pareció muy bien el estar plantados en el suelo firme; y muy orgullosos, decían que gracias a ellos, los humanos podían pasear por el gran bosque sin perderse y que tenían un sitio donde tomar sus meriendas o dormir una siestecita. Se sentían muy importantes los árboles.
Pero al cabo de siglos, algunos empezaron a echar de menos el poder pasear: querían ser libres de nuevo y descubrir el mundo más allá de las colinas.
Atados al suelo por sus raíces no pueden huir. Son presa fácil: de los incendios, los leñadores, las plagas o los enamorados con sus navajas.
Tiemblan, notan como montones de bichos invisibles trepan por sus piernas, corretean por sus brazos y se enredan en su cabellera verde"
El niño se ríe con las cosquillas.
-" Echan sus ramas hacia el cielo y llaman a los pájaros para que les libren de sus insectos nocivos y les cuenten sus viajes...
Acarician la tripita de las nubes para que les den gotas de su agua...
Giran sus hojas hacia el sol para que les dé su calor....
Buscan la sonrisa de la luna...
... y preguntan a las estrellas para que les enseñen el camino...
Y un día... un día... los más jóvenes arrancan una a una sus raices y empiezan su viaje..."
El niño se recuesta en la almohada, con los ojitos medio cerrados mientras la madre le arropa con el edredón y le acaricia la frente.
"¿Lo ves? no pasa nada si sueñas que los árboles echan a andar... es que ya no tienen miedo de nada. Gracias a tu sueño, de nuevo viven como aventureros...
Y tú también, algun día, irás a recorrer el mundo con ellos..."
El niño se ha dormido con una sonrisa en los labios... detrás de sus párpados serenos, por un camino bordeado de flores silvestres, galopa a lomo de un caballito verde de crines doradas,...
Y al volver a su cama, la madre se pregunta porqué le ha contado esta historia tan rara... y se queda despierta hasta el amanecer...
Pompita para quien tiene miedo, para quien arranca sus raices y para la amiga que me inspiró esta... pesadilla.
carretera cortada por la escoría en una ladera del Etna
Desde hace días, el suelo tiembla.
El aire huele a azufre. Denso.
Los pájaros han desaparecido no se sabe dónde:
no se les oye.
Los perros vagan, inquietos, sin esa alegría de la tarde, promesa de correrías nocturnas por el monte.
Los gatos con su mirada verde o naranja y el pelo eléctrico que no soporta ni una caricia.
Los humanos miran, impotentes; unos tensos, otros agitados y otros aparentando tranquilidad, según su costumbre y su carácter.
Siguen con su tarea, pausadamente.
Sólo les delata la mirada que a menudo echan hacia
el volcán.
Si no conocéis Bretaña...
¡cerrad los ojos e imaginad ... una nariz!
Sí, sí ... una nariz.
Una nariz grande, generosa, sensual, golosa.
Una nariz en el mapa de Francia... ¿ya la veis?
Bretaña es como una nariz porque ella misma es olor:
Bretaña huele a agua: agua del mar por supuesto, que casí la rodea por todas partes, con su costa gris o rosa, recortada; costa salpicada de todo un rosario de faros, islas e islotes, con la punta del apéndice abierto, dirigida hacia el oeste.
Yodo, algas, viento que deja estelas de sal en las mejillas... y en los ojos cuando huele a marea negra y enfado impotente de su gente.
Y huele a sus puertos siempre bulliciosos. Nariz olisqueando las rutas de sus marineros atrevidos, aventureros y pescadores.
Sudor del esfuerzo, lágrimas de sus mujeres vestidas de negro, incienso de romerías llamadas "perdones" que salen hacia el mar desde las iglesias grises; grises y sobrias salvo por el encaje de los cruceros de granito que las acompañan contando mil historias.
Plougastel-Daoulas
Y huelen las iglesias tristes a la cera de las velas que arden y cuyo humo se eleva entre la abundancia de sus ex-votos en forma de barcos que navegan en el techo de madera, cargados del fervor de los marineros.
Bretaña huele a aldeas perdidas y sus viejas chimeneas de turba que caen en el olvido.
Huele a la plancha y al almidón de las cofias de encaje impoluto de sus mujeres de manos ágiles.Cofias elocuentes, olores de cada región o pueblo... olores reveladores del origen de la familia o el estado civil de las cabezas que las llevan, con orgullo.
Bretaña huele a agua de lluvia, a cielo que se cae, a agua sudada que resbala en la piel de granito de sus menhires impertérritos que se dejan acariciar monótonamente por un ambiente lloroso de nombres de lluvia que varían según la intensidad: "bruine", "crachin", "petit grain"... y así hasta el infinito con la imaginación que caracteriza a los bretones.
Huele a savia verde de la vegetación exuberante que, en los pocos días de calor, levanta brumas de vivero exótico: huele a humus siempre activo.
Huele a sus vacas que casi desaparecen, engullidas por los pastos verdes.
Huele al antiguo establo, oscuro y temido, ambiente asfixiante, acre, cálido y rumoroso.
Huele a la leche tibia, recién ordeñada y a los quesos generosos. Y a las patatas con sabor a alga, bañadas de nata líquida, y al perfume intenso de sus fresas "gariguettes" y a las alcachofas carnosas y tiernas y a la carne de cerdo, rosada y que se funde en la boca, y a las ostras sabrosas, los pequeños mejillones a la sidra y todos los mariscos de su costa.
Y huele al pecado del "kouing-amann", su pastel generoso en mantequilla.
Huele al color de sus flores silvestres, desbordantes, invasoras : mimosas, hortensias, rododendros, prímulas, pasifloras, narcisos, camelias creciendo en libertad.
Tierra a dentro huele a liquen y a setas de sus bosques poblados de hadas, magos y manantiales escondidos entre piedras cubiertas de musgo; piedras que en la oscuridad recobran su forma de ciervos alados, elfos, "korrigan" o pájaros cantores... huele a la magia de las tertulias nocturnas, "veillées" de cuentos ancestrales al abrigo de sus casas de dos chimeneas y escalera exterior, tejados de pizarra o de juncos.
Casas de granito, de dorsos fuertes que resisten el embiste del viento que a menudo sopla; viento cuyos nombres, también abundantes, arremeten contra las aulagas y los brezos en la cima de sus montes con ínfulas de montañas, negras, de tierra pobre.
Huele a sus fiestas, "fest-deiz", "fest-noz", música del "biniou", del arpa, de la bombarda.
Triskell. Música de su idioma lleno del olor áspero de las rocas, lleno de "k" y "z".
Y para mi, huele también al caramelo de las natillas especiales de las vacaciones ... Aroma que se mezcla con el de la cera de la cama típica, cama-armario cerrado que conserva el calor y abriga los sueños.
Olores que conviven en mi recuerdo infantil con el de las manzanas en el arcón de las sábanas recias y el calor de unas manos arrugadas, "mam-goz", preparando unas "crêpes" de alforfón.