martes, 19 de noviembre de 2019

Cuando los barcos vuelven...




 "Monumento a la mujer del marinero" en Ayamonte
                                   monumento  que siempre me evoca esta canción:

"Quand les bateaux reviennent" ...........  de Yves Duteil

Cuando los barcos vuelven
quedan en sus flancos
jirones de desilusión
del viento que se los lleva.
Cuando los barcos vuelven...

Y los marineros de a bordo
ven crecer el acantilado,
y el curioso malestar,
y las luces del puerto
donde, en la madrugada,
las mujeres tiritando bajo la toquilla
tienen el labio algo pálido
y el corazón incierto...

Pues es el mismo viento:
el que levanta sus encajes,
se lleva a sus hijos
y se los devuelve.
Da a las gaviotas
esa lentitud tan hermosa
y hace de sus amantes
marineros infieles...

Cuando los barcos vuelven
se les ata al muelle,
la cuerda y la estaca,
única recompensa por su tormento.
Cuando los barcos vuelven...

Y los marineros se van,
rotos de cansancio:
hasta el suelo se tambalea
en el corazón de su casa.
La cama, ya deshecha,
se cubre de suspiros
y las mujeres zozobran
y su esperanza renace...

Pues es el mismo viento
que apaga su vela
cuando un atardecer de primavera
las encuentra menos guapas.
Da a los océanos
algunas arrugas nuevas
y enseña a las cometas
todos los caminos del cielo...

Entonces, durante algunos días,
el tiempo no existe...
y quizás por eso nace 
el peso de las despedidas
cuando los barcos se vuelven a ir...

Las mujeres en la madrugada
en el momento de la salida,
buscan en el pañuelo,
para medir sus días,
las cuentas ya tan pesadas
del rosario de marfil
y la imposible amarra 
que lleva a su amor...

Y es el mismo viento
que trae a la orilla
un poco del océano
hasta su rostro
donde el mar y el tiempo
en su ir y venir
han esculpido la estela
extraña y fascinante
de un barco que viaja... 



                                https://www.youtube.com/watch?v=mCQDD2x_VeM

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Pompita con sabor a mar, para Laura con quien comparto playa... a destiempo.
                                          Aquí la tienes, en su antiguo sitio :)
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martes, 5 de noviembre de 2019

Callejeando 2

Estoy de nuevo perdida...
Y digo yo... Si todos o casi todos empezamos el recorrido en el mismo sitio.


Y con el camino en general despejado para elegir destino



       ¿Porqué cada uno termina eligiendo calles tan distintas?...

        Aquí se refugian los últimos soñadores... músicos y poetas


Aquí, desfilan y se pavonean los políticos al acecho... es decir: todos.


Aquí se esconden los "previsores" de los paraísos fiscales....


Aquí siguen los cada día menos alegres y despreocupados (especie amenazada)


Y yo, de nuevo en esta encrucijada donde nos martirizan a diario con insultos y promesas huecas.
                                                       ... ¿a dónde ir?

                   ¿Con el gato que baila sin ton ni son?


  ¿ Con la urraca que bebe como los peces en los ríos (revueltos y contaminados)?


 ¿Es que ya no existe esta calle antigua de la Sabiduría, puerta del Renacimiento, otrora más transitada (o esto me parecía)?...


     Mi instinto me aleja de algunas calles preocupantes





O muy preocupantes incluso...



Podría preguntar mi camino pero unos muchos gritan...
              .... y otros muchos (o los mismos) se arrastran según sopla el viento.
Con lo cual ya no me fío de ninguno. Veletas.


 
Yo que siempre he tenido las ideas claras (en este aspecto por lo menos), por cuarta vez en tan poco tiempo, dudo: ninguno de los caminos vistos me convence...
Infinito cansancio al mirar el mapa. Y el panorama.

Sin embargo, tendré que levantarme, aunque sin ilusiones ni fe. Y me levantaré.
No me gusta quedarme sentada, mirando hacia otro lado.
Esto lo tengo claro a pesar de mi cansancio. Infinito cansancio.
Ni me gusta que otros elijan el camino por mí. (Por esto de "Quién calla, otorga")


En realidad, lo que estoy buscando es esta calle en concreto...
                                                                   ...¿Alguien sabe dónde se encuentra?...


En algún sitio tiene que estar...
                          ...era lo último que quedaba en el fondo de la caja de Pandora...

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Pompita pensativa.
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martes, 29 de octubre de 2019

Historia de un árbol

Vivía alejado de las sendas forestales
No era en absoluto un árbol de oficio.
Jamás había visto la sombra de un leñador
este gran roble de orgulloso tronco.

Habría conocido días de oro y seda
sin sus vecinos cercanos, de la peor ralea,
unos juncos malpensados, ni siquiera bambúes,
que se entretenían en sacarle de quicio.

Desde por la mañana hasta el anochecer, estos brotecitos
(justo cañas de pescar, apenas mirlitones)
giraban a su alrededor cantando enterita
la historia del roble y el junco.

Y a pesar de ser de madera (entre los robles es lo corriente)
la fábula no le dejaba indiferente.
Ocurrió que cansado de ser blanco de burlas,
se resignó al exilio.

Con esfuerzo, sacó sus grandes pies del alcorque
y se fue, sin darse la vuelta ni poco ni mucho.
Pero yo que le conocí, bien sé lo que sufrió
al dejar su ingrata tierra.

En la linde del bosque, el tenebroso roble
trabó relación con dos enamorados:
"Gran roble, déjanos en ti grabar nuestros nombres."
El gran roble no se negó.

Cuando agotaron su gran mochila de besos,
cuando de tanto besarse sus picos se desgastaron,
escucharon entonces, reteniendo lágrimas,
al roble contando sus cuitas.

"Gran roble, ven con nosotros, encontrarás la paz.
Nuestros juncos tienen educación y nada de insolencia.
Tendrás entre nosotros una agradable estancia
regado cuatro veces al día."

Dicho esto, los tres se ponen en camino
cada enamorado con una raíz en la mano.
¡Qué contento parecía! ¡Qué feliz parecía
el roble entre sus enamorados!

A la puerta de su choza lo hicieron plantar.
Fue entonces cuando empezó a diluirse la magia.
Pues a modo de riego, no tuvo más que la lluvia
de los perros levantando la pata.

Cogieron todas sus bellotas para alimentar a los cerdos,
con su bella corteza hicieron tapones,
con cada sentencia de muerte
a él, en herencia, le tocaba el ahorcado.

Después, esa mala gente, consumados vándalos,
lo cortaron en cuatro tablones y se hicieron una cama.
Y como la horrible harpía tenía un montón de amantes,
envejeció antes de tiempo.

Al final, en un triste día, esa pareja sin ley,
cogió el hacha y lo echó al fuego.
Como madera de caja, amargo destino,
pereció en la chimenea.

El cura de nuestro pueblo, apocado santito,
duda que su humo se eleve hasta Dios.
¿Qué sabrá él? ¡Menudo burro! 
¿Y quién le ha dicho que no hay robles en el paraíso?
¿Que no hay robles en el paraíso?...

 EL  GRAN  ROBLE...........Georges Brassens.

                              https://www.youtube.com/watch?v=4lmtkCaxCXo

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Me reúno a menudo con Brassens. Y cada año por estas fechas, comparto una de esas citas con vosotros.
Este año me apetecía rendirle homenaje a través de un árbol ya que ellos aparecen en muchas de sus canciones y de muchas formas...
Espero que os haya gustado.

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Pompita para todos los enamorados de los árboles...
¡Ojo! Para los verdaderos, no como los de esta canción ;)
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martes, 15 de octubre de 2019

Sin pies ni cabeza

Dice el refrán: "Quien no tiene cabeza, tiene que tener pies." Para enmendar olvidos. Como hacemos los que entramos en una habitación (punto B) y nos paramos preguntándonos: " ¿Qué venía a buscar?..."
Y volvemos al punto de partida (llamado A) donde de repente recobramos la memoria y volvemos ya con la respuesta al punto B.
Con el consiguiente paseo e incremento del número de pasos en el contador del día. (muy útil el contador para sacudir la conciencia de los sedentarios e intentar alcanzar los 10000 pasos diarios recomendados para la salud)

Pero ¿qué pasa si aparte de no tener cabeza, te encuentras sin pies?... Y sin posibilidad de cumplir con el contador de pasos...
Llevo una temporada sin mucha cabeza para escribir o con la cabeza en otro lugar y desde hace poco, sin pies operativos, atada al sillón...
Así que, ya harta de tanto leer, tanto crucigrama y sudoku, tantas películas enlatadas, tanta música y eteces (certifico que de todo se cansa uno si las dosis son excesivas y sin poder elegir el momento), he vuelto a descubrir...mis manos.

Siempre me han gustado las manualidades: bricolaje con madera, costura, punto, velas aromáticas, telar, repostería, mandalas, arcilla y un largo etc...
Y aprender técnicas nuevas o ahondar en otras ya conocidas.
Al cabo de apenas una semana de inmovilidad forzosa, ya no me queda ni un botón sin coser, ni un dobladillo, ni un arreglo pendiente así que con tal de no estar ociosa, cosa que no va conmigo, pensaba estudiar papiroflexia para cambiar de material pero...he reanudado con una vieja afición: el macramé.

Para quien no lo sabe es un arte milenario que consiste básicamente en hacer nudos, a veces sencillos y otras veces muy complicados. Y cuyo primer fin era marinero: tejer redes por ejemplo o atar cabos en los barcos o hacer hamacas o defensivos "puños de mono". Y gracias a los marineros, esta técnica viajó mucho por todo el mundo y seguro que todos habéis visto estos cuadros, muestrario de nudos marineros, nudos de macramé.
Luego, de esencialmente práctico, derivó en cosas de decoración (tapetes, pantallas de lámparas, cortinas o biombos) o detalles añadidos en la ropa (los flecos de los mantones de Manila por ejemplo o los adornos en los uniformes militares o las orillas de las toallas antiguas de mis bisabuelas).
El macramé, un arte que tuvo su momento de gloria en el siglo XIX, combinando unos pocos puntos básicos para obtener dibujos cada vez más complejos.
Y resurge en el siglo XX, con las artesanías hippies de inspiración étnica (pulseras de la amistad, collares, atrapa-sueños, bolsos, cuelga-tiestos, sandalias...)
Y como las modas son cíclicas, está de nuevo muy presente, como bien lo atestiguan los numerosos tutoriales que se ven en internet.

Es una actividad que presenta la gran ventaja de no necesitar más material que hilos de cualquier grosor o aspecto (desde seda a algodón y cuerda de embalar, pasando por hilos de bordar o hilos de plástico incluso (los famosos hilos scoubidou tan de moda en patios de recreos franceses de los años 50-60 y que inspiraron también una canción), ni exige tampoco más herramientas que las manos.

Hilos, manos y ganas de pasarlo bien, investigando, copiando modelos o inventando, dando rienda suelta a la inspiración, mezclando colores y puntos.
Y en esto estoy.

Hace años hice algunos bolsos para regalar y también un tapiz (para regalarme) y me gustaría repetir...
Los resultados del macramé se integran en cualquier ambiente, de decoración rústica, moderna, incluso muy minimalista, aportando su toque cálido... por artesanal con piezas únicas, a veces no perfectas...humanas.


Pero desde el sillón, una pieza tan grande es engorrosa de manejar... sobre todo si las manos están ocupadas con las muletas.
Así que últimamente, me limito en hacer macramé más humilde, más pequeño, como pulseras, llaveros, puntos de lectura o cosas parecidas, descubriendo puntos que no conocía.
Todavía no he llegado ni mucho menos a resultados tan espectaculares como los que se encuentran en la red  pero...seguiré intentándolo. Tengo tiempo libre...

Aquí un muestrario pequeño de mis cositas (faltan algunas, regaladas alrededor mío...)

                                  

Las manualidades son muy agradecidas, estimulantes y a la vez relajantes. Si te gustan, evidentemente. Y si tienes paciencia...y tiempo. Yo tengo de las dos cosas.
Pero el caso es hacer algo entretenido y no estar parada nunca... aunque se esté sin pies ni cabeza libres para otras cosas.

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Pompita con pregunta...   ¿Os gustan las manualidades?...
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martes, 8 de octubre de 2019

Retrato, 2

... Es siempre puntual y me recibe con una sonrisa cercana y una frase amable.
Y añade:  "¡Cuánto tiempo sin vernos!"
 - "Sí, unos... siete años... Personalmente, no pensaba volver tan pronto pero... me parece que le traigo una nueva tarea... A ver lo que opina..."
Cortésmente, me indica un asiento donde me instalo, obediente y expectante...
Él se inclina, atento. Concentrado detrás de sus gafas. En silencio, con dedos expertos, busca algo en concreto, lo encuentra y luego aprovecha para comprobar el estado de conservación de sus últimas obras de arte (que por supuesto traigo conmigo en cada visita.)
Luego, volviendo al otro lado de su mesa, murmura para si mismo un "muy bien, perfecto, perfecto..." tranquilizador y a la vez satisfecho (me lo dice) con nuestro trabajo en común que a los dos nos ha costado esfuerzo.

Y me explica su plan. Que ya me imaginaba. Acertadamente.
(no sospecha él la imaginación que gasto yo a ratos...)
Su voz sin titubeos genera confianza, con el fluir pausado de las palabras exactas de quien domina su tema. Contesta a mis muchas preguntas pacientemente.
"Soy muy preguntona" digo pidiendo disculpas, medio sonriendo, algo turbada; y él asiente riendo de buena gana.
Y es cuando le afloran unas simpáticas arrugas rejuvenecedoras alrededor de los ojos y la boca. (debería reír más a menudo, pienso fugazmente... le sienta bien.)
Contagiada, me río también y aprovechando el momento distendido, miramos el calendario y quedamos para vernos de nuevo, muy pronto.

Encima de la camisa de rayas y la hipnótica corbata de colorines chillones, lleva, sin abotonar, una bata blanca impoluta, recién planchada, con su apellido bordado en azul en el bolsillito superior izquierdo donde asoma un bolígrafo rojo.
Azul y rojo...como las rayitas alternas y previsibles de su camisa, observa mi otro "yo" sustrayéndose un momento a la mirada amenazadora de la máscara, mientras él pelea con mi apellido...
Apellidos... Hablamos de nuestros apellidos respectivos, de ortografías no fáciles de memorizar e intercambiamos anécdotas. Y nos reímos de nuevo...
Es un hombre simpático a pesar de su letra tan indescifrable como su corbata.
Es un hombre simpático a pesar de todo... De ésos que dejan huella... Me cae bien.
Es mi traumatólogo de confianza.

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Pompita de visita programada
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martes, 1 de octubre de 2019

Retrato, 1

Es de talla mediana, con andar de oso tranquilo,  los hombros algo encorvados por la edad. El pelo gris ligeramente veteado de blanco, tupido y peinado con leves ondas, quizás de gomina, como una estrella de cine de otra época.
Pulcramente afeitado su rostro apenas arrugado y aún teñido de verano.
Ojos pequeños y brillantes aunque poco expresivos cuando no sonríe, serios, concentrados en su tarea.
Las manos, largas, finas y de uñas cortas e impecables manejan los incontables objetos aparentemente desordenados de su mesa con la seguridad que da la experiencia de años. Manos de artista...de pianista... o de pintor quizás... las paredes que le rodean van decoradas de grandes dibujos, esquemas, bocetos a lápiz y acuarelas. Quizás amante del arte africano también: por encima de su cabeza, una gran máscara de madera negra sonríe sardónicamente y sus manchas rojas hipnotizan, inquietantes.
Calza unos mocasines marrones de aspecto muy confortable. Viste pantalón oscuro, camisa clara de finas rayas rojas y azules donde sorprende una incongruente corbata, bien anudada, de dibujitos de colorines.
Es siempre puntual y me recibe con una sonrisa cercana y una frase amable.

                                                                           continuará...

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Pompita observando

martes, 17 de septiembre de 2019

Solución

Se veía venir...
De vez en cuando, tal arena de playa que el poniente trastorna echando a los bañistas rezagados de septiembre, las letras se le escurrían entre los dedos, como tragadas por las teselas negras del portátil, desordenadas e impersonales.
Al principio, con paciencia, recomponía por la mañana las palabras escritas al ponerse el sol y que la marea de una noche negra había trastocado. Quitando uves dobles de altibajos incordiosos o impertinentes, añadiendo "eses" de suaves susurros sentimentales o borrando palabras equívocas o equivocadas.

Pero pronto, sus esfuerzos fueron vanos: las letras, y sus compinches las palabras, ya no se dejaban domesticar y se volvían rebeldes y malvadas, transformando sus escritos importantes o no, en un caos incomprensible de conchas vacías abandonadas por las olas en la orilla que, o bien tiraba a la papelera virtual esperando que cambiase la dirección del viento, o bien terminaba mandando sin releer en un arrebato huracanado; con todas las consecuencias que eso traía... El parte de carrocería abollada a modo de proyecto de excursión veraniega, la foto con receta detallada de un pastel pecaminoso a una amiga a dieta, el poema de un amor sin precio ni aprecio a la agencia tributaria... y más cosas por el estilo...

Hasta que apartó el ordenador de su lado y sacó el ajado cuaderno de espirales mentales y el lápiz de mina suave y dócil que siempre habían acompañado sus momentos más verdaderos.
Las letras volvieron a estar en su sitio, como en el alfabeto de sus primeros balbuceos infantiles; las palabras volvieron a fluir según el ritmo de las mareas lunáticas de su corazón, olvidándose del traqueteo de conexiones frías, caprichosas o apresuradas. O cuando no, inexistentes...
Redescubrió el placer de tachar suavemente, sin borrar a golpe seco de tecla aburrida, saboreando golosamente la delicia de añadir un párrafo con una flecha ondulante o de aportar un matiz sonriente o burlón señalado con estrellas sin catalogar o flores silvestres desconocidas.

Recobrando la irrealidad ilusionante y a la vez la realidad poética de antes...
                                                                                                              sin cables.


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Pompita escrita a mano sobre la arena de una playa de septiembre, con banda sonora de olas tranquilas y charranes parlachines sobrevolando el mar...
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martes, 9 de julio de 2019

Plegaria

Ya se fue el frío del invierno.



Deja que el sol acaricie tu piel hilando su vida sedosa con tus canas.



Ama a los insectos que buscan secretos en tus arrugas.



Abre tus sentidos al tenue susurro de sus hojas.



Mira a los árboles a los ojos: ellos no mienten.



Comparte la sabiduría de sus ramas con la brisa.



Emborráchate del sabor de su savia joven.



Ayúdalos siempre

Pero sobre todo
                                                  Quiérelos, respėtalos, protégelos.

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Pompita desde un árbol.

martes, 18 de junio de 2019

Azul

Salió de la consulta del oftalmólogo con semblante preocupado... O ella no había sabido expresar lo que le pasaba o este hombre no la había tomado en serio... Pero ella notaba que los síntomas iban a más... La "cosa" había empezado hacía unas semanas por las flores del paseo marítimo: sí, en efecto había jacarandas y agapantos...



Pero también adelfas... Y nunca antes había visto adelfas azules.
Primero pensó que sería un reflejo o una ilusión óptica debida al cansancio o al sol. O incluso una manipulacion genética de los horticultores.
Y no le dio más importancia.
También le pasó al mirar los escaparates pero... era el color de moda esa temporada.

En los días sucesivos se fijó en los puestos del mercado y la trastornó comprobar que ya no conseguía apreciar a simple vista si la fruta estaba madura o no, pues los albaricoques, limones, manzanas, sandías, cerezas y todas las verduras lucían los mismos tonos azulones también.
Y este hecho era aún más perturbador que lo de las adelfas...
Que el cielo y el mar tuvieran este color era de lo más normal, ya no sorprendía al cabo de tantos siglos pero ¿las frutas?... ya ninguna se parecía a lo que era la habitual sinfonía multicolor tan atrayente de los mercados.

Puesto que ninguno de los especialistas consultados lograba explicarle lo que le ocurría y algunos incluso la miraban con sorna o compasión, decidió poner fin a su peregrinar de consulta en consulta, decidió callar e intentar adaptarse a estos hechos desconcertantes.
Pidió ayuda (de forma solapada) a la hora de combinar sus prendas, apuntó el número de sus barras de labios preferidas, memorizó el orden vertical del destello de los semáforos que ahora parpadeaban en tres tonos de azul de más oscuro a más claro, se guió por el tacto y el olfato a la hora de elegir la fruta. Resumiendo: se inventó un sinfín de trucos como muletas para orientarse en este inquietante mundo uniformado de azul.
Era incómodo a veces pero era también un reto y se acostumbró al desafío diario.

"Color reposado, sobrio, sosegante, sabio" le decían estudios leídos sobre el significado de los colores, la cromoterapia, lo esotérico y más cosas... Explicaciones que no le resultaban del todo convincentes e incluso la ponían más nerviosa.
En contra de los gustos generalizados, siempre le había parecido más que un color tranquilo, un color algo triste que le recordaba el uniforme del colegio encorsetando su imaginación coloreada.

Sin embargo a ratos, se lo tomaba a risa mirando a la gente a su alrededor: " Vivo en un mundo poblado de un ejercito de pitufos atiborrados de viagra" o  "Menos mal que me gusta el roquefort y el curacao"
A ratos, fantaseaba imaginando que compartía la suerte de genios famosos ¿No había tenido Picasso su época azul?
Otras veces, se divertía a costa de sus amigos proponiendo adivinanzas del estilo "¿Cómo se llama la luna llena que aparece dos veces en el mismo mes?" "¿Porqué está triste y azul el gato?" y demás cosas que hacían que terminaban mirándola de forma preocupada...
Se podía haber quedado en una anomalía más, como una desconocida clase de tritanopia al revés pero...
Pero poco a poco, se convirtió en una obsesión y de su boca o sus dedos no salían más que palabras y canciones que contenían todos los matices de su pesadilla: añil, turquesa, cobalto, ciano, aguamarina, lapislázuli, cielo...

Hasta una noche en que viajaba al son de " Blue moon..." que tenia en bucle en el aparato del coche...
Antes de caer al mar desde el acantilado donde florecían nomeolvides, lo último que en el retrovisor vieron sus ojos que empezaban a mutar de negro a azul marino, fueron los destellos amenazadores y azul eléctrico del coche de policía que ululando acudía a la fábrica de rotuladores: desde hacía meses el dueño denunciaba cada cierto tiempo un hecho curioso: el robo de un solo color...
Cuando los buzos localizaron el coche en el fondo del mar, su cuerpo había desaparecido, dejando en el asiento sólo una brillante mancha multicolor en forma de sonrisa...
Pero en el maletero abierto por el impacto de la caída, encontraron su botín de rotuladores y pinturas donde ya acudían medusas... azules por supuesto.

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Pompita monocolor.
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martes, 21 de mayo de 2019

El Bis

Apareció una mañana de verano, flaco y temeroso. Atraído por la tronera de la despensa, sinónimo de comida.
Nos asustamos mutuamente y desapareció en seguida. Para volver al cabo de un rato y desaparecer de nuevo...


Pero le volví a ver unos días más tarde, como imantado por unos mendrugos de pan tirados al jardín para los pájaros...
Y no lo pude resistir. El pan no es el alimento predilecto de un gato ni mucho menos y si se echaba con tanta ilusión sobre ello es que estaba francamente desesperado... Le preparé un cuenco con lo que tenía a mano: un resto de puré de verduras con algo de carne que dejé a su alcance... y al alcance de mi vista.
Seguía igual de flaco, asustadizo y hambriento y en un abrir y cerrar de ojos, dejó el recipiente impoluto. Levantando la cabeza hacia la puerta ventana de la cocina, pidiendo más con el silencio triste de sus ojos azules. Le volví a dar algo, esta vez leche con pan. Y podía haberle dado sin parar: parecía que nunca se iba a saciar. Pozo sin fondo...


Y si bien, siempre que salíamos al jardín, desaparecía raudo entre el seto, una vez cerrada la puerta ventana volvía a acercarse y darse un atracón con lo que fuera, sin respirar. Con las orejas gachas, atento al mínimo ruido pero sin respirar.

Y así durante meses, reponiendo fuerzas poco a poco...
Nunca supimos de dónde venía ni a dónde iba. Pero nos acostumbramos mutuamente.
Yo, tanto me acostumbré, que le empecé a llamar el GatoBis, ya que el Gato a secas de esta casa es Munsi, mi negrillo.
Y tanto se acostumbró él, que terminó viniendo a diario, siempre a la misma hora, esperando en el felpudo, sabiendo que algo le esperaba. Y alguien.
Poco a poco recuperó fuerzas y aspecto, si bien seguía medio cojo, con una pata herida. Y asustadizo. Muy asustadizo y receloso... Ya sabiendo mucho a pesar de su juventud...pero tan hambriento... a saber qué penalidades pasaría antes de atreverse a acercarse...
Todos nos acostumbramos a su presencia, siempre respetando la distancia que él fijó como su distancia de seguridad.
 Munsi también se acostumbró; intrigado él también, como nosotros. Y, a pesar de vigilar celosamente su coto de caza y echar sin miramientos a los intrusos habitualmente, le observaba sin un atisbo de mal comportamiento, sino con desconcierto mirándonos a nosotros como pidiendo una explicación y al siamesito hambriento con esta empatía de la que carecen muchos humanos con sus propios congéneres... sin duda oliendo, con esta sensibilidad especial que tienen los gatos, su desamparo de gatito joven, herido y perdido en el frío del inverno.



Con estos nombres de el Bis, el Siamesito hambriento o el Cojito perdido, él, que buscó refugio durante esos meses de invierno al abrigo del jardín trasero sin ruidos ni peligros, y a veces calentando con sol tibio su cuerpecito flaco pero ya algo más relajado entre los bancales en barbecho, se ha ido.
A saber dónde. Lleva un tiempo sin aparecer...

Supongo que habrá vuelto a encontrarse con su familia humana que, (supongo otra vez), vendrá a disfrutar de su casa serrana sólo cuando vuelve el buen tiempo y lo había perdido el verano pasado...
Ocurre a menudo... Los gatos de piso se emborrachan de libertad cuando llegan aquí y algunos dejan que sus amos vuelvan al redil de la ciudad sin ellos.
Y en otoño florecen los anuncios de "Gato perdido" acompañados de sus fotos. Ocurre a menudo... De otros vimos anuncios por esas fechas pero de él, no...


Pero prefiero no suponer que lo habían abandonado... aunque esto ocurre también...

Y prefiero quedarme con esta imagen de un El Bis ya mucho más lustroso y de mirada entre triste y pensativa, como buen siamés que es.


Si sigues libre, guapo El Bis, espero que hayas aprendido a cazar y que por esta razón ya no nos necesitas. Y si nos necesitas, aquí estamos.

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Pompita gatuna. (una más ;)
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