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martes, 4 de febrero de 2020

Y el viaje continua... 8

...Mientras la carpa se alejaba en busca de algo para saciar su apetito voraz, unos diminutos seres acuáticos se sacudían el barro de los meses pasados y agarrados a las burbujas de aire que a ratos salían del fondo del lago, empezaron a subir a la superficie, atraídos por un rayo de sol que tímidamente acariciaba el paisaje exterior...

Al terminar su paseo en el fondo del pantano, las hadas Plic, aburridas de tanto lodo y con curiosidad por descubrir nuevos horizontes, se acercaron a la presa de rocas donde unas algas les habían contado que su viaje podía seguir.
Y al acercarse se encontraron llevadas por un remolino potente que las dirigió a través de diferentes túneles ruidosos en una carrera desenfrenada.
Después de resbalar y rebotar entre las rocas al bajar todas juntas, Ondina y sus hermanas siguieron un rato por el arroyo saltarín que pronto las llevó cerca de un pueblo tranquilo y alegre. Era tan agradable que se demoraron unos instantes bajo los puentes de piedra antigua orlada de musgo y trinos de pájaros desconocidos.


Con el fluir de los meses, la corriente se hizo caricia de espejo para los árboles que la acompañaban, tiñendo su soledad y su profundidad de calma, y dejando en ambos reflejos de esperanza apenas enturbiados por leves círculos de lluvia, apenas arrugados por las tormentas de verano.


Algunas se quedaron ancladas en las orillas, atraídas por los juncos y su vida rumorosa de insectos, aves y anfibios y por los pequeños humanos juguetones cuyas risas estremecían la piel transparente de brillos azul verdoso que las revestía ahora.

Muchas siguieron en el centro del lecho, embriagadas por el juego de medir su fuerza con nadadores, barcas de recreo y barcos cada vez más grandes que navegaban de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad en un apacible viaje que según parecía no tendría nunca fin...

Inesperadamente, al cruzar aglomeraciones más grandes e inhóspitas, rodeadas de chimeneas malolientes y de ruidos agotadores, pronto se sintieron cansadas, sucias y desilusionadas, chocando inútilmente contra infranqueables muros de cemento, contra metálicos puentes hirientes y oxidados, y sobre todo, sorteando plásticos y más plásticos y restos de cloacas.
Algunas, engañadas por el canto de un monstruo fluvial susurrante, penetraron a su pesar en frías tuberías que las llevaron a sitios extraños de los cuales no consiguieron escapar... Allí, sin miramientos, las limpiaban a su gusto, quitándoles su sabor genuino para mezclarlas con substancias agresivas que les picaba los ojos e uniformaban sus trajes de escamas ya desprovistas de destellos de vida.

Pero, al final de una noche de luna creciente, unas hadas más privilegiadas se encontraron sin saber cómo, frescas, renovadas y descansando en una acequia donde, con los primeros rayos del sol, flotaron hacia cultivos y jardines que les recordaban el perfume del riachuelo de su infancia...

                                                                                                     continuará...

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Pompita  de agua limpia.
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martes, 3 de diciembre de 2019

Monólogo de un parlanchín

"Ahí te quedas, guapo! Necesito tomar el aire y me voy a dar una vuelta" me dijo al cerrar la puerta. Y se fue.
Y aquí me quedé. ¿A dónde iba a ir?...
Pero me dolió la frasesita. Vaya si me dolió...
Mira que es cruel e ingrata... Yo, que siempre he estado aquí cuando me ha necesitado. Siempre. Y con todo lo que hemos compartido...
Muchas horas de conversación hasta altas horas de la noche, de lecturas, de películas, de soliloquios suyos, de bailar dócilmente con sus músicas o mecerla en sus momentos bajos, de escuchar impasible sus confidencias raras, de reírme con sus ocurrencias a veces disparatadas, de asentir en silencio con las sensatas, de ...
Pero bueno... esto es así... Nada es para siempre...

... De todas formas, no sé porqué, pero intuyo que volverá... Siempre vuelve.
A veces desaparece durante días y semanas, dejándome a solas con su gato.
Pero últimamente no se despega de mí...
La verdad es que la entiendo: modestia aparte, soy de buen ver, espalda ancha y hombros acogedores como hechos a la medida de su cuerpo y la trato muy bien y ... vale, lo confieso: me encanta (y a ella) el roce de nuestras pieles, acariciar sus codos puntiagudos y sus nalgas redondas que en mí han dejado huellas imborrables...
Sí, lo confieso: soy así de rarito; un poco verde y a veces gruñón también, como hoy...
Pero aún así, me quiere, lo sé: todavía brilla en sus ojos la ilusión infantil del día de nuestro primer encuentro, hace unos lustros...
Ahora viejo y ajado... bastante ajado y deslucido por los años... aunque ella se empeñe con mimo en cubrir mi piel blanca con una manta de colorines para que no me dañe el sol ni me arañe el gato que a veces se me acerca. Algunos días me unta de potingue hidratante y me acaricia largamente. Me cuida, me mima. Le soy imprescindible, creo... y yo por mi parte ¿dónde estaría sin ella?...

Me echaré una siesta aprovechando que no está: lo necesito con el trote que me da últimamente a todas horas...
.................................
¡Ah! ¡Oigo la llave en la cerradura! Es ella. Ha vuelto. Se acerca a mí suspirando.
"Necesitaba salir. Me ahogaba el estar en casa. En realidad, no me fui muy lejos, anduve un poco por el barrio, pero no te imaginas la gente que hay en las calles y las tiendas en estas fechas...y estoy agotada...¡Ansiaba mi sillón!"
Y se deja caer entre mis brazos.
Feliz, me balanceo a su ritmo y desde mis muelles que a ratos chillan como ratones enfadados o canturrean como pajaritos felices, cuic, cuic, cuic, le susurro unos versos de Lamartine que aprendí yo gracias a ella:
                   "Un solo ser nos falta y todo está despoblado..."
Acaricia mi brazo derecho y me contesta con su habitual ironía:
                     " Objetos inanimados, ¿tenéis un alma 
                       Que se ata a la nuestra y nos inclina a quereros?..."
Se ríe pero añade tiernamente: "Estoy segura.."
Y con este guiño de complicidad, sé que hoy nos tocará compartir una tarde de poesía y música clásica. ¡Me encanta el plan!

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Pompita de secretillos caseros dedicados a mi sillón.
Se lo merece... por las horas extras que hace últimamente desde mi operación... y lo que le queda.

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Queridos amigos, lectores y comentaristas habituales,
 podréis comprobar que en los comentarios de hoy (4 de diciembre) constan unos cuantos eliminados por mí pero que conservo en mi correo y en otras partes, esperando no tener que utilizarlos ante la Justicia.
Un asunto muy desagradable que seguramente algunos habéis podido leer.
Espero que no vuelva a ocurrir y que esta "persona" no vuelva a aparecer.
Pero por si acaso, ya he tomado algunas medidas.

Un abrazo a todas las personas de bien que siempre serán bien recibidas.
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martes, 14 de mayo de 2019

Y el viaje continúa... 7

...Descubrieron los molinos, las presas, los veleros del verano dormidos en las orillas, los pueblos sumergidos debajo de sus alas, los cementerios verdes de algas y poblados de carpas tranquilas, la  fuerza de su bondad de hadas y el amor de los hombres por ellas...

¡¡Bum!!… ¡¡Bum!!… ¡¡Bum!!…

- ¿Habéis oído esto?...
- Sí... Es lo que me ha despertado...




Llevaban meses adormiladas en el fondo mullido del lago, acurrucaditas y mudas bajo el grueso edredón de lodo. A oscuras. Casi solas. Sólo los peces les hacían compañía allí abajo; y ellos también estaban aletargados...

¡¡Bum!!… ¡¡Bum!!… ¡¡Bum!!…

- ¡Otra vez! ¿Qué será?...



Una carpa, una veterana del lugar, les contestó:
- Son los humanos: de vez en cuando se instalan en las orillas y mientras ellos intentan atraparnos,  sus crías corren y gritan. Se lanzan una cosa enorme parecida a las gálbulas de los enebros... pero no es comestible.
- ¿Cómo lo sabes?
-Lo sé porque cada vez que el sol vuelve a calentarnos, aparecen. Y esta bola a veces se les escapa y flota un tiempo allí arriba... como las hojas del otoño...
He visto más de una en esos años que vivo aquí. Pero no son interesantes: no son comestibles. Lo intenté una vez que escaseaban las libélulas... y un poco más y no lo cuento... Tienen un sabor raro, parecido a las botellas azules y las bolsas multicolores que hay cerca de la orilla, atrapadas entre los juncos... Son dañinas. ¡No os acerquéis a ellas, niñas!"

Mientras la carpa se alejaba en busca de algo para saciar su apetito voraz, unos diminutos seres acuáticos se sacudían el barro de los meses pasados y agarrados a las burbujas de aire que a ratos salían del fondo del lago, empezaron a subir a la superficie, atraídos por un rayo de sol que tímidamente acariciaba el paisaje exterior...
                                                                                                             Continuará...                                                                                       

viernes, 30 de noviembre de 2018

Y el viaje continua... 6

... Pero poco tiempo tardarían los riachuelos contaminados en cantar de nuevo con voz limpia, brincando alegres sobre rocas cubiertas de musgo o besando las orillas doradas de sol...

Después de la locura, llegó el recogimiento. Cada día el sol se levantaba más tarde, rodeado de brumas tranquilas. Los árboles desnudos tiritaban al amanecer y las hadas del agua mudaron sus alas rojas de otoño para salir cada mañana envueltas de escarcha brillante. Se hinchaban de aire limpio del cielo infinito surcado por los buitres y las águilas. 
A ratos el viento soplaba desde las alturas y las llevaba en una carrera errática entre los troncos negros, húmedos y fríos: llegaba el invierno.
Ellas recobraban fuerzas nadando en las charcas heladas y silenciosas. Se entretenían labrando rocas, borrando huellas humanas de las ramblas, sembrando bulbos y semillas y dejando sus mensajes en las orillas del arroyo que las llevaba, de cascada en cascada, en pos de más descubrimientos. 



Al unirse en varios riachuelos, su canto volvió a alegrar el paisaje reflejando el azul del cielo en la superficie lisa de los lagos que las reunían bajo la mirada de las montañas nevadas.
Descubrieron los molinos, las presas, los veleros del verano dormidos en las orillas, los pueblos sumergidos debajo de sus alas, los cementerios verdes de algas y poblados de carpas tranquilas, la  fuerza de su bondad de hadas y el amor de los hombres por ellas.
                                                                               ...continuará.
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Pompita de agua
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martes, 6 de noviembre de 2018

Y el viaje continúa... 5

... En el reparto de tareas de las Hadas trotamundos, les había tocado cuidar de la Naturaleza libre, alimentando con los secretos que la tierra subterránea les había entregado, al pequeño arroyo y la exuberante vegetación que lo escondía a los ojos de los mortales .
Y las ninfas, entusiasmadas con su suerte, se pusieron manos a la obra...                                      

Pero pasados unos meses... 

Manchada de barro pringoso, rodeada de inmundicias hasta las pestañas y tiritando de frío, miedo e incomprensión, se encontró varada en un rincón, aturdida, asustada y presa de sentimientos inexplicables...


Todo empezó en el subsuelo eléctrico y agotador de una tarde de final de verano... Después de unas noches enfebrecidas de música, rumorosas de las alas de faldas floridas y sombreros de paja que a su alrededor bailaban sudorosos; después de noches entregadas a las estrellas y ajenas a la tormenta que se avecinaba, a lo lejos un relámpago como una premonición, había desgarrado el cielo con su pico de ave, sin más demostración de futuro que una luz cegadora y muda, pronto olvidada...


Pero, de repente, un espíritu maligno transformó los cascabeles de las risas de las hadas Plic en tambores de Ploc, seres indomables y destructivos. 

Arrasaron con todo: gentes inocentes o no, casas humildes o lujosas, coches de cualquier color, marca o tamaño, cultivos a punto de dar sus frutos, derrumbando puentes y pasarelas, arbustos silvestres y árboles centenarios, anegando todo el paisaje y vomitando desolación.
Poco subsistía del paraje risueño donde, no hacía tanto, todos se bañaban despreocupados, donde los niños perseguían cangrejos tímidos en el fondo de sus escondrijos, donde a la noche los grillos tomaban el relevo de los pájaros, rivalizando de alegría, donde trenes blancos y camiones multicolores transportaban ilusiones y trabajo de pueblo en pueblo en unas carreteras ahora inexistentes. 
Con el paso de los días, como si se tratase de la maldición ineludible de un cielo despiadado que les habría echado mal de ojo, las Ploc caían más numerosas y violentas... Parecía que unas brujas enloquecidas las empujaban en un recorrido crecido e incontrolable, tumbando sin miramientos cualquier huella humana a su paso y sembrando tristeza...
A ratos, un sol impotente pugnaba por salir y ayudar a secar el paisaje desolado y el alma encogida de pena de la gente que deambulaba entre las ruinas, sin rumbo, en silencio y con la mirada perdida, oteando el cielo...

Manchadas y arrugadas sus alas de hada Plic y tiritando de agotamiento entre los desechos, una gota de agua se apartó con esfuerzo de los plásticos y el aceite irisado de los coches volcados que la retenían en la orilla. Se elevó en una ráfaga de aire y recorrió el entorno devastado, abrumada... Empezó a sacudir la memoria de unas cuantas Ploc que, al recordar sus raíces de agua sana y el porqué de su existencia, se retiraron, apesumbradas.

Poco a poco, todas recobraron el camino de su cauce habitual; el viento cayó  y amainó la lluvia... 

Pero tiempo tardarían los riachuelos contaminados en cantar de nuevo con voz limpia, brincando alegres sobre rocas cubiertas de musgo o besando las orillas doradas de sol...
    
                                                                                            continuará...
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Pompita de agua.
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martes, 19 de junio de 2018

Examen a la vista


Desfilaban las diapositivas en la oscuridad, esperando ser identificadas...
En mitad de la sorpresa general pues no solía hacerlo, levantó el dedo tímidamente y preguntó ...
               "...¿Fuegos artificiales?... "

Se hizo un silencio denso (salvo por los cuchicheos de sus vecinos de pupitre)
Pero el viejo profesor de botánica inesperadamente sonrió, le guiñó un ojo y le contestó:
"Pues sí, en efecto... Aunque los entendidos la llaman en realidad
Thapsia villosa.     Y es bueno saber todos sus nombres."

Se quedó callado un momento y añadió con los ojos semicerrados,  como absorto en otro mundo...

                    "Es tan poco el trabajo de la hierba,
                      esa esfera de simple verde:
                      sólo criar mariposas
                      y entretener abejas." 

Es bueno saber todos sus nombres pero... ¿quién nos asegura que las mariposas y las abejas no saben de poesía?... Como Emily Dickinson..."

Seguían los cuchicheos... Preocupados.

Alejando un insecto inexistente con la mano, añadió suspirando:
"Bien... Volvamos a lo nuestro: os recuerdo que la semana que viene tenemos los exámenes."

Todos los alumnos se miraron, aliviados. Le temían a la poesía.

Pero ella apuntó el nombre y el apellido de la escritora en su mano izquierda, a la vez que repetía en otro rincón del cerebro:
 "Thapsia villosa, para una mariposa. Thapsia villosa, para una mariposa. Thapsia villosa, mariposa. Ya no se me escapa."

Pero de repente, una mariposa traviesa se escapó por la ventana en busca de fuegos artificiales. Y ella la siguió, sonriendo.


Mientras, su mano derecha seguía tomando sesudos apuntes automáticos entre las flores que dibujaba en los márgenes del cuaderno...

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Pompita mirando una mariposa 
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martes, 29 de mayo de 2018

Y el viaje continúa... 4

... Un grupo de hadas bajó en busca de algún pasadizo secreto o cualquier rendija para escapar de este sitio de ensueño, espectacular pero algo opresivo, semejante a un teatro abandonado lleno de secretos... 

... Al amparo de la luz plateada de la luna llena que se deslizaba entre las ramas de los fresnos, Ondina y sus amigas salieron despacio, intrigadas con lo que iban a descubrir fuera de la cueva. 
Se instalaron entre los brazos inclinados de un viejo sauce dejando sus hatillos colgados de los amentos: cada una de ellas llevaba uno; hatillo lleno de regalos para despertar el manantial todavía aletargado de invierno, equipaje repleto de provisiones para nutrir las plantas que cerca empezaban a brotar, para el disfrute de los animales que al abrigo de la noche primaveral se acercaban allí: el zorro esquivando a los jabalíes, la comadreja escurridiza en busca de ratones, las ranas que tímidamente ensayaban sus cantos de amor rivalizando con los ruiseñores cuyo eco rebotaba de un extremo al otro del paisaje azulado...

Para orientarse antes de seguir su viaje, se quedaron prendidas en el musgo reverdecido que cubría parte de un tocón de enebro, aspirando los sutiles efluvios mezclados del tomillo y de la efímera flor de jara que se abrían a la primavera incipiente. 
La noche era fresca, la tierra aún sobrecogida por la última granizada.
Las ninfas cambiaron su atuendo ligero por unas escamas de reflejos metálicos verdes y azules y poco a poco el manantial adormilado se desperezó llenándose de vida susurrante y música...

A primera hora de la mañana siguiente, el sol las deslumbró entre los majuelos y descubrieron maravilladas el lecho de un riachuelo entre rocas orladas de liquen apergaminado y quebradizo; sólo se oía el leve zumbido de los primeros insectos que se afanaban en busca de frágiles florecillas. 



En algunos de los tramos del arroyo, unas cascadas en miniatura las esperaban para unir su voz a la de los pajarillos silvestres: multitud de carboneros, mitos y lavanderas alegres que las invitaban a zambullirse con ellos en la arena fina de unos recodos donde ya crecían frágiles lentejas de agua de un verde tierno. 



Allí trenzaron en su pelo las flotantes espirales de perlas negras de los sapos de canto melancólico; allí pintaron sus ojos con los reflejos irisados de un cielo de guiños intermitentes; allí acariciaron la piel jaspeada de los tritones que las rozaban tímidamente; allí aprendieron a bucear entre las raíces golosas de los marrubios olorosos que invadían las orillas...

Eran de entre las hadas, las más afortunadas: en el reparto de tareas de las Hadas trotamundos, les había tocado cuidar de la Naturaleza libre, alimentando con los secretos que la tierra subterránea les había entregado, al pequeño arroyo y la exuberante vegetación que lo escondía a los ojos de los mortales .
Y las ninfas, entusiasmadas con su suerte, se pusieron manos a la obra...      Continuará...                                  
  
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Pompita de agua nueva teñida de luna llena
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martes, 13 de febrero de 2018

Un espectáculo celestial 1


Ya sabes que a las hadas del invierno les encanta la oscuridad de la noche ¿verdad? Porque es donde pueden soplar a gusto su aliento boreal de cellisca sobre el paisaje, cubriendo cimas y llanuras.
Por eso, huyendo de las zonas templadas donde no son siempre bien recibidas pero donde algunas veranean durante nuestro invierno, la mayoría viven en el norte.
Y más aún: al norte del norte del norte: allí donde la Noche es Interminable.

Pero hace mucho, mucho tiempo, tanto tiempo que nadie recuerda cuando fue, existía un hada diferente.
La llamaban Aurora pues había nacido en las primeras semanas del Día Infinito.
Y por ello precisamente, a ella, si bien le gustaba la noche, como a todo su Círculo mágico de amistades, también le gustaba la luz. Y sobre todo, la luz alegre de los colores del Día sin Fin que adornaban con flores los fiordos, las islas de su infancia y las casas de pescadores de su comarca.
Y cada vez que menguaba el Sol y apagaba los colores antes de irse, ella suspiraba, languidecía y siempre le rogaba, entre súplicas y lágrimas:
"Por favor, aunque te vayas para tan largo viaje y te lleves la luz, déjame por lo menos los colores. No puedo vivir sin ellos."
El Sol, como es lógico en un señor tan ocupado, no le hacía ni caso, siguiendo su recorrido programado en el cielo desde tiempos remotos.
Pero Aurora era tozuda y cada año le repetía:
"Por favor, te lo suplico, déjame los colores para alegrar el cielo de la noche."
Y así, año tras año... Año tras año...

De tanto insistir, nuestra hadita inconformista terminó por enfadar al Sol que aquel día explotó de mala manera; y resoplando tal viento huracanado armó una tormenta que no veas:
¡Que si tenía cosas más importantes que hacer, que qué se había creído, que si no tenía tiempo para los caprichos de una mocosa incordiosa, que si esto y lo otro!...
Era tal su mal humor que, cosa nunca vista, sus ojos disparaban rayos, su boca escupía chispas, su pelo se retorcía con rizos de fuego y se tambaleaba su corona sembrando el pánico entre las orcas.
Hasta los habitantes de tierras lejanas se asustaron pues pensaban ellos que tanto ruido iba a despertar a los volcanes...

Pero allí, al norte del norte del norte, allí donde moran las hadas del frío, en el silencioso cielo negro de la Noche Interminable, el aliento iracundo del Sol, imantado por el deseo de Aurora, se transformó en volutas rosadas, amarillas y verdes que maravillaron hasta a los renos que, ya lo sabes, no se emocionan fácilmente, siempre rumiando en su rincón.
Y las hadas de la oscuridad que se habían refugiado atemorizadas en sus cuevas de hielo, en lo más profundo de los glaciares azules, salieron al oír carcajadas.
Primero pensaron que serían las risas burlonas de las estrellas que se vuelven muy escandalosas, allí arriba, al norte del norte del norte, cuando la luna se toma un descanso y las deja brillar a su aire, sin hacerles sombra.
Pero, estupefactas, descubrieron a Aurora dando vueltas y vueltas en el cielo, rodeada de elfos de luz y bailando feliz con un largo vestido de moiré de colores vivos e irisados.
Desde lejos, por encima de las montañas nevadas, se oían la música de su risa alegre, el crujir de seda de los velos vaporosos que la envolvían y, sobre todo, los susurros extasiados de los niños samis que la admiraban, boquiabiertos.

El Sol, que siempre se entera de todo gracias a la Luna chismosa, supo de la felicidad que él había traído por casualidad al hada Aurora y supo también del éxito del espectáculo que todos (¡hasta los armiños y los frailecillos, imagínate!) le comentaban.
Generosamente, le prometió que les regalaría cada año, a ella y a todas las hadas de su estirpe, cintas, velos y chales de colores con la única condición de que bailasen de vez en cuando en el cielo para alegrar a los niños, durante la Noche Interminable.

Y por eso, cuando la luna se esconde entre bambalinas para dejarles su sitio en el escenario del firmamento nocturno, aparecen Aurora y sus hijas bailando, sobre plumón de cisne blanco... allí, al norte del norte del norte...

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Esta historia me la contó hace poco la Luna llena ...
¿O todo fue un sueño que tuve mientras consultaba el programa del espectáculo de Aurora y sus hijas, luces danzarinas..?

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Pompita volando, volando... hacia allí, hacia el Camino del Norte...
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martes, 9 de enero de 2018

Magia incomprendida

Salían de la ducha, apenas envueltos en las mantas esponjosas de ondas grisáceas colgadas de los árboles. Y lo adivinaron todo al toparse con la silueta negra que los olisqueaba desde abajo:
El gato apenas se movía, husmeando el cielo donde hoy no adivinaba ningún aletear prometedor.
El animal no entendía nada de este silencio expectante y sin ecos.
Pero ellos lo sabían desde hacía días: pronto les dejarían salir a tropel para jugar. Sus rizos blancos brillaban de impaciencia, su piel azulada se estremecía de placer anticipado...
Repasaron las imágenes guardadas de sus anteriores juegos y fechorías y ya listos, se amontonaron cerca de la puerta: era su hora. Iban a caer mansamente o bailando encima del paisaje.
Y los duendes de los copos hicieron su entrada. Nieve susurrante.
Nieva. Y sigue nevando. El gato negro se pasea, lame las gotas blancas que se escurren en su lomo. Y, desconcertado, da una vuelta al jardín irreconocible. Espera el sol... que hoy está de huelga.
El cielo sigue lleno de duendes juguetones. Le incordian: no entiende la risa de estos seres mojados y azules.
...Y se refugia en casa, cerca de la chimenea que ronronea.

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Pompita blanca y sonriente.
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martes, 24 de octubre de 2017

Y el viaje continúa... 3

...Cuando las hadas comprobaron que en las copas semidesnudas de los árboles los pájaros cantaban con alegría renovada, ellas, reagrupándose cerca del camino de pendiente suave que llevaba al riachuelo, dieron por terminada esta etapa de su trabajo y se adentraron más profundamente en el oscuro túnel...          continuará...   

... Todo era sombra y silencio... Salvo por los suspiros de placer de la Tierra y el eco lejano de los terrones que se desmoronaban a su paso exhalando olor vegetal...
Su entrada a tropel en el subterráneo había sido algo brusca y caótica... Y la mayoría se sacudían ahora las alas arrugadas y las botas embarradas.
Al mirarse unas a otras, primero aturdidas y sin atreverse a hablar, y sorprendiéndose luego de su aspecto nada cristalino, les entró una risa incontrolable que rebotó multiplicada en el techo de la cueva donde se encontraban. Y durante un rato jugaron a asustarse mutuamente haciendo muecas grotescas, aullando como monstruos cavernarios y bailando enloquecidas.
Pero conscientes de lo que allí habían venido a hacer, empezaron a repartirse las tareas: les había tocado arrancar cada uno de los secretos de las profundidades para regarlárselos al riachuelo que, según les habían explicado, se encontraba un poco más abajo y las esperaba ansiosamente...

Pero una vez más o el mapa estaba mal dibujado o habían errado en su camino porque al mirar a su alrededor no veían más que los muros escarpados y el cielo negro de una inmensa cueva.
Y se maravillaron de lo que iban descubriendo: otras generaciones de hadas de la lluvia habían moldeado, para pasar el tiempo, allí encerradas pobrecitas, sin encontrar salida al aire libre, un decorado de velos, cortinas, columnas, estrellas translúcidas, diminutas perlas albas o figuras caprichosas y jaspeadas de macarrones y coliflores.


Se oía a veces un "plic... plic" apagado cuando, de puro aburrimiento, unas agotadas elfas de lluvias pasadas se dejaban caer en el pequeño charco que se intuía más abajo y donde crecían tranquilamente anémonas rojizas y setas pétreas...


La mayoría de las hadas empezaron a llenar su mochila de los preciados minerales que el río necesitaba.
Algunas se entretuvieron retocando las esculturas esbozadas por sus antepasadas.


Pero otras bajaron en busca de algún pasadizo secreto o cualquier rendija para escapar de este sitio de ensueño, espectacular pero algo opresivo, semejante a un teatro abandonado lleno de secretos...      continuará...

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Pompita de    "¡¡¡¡Por fin ha llovido!!!!"...
          Poco...pero las hadas trotamundos pueden seguir con su viaje. :)

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Ps. Para no perderos en el subsuelo y saber algo más sobre la azarosa vida de las hadas trotamundos, consultad en la guía los capítulos 1 y 2 , pinchando en las primeras palabras de este divagar. ;)
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martes, 16 de mayo de 2017

El sendero de los sueños

Eran siete. Cada una de un color distinto. Las habían mandado allí para purgar sus pecados que eran muchos; y despojadas de su cuerpo mágico que las hacía invisibles, les habían dado el disfraz de unas libélulas de alas frágiles y transparentes.


Y ellas que habían incordiado tanto a los humanos en sus anteriores encarnaciones, debían ahora sortear los múltiples peligros que acechan a todo ser alado.
Algo arrepentidas por sus fechorías pasadas, estaban en ese momento cavilando sobre la manera de enmendarse, conseguir su rehabilitación a los ojos de los demás moradores del bosque y recuperar, con el perdón, su aspecto habitual.

Su reflexión fue interrumpida por un ruido muy familiar: el de los pasos de un hombre que solía pasear por este bosque en busca de soledad y silencio... Aquel día, el hombre, algo mayor y cansado, se sentó en el tronco tumbado de un árbol que allí yacía entre la hierba; con ese banco improvisado el lugar se tornó propicio a la meditación o la ensoñación.

Al ver su rostro serio, ellas se acordaron de lo mucho que le habían fastidiado en el pasado: dolorosas picaduras de avispas, molestos zumbidos de mosquitos que le quitaban el sueño y más trastadas de chinches que en su inconsciencia de jóvenes e inexpertas hadas del bosque habían urdido para entretenerse cada primavera. Fechorías que a la vejez lamentaban y por las cuales estaban ahora sufriendo destierro.

Pero las hadas, al igual que los duendes, trasgos y demás diminutos que pueblan nuestro entorno, si bien son a menudo incordiosas por burlonas, son también personitas sin maldad verdadera. Y se les ocurrió una idea curiosa para alegrar al visitante...
Rozaron levemente las ramas del enebro que daba sombra al banco con el fin de salpicar a su huésped con el polvo de oro que en esta estación se escondía entre las acículas. Pues son muchas las propiedades de los enebros y las hadas lo saben. Y esta lluvia dorada viene cargada de poderes mágicos que los humanos no sospechan...


Al hombre le gustó el chaparrón impalpable a su alrededor. Le pareció bonito verlo bailar abrazado a los rayos de sol que se colaban entre los troncos. Pero estornudó estrepitosamente y parte del polen dorado se le metió en los ojos. Y se apoderó de él un sopor al que no se resistió, tan a gusto se encontraba en ese lugar.
Lo que no imaginaba ese hombre es que el sueño profundo que le invadió era un ardid mágico de las Siete Hadas del Enebro para hacerse perdonar lo mucho que le habían perseguido y maltratado toda la vida con sus bromas de mal gusto.

Ellas entraron por sus ojos, como siempre lo hacen; se escondieron detrás de sus párpados y se apoderaron de sus sueños... Pero esta vez no fue con la idea de truncarlos sino con el propósito de dejarle un regalo muy especial, un favor exclusivo...
Sembraron a su alrededor el sueño de un bosque umbrío y misterioso, con su camino serpenteando entre musgos y flora silvestre de jaspeados tonos azules. Se respiraba paz en este bosque sólo poblado de pájaros cantores. Y le dejaron pasear de la mano de sus recuerdos y sus sueños juveniles por el camino de polen dorado, entre campanulas celestes y jacintos olorosos.

Cuando el hombre despertó, se encontró de nuevo en el paisaje de siempre y muy lejos del Bosque Dorado de las Hadas pero volvió a su casa con una sonrisa en los labios.
Y al pasar al lado de la señal de la senda encantada, le guiño un ojo al ciervo alado que le había mostrado otro de los muchos caminos de los sueños del ser humano.

                                                          de la red: una de las múltiples señales mágicas de Bretaña

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Pompita con guiño:
Este cuento está dedicado a un curioso perrito verde que me lo inspiró, regalándome el favor especial de pasear por
                      el Camino de las Hadas de su lejano Bosque Azul.
Muchas gracias, P. ;)
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martes, 7 de marzo de 2017

¿A qué saben las nubes?...


De repente notó frescor en los ojos a través de sus gafas negras.
Y preguntó:
- ¿Se escondió el sol verdad?
- Supongo... Noto una nube cruzando el cielo...

-... ¿A qué sabrán las nubes?...

Él cogió su mano y jugando dirigió su dedo índice hacia el cielo y le dijo:
- Dímelo tú.
Ella se rió, se llevó el dedo a la boca, lo saboreó y contestó muy seriamente:
- A helado de vainilla, mi preferido.
- Acertaste. Y ¿ésta otra?
- Muy fácil: a chantilly con moras y arándanos.
Siguieron caramelo de mandarina y sorbete de violeta, pollo asado y setas, espárragos silvestres y agua de mar...Y mil cosas deliciosas que inventaron sobre la marcha mezclándolas con recuerdos de sus lecturas descubiertas con las puntas de los dedos.
-  ¿Y esta nube? A ver si lo adivinas...
Estuvo dudando, sacudiendo la cabeza; y volvió a apuntar con el dedo.
- No sé... No me gusta... Sabe rara... ¿A metal?... ¿A humo?...
¿A pólvora?..
- Podría ser... Se ha levantado aire: se aproxima una tormenta, creo.

Descubierto su nuevo juego, siguieron probando cada nube, cada día, apuntando al cielo.
Un banquete de sibaritas; entelequia donde mezclaron sin orden ni lógica el sabor de las nubes.
Unas desfilaban rápidamente, insípidas ya de tan conocidas. Otras tenían sabor a frutas exóticas que no supieron identificar. Algunas empachaban con sus ribetes de azúcar impalpable.
Tuvieron, de madrugada, desayunos opíparos de tímidas nubes azules. Y cenas anaranjadas de atardeceres melancólicos. Festines de cúmulos con sabor a tiza escolar. Meriendas deshilachadas y susurradas de brumas verdes. O rosadas a cualquier hora...
Y así, durante meses, degustaron el cielo a su manera.

Pero empezó el buen tiempo, sin nubes de ninguna clase. Se quedaron hambrientos de sueños. Preguntando cada día a los que miraban el cielo y redactaban informes meteorológicos:
-¿Tendremos nubes hoy?
Y se hundían en el silencio de un cielo sin relieve, con sabor amargo, cuando les contestaban tan ufanos que no; que no había nada en el cielo; que estaba totalmente despejado; que iba a ser un hermosísimo día de primavera; que ya era hora ¿no?...
Y se acabó el juego infantil del sabor de las nubes.

Pero años después, los dos seguían preguntándose, a solas detrás de sus párpados ciegos:
- ¿A qué sabrán las nubes?...

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Pompita volando, con pregunta errática.

Ps. Y algo nuevo para los "golosos"...
http://www.aemet.es/es/noticias/2017/03/Nuevo_Atlas_Nubes
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martes, 17 de enero de 2017

Trasgo del hielo



Ocurrió.
Confiada, estaba flotando, no sabía hacia dónde, dejándose llevar, adormecida por una ola suave que la acunaba.
Entre cielo de agua titilante y cielo de tenue nube crepuscular, rubor brumoso de alhucema.
Y ocurrió.
De madrugada.
En una metálica madrugada de luna llena, estrellada y cortante.
De madrugada. Se quedó presa. Congelado el baile.
Muerto el ímpetu de sus sueños utópicos y viajeros.
Mordida por el soplo engañoso de un beso susurrado que recorrió su espina dorsal.
Atrapada en la inmovilidad repentina por el veneno.
Que se introdujo en sus venas, paralizándolas, deteniendo las pocas pulsaciones verdes que le quedaban.
Que volvió quebradizas sus frágiles orillas.

Sólo un relámpago breve de lucidez: el tiempo de ver el mortecino destello azul... Un vaho letal, aliento del malévolo trasgo del invierno. Silbando despreocupadamente entre las ramas...
Y su joroba cínica alejándose con paso tranquilo e indiferente hacia otra víctima.

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Pompita helada.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

Regalos de Año Nuevo

Al nacer yo, mi hada madrina fue muy generosa con sus regalos. Y a menudo le doy las gracias por ello. Sin embargo existe un don que no le dio la gana otorgarme (sus razones tendría) ; un don que a menudo echo de menos: el saber dibujar.
Bueno... por supuesto que sé dibujar algunas cositas, como mucha gente creo... pero mis dibujos son siempre iguales de sosos y hasta a los niños les dan risa... Y lo peor... luego me miran con pena.
Deben de pensar: "Tan mayor y ni sabe dibujar la última nave espacial a Marte y siempre nos dibuja lo mismo, pobrecita...")

Para muestra de mi arte con el lápiz, un botón.
(Bueno, como hoy me encuentro generosa...tres botones por el precio de uno. Para que luego digáis.)


Así que no sé cómo haceros llegar mis regalos... (¿de verdad no os apetece disfrutar de la compañía de un elefantito o un gatito?... Vale. Lo entiendo... Os podéis quedar con el botón de todas formas. Siempre viene bien tener un botón de más. ¿no?)

Pero mi hada particular era muy lista y puso en mi camino a mucha gente que me inspira. Y con uno de ellos me siento bastante identificada; bueno... a él le gustaban los aviones y a mí, no. Pero salvo este detalle sin importancia, le pasaba lo mismo que a mí: era un poco torpe en esto del arte de dibujar animalitos para alegrar a quien lo necesitaba. No sabía dibujar otra cosa que boas en pleno proceso digestivo (un tema interesante pero que nadie entendía: lo interpretaban como sombreros.) (la gente tiene más poca imaginación... Y como decía mi gran amigo Antoine: "Los adultos siempre necesitan explicaciones...")

Pero tuvo una idea genial... Así que, admirando hoy un hermoso atardecer que me lo recuerda, me inspiro en él, en una de mis lecturas favoritas desde hace tantos años y ...


Ahí dentro, si buscáis con ganas e con ilusión de niños, encontraréis lo que más os apetece para el Año  2017.
Ya sé que todos tenemos deseos en común a nivel planetario pero algunos de nuestros deseos son muy nuestros, muy íntimos. E igualmente difíciles de conseguir...
Sin embargo, espero de todo corazón que cada uno dé con el suyo. Y si no está vuestro regalo deseado en la caja mágica de este año, en la búsqueda, mes a mes, encontraréis otras cosas que os podrán alegrar igualmente. Seguro.

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Pompita con todo mi cariño para 2017.

PS. Nos vemos dentro de nada. :)
Si logro no atragantarme con las uvas... O terminar como casi siempre, como un hamster, con seis uvas en cada moflete.
No sé si es casualidad pero tengo comprobado que... ¡siempre me tocan las uvas más gordas! :D
Ps bis:  tampoco sé dibujar un hamster...
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martes, 29 de noviembre de 2016

Se busca



No eran unos calcetines corrientes. Ni mucho menos. ¡Menudo par!
De entrada habían sido elegidos por esta razón; y lo sabían.
Y presumían de ello.
Sí, entre los calcetines también existe este feo defecto.
Aunque hay que decir en su defensa que ellos tenían motivos para creerse tan importantes:
Se habían movido mucho, siempre en buena compañía y en situaciones y sitios variopintos. Sabían idiomas: hasta chapurreaban en sánscrito (del bueno) y también entendían de respiración, meditación e incluso de música oriental. En otros ratos, con la compañía de calentadores arcoiris, se transformaban en niños deportistas, siempre alegres y juguetones con aros de colores, pelotas gigantes y gomas divertidas.
Siempre libres de zapatos también: no los necesitaban pues llevaban sus propias huellas y pisaban fuerte, con seguridad, con alegría, sin sudores incómodos ni estrecheces de botas apretadas.
Y sobre todo, sobre todo, eran amigos de sus amigos (unos pies inquietos (los míos) que les tenían un cariño muy especial.)
Eran unos calcetines privilegiados...

Hasta que un mal día, no supieron nunca porqué, después de estar una temporada enjaulados por un asunto que ahora no viene a cuento (pero del cual, me aseguraron, no tenían la culpa), les guardaron como reliquias en el fondo del cajón... Pobres...
No les gustaba la compañía de los demás habitantes del lugar, todos de colores neutros, unos tipejos apagados y tristones, siempre malhumorados y protestando cada vez que los necesitaban; y todos contando horrores de las vueltas de la lavadora; que a veces les dejaba hechos unos trapos o como alma en pena buscando a su compañero: unos vecinos pesados, gruñones y aburridos.
¡Con lo que les gustaba a ellos los baños de espuma, bailar y dar volteretas entre otras prendas y buscarse jugando al escondite! (a ellos nunca los ataban juntos: eran tan especiales que siempre los encontraban a la primera a la hora de secarse el uno al lado del otro en la cuerda: unos privilegiados)

Así que un buen día, cansados de tanto bostezar olvidados en el fondo del cajón, decidieron escapar... sin sospechar el cariño infinito que se les tenía... Y por eso se les busca...               

Aquí otra foto con sus huellas; por si fuese necesaria una identificación más rigurosa. (habrá recompensa para quién aporte datos de su paradero)

                                           
Por favor, volved...
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Pompita... con suavizante.

martes, 8 de noviembre de 2016

Y el viaje continúa...2


...Luego caerán, una tras otra, en la tierra donde les espera otro viaje,
no menos largo y emocionante.
Pero esto es otra historia que te contaré... otro día.

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- "Plic, plic. ¿Me recibe? ¿Me recibe? Objetivo a la vista. Listas para el desembarco. Corto."
En ese momento empezaba la segunda etapa de su viaje. Según el sitio del aterrizaje, su misión prometía ser más o menos movida; más o menos sombría también. Pero esto lo sabían desde su último vuelo. Y lejos de amedrentarlas, las llenaba de orgullo por la importancia de su cometido.
La capitana Plic nº 0411/H2O y su escuadrón de azules hadas trotamundos habían tenido la suerte de caer en un paraje seco y requemado por el sol donde era de suponer que los indígenas las recibirían con la sonrisa, la boca y los brazos abiertos, como agua en mayo. Y así fue.
Deslizándose ágilmente por tejados y canalones, por ramas y troncos, pronto encontraron entre la maleza reseca el camino que las llevaría al mundo subterráneo donde se desarrollaría la primera parte de su misión. En un tramo del angosto túnel que rodeaba un hormiguero, se toparon con multitud de cadáveres de insectos y no menos raíces sedientas que acabaron rápidamente con sus reservas portátiles de agua. Pero las valientes hadas de la lluvia, en un vaivén incesante que duró todo el día, consiguieron traer alimento en cada rincón.
Para algunas plantas de ese jardín agostado y castigado por un verano largo y despiadado, llegaron tarde: ya no podían hacer nada por ellas salvo ayudar a su descomposición y después de compostar sus restos, arrimarlos al pie de las plantas más débiles.
Para otras, fueron una salvación y muchas recobraron color y olor y pronto, entre dos chaparrones, los elaeagnus y los madroños se llenaron otra vez del zumbido de insectos rezagados y golosos.


Cuando las hadas comprobaron que en las copas semidesnudas de los árboles los pájaros cantaban con alegría renovada, ellas, reagrupándose cerca del camino de pendiente suave que llevaba al riachuelo, dieron por terminada esta etapa de su trabajo y se adentraron más profundamente en el oscuro túnel...          continuará...                                                                                                    
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Pompita de un día de otoño por fin lluvioso .

jueves, 31 de diciembre de 2015

El árbol de los deseos


Cuenta la leyenda que hubo una era en que, cada año, los duendes, hadas y demás diminutos se reunían en alegres tertulias donde cada cual lanzaba la semilla de sus mensajes a los cuatro vientos.
Esos mismos vientos se multiplicaban, se enlazaban y bailando se encargaban de sembrarlos en cada resquicio de la Tierra donde a veces prosperaban y otras luchaban para crecer y a su vez transmitir nuevas semillas.

Mas cuentan también las crónicas que los vientos se volvieron locos.
Y, huracanados, secaron la tierra otrora fértil y dadivosa; alejaron las lluvias que se perdían sin rumbo e hicieron crecer desiertos donde se secaban las flores sin llegar a abrirse sus perfumes.
El cielo se volvió gris de ceniza. Las aves enmudecieron.
Y con ellas el mundo.
Los duendes y las hadas desaparecieron de la faz de la Tierra que se había vuelto hostil, inhóspita.
Desaparecieron. Se escondieron...

Pero una mañana, animados por no se sabe muy bien qué esperanza, salieron de todas partes: del fondo de los baúles cerrados, de los joyeros antiguos de llaves perdidas, de las cajas de cartón donde dormitaban entre fotos deslavadas, de entre las páginas de los libros olvidados en estanterías polvorientas, de detrás de los espejos azogados, de debajo de los cimientos de las casas o de las tejas y pizarras acariciadas por la luna.
De los mil lugares insospechados donde se refugiaban...
Y volvieron cerca de los árboles. Primero en silencio.
Mas luego clamando sus anhelos.

Y, tal como lo relataba la leyenda antigua, colgaron de nuevo sus hojas en el árbol de los deseos. Como cada 31 de diciembre.



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Con cariño,
os deseo que se cumplan vuestros Siete grandes o pequeños Deseos
                                    
                                            para   2016
 .

martes, 3 de noviembre de 2015

Sol, lluvia y sol



                          Sol, lluvia y sol
                          Las hadas se disfrazan
                          De terciopelo



                                          Sombreros negros
                                          Los brujos se acercan
                                          Lluvia, sol, lluvia



                                                       Anillos raros
                                                       Aquelarre bailarán
                                                      ¡Ojo con ellos!

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Pompita de otoño
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martes, 13 de octubre de 2015

A orillas del río

                                                                foto: regalo de Diego

Lo despertó antes del amanecer una fragancia fresca de vegetación hinchada de promesas. Y supo que había llegado la hora de emprender el camino de vuelta a casa.
El río baja mansamente entre abrazos de avellanos que se inclinan sobre sus aguas indolentes; y conserva en esa hora temprana jirones de bruma flotando como algas aéreas donde se escurren pálidos destellos de sol.
En un recodo de la estrecha senda de tierra negra que sube bordeando el río, se para un instante. Reconoce cada tronco; acaricia con la mirada unas violetas rezagadas; intuye unas setas escondidas bajo zarzas; saborea unas moras tardías que han escapado al pico de los mirlos.
Y con los ojos entrecerrados, inspira largamente los olores familiares.
La neblina que se eleva del río tranquilo le envuelve de sonidos apagados: los murmullos del agua en la ribera herbosa, el aire saturado de humedad que se desliza de las ramas hacia su cuerpo musgoso, el roce de un animal reptando sobre el lecho de hojas de abedul, el vuelo repentino de un pájaro sorprendido. Y disfruta del placer reencontrado.
El duende del bosque reanuda su caminar pausado internándose ahora entre los helechos. Imperceptibles jeroglíficos vegetales que sólo unos pocos saben descifrar le llevarán a un claro de viejos carballos donde le esperan otros seres misteriosos.
En el nacimiento del río tienen su morada.

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Pompita de paseo en un día lluvioso.
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martes, 15 de septiembre de 2015

Primer día de colegio

Lo mira dormir: es tan enternecedor con su cabellera rubia enmarañada como estopa, sus mofletes colorados como las grosellas, su narizota enorme tan parecida a una berenjena, igualita a la de sus abuelos y la hermosa verruga donde asoman ya tres pelitos a pesar de su corta edad...
Como cualquier madre, se recrea en su contemplación; y acariciando sus piececitos, piensa que pronto tendrá que curtir pieles de setas gigantes para hacerle sus primeros patucos: pronto cumplirá diez años y empezará a andar. Sonríe. Y dentro de otros diez años, empezará a hablar.
Y canturrea.

Va al fondo del refugio donde un estrecho túnel comunica con la madriguera del frailecillo familiar. Es su proveedor de pececillos y moluscos cuando en verano nadie puede salir a pescar a pleno sol.
Como le quedan pocos camarones congelados de la estación anterior, Mamá Troll elige del secadero un gran bacalao que echa también a la olla y añade una pizca de tomillo rastrero, unas semillas de angélica y una generosa cantidad de musgos y líquenes que los cuervos le han traído de las montañas esta misma mañana. Y con esto y un sorbete de arándanos y ruibarbo, ya tiene listo el desayuno del pequeñín.

Desde el rincón donde su caldero borbollonea al calor de la lava cercana, sigue vigilando a su retoño. Sabe que quizás tendrá que esperar mucho rato pues ése le ha salido dormilón (no como el mayor, que con un par de semanas de sueño tenía suficiente)
Entonces se entretiene trenzando fibras de juncia y crines de caballo para colgar el nuevo amuleto de luna llena de su bebé.
Pero pronto oye un eructo cavernoso, seguido del estruendo de un pedo prolongado cuyo olor a azufre llega hasta ella; y se acerca al nido de lana de oveja y telarañas donde está su niño: ya está despierto. Está despierto su mocosete, resoplando como una ballena resfriada. Y ladrando de placer cual foca juguetona, se rasca el barrigón peludo con las uñas:
tiene hambre.

Después del desayuno, toda la familia irá a la charca comunitaria de aguas calentitas: es un lugar de convivencia y los trolls son muy sociables y aseados. Se toman un baño con los vecinos por lo menos una vez cada siglo y charlando amigablemente en este sitio tan relajante, a veces se quedan somnolientes entre vapores olorosos.
Luego le colgará su amuleto protector al cuello y por primera vez lo llevará a la guardería donde, después de una siesta cortita y sin luna le enseñarán los colores del arcoiris pintado en las cortinas de la aurora celestial. Y hoy, como la oscuridad de la noche islandesa se presta a muchas actividades al aire libre, quizás toque excursión a los acantilados para aprender a gritar como los fulmares. Y a contar ovejitas, que es algo que les encanta a todos; aunque muchos pierden la cuenta y terminan bostezando.
Ein, tveir, Þrír, fjórir, fimm, sex, sjö.... zzzzzz...


Es que, sabes, los trolls no son tan distintos de los demás humanos.
Ni los niños, ni sus padres. Muy parecidos.
Salvo quizás por el tiempo que ellos dedican a su actividad favorita: dormir.
De hecho, un proverbio troll dice:
    "Vivir es una cosa que se hace sólo cuando no se puede dormir." *
(pero quizá sea una broma: los trolls son muy bromistas, ya se sabe.)

Esta afición al dormir tanto y en cualquier lugar, a veces les juega malas pasadas:
Imagínate que si durante la gran noche islandesa se quedan mirando el cielo contando estrellas y sesteando al aire libre, corren el riesgo de que al despuntar, el sol del interminable día veraniego los sorprenda durmiendo y los convierta en roca hasta la siguiente noche larga...
Eso si tienen suerte; porque algunos llevan siglos y siglos petrificados...

Como este pescador que esperando a que picaran los arenques, aprovechó para echar una cabezadita y allí se quedó.

 
O como ésos que volvían en su barca y siguen anclados
Reynisdrangar
 
O como esos otros que la naturaleza ha terminado por arropar no dejando más que la nariz fuera.
 

Menos mal que a menudo la vegetación los esconde a los ojos de los humanos pues estos, en general, ni comparten sus gustos ni los entienden e incluso los persiguen de mala manera. Una pena.
Algunos al contrario, se interesan por ellos y los respetan, llegando a desviar el trazado de las carreteras para no molestarles.
Y otros los buscan en cada roca cubierta de musgo para que les cuenten cosas de su país.

                                        (¿dónde están los trolls?...)

No olvidemos que ellos fueron los primeros habitantes de la isla, mucho antes de la llegada de Ingólfur a la "bahía humeante"

       Pero esto es otra Historia y te la contarán en los libros del cole...

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Aviso:
En los datos que aquí te desvelo sobre la vida íntima de los trolls, cualquier parecido con el muy documentado (¡hasta con mapa incluído!), divertido y profusamente ilustrado libro de
                                              Brian Pilkington
NO es fruto de la casualidad o de malas artes de plagio, sino de mi deseo de hacerme eco de sus palabras sobre los Trolls islandeses, esos seres tan desconocidos e injustamente temidos.


Un libro  para disfrutar y aprender... a cualquier edad.

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Pompita para que los niños no se asusten si la noche es muy negra y poblada de ruidos desconocidos.
Para que, desde su primer día de colegio, aprendan a querer a otros niños tan distintos de ellos como lo son los trolls.
Y para que en las playas de cualquier país del mundo no encuentren más que conchas de colores con las cuales proteger los hermosos castillos que construyen en las orillas del mar, desafiando las olas.

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Añado: Pompita especial dedicada a un niño especial :
Mateo, que en estos días, empieza su andadura por el cole nuevo.
Muac para él. ;)