y a lo bestia también... ¿Estais preparados?...
Empezaré por los ovinos: ya sé que no es un bicho de lo más apasionante pero en ese país, es más fácil cruzarse con ovejas que habitantes. Dicen que ganan a los humanos por tres cabezas a una. Y me lo creo: están por todas partes; en las llanuras, o cerca de las cascadas, en las laderas escarpadas, o cerca del mar, entre rocas o cruzando las carreteras.
Los caballos, preciosos, con su renombrado trote particular.
Los renos, no fáciles de ver, lejanos y esquivos y con pelaje de camuflaje.
Faltarán las hormigas: por lo visto, en Islandia no hay. (curioso ¿no?)
Pero hay arañas: hasta en los acantilados de las playas, bien ventiladas, he visto sus telas.
Y pasando de lo muy pequeño a lo muy grande, seré original pues no os pondré las tradicionales fotos de ballenas. Toda la vida presumiendo de "Yo, no me mareo nunca en barco" y hace años en Noruega, para ver las ballenas, me estrené... ya me entendéis. Y no quise repetir la desagradable experiencia.
Y faltarán también las focas (vistas pero no retratadas: son más rápidas que yo) ¿O esto era una foca?... No sé, no sé... Quizás... Le dejaremos el beneficio de la duda.
Otros bichos que uno espera encontrarse en esa tierra vikinga son los descendientes de Hugin y Munin, los cuervos de Odín. Algunos vi y oí.
Pero más me gusta traeros esta versión de voz más melodiosa.
PERO, PERO, PERO...
Pero traigo en la cámara y en la retina a algunos de mis amigos alados: en este paraíso para ornitólogos y "pajarólogos", las cámaras hacen horas extras, echan humo, gastan sus baterías a la velocidad de la luz... y hasta se cabrean algunos días pidiendo descanso.
Eideres, fulmares, gansos, tordos, patos, " X" (¿agachadizas?), gaviotas (¿pero cuáles?), págalos (¿?), falaropos, charranes, ostreros y "eteces" (muchos eteces, algunos vistos y otros no, algunos identificados y otros no) Intentar ponerles nombre a cada uno me costó trabajo. Y no estoy muy segura de haber acertado...
Y... Y... ¡¡ frailecillos por supuesto!!
El frailecillo, el ave emblemática de Islandia cuya imagen se encuentra en todas partes y de cualquier forma, tamaño o material.
No me pude resistir y ejerciendo un día, no de "senderista cámara en ristre" sino de "turista pura y dura"... me traje uno: está en la puerta del congelador (para no sentirse demasiado desplazado) con otros bichos viajeros.
Hay mil maneras de disfrutar de un viaje...
y contemplar la vida animal es una de ellas para mí.
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