martes, 19 de mayo de 2015

Te tengo que contar algo raro...


- Era una farmacia de ésas muy antiguas ¿sabes? En el escaparate, pastilleros varios, unos de madera con tapas esmaltadas, otros de marfil amarillento con filigranas de plata, diseminados en un bosque de plantas silvestres... Encima de la puerta, una hilera de cascabillos que tintineó al entrar... A su izquierda, había un gran jarrón de cristal panzudo medio lleno de pétalos de flores y cerca, una frase troquelada en forma de flecha señalando su boca: "Gracias por donar tu savia."... Al otro lado de la entrada, un sillón de orejas, desvencijado y cojo, la tela ajada dejando ver su relleno de esparto... Estanterías de madera oscura repletas de frascos de cerámica cuidadosamente alineados...  Con su olor entre adelfa y alcanfor... Unos visillos de encaje apolillado colgados de una barra de latón en la parte trasera del escaparate no dejaban pasar más que un mortecino hilo de luz dorada donde bailaban motitas de polvo...
No había expositores de colorines ni batas blancas con sonrisas de dentífrico ni máquina moderna para tomarte la tensión...
- ¿Por qué entraste?
- No sé... Hacía muchísimo calor fuera... Me dolían los pies de tanto patear la ciudad. Quizá pensaba comprar algunas tiritas: me rozaban las sandalias. No lo recuerdo...
- Sigue.
- Pues al entrar, lo primero que noté fue un frescor de heno mojado... o de moho... y sobre todo el silencio. Como de bodega... o de cripta ... Y como no venía nadie para atenderme y no tenía prisa, me puse a mirar los rótulos en los cajones de las estanterías bajas. En algunos había sólo pequeñas láminas de flores sencillas. Otros estaban escritos a mano, con tinta deslavada, roja y negra, y una caligrafía rebuscada llena de volutas donde pululaban mariquitas. No pude descifrarlos todos por la letra borrosa. Y algunos eran sorprendentes...
- ¿Qué ponían?
- Cosas como... "Infusión para abrir sonrisas" o "Pomada para dar brillo a las calvas" o "Jarabe para quitar murciélagos de la garganta" ... todos eran así de raros.
- Pues sí...raros, rarísimos... ¿Qué más viste?
- También había en el mostrador dos canastillas de mimbre de igual tamaño: en el asa de una, llena de caramelos verdes y violetas, un lazo de tela blanca ponía "Para olvidar las cosas que..." y en la otra, llena de aceitunas violetas y verdes, el lazo decía "Para recordar las cosas que..."
Y entre las dos, una invitación:
                             "Sírvete pero escoge sólo dos de cada cesta."
- ¿Y qué hiciste?
-  Justo cuando iba a servirme, fue cuando apareció un hombrecito... También era extraño: un vejete bajito, rechoncho, de pelo ralo y ojos brillantes. Lucía un poblado mostacho rizado y vestía un chaleco pasado de moda, de satén damasquinado verde chillón sobre una camisa gris llena de manchas... Llevaba también un monóculo sin cristal en la mano derecha y en la otra una probeta llena de un precipitado burbujeante de color canela... En el hombro, un lagarto azul...
Me miró afablemente y me preguntó:
" ¿Qué deseas?..."
- ¿Quién? ¿¿El lagarto??
- Jajaja... No. El lagarto dormía... Me lo preguntó el boticario.
- Ah... Sigue.
- ...
-... ¿Y...?...
- ... Y no sé cómo sigue porque fue cuando me di cuenta de que tenía la mano pringosa del helado que se derretía. Me dolían los pies y me dolía la cabeza también por el olor dulzón de las adelfas. El sol había bajado trás los edificios pero yo seguía sintiendo mucho mareo a pesar de la proximidad de la fuente donde me había parado... Entonces me levanté del banco, metí las manos en el agua helada y me fui en busca de una farmacia. Pero en ese barrio, no había... Sólo covachas viejas, y la mayoría de ellas con puertas cerradas con candado, sin rótulos, sus ventanucos de cristal roto opaco de telarañas, ...
- ... Y... ¿qué más?...
- Nada más... Entré en una que me parecía abierta: me llamó la atención su pequeño escaparate, los pastilleros de anticuario, el reclamo del cantueso polvoriento, de los celemines llenos de bulbos de vinagrillo, las semillas negras de adormidera entre erizos de estramonio y ...
Y lo que pasó después, ya lo sabes... Era como una farmacia de ésas muy antiguas...
- ...
- No me mires así. Ya te dije que era muy raro lo que te tenía que contar...

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Pompita sin más.


martes, 5 de mayo de 2015

Para los que creen en los duendes...


Diminuta. Sin apenas brillo. Como una mota de polvo colgada inmóvil entre bambalinas. Perdida en un barrio alejado del tío vivo gigante donde sus hermanas giraban en un predecible vals sin escapatoria ni descanso.
Algunas llevaban apellidos rutilantes de rancio abolengo; otras, nombres de animales de todos conocidos. Otras muchas, un escueto mote sólo compuesto de letras y cifras, incomprensible para los mortales.
Y todas acaparaban las miradas de unos astrónomos estudiosos que las hacían suyas sin pudor, dándoles su propio nombre o el de sus amigos.
Pero ella, tan etérea, resultaba invisible para sus gafas de metal frío y cristal grueso. Ni los astrólogos tan dados a fantasear sabían de dónde venía ni de qué estaba hecha ni cuál sería su futuro.
Nadie reparaba en ella.
Tan insignificante que nadie le había puesto nombre al nacer.
Y aunque unos pocos terrícolas, en sueño, intuían su existencia,
nadie la había visto jamás.

¿Nadie?...

Una noche, unos alegres duendes galácticos celebrando cumpleaños (o lo que fuera pues a los duendes les gusta celebrar), unos duendes, os decía, soplaron con tanto entusiasmo que un tornado arrancó los imperceptibles hilos que la ataban en su rincón del universo y sintió la atracción de todas sus partículas plateadas hacia un imán gigante: el planeta azul.

En su caída, su larga cabellera multicolor dibujó un fugaz camino luminoso tras ella. Caía, caía de forma vertiginosa y su carcajada la rodeaba de luz.
Fue muy breve su viaje: llegó feliz a su destino estallando en el tejado de nubes que apenas se hundió bajo su peso. En el suelo, un leve cráter que los vientos y las mareas borraron enseguida no dejando más que una extraña flora de estrellas de mar de las cuales manaban cristales opalescentes.

Unos pocos niños la vieron caer al alba y fueron en busca de su risa de libertad. Anduvieron años y años; hasta encanecer. De su largo viaje, los exploradores trajeron recuerdos y canciones. Muestras de animales y plantas. Vivencias y cuentos. Mapas de sabores extravagantes y de paises desconocidos. Grimorios antiguos de difícil y apasionante lectura.
Trajeron tesoros.
Pero sobre todo, encontraron unas piedras de agua de suave perfume.
Pequeños óvalos irisados de cálidos destellos; y que fueron su bien más preciado. Las llevaron siempre con ellos, engarzadas en hilos de luna adornando sus dedos.
Pues esas gotas anacaradas nacidas de una estrella fugaz tenían un extraño poder: imantaban colores, sonidos y rimas que acudían a ellos con sólo acariciar las gemas de agua y evocar la estela mágica que deslumbró su infancia y despertó su imaginación.
Algunos viajeros se hicieron pintores para dibujar caminos de colores en el cielo. Otros se hicieron músicos para guiar los recuerdos.
Todos se hicieron poetas para sembrar a su vez estrellas remotas en los sueños de los niños.


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Pompita divagando mirando el cielo en busca de una estrella fugaz...

(... Y que me perdonen los estudiosos del tema por mi interpretación particular y nada científica de su vida breve.)
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jueves, 23 de abril de 2015

Costurero


Hay libros que te enamoran desde las primeras páginas. 
Que te hablan. Que te embelesan.
Y que, al cerrarlos, te dejan con una sonrisa en los labios; aunque te quedas con pesar por la magia que se termina. 
Es lo que me pasó hace unos años con este libro:

 “Los hilos del corazón” ("Le coeur cousu") de Carole Martinez

Lo releí hace poco y algunos párrafos o capítulos son para mí pequeñas joyas. 
Dignas de ser regaladas en un día como hoy. 
Como éstas y otras muchas a lo largo de un libro a veces tierno, otras duro; pero siempre teñido de fantasía:


No os voy a "destripar" la historia (ni sabría hacerlo). Sólo intentar haceros llegar un poco de su poesía y las ganas de leerlo si no lo conoceis ya; 
O releerlo para empaparos de nuevo de magia lectora. 
Siguiendo el vuelo errático de una mariposa. O escuchando el relato de sus vivencias efímeras.
Un costurero, para mí lleno de ecos en esta fecha.


El costurero de mi madre fue mi primera cueva de AliBaba. 
Y mi juguete más entretenido para ejercitar sentidos, para reconocer colores y formas. Y el tacto cálido del huevo de boj de los meticulosos remiendos. Y los olores de las telas nuevas o viejas, el cosquilleo en la nariz al acercarla a los trocitos de piel suave.
E incluso sorprendentes sabores pues a mis pocos años, las tizas de dibujar patrones sobre las telas, esas tizas, envueltas en su papel de seda,  se me antojaban de caramelo que había que catar, para adivinar con los ojos cerrados si eran la rosa o la azul.

Mi primer acercamiento a los números, contando-cantando botones esparcidos en la alfombra, formando retahílas sinuosas de trenes de vagones dispares o agrupándolos en conjuntos de colores, de tamaños o de dos agujeros o cuatro. 
Y haciendo collares o pulseras, trenzando hilos de bordar o ensartando botones, alternando flores de nácar, calidez de madera o hueso y anclas marinas de metal dorado; botones-relicarios llenos de recuerdos y que sus manos previsoras guardaban para darles otra vida. 

Mi primer contacto también con lo que hiere, corta o pincha y que hay que aprender a manejar con cuidado y respeto, observando.
Tijeras varias, algunas de formas curiosas, rectas o curvas, como el pico de diferentes pájaros alimentándose de telas diferentes. O tijeras enormes con dientes de cocodrilo. 
Y el erizo del acerico, enjoyado de cabecitas de cristal multicolor. 
Y jugar con el imán para recoger todos los alfileres sencillos en su cajita de cartón.
Tres o cuatro dedales. Uno de plata con sus iniciales.

Aprendizaje estimulado por el encantamiento de los muchos retales que siempre se podían combinar de infinitas maneras; y hacer, con lo aparentemente inservible, algo nuevo.
Retales siempre llenos de sorpresas que la navidad traía para mi muñeca: diminutos sombreros y bolsos, colchas del tamaño de un pañuelo multicolor o vestiditos para cada estación. Y que, curiosamente, eran igualitos, igualitos a los míos...
Despertar del juego de imitar. Cosas caseras, prácticas y modestas. Estuches para los lápices, bolsas varias, fundas de libros o cuadernos... 
Tantas cosas se pueden hacer con retales, hilo e imaginación ¿verdad?

Por ejemplo, impactantes obras de arte naïf como este patchwork del cual os traigo sólo un cachito. Como una página de un libro de tela. Como un manuscrito iluminado que no necesita texto para plasmar su mensaje.
Tapiz descubierto en una iglesia de Bath algunos lustros después.
Tapiz de paciencia y puntadas diminutas que me maravilló unos meses antes que el libro pero que para mí va unido a él, por su ingenuidad a veces, sus escenas primitivas y duras otras pero sobre todo por el conjunto de su derroche de colorido y de fantasía. De imaginación.


Composición de retales que, al igual que las lanas de mis mantitas de sofá, están llenos de sentimientos y recuerdos que arropan el presente. 
Como en esta película que me encanta también (a pesar de la traducción románticona de su título): 

                                            https://www.youtube.com/watch?v=PNIiPBsnftI 

 Aquí otro costurero. El mío. Poco activo hoy; pero que ha visto pasar también muchos momentos de disfrute. 
Y su apéndice del bolso, mi primer intento adolescente en el juego de juntar cositas; muy ajado ya de tanto pasearlo y donde guardo ahora las tareas de aguja "pendientes de" que, lo confieso, a veces tienen que esperar mucho tiempo...


... desplazadas por mi otro “costurero”, escondido en el primer cajón.
Que hace poco he vuelto a abrir.  
Futuros pedacitos me esperan.



Pompita hecha de retales: libro, película y costureros.
Pompita de recuerdos bonitos que quería compartir con vosotros.

                   Para desearos un   ¡ Feliz Día del Libro !
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lunes, 23 de marzo de 2015

Ocurrió, ocurre y ocurrirá


Y seguirá ocurriendo.
Porque la Naturaleza no sabe nada de nuestras mareas ni le interesan.
Porque la Naturaleza es así. Y me gusta así.
Vuelve la Primavera, florece y arrulla.
El Sol y la Luna siempre a lo suyo que es perseguirse y encontrarse a veces para alejar nuestras miradas del suelo.
El mar, subir y bajar que también es lo suyo por mucho que se empeñen en maltratarlo.

Y cuando se confabulan todos y se citan el mismo día, surge un espectáculo grandioso como está ocurriendo estos días en las costas atlánticas, mis costas francesas y con más espectáculo si cabe en el Mont-Saint-Michel o en la ciudad de Saint-Malo.

La Naturaleza, siempre sabia y hermosa. Impertérrita hermosura.

Os pongo unos enlaces que os hablarán mucho mejor que yo del fenómeno.
Y os dejo disfrutar de las vistas.

http://www.elnuevodia.com/noticias/internacionales/nota/supermareaconviertealmontsaint-michelenunaisla-2023278/

http://elpais.com/diario/2009/08/19/revistaverano/1250632801_850215.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Saint-Michel 


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miércoles, 11 de marzo de 2015

Sonidos

Gracias a todos los que habeis pasado por este rincón y por vuestras cariñosas palabras a las cuales no sé cómo responder.
Me faltan las palabras.

Ella hablaba con los pájaros, silbaba muy bien :)
Arte que no conseguí aprender.
También tocaba la mandolina; y por eso os dejo estos sonidos que ahora me acompañan.



                                      https://www.youtube.com/watch?v=3CoEKQopTSo

Me ausento. Cierro la "ventanita".
Un gran abrazo para todos y otra vez gracias.
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domingo, 8 de marzo de 2015

Juntos


El olor de las mimosas, de los pinos y del mar donde mis padres vivieron sus últimos años, juntos y felices.
Y las imágenes de mi infancia, imborrables.
Recuerdos felices, añoranzas y perfumes que hoy me ahogan.
Me ahogan y me consuelan.
Me consuela también pensar que quizás, después de tanto anhelarlo, después de unos años que se le hicieron interminables sin mi padre, mi madre ha cumplido su último deseo, su último sueño. Se fue.
Para encontrarse de nuevo junto a él.
Con esta sonrisa especial que tenían a veces al mirarse: la de la complicidad, por encima de las palabras.
De nuevo juntos.
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martes, 24 de febrero de 2015

La casita del duende


"Sí. Es aquí. Estoy segura. ¿No ves la puerta?
Sí... Pero está cerrada. Te lo dije: es pronto todavía.
Estará durmiendo aún. ¿No ves que las campanillas que usamos cada año para llamar a su puerta todavía no han salido. Es el único sonido que le puede despertar. Es pronto, te lo repito.
Pues... no lo entiendo: hace tiempo que pasaron las grullas. Y ya brotan los jacintos. Oí arrullos de palomas en el tejado hace dos días. Y también vi unas abejas... Vamos... seguro que el duende de la primavera las avisó...  ¿Y todos estos brotes en los árboles? No me dirás que han salido porque sí. ¿Y el cuic de los carboneros?... Está al caer la primavera.
Te lo digo yo.
Pues, hermana mía, lo que cae ahora son copitos de nieve otra vez. Y este aire tan gélido que ha soplado toda la noche... Y el hielo de la charca donde estuvimos patinando ayer, tú y yo... Todavía ronda el invierno."

Así estaban las cosas: por una parte la naturaleza tenía ganas de dar rienda suelta a su savia tanto tiempo aletargada. Y por otro lado el duende del invierno no quería retirarse.

"¿Qué hacemos? ¿Lo llamamos? ¿Despertamos al duende de la primavera?... Tenemos mucho trabajo, recuerda.
... Sí. Pero ¿qué hacemos con el del invierno? Ya sabes que no se llevan bien... En cuanto asoma un brote más tierno que el otro, el del invierno se lo come. Y empiezan con sus peleas de rayos de sol y carámbanos que todo lo destrozan... ¿Qué hacemos?..."

Así estaban las hadas del jardín... dudando entre vestirse de verde vaporoso o seguir con sus bufandas blancas de escarcha.

"Esperaremos. Llegará la primavera a su hora, como todos los años.
Ya oiremos las campanillas el día menos pensado. Los duendes no se equivocan nunca."

Pompita de cuchicheos de hadas.

martes, 17 de febrero de 2015

Vísperas de San Valentín


Me ha salido un grano en la nariz. Ya... lo veo. No es importante. Será la primavera que se acerca. Y si se me permite, más vale en la nariz que en otro sitio... Pero ¿no lo entiendes? Para mí, es un drama: voy a verla al salir del concierto. ¿Tienes una cita?... No es exactamente una cita pero... Creo que ella lo sospecha: quiero pedirle que salga conmigo. Ah... Nos vemos cada día en clase. No me digas... La camelé con mis notas. Tus notitas, ya lo sé, no fue muy original... Si le gusto un poco, se fijará más en mis ojos que en mi nariz ¿verdad? he notado que se fija mucho en mis ojos. Pero mis ojos, yo no los veo. Y el grano me hace bizquear. A ver... No me lo digas, lo sé: si me quiere, hasta le gustarán mis dobles puntos de vista. Me verá como a un tipo de interesante conversación. El amor es ciego... Tienes razón. O tuerto. O sordo. O bizco. Como tú... Pero yo no quiero engañarla con ideas falsas. Bueno... Todavía no. Ya empezamos otra vez, como todos los años... Déjame en paz. Ya... ¿Será que me está creciendo la nariz?... Si te quiere de verdad hasta la harán reír mis medias mentiras. Pero yo no quiero hacerla reír todo el tiempo. También quiero que me tome en serio. Ni tú te lo crees... Cállate ya, hombre. Se ve que no tienes mi edad. No seas tan pesado con el tema... Tienes razón: si me quiere de verdad, te tomará como soy. O se hará la tonta.... O me tomará por tonto y me dejará. Si es lista de verdad...
Me ha salido un grano en la nariz. ¿Cuándo me dejará?... el grano, digo. Esto no lo sé... Pero si me quedo aquí parado delante del espejo, llegarás tarde a nuestra cita. Y llegará otro. Es muy posible... De su edad, con dedos de tamborilero o de flautista. Y sin grano. Y los suspenderás a los dos...Y ella me dejará y se irá con el otro. ¡Ojalá les salga a los dos un grano en la nariz! Lo tuyo es muy grave. O serán las hormonas. Yo le pediría cita a la dermatóloga... A ella ¿seguro que le gustará? Más con grano que sin... ¿Estás seguro?...
Y en el espejo se ríe, se hincha a reír. Y rojo de la risa y reventando de importancia, piensa:
"De qué depende una cita de San Valentín..." y concluye: "De mí"

El sábado 14, todavía seguían delante del espejo...

El día del santo se despertó la dermátologa con un grano en la nariz que echó a perder su cita con Valentín, el viejo profesor de solfeo. ("Me ha salido un grano en la nariz. Ya lo sé. Lo veo" etc... etc... Vamos: lo de siempre.) Mala suerte. Tardó diecinueve días en desaparecer del todo.
Y mientras, acabó febrero, el mes de Valentín. Por fin.

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Puffff.... Lo siento: no me gustan las fechas fijas y colectivas.

Pompita sin más.


martes, 10 de febrero de 2015

Los ojos de mi gato


Dos ojos claros de agua verde me hipnotizan. En silencio nos miramos. En silencio nos hablamos. En el silencio de la noche se intuye ronroneo. Y la cadencia de tus uñas alternas. Uñas tremebundas. Siempre listas. Por eso naciste gato. Ronroneas.
Y al cerrar tus ojos verdes se dibuja tu sonrisa gatuna. Dos párpados grises me esconden sus sueños. ¿Con qué sueñas? te pregunto en voz baja. Vuelves a abrir los ojos. Y a ronronear, relajado, satisfecho. Y sigues callado, enigmático. Por eso eres un gato.
De piel suave, brillante y cálida que esconde una geografía de arañazos antiguos y recientes que cuentan tu historia secreta. Vida que descubro a veces cuando te acaricio. Piel negra matizada por tus canas incipientes. Piel perfumada donde hundo mi nariz; cuando en un descuido me dejas. Silvestremente impregnada por tus correrías en el monte que son sólo tuyas pero que presiento.
Acerco los dedos a tu frente, allí entre los ojos, un poco más arriba; allí donde guardas tus secretos. Y con las uñas a medio sacar, cortas el ronroneo, molesto por el atrevimiento de irrumpir en ellos.
Tu cuerpo ligeramente a la defensiva, me avisa brevemente si insisto. Pero no te temo: te conozco bien y sé leer en tu gesto tu silencio que es tu manera de seguir soñando, absorto en tu mundo donde no me dejas entrar, exigiendo respeto. Paciente, cariñoso, mimoso o reservado; a veces displicente.
Que no se me olvide que eres un gato. Quien se olvida, recibe un corto bufido. O tu ausencia.
Me observas, pupila redonda de sorpresa nocturna o afilada de suspición diurna; y me escuchas desde la experiencia de tus siete vidas. Por eso naciste gato.
Si desvío la mirada un momento o si alejo mi mano, para retenerla acercas la tuya, patita de terciopelo y me miras fijamente tal esfinge sonriente, a ver si te descifro.
Pero si, jugando a desafiarte, te clavo la mirada, me esquivas; vuelves a apagar la luz verde de tus ojos y me ignoras. O quizás me estudias, a través de tus párpados entrecerrados.
Te estiras y te vas, cansado del juego por hoy. Pero sé que dentro de un tiempo volverás con un obsequio, muy especial como siempre. Eres gato. Y de nuevo, olvidando por un momento tu esencia tranquila, me desvelarás tus secretos cuando acechas a los pájaros inalcanzables que te cautivan. O cuando juegas, rejuvenecido, con incautos ratones, sin futuro entre tus zarpas. Luego, satisfecho, te acicalarás largamente; y volverás a instalarte aquí cerca, en el sillón del cual a ratos te aleja la llamada del monte o mi ruido.
Y desde tu atalaya, otra vez se encenderán las dos luces de tus ojos verdes donde se esconden tus sueños y tus secretos.
Es que naciste gato. Gato libre. Y por eso me gustas, gato.

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martes, 3 de febrero de 2015

Puentes


Bajo el puente Mirabeau
fluye el Sena.
Y nuestros amores.
Es necesario que me acuerde?
La alegría llegaba siempre tras la pena

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

Manos enlazadas,
quedémonos cara a cara
mientras bajo el puente
de nuestros brazos pasa
de las eternas miradas
la ola tan cansada.

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

El amor se va como fluye el agua
El amor se va
Cuán lenta es la vida
Y cuán violenta la esperanza.

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

Pasan los días y pasan las semanas
Ni tiempo pasado
ni amores vuelven.
Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena.

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

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Un poema de  Guillaume Apollinaire
    cantado por Marc Lavoine.   https://www.youtube.com/watch?v=b3p7M39nHzk


Yo elegí esta versión porque me gustan los puentes en general y éste en particular; y el poema; y esta versión cantada; pero hubo más versiones en diferentes épocas; entre otras:
por Léo Ferré,  https://www.youtube.com/watch?v=5WFwtoXm1sc
o por Serge Reggiani,  https://www.youtube.com/watch?v=Hl1BAiGUks4
y por Brassens también por supuesto https://www.youtube.com/watch?v=VCTknNA_q9M

Cada uno puede elegir el puente que más se ajuste a sus gustos.
Será por puentes... Y en Paris hay muchos, muchísimos y variados.
Entre peatonales y de tráfico rodado, unos 37 más o menos.


Algunos, como el Pont Mirabeau, hasta tienen sus momentos estelares en novelas, poemas, películas o canciones. Pero sobre todo en la Historia.
Ahí van unos poquitos, como ejemplo...
El Pont Neuf de nombre engañoso porque es en realidad el puente de piedra más viejo de París.
El Pont de l´Alma cuya popular estatua servía antiguamente para medir la importancia o gravedad o impacto de las crecidas e inundaciones.(del Sena, no del alma. El nombre del puente proviene de otro río y de una batalla)
El Pont de la Concorde que se construyó con piedras que provenían de la demolición de los muros de la Bastille; y puente que cambió varias veces de nombre según los vaivenes de la Historia. Dicen que es actualmente el más transitado.
El Pont des Arts que cita Balzac o que canta Brassens en "Le vent" y que Cortázar usó en su "Rayuela" también. Puente que desgraciadamente desde hace algún tiempo "luce" sin arte, desfigurado por la moda y el peso de unos (para mí) insufribles candados.

Y hay más. Muchos más. Muchos puentes. Para todos los gustos.
Aunque no todos tengan su canción o su película, cada uno tiene su aquel ¿verdad? A mí, me gustan los puentes.
Por lo que son y lo que representan.

Pompita soplada en general hacia los que gustan de los puentes
y en particular hacia " Laura-vespera " :))
que tan bien los retrata con su cámara (puentes y otras muchas cosas ;)
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