lunes, 23 de marzo de 2015

Ocurrió, ocurre y ocurrirá


Y seguirá ocurriendo.
Porque la Naturaleza no sabe nada de nuestras mareas ni le interesan.
Porque la Naturaleza es así. Y me gusta así.
Vuelve la Primavera, florece y arrulla.
El Sol y la Luna siempre a lo suyo que es perseguirse y encontrarse a veces para alejar nuestras miradas del suelo.
El mar, subir y bajar que también es lo suyo por mucho que se empeñen en maltratarlo.

Y cuando se confabulan todos y se citan el mismo día, surge un espectáculo grandioso como está ocurriendo estos días en las costas atlánticas, mis costas francesas y con más espectáculo si cabe en el Mont-Saint-Michel o en la ciudad de Saint-Malo.

La Naturaleza, siempre sabia y hermosa. Impertérrita hermosura.

Os pongo unos enlaces que os hablarán mucho mejor que yo del fenómeno.
Y os dejo disfrutar de las vistas.

http://www.elnuevodia.com/noticias/internacionales/nota/supermareaconviertealmontsaint-michelenunaisla-2023278/

http://elpais.com/diario/2009/08/19/revistaverano/1250632801_850215.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Saint-Michel 


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miércoles, 11 de marzo de 2015

Sonidos

Gracias a todos los que habeis pasado por este rincón y por vuestras cariñosas palabras a las cuales no sé cómo responder.
Me faltan las palabras.

Ella hablaba con los pájaros, silbaba muy bien :)
Arte que no conseguí aprender.
También tocaba la mandolina; y por eso os dejo estos sonidos que ahora me acompañan.



                                      https://www.youtube.com/watch?v=3CoEKQopTSo

Me ausento. Cierro la "ventanita".
Un gran abrazo para todos y otra vez gracias.
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domingo, 8 de marzo de 2015

Juntos


El olor de las mimosas, de los pinos y del mar donde mis padres vivieron sus últimos años, juntos y felices.
Y las imágenes de mi infancia, imborrables.
Recuerdos felices, añoranzas y perfumes que hoy me ahogan.
Me ahogan y me consuelan.
Me consuela también pensar que quizás, después de tanto anhelarlo, después de unos años que se le hicieron interminables sin mi padre, mi madre ha cumplido su último deseo, su último sueño. Se fue.
Para encontrarse de nuevo junto a él.
Con esta sonrisa especial que tenían a veces al mirarse: la de la complicidad, por encima de las palabras.
De nuevo juntos.
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martes, 24 de febrero de 2015

La casita del duende


"Sí. Es aquí. Estoy segura. ¿No ves la puerta?
Sí... Pero está cerrada. Te lo dije: es pronto todavía.
Estará durmiendo aún. ¿No ves que las campanillas que usamos cada año para llamar a su puerta todavía no han salido. Es el único sonido que le puede despertar. Es pronto, te lo repito.
Pues... no lo entiendo: hace tiempo que pasaron las grullas. Y ya brotan los jacintos. Oí arrullos de palomas en el tejado hace dos días. Y también vi unas abejas... Vamos... seguro que el duende de la primavera las avisó...  ¿Y todos estos brotes en los árboles? No me dirás que han salido porque sí. ¿Y el cuic de los carboneros?... Está al caer la primavera.
Te lo digo yo.
Pues, hermana mía, lo que cae ahora son copitos de nieve otra vez. Y este aire tan gélido que ha soplado toda la noche... Y el hielo de la charca donde estuvimos patinando ayer, tú y yo... Todavía ronda el invierno."

Así estaban las cosas: por una parte la naturaleza tenía ganas de dar rienda suelta a su savia tanto tiempo aletargada. Y por otro lado el duende del invierno no quería retirarse.

"¿Qué hacemos? ¿Lo llamamos? ¿Despertamos al duende de la primavera?... Tenemos mucho trabajo, recuerda.
... Sí. Pero ¿qué hacemos con el del invierno? Ya sabes que no se llevan bien... En cuanto asoma un brote más tierno que el otro, el del invierno se lo come. Y empiezan con sus peleas de rayos de sol y carámbanos que todo lo destrozan... ¿Qué hacemos?..."

Así estaban las hadas del jardín... dudando entre vestirse de verde vaporoso o seguir con sus bufandas blancas de escarcha.

"Esperaremos. Llegará la primavera a su hora, como todos los años.
Ya oiremos las campanillas el día menos pensado. Los duendes no se equivocan nunca."

Pompita de cuchicheos de hadas.

martes, 17 de febrero de 2015

Vísperas de San Valentín


Me ha salido un grano en la nariz. Ya... lo veo. No es importante. Será la primavera que se acerca. Y si se me permite, más vale en la nariz que en otro sitio... Pero ¿no lo entiendes? Para mí, es un drama: voy a verla al salir del concierto. ¿Tienes una cita?... No es exactamente una cita pero... Creo que ella lo sospecha: quiero pedirle que salga conmigo. Ah... Nos vemos cada día en clase. No me digas... La camelé con mis notas. Tus notitas, ya lo sé, no fue muy original... Si le gusto un poco, se fijará más en mis ojos que en mi nariz ¿verdad? he notado que se fija mucho en mis ojos. Pero mis ojos, yo no los veo. Y el grano me hace bizquear. A ver... No me lo digas, lo sé: si me quiere, hasta le gustarán mis dobles puntos de vista. Me verá como a un tipo de interesante conversación. El amor es ciego... Tienes razón. O tuerto. O sordo. O bizco. Como tú... Pero yo no quiero engañarla con ideas falsas. Bueno... Todavía no. Ya empezamos otra vez, como todos los años... Déjame en paz. Ya... ¿Será que me está creciendo la nariz?... Si te quiere de verdad hasta la harán reír mis medias mentiras. Pero yo no quiero hacerla reír todo el tiempo. También quiero que me tome en serio. Ni tú te lo crees... Cállate ya, hombre. Se ve que no tienes mi edad. No seas tan pesado con el tema... Tienes razón: si me quiere de verdad, te tomará como soy. O se hará la tonta.... O me tomará por tonto y me dejará. Si es lista de verdad...
Me ha salido un grano en la nariz. ¿Cuándo me dejará?... el grano, digo. Esto no lo sé... Pero si me quedo aquí parado delante del espejo, llegarás tarde a nuestra cita. Y llegará otro. Es muy posible... De su edad, con dedos de tamborilero o de flautista. Y sin grano. Y los suspenderás a los dos...Y ella me dejará y se irá con el otro. ¡Ojalá les salga a los dos un grano en la nariz! Lo tuyo es muy grave. O serán las hormonas. Yo le pediría cita a la dermatóloga... A ella ¿seguro que le gustará? Más con grano que sin... ¿Estás seguro?...
Y en el espejo se ríe, se hincha a reír. Y rojo de la risa y reventando de importancia, piensa:
"De qué depende una cita de San Valentín..." y concluye: "De mí"

El sábado 14, todavía seguían delante del espejo...

El día del santo se despertó la dermátologa con un grano en la nariz que echó a perder su cita con Valentín, el viejo profesor de solfeo. ("Me ha salido un grano en la nariz. Ya lo sé. Lo veo" etc... etc... Vamos: lo de siempre.) Mala suerte. Tardó diecinueve días en desaparecer del todo.
Y mientras, acabó febrero, el mes de Valentín. Por fin.

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Puffff.... Lo siento: no me gustan las fechas fijas y colectivas.

Pompita sin más.


martes, 10 de febrero de 2015

Los ojos de mi gato


Dos ojos claros de agua verde me hipnotizan. En silencio nos miramos. En silencio nos hablamos. En el silencio de la noche se intuye ronroneo. Y la cadencia de tus uñas alternas. Uñas tremebundas. Siempre listas. Por eso naciste gato. Ronroneas.
Y al cerrar tus ojos verdes se dibuja tu sonrisa gatuna. Dos párpados grises me esconden sus sueños. ¿Con qué sueñas? te pregunto en voz baja. Vuelves a abrir los ojos. Y a ronronear, relajado, satisfecho. Y sigues callado, enigmático. Por eso eres un gato.
De piel suave, brillante y cálida que esconde una geografía de arañazos antiguos y recientes que cuentan tu historia secreta. Vida que descubro a veces cuando te acaricio. Piel negra matizada por tus canas incipientes. Piel perfumada donde hundo mi nariz; cuando en un descuido me dejas. Silvestremente impregnada por tus correrías en el monte que son sólo tuyas pero que presiento.
Acerco los dedos a tu frente, allí entre los ojos, un poco más arriba; allí donde guardas tus secretos. Y con las uñas a medio sacar, cortas el ronroneo, molesto por el atrevimiento de irrumpir en ellos.
Tu cuerpo ligeramente a la defensiva, me avisa brevemente si insisto. Pero no te temo: te conozco bien y sé leer en tu gesto tu silencio que es tu manera de seguir soñando, absorto en tu mundo donde no me dejas entrar, exigiendo respeto. Paciente, cariñoso, mimoso o reservado; a veces displicente.
Que no se me olvide que eres un gato. Quien se olvida, recibe un corto bufido. O tu ausencia.
Me observas, pupila redonda de sorpresa nocturna o afilada de suspición diurna; y me escuchas desde la experiencia de tus siete vidas. Por eso naciste gato.
Si desvío la mirada un momento o si alejo mi mano, para retenerla acercas la tuya, patita de terciopelo y me miras fijamente tal esfinge sonriente, a ver si te descifro.
Pero si, jugando a desafiarte, te clavo la mirada, me esquivas; vuelves a apagar la luz verde de tus ojos y me ignoras. O quizás me estudias, a través de tus párpados entrecerrados.
Te estiras y te vas, cansado del juego por hoy. Pero sé que dentro de un tiempo volverás con un obsequio, muy especial como siempre. Eres gato. Y de nuevo, olvidando por un momento tu esencia tranquila, me desvelarás tus secretos cuando acechas a los pájaros inalcanzables que te cautivan. O cuando juegas, rejuvenecido, con incautos ratones, sin futuro entre tus zarpas. Luego, satisfecho, te acicalarás largamente; y volverás a instalarte aquí cerca, en el sillón del cual a ratos te aleja la llamada del monte o mi ruido.
Y desde tu atalaya, otra vez se encenderán las dos luces de tus ojos verdes donde se esconden tus sueños y tus secretos.
Es que naciste gato. Gato libre. Y por eso me gustas, gato.

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martes, 3 de febrero de 2015

Puentes


Bajo el puente Mirabeau
fluye el Sena.
Y nuestros amores.
Es necesario que me acuerde?
La alegría llegaba siempre tras la pena

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

Manos enlazadas,
quedémonos cara a cara
mientras bajo el puente
de nuestros brazos pasa
de las eternas miradas
la ola tan cansada.

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

El amor se va como fluye el agua
El amor se va
Cuán lenta es la vida
Y cuán violenta la esperanza.

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

Pasan los días y pasan las semanas
Ni tiempo pasado
ni amores vuelven.
Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena.

Venga la noche, suene la hora
Los días se van, yo permanezco.

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Un poema de  Guillaume Apollinaire
    cantado por Marc Lavoine.   https://www.youtube.com/watch?v=b3p7M39nHzk


Yo elegí esta versión porque me gustan los puentes en general y éste en particular; y el poema; y esta versión cantada; pero hubo más versiones en diferentes épocas; entre otras:
por Léo Ferré,  https://www.youtube.com/watch?v=5WFwtoXm1sc
o por Serge Reggiani,  https://www.youtube.com/watch?v=Hl1BAiGUks4
y por Brassens también por supuesto https://www.youtube.com/watch?v=VCTknNA_q9M

Cada uno puede elegir el puente que más se ajuste a sus gustos.
Será por puentes... Y en Paris hay muchos, muchísimos y variados.
Entre peatonales y de tráfico rodado, unos 37 más o menos.


Algunos, como el Pont Mirabeau, hasta tienen sus momentos estelares en novelas, poemas, películas o canciones. Pero sobre todo en la Historia.
Ahí van unos poquitos, como ejemplo...
El Pont Neuf de nombre engañoso porque es en realidad el puente de piedra más viejo de París.
El Pont de l´Alma cuya popular estatua servía antiguamente para medir la importancia o gravedad o impacto de las crecidas e inundaciones.(del Sena, no del alma. El nombre del puente proviene de otro río y de una batalla)
El Pont de la Concorde que se construyó con piedras que provenían de la demolición de los muros de la Bastille; y puente que cambió varias veces de nombre según los vaivenes de la Historia. Dicen que es actualmente el más transitado.
El Pont des Arts que cita Balzac o que canta Brassens en "Le vent" y que Cortázar usó en su "Rayuela" también. Puente que desgraciadamente desde hace algún tiempo "luce" sin arte, desfigurado por la moda y el peso de unos (para mí) insufribles candados.

Y hay más. Muchos más. Muchos puentes. Para todos los gustos.
Aunque no todos tengan su canción o su película, cada uno tiene su aquel ¿verdad? A mí, me gustan los puentes.
Por lo que son y lo que representan.

Pompita soplada en general hacia los que gustan de los puentes
y en particular hacia " Laura-vespera " :))
que tan bien los retrata con su cámara (puentes y otras muchas cosas ;)
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martes, 27 de enero de 2015

Ilusiones aplazadas

En aquella época, cada día más remota, en que yo era una niña pequeña, mis zapatillas de casa eran tristes: marrones, negras, azul marino, algunas veces a cuadros o con topos pero con los mismos colores apagados.
Con los años entendí que mi madre, entrenada en esto de la administración del presupuesto familiar, las compraba por su lado barato-sufrido-práctico-duradero.
Hay cosas que sólo se entienden con el paso de los años.

Cuando descubrí en los escaparates las primeras zapatillas divertidas, me pilló ya con unos añitos... como se suele decir..."respetables".
Y siempre las miraba de reojo pensando "¡Éstas! ¡Éstas me gustan! Y deben de ser la mar de confortables y calentitas..."
Pero mi "yo" aburrido me susurraba : "Son para niños..." o "¿Quieres hacer el ridículo delante de quien llame a la puerta?" o ... "¿No te parece que para salir al jardin son poco prácticas...?"
Y me podía su machacona responsabilidad, cansina fuente de complejos y frustraciones.
Y me pudo durante mucho tiempo, apartando las zapatillas-leones-de-melena-naranja, las zapatillas-gatitos-traviesos, las zapatillas-ranas-verdes-de-ojos-saltones-amarillos... las zapatillas... divertidas.

Hasta que, hace poco (a la vejez viruelas), desterrando al "yo" aburrido con una pedorreta, cumplí con una pequeña ilusión aplazada.
Nunca es tarde para ello.
Me topé con estas zapatillas-ratoncitos que me llamaban desde la estantería (a pesar de sus naricitas rosas (color que nunca me ha entusiasmado) y que estoy pensando en tunear de ¡naranja por supuesto! O una en naranja y la otra en verde... ya veré.)
Primero, metí las manos dentro para testar-saborear su calorcito.
Luego me las probé, primero un pie, luego el otro... ignorando las miradas ajenas en la tienda.
Y enseguida supe que eran mías.
Hay cosas que saltan al alma de tan evidentes.
Y ya.
Flechazo y compra hecha.


¿Son calentitas? No... ¡ Mucho más que esto !
¡Me encantan!
Y se acabaron los incordiosos pies helados al llegar la noche, fuente de resfriados y no pocos insomnios.

... Lo único que me preocupa algo es que le lleguen a gustar demasiado a mi gato, fetichista él, que más de una vez las mira con interés...



Pompita con los pies calentitos y una pequeña ilusión cumplida. :))

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martes, 20 de enero de 2015

Privilegio

Bien calzada y mejor vestida (tres mangas, leotardos, calcetines hasta las rodillas, pantalón de forro polar, tres bragas (una en su sitio, otra alrededor del cuello y otra más en la cabeza), cámara con batería a tope, sin mapa, ni gps, ni brújula de ninguna clase, me fui ayer.
Como siempre, sobraron móvil y guantes que no uso nunca
pero que es mejor llevar.
Me fui. Ni lejos ni mucho tiempo. Lo suficiente para disfrutar.

Y disfruté. A lo grande.

Empezó el domingo por la noche la gozada anunciada y descifrada en una multitud de "estrellas" que no constan en ningún planisferio celeste.



Y os traigo parte del resultado de mi escapadita casera.
De aficionada con más entusiasmo que técnica.
Un resultado sin olores puros, ni tactos a temperatura ambiente,
ni silencio nítido, ni sonidos claros tampoco.

Pero todo esto lo dejo a vuestra imaginación.


 La naturaleza se inclina bajo el peso de su propia maravilla.


La charca de leve espejo de hielo bajo el cual dormitan
las hadas del invierno y las ranas mudas.


 El puentecito de piedra, humilde, escondido bajo la nieve,
                                      y que nadie ha cruzado todavía.


 El camino, impoluto.
Y que, como una "propietaria enamorada de su terruño",
                         me place pensar que me esperaba, a mí.


La casa abandonada, refugio de soñadores, sin puerta. Ni ventana con cristal. Y que el paso de los años ha dejado sin tejado también.
Y donde fluyen los pensamientos, sensaciones y recuerdos cuando uno o una se sienta en sus escalones haciendo un parón en el camino.
(esta vez, no me senté.)



Un alambre oxidado, intento fallido de ponerle vallas al monte.
Y donde se me enganchó el gorro "discretito", complemento chillón del silbato (por si me pierdo o me pierden en el paseo.)



A la vuelta, me cruzo con mis propia huellas.
Y con otras dos solitarias, desconocidas:
Una de ellas con su perro; negro, manso y suelto. Feliz.
Salta por encima del agua, pasando de la orilla soleada a la otra todavía en la sombra. Intercambio de alegrías efusivas.


 Cuatro frases por encima del riachuelo:
                 -Una gozada ¿verdad?
                 -Una maravilla. Para privilegiadas.
                 -Que sigáis disfrutando.
                 -Y tú.

Un poco más lejos, con la otra caminante, dos simples "¡Hola!"
E intercambio de sonrisas de oreja a oreja, aún más elocuentes si cabe.


Hace unos días, los enebros empezaban (muy temprano este año) a soltar su polen dorado, incordio tenaz de alérgicos o amas de casa con trapo de lucha diaria... e inútil.
Ahora, tumbada en el suelo, (resultado de una "culada" sin importancia, amortiguada cariñosamente por la nieve), se me escapa una carcajada
y se me cae encima polen blanco que recibo, como los niños, con la boca abierta.


De vuelta, no queda más que un coche (el mío) en la plaza-fondo de saco.
Y las huellas de la gente civilizada-a-la-fuerza que se ha ido a trabajar o a llevar a los niños al cole, un poco más tarde de lo habitual.
No han podido, como yo, privilegiada-asilvestrada, disfrutar de la llamada de la nieve que decidió caer en lunes laborable, pero no lo suficiente como para entorpecer el tráfico... ni servirles de pretexto-disculpa-coartada.


Para ellos mi pompita blanca de hoy.

                   ... ¿quién dijo que el color blanco no tiene matices?...
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martes, 13 de enero de 2015