viernes, 20 de octubre de 2017

Desayunos varios

A veces me repito más que el ajo, lo sé... ¿qué se le va a hacer?...
Cosas de la edad.
Y hay una frase que repito y repito más que otras:

       " El desayuno es la comida más importante del día."

Y me gusta desayunar. Por un montón de motivos. Dietéticos y anímicos.
No sólo desayuno con croissants y café con leche como algunos podrían pensar... En realidad, casi nunca... Hombre, no lo voy a negar: me encantan los croissants. ¡Ojo! los auténticos, los de panadería de barrio, los de toda la vida, no las malas imitaciones de supermercado.
Y si me los como en Francia, de ésos de "pur beurre" pues mejor que mejor (para mi alma porque para mi colesterol... En fin... dejémonos de cosas tristes que con los telediarios estamos más que servidos...)
Y como se puede desayunar de forma tan variada  ¿porqué privarnos de la diversidad que tenemos a nuestro alcance?...
Y me encanta descubrir desayunos distintos, en cualquier región o de cualquier páis. Y si algún día me encuentro en marte o en la luna estoy segura de que algo nutritivo descubriría.

Recuerdo algunos desayunos sorprendentes y que han dejado huella en mi memoria y algunos en mis costumbres matutinas...
Salmón ahumado en Noruega y una nata agria sobre pan negro... una pasada de original y delicioso.
Copos de avena más té más huevos revueltos más tostadas más mermeladas varias más bacon más pastelitos caseros más... un montón de cosas que apenas cabían en la mesa de un B&B de Irlanda. ¡Agotador! pero todo tan delicioso y presentado con tanta amabilidad... Menos mal que fue corto el viaje y fuerte mi resistencia a las provocaciones.
Los churros con chocolate de Madrid... ¡Ay!... mi perdición...
Unas tostadas de mollete con zurrapa en Málaga, acompañadas de un zumo de naranja inmejorable.
Unas copiosas ensaladas con tomates, pepinos, aceitunas negras, frutos secos variados y queso fresco en  Cappadocia... desayuno de ensueño en un lugar de ensueño y con las mejores cerezas que he comido en mi vida.
Y para una amantísima del queso como yo, no podía faltar en mi lista de recuerdos "desayuniles" la maravillosa torta del Casar de Cáceres con su cuenco de fruta fresca al lado.... puffff ... otra pasada de desayuno no casero (pero que procuro obviar en casa... con pena... por el maldito colesterol)

Pero si hay un desayuno que tomo con frecuencia y mucho placer es
el pa amb tomaca que descubrí hace años en Cataluña y que adopté enseguida: un flechazo.
Una delicia que procuro preparar al modo de Manuel Vázquez Montalbán (o casi):
Receta copiada de uno de sus libros (vía Wiki ;)
" Oprimiendo con dos dedos los cantos de la rebanada para que el aceite empape bien la totalidad... (...) Es un prodigio de koiné cultural que materializa el encuentro entre la cultura del trigo europeo, la del tomate americana, el aceite de oliva mediterráneo y la sal de la tierra que consagró la cultura cristiana. Y resulta que este prodigio alimentario se les ocurrió a los catalanes hace poco más de dos siglos pero con tanta conciencia de hallazgo que lo han convertido en una seña de identidad equivalente a la lengua o a la leche materna... (...)   y adoptamos el pan con tomate como una ambrosia que nos permite la integración. "

Y yo también lo he adoptado. Como cualquier receta que me gusta, de cualquier región o de cualquier país.
Y me da igual que el pan sea de mi pueblo o del de al lado, el tomate de Murcia o de mi huerto, el aceite de Jaén o de Italia. (aunque por supuesto tengo mis preferencias gustativas como todo el mundo)
Y nadie va a poner fronteras ni banderas ni etiquetas a mis desayunos ni a mis gustos ni a mis amistades. Nadie.
Es más: ahora mismo he desayunado con pan amb tomaca, aunque sólo sea para llevar la contraria a algunos que lo piensan vetar de su mesa, al igual que otros muchos platos y productos, sin analizar que van a perjudicar a todos... empezando por ellos mismos.

La diversidad es lo más sabroso de la vida. En todas sus facetas.

Y yo no pienso perderme nada por la tozudez y la estupidez de unos pocos, del color que sean.

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Pompita a la hora del desayuno... y después de leer el periódico.
 Creo que ésta es una costumbre que se me va a quitar...
Desayunar ¡Noooo! ;)... Leer el periódico.
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martes, 10 de octubre de 2017

Niños de verano

 

Lápices de colores corretean en espacios abiertos. Quiméricos niños con hebras de seda enlazan rumorosos silencios. Refugiados en el perfume de las nubes, irizado azahar, alumbran luciérnagas con la mirada al caer la noche... Como vencejos, sus cometas, oníricos ecos, recorren anacarados cirros susurrantes en busca de estrellas. Efluvios de alhucema liban, soñadores...
Atesoran las horas y sus laderas vacilantes como mariposas efīmeras, arrancando vuelo irregular...

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Pompita de verano, extraviada y volando errática en un otoño caluroso...
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martes, 5 de septiembre de 2017

Y le dijo...

¿De qué te ha servido? No entiendo por qué lo hiciste...
No. Francamente no lo entiendo...
¿No estabas a gusto con la tripa llena rozando el suelo? ¿Con la estabilidad de tus cuatro puntos de apoyo? ¿Con retozar libremente en mis laderas?...
¿Porqué lo hiciste? ¿Curiosidad?... ¿Envidia de los pájaros?...
Primero levantaste la cabeza, te vi.
Para mirar más lejos supongo; por encima de mi hombro...
Luego levantaste una mano y más tarde despegaste la otra; pensando quizás que así tocarías el cielo...
Y repetiste tanto el movimiento que, a pesar de tu torpeza inicial, conseguiste levantarte.
Ebrio por el descubrimiento, asiendo cualquier cosa con la ilusión de verte erguido. Y no satisfecho con ello, empezaste a pensar, a inventar, cada día más lleno de orgullo.
Este orgullo que te hizo querer dominar mi mundo; hasta el punto de adjudicar nombre a cada cosa que veías para hacerlas tuyas y sólo tuyas. A las montañas y los valles, a los ríos y los océanos, a las plantas y los animales; a todos nosotros...
¡Hasta bautizaste a las estrellas sin considerar que no te necesitaban para brillar!... Ni ellas ni la luna que pisoteaste en tu afán de dominarlo todo.
¿Porqué te hiciste bípedo?...
No entiendo porqué lo hiciste... Yo que tú, no me sentiría tan orgulloso del resultado...
Ya no tienes remedio...
Pero a pesar de estar erguido, sigues siendo pequeño para mí. Muy pequeño...
Escucha mis palabras. A menudo me enfado, te avisan mis volcanes, mis huracanes, mis terremotos, los glaciares o las abejas... Pero te dejo vivir.
Tú a mí me incordias, constantemente. Casi no puedo respirar... Así que intenta molestar lo menos posible porque no puedo con el humo tóxico que sale por todos los poros de tu piel,  de tus narices siempre hinchadas y también de tu boca, casi siempre sucia... y sobre todo de tu ombligo que admiras tanto...
Me cuesta respirar...
Y si un día yo dejo de respirar será tu fin, Hombre...

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Pompita...
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martes, 8 de agosto de 2017

Nadie

                                                         https://www.youtube.com/watch?v=-UPxCNnhSDU


Sin que pueda deshacerme de él
El tiempo pone pies en polvorosa.
El tiempo que se va marcha atrás
Me hace saltar en sus rodillas.
Mis padres el verano las vacaciones
Mis hermanos y hermanas haciendo los locos.
Tengo en la boca la inocencia
De las mermeladas del mes de agosto.

Nadie se cura de su infancia.

Los mantelitos y las sombrillas
Que se abrían a la hora del té
Para refrescar a las señoritas
Sonrojadas en sus vestidos veraniegos.
Y yo con la nariz en sus encajes
Respiraba a contraluz
En el perfume de las mirabel
El olor perturbador del amor.

Nadie se cura de su infancia.

El viento violento de la historia
Iba a esparcir, a diluir
Nuestra juventud irrisoria
Y a cambiar nuestras risas en sollozos.
Amor naranja amor amargo.
La imagen desvanecida de un padre
Que desapareció con la guerra
Renace con inaudita fuerza.

Nadie se cura de su infancia.

El que llega a desaparecer
¿Porqué lo hemos descuidado?
Hacemos un gesto hacia la ventana
Sin saber que no es un "hasta luego".
Cada uno tiene su historia
Y en nuestro corazón, al acecho,
El vaivén de la memoria
Abre y desgarra lo que fue.

Nadie se cura de su infancia.

Bella, cruel y tierna infancia.
Hoy es arrodillado ante ti
Donde recobro su inocencia
Al hilo del tiempo que se desanuda.
Abre tus brazos abre tu alma
Para que deguste en ti su sabor,
Mi amor fresco mi amor mujer,
La felicidad del ser y del tiempo dulce.

Para que me cure de mi infancia.

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Pompita pompita degustando ciruelas...
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martes, 25 de julio de 2017

Tenia dedos verdes

                                                    Hinojo marino (Crithmum maritimum)  foto mía id. por Fernando Macé

Un niño estaba tumbado bocabajo en la hierba. Absorto. Olisqueaba. Sonreía, feliz.
Acariciaba con la mirada al infinito mundo verde que le rodeaba.

Creció; y con él, creció también el mundo que le regaló descubrimientos cada día más apasionantes. Y sonrisas, risas y carcajadas.
A menudo, sus dedos se acercaban a una planta, con respeto; y a ratos agarraban el lápiz que le acompañaba siempre y, después de meditar un momento, apuntaba en su carpetita verde un nombre vernáculo o en latín, un olor, un número, un punto interrogativo...
Y sonreía pensando en sus amigos que tanto gustaban de sus dibujos...

Un día se quedó durmiendo con la nariz entre hierbajos.
Sus dedos dejaron caer el lápiz, la carpetita verde, la lupa...
Pero las plantas, agradecidas, le arroparon para su último viaje.
Y el viento sopló suavemente y esparció las semillas de sabiduría y amistad de un amable duende verde alrededor del mundo...

¡Qué tengas un feliz sueño, amigo maestro Fernando!

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Pompita algo huérfana hoy...
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martes, 18 de julio de 2017

Música y letras

Dicen que la música es un idioma universal. Y que hay músicas que quedan grabadas en nuestra alma para cada momento de nuestra vida.
Las nanas de la primera infancia... Las canciones de amor, atemporales...
Para aprender. Para reír. Para bailar. Para soñar.
Notas que no se olvidan nunca. Incluso si las letras que se apoyan en ellas se diluyen con el tiempo.
Hay también músicas que levantan el ánimo.
Que ayudan a andar. Que insuflan fuerza. Que unen en la desgracia.
Sonidos evocadores hasta para quien no los ha oído desde la infancia. 
Melodías que se tararean o se cantan a voz en grito lo mismo en fiesta nacional que en manifestaciones multitudinarias de cualquier índole...
Que se transforman, al igual que sus monumentos más emblemáticos, en símbolo de un país.
Y es el caso de la Marsellesa.
Y sí, me gusta su música. Quizás porque su melodía forma parte de mi vida desde pequeñita. Una de sus bandas sonoras.... No sé...
Pero no me gusta su letra. Nunca me ha gustado. Muy violenta a lo largo de sus quince estrofas (que casi nadie se sabe de memoria por cierto.)
Letra sangrienta escrita en su origen para animar a luchar contra los invasores y los déspotas de la época pero que, mal interpretada fuera de su contexto inicial, anima a la violencia en cualquier ámbito, por cualquier motivo.
No comparto.
Y no soy original, no soy la única en pensar así: hubo varios intentos de cambiar su letra por otra distinta, nada bélica, nada mortífera.
No cuajó la idea. Aunque periódicamente surge de nuevo la polémica.

Y quienes lo han propuesto eran o son tan franceses como el que más, de nacimiento o de corazón. 
Tan franceses como yo que lo soy por los cuatro costados, de nacimiento, de familia , de formación, de corazón  (y de sangre quizás: ¿quién puede, sin hacer el ridículo, presumir de saber a ciencia cierta de dónde o de qué color es cada gota de su sangre y vanagloriarse de ello?...)
Desde el gran Jean Jaurès que la consideraba "una letra atroz" hasta Lamartine y Victor Hugo, Charles Aznavour o Georges Brassens por citar algunos de los más conocidos. 
O el mismo abbé Pierre que se preguntaba, como lo hacemos muchos franceses, "¿Cómo unos padres  pueden enseñar a sus hijos eso de 
                " ¡Que una sangre impura riegue nuestros surcos!" ?
... Menuda barbaridad esto de ponerse a la misma altura que la barbarie de algunos.

Ya mayor pero siempre activo y con el mismo espíritu, el cantante  Graeme Allwright   , neo-zelandés de nacimiento y francés de corazón, escribió hace años y sigue cantando estas otras letras que podéis escuchar aquí si os interesa.   


                                                https://www.youtube.com/watch?v=OPMWD29OyVg
                                                https://www.youtube.com/watch?v=wzYvLRpbn-g

Misma música pero letra muy distinta.

Para todos los hijos de la Tierra
cantemos amor y libertad.
Contra todos los odios y las guerras
el estandarte de la esperanza está izado. bis
El estandarte de justicia y de paz.

Reunamos nuestras fuerzas, nuestro valor
para vencer la miseria y el miedo.
¡Que reinen en el fondo de nuestros corazones
la amistad, la alegría y el compartir.

La llama que nos alumbra
cruza las fronteras.
Vayamos, vayamos, amigos, 

solidarios andemos hacia la luz.
 
Cada vez que oigo los primeros acordes de la Marseillaise (y julio se presta a ello), pienso que mi himno, en caso de tenerlo,  sería más bien éste, el suyo: uno para todos. Una lucha sí pero sin revanchismo, sin perdedores. Sin intereses ocultos. Sin efectos colaterales desastrosos.
Sino todo lo contrario.
Una letra utópica o ingenua, lo sé...
A menudo me lo dicen. (por lo menos una vez al año...)

Pero una utopía mía (una más) de la cual no me quiero apear.

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Pompita de julio.
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martes, 4 de julio de 2017

Con esfuerzo infinito

Con esfuerzo infinito, estiró el brazo derecho hacia la mesilla de noche (o hacia donde creía recordar estaba la mesilla de noche), tanteó el aire y al no encontrar nada, levantó el párpado izquierdo (el derecho hacía días que había desistido) y, con esfuerzo infinito, mandó a su cerebro (o lo que quedaba de ello) enfocar la vista en busca de la botellita de agua que (creía recordar) había dejado allí... antes de dejarse caer en la cama. Inerme.
Con infinito esfuerzo, alcanzó la botella; comprobó que no le quedaba más que una gota. Y comprobó que esta gota le transmitía sofoco en los dedos a través del plástico medio derretido, pegajoso y deforme que se bamboleaba delante de sus ojos. Los cerró.
Con infinito esfuerzo, pensó... y descartó la idea mareante de levantarse y arrastrarse hasta la nevera.
Y con infinito esfuerzo se llevó la gota incongruente a los labios...

Notó enseguida cómo esta última gota, al llegar a su garganta cerrada, retrocedía y le subía a los ojos, escurriéndose luego lentamente por la mejilla apergaminada en busca de sus labios resecos. Que no alcanzó, cayendo al suelo donde se estrelló y dibujó, como tantas otras, una flor extraña de pétalos de cristal incoloro...
..........
Cuando, al terminar el verano, los vecinos forzaron su puerta y entraron en su casa, preocupados por su larga ausencia, no encontraron más que unos montoncitos de sal abrazando un jarrón esbelto con una única orquídea seca, deshojada en la mesilla; a su lado, la radio despertador repetía y repetía, atascada en bucle:
"¡Buenos días, excursionistas! * No salgan a la calle sin nuestro "Recorrido a la Sombra". Tenemos ahora mismo 40º en la Gran Vía con una humedad relativa del aire del... "

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Pompita soplada con esfuerzo infinito en una calurosa noche de verano...
* un guiño refrescante sólo para cinéfilos amantes del frío invernal :D

PS. Porfa, si alguien sabe del escritor que redactó hace tiempo un "Manual para recorrer Madrid sólo por las aceras a la sombra" (o algo parecido... no estoy nada segura del título tampoco), que me lo recuerde ahora que estamos todavía a tiempo...
... o calle para siempre, cargando en su conciencia con los cadáveres de las almas en pena y en busca de relativo frescor. :D)

PS ¡Ánimo! El verano puro y duro, son sólo dos días (o tres): ¡Disfrutadlo! Haced acopio de calorcito que luego nos quejaremos del invierno... :)

PS. Y por favor, no os olvidéis de dar de beber a los pajaritos si me ausento, presa de infinita pereza veraniega... ;)

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martes, 27 de junio de 2017

Cake salado

Ya sé que puede parecer una locura hablar de meterse en la cocina con los calores que caen estos días y más con el horno funcionando pero...

Hace poco, volvía de la calle, estaba sedienta, licuándome como un helado a pleno sol a pesar de haber salido muy temprano así que pensé que sudar un poco más o un poco menos, no tendría mayor importancia.
Y sin embargo... ¡qué calor! Por Tutatis, ¡qué calor!... Casi me arrepiento a la mitad...
Pero me animó sobre todo el pensar en algo que me iba a solucionar la cena (porque luego a la hora de la idem, sólo oír (u oírme) decir ¿qué cenamos? y me entra una vagancia infinitaaa...)

Así que, valientemente... me puse manos a la obra con los
ingredientes siguientes:

100 grs de harina
Levadura de panadería en sobre (viene en granulado y es más fácil de usar que la prensada comprada en la panadería. Cada día me simplifico más la vida en la cocina... me estoy haciendo mayor... o vaga... o lista. Ya era hora.)
1/2 vaso de leche (para diluir el sobre de levadura)
3 huevos
Una pizca de sal.
1/2 lata de aceitunas negras deshuesadas
50 grs de chorizo desmenuzado (se puede sustituir por taquitos de bacon o unas anchoas (en esos casos, no se pone sal a la mezcla)
100 grs de queso rallado
100 grs de mantequilla (o margarina como queráis. La receta original viene con mantequilla pero yo prefiero usar margarina: sale más ligero. Intenté una vez hacerlo con aceite de oliva pero su sabor coge demasiado protagonismo y eclipsa a los demás; no sabe igual, así que volví a la margarina, más neutra.)
Unos 10 tomatitos secos y conservados en aceite (le dan al conjunto un sabor increíble)
Unas hojas de albahaca fresca o de menta o cebollino. (al gusto. Yo, esta vez puse albahaca: me encanta y este año tengo una planta preciosa, frondosa y olorosa. Y que los bichos que a veces se la meriendan no han descubierto todavía.

Arranquemos: primero se enciende el horno a 180º .
Luego se forra el molde de cake con papel especial para horno.
(después de esto, me tomo un traguito de agua fresquita con limón)
Luego se derrite la margarina en el microondas para que no esté demasiado caliente a la hora de mezclar con el resto de los ingredientes.
(otro traguito porque yo también me estoy derritiendo)
Se trocea todo finito, finito. (a mano, mejor que en un robot donde se haría papilla. Y sólo habrá que lavar el cuchillo y la tabla... lo dicho, me estoy haciendo comodona.)
Y todo seguido, se baten los huevos como para una tortilla y se vierten en un bol grande donde está ya el resto de los ingredientes.
(otro traguito)
Se diluye la levadura con la leche.
Se mezcla con la harina.
Se añade la mantequilla (o margarina) derretida pero ya templada.
Y se vierte y mezcla muy bien muy bien con todo lo anterior.
(otro traguito y otro)
Mientras he hecho todo esto, se ha calentado ya el horno así que vierto todo en el molde de cake que meto en el horno (piso intermedio)
¡Ufff! Acabé...
Y como empieza a hacer calor en la cocina... me voy a refrescar.
No sin antes mirar la hora: necesitará el cake unos 30 minutos aproximadamente; dependiendo del horno puede ser un poco más o un poco menos con lo cual, la primera vez, mejor no alejarse demasiado y echar una miradita de vez en cuando, pinchar con un palito de madera para cerciorarse de cómo va la cocción y proteger con una hoja de papel de aluminio si hiciera falta. (Como siempre, vamos.)
Yo, ya lo tengo controlado: en mi horno son entre 30 y 35 minutos: el tiempo de darme un bañito para ¡por fin! refrescarme.

El resultado es éste:


Superpráctico para llevar de excursión, ya troceado y envuelto en su papel de plata (cambia un poco del clásico bocata de lo que sea ¿no?...)
O para una cena sin complicaciones: a la hora de la terrible pregunta ¿qué cenamos? puedo responder "Cake salado con una ensalada verde. Y de postre... fruta de temporada."

De vicio, de pecado mortal. ¡Irresistible!...Quien prueba, repite.
Repetí. Y repetí.
(Sólo para asegurarme de que sigue siendo tan rico como siempre... Sigue.)

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Pompita de "Bon appétit!"
Y de nuevo con las manos en la masa (recobrando costumbres pues me di cuenta hace poco que llevaba muuucho tiempo sin compartir con vosotros una de mis viejas y queridas recetas, de ésas que no fallan nunca.)
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martes, 6 de junio de 2017

Infatigables...

Infatigables... ellas.
Y yo no me canso de mirarlas, observarlas, admirarlas.
Y de envidiarlas. Siempre activas, de sol a sol. Sólo frenadas en las horas del mediodía cuando no se las ve (pero porque siguen trabajando en el subsuelo, a la fresca de sus refugios). Sólo paradas un rato cuando la tormenta, que a su escala se vuelve diluvio universal, las machaca y destroza parte de sus edificaciones. Que se apresuran a reconstruir.
Infatigables.
Son arquitectas, ingenieras de camino, criadoras de sus crías que transportan de allí hacia aquí o al revés según las horas, criadoras de otras especies que explotan, agricultoras, recolectoras. De lo cultivan, de lo que encuentran, de lo que roban cuando pueden: lo aprovechan todo.
Infatigables.

¿No les duele nunca nada? ¿No necesitan descansar nunca? ¿Tendrán acaso fisios gratis para masajear sus cuerpos machacados por el trabajo intenso? ¿Tendrán viajes del Imserso donde les dan de todo, masticado, sin tener que planificar nada, sin tener que pensar (que es una cosa agotadora, se diga lo que se diga)? ¿Se irán de balneario cada fin de semana para cuidar sus articulaciones rígidas y sus huesos que crujen? (¿tienen huesos las hormigas?... me parece que no... ¿Será su secreto entonces?... Será su secreto, seguro.)
¿Cómo lo hacen?...
Infatigables.
Las envidio. Envidio su actividad que no decae nunca... Envidio sus patitas ágiles (las mías no lo son), sus articulaciones siempre engrasadas (las mías no lo están) ...
Su esbeltez (también)... Su comunicarse sin ruido (también).

Soy una envidiosa...
Vale... pero en otra vida quiero ser hormiga. He dicho.

... Aunque... no sé... ¿Ven la luna, las nubes y las estrellas  las hormigas?...
Quizás me lo pienso mejor y me busco otra animalita para la reincarnación...
No sólo cuentan las articulaciones, desprovistas de poesía. ¿No?...

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Pompita observando la actividad de los hormigueros de mi jardín.
(Hoy sin foto. El suelo está muy bajo y no encuentro el tres en uno...)
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martes, 16 de mayo de 2017

El sendero de los sueños

Eran siete. Cada una de un color distinto. Las habían mandado allí para purgar sus pecados que eran muchos; y despojadas de su cuerpo mágico que las hacía invisibles, les habían dado el disfraz de unas libélulas de alas frágiles y transparentes.


Y ellas que habían incordiado tanto a los humanos en sus anteriores encarnaciones, debían ahora sortear los múltiples peligros que acechan a todo ser alado.
Algo arrepentidas por sus fechorías pasadas, estaban en ese momento cavilando sobre la manera de enmendarse, conseguir su rehabilitación a los ojos de los demás moradores del bosque y recuperar, con el perdón, su aspecto habitual.

Su reflexión fue interrumpida por un ruido muy familiar: el de los pasos de un hombre que solía pasear por este bosque en busca de soledad y silencio... Aquel día, el hombre, algo mayor y cansado, se sentó en el tronco tumbado de un árbol que allí yacía entre la hierba; con ese banco improvisado el lugar se tornó propicio a la meditación o la ensoñación.

Al ver su rostro serio, ellas se acordaron de lo mucho que le habían fastidiado en el pasado: dolorosas picaduras de avispas, molestos zumbidos de mosquitos que le quitaban el sueño y más trastadas de chinches que en su inconsciencia de jóvenes e inexpertas hadas del bosque habían urdido para entretenerse cada primavera. Fechorías que a la vejez lamentaban y por las cuales estaban ahora sufriendo destierro.

Pero las hadas, al igual que los duendes, trasgos y demás diminutos que pueblan nuestro entorno, si bien son a menudo incordiosas por burlonas, son también personitas sin maldad verdadera. Y se les ocurrió una idea curiosa para alegrar al visitante...
Rozaron levemente las ramas del enebro que daba sombra al banco con el fin de salpicar a su huésped con el polvo de oro que en esta estación se escondía entre las acículas. Pues son muchas las propiedades de los enebros y las hadas lo saben. Y esta lluvia dorada viene cargada de poderes mágicos que los humanos no sospechan...


Al hombre le gustó el chaparrón impalpable a su alrededor. Le pareció bonito verlo bailar abrazado a los rayos de sol que se colaban entre los troncos. Pero estornudó estrepitosamente y parte del polen dorado se le metió en los ojos. Y se apoderó de él un sopor al que no se resistió, tan a gusto se encontraba en ese lugar.
Lo que no imaginaba ese hombre es que el sueño profundo que le invadió era un ardid mágico de las Siete Hadas del Enebro para hacerse perdonar lo mucho que le habían perseguido y maltratado toda la vida con sus bromas de mal gusto.

Ellas entraron por sus ojos, como siempre lo hacen; se escondieron detrás de sus párpados y se apoderaron de sus sueños... Pero esta vez no fue con la idea de truncarlos sino con el propósito de dejarle un regalo muy especial, un favor exclusivo...
Sembraron a su alrededor el sueño de un bosque umbrío y misterioso, con su camino serpenteando entre musgos y flora silvestre de jaspeados tonos azules. Se respiraba paz en este bosque sólo poblado de pájaros cantores. Y le dejaron pasear de la mano de sus recuerdos y sus sueños juveniles por el camino de polen dorado, entre campanulas celestes y jacintos olorosos.

Cuando el hombre despertó, se encontró de nuevo en el paisaje de siempre y muy lejos del Bosque Dorado de las Hadas pero volvió a su casa con una sonrisa en los labios.
Y al pasar al lado de la señal de la senda encantada, le guiño un ojo al ciervo alado que le había mostrado otro de los muchos caminos de los sueños del ser humano.

                                                          de la red: una de las múltiples señales mágicas de Bretaña

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Pompita con guiño:
Este cuento está dedicado a un curioso perrito verde que me lo inspiró, regalándome el favor especial de pasear por
                      el Camino de las Hadas de su lejano Bosque Azul.
Muchas gracias, P. ;)
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