martes, 19 de abril de 2016

Algo raro en la nevera...



 "Le-chu-ga. Ne-ce-si-to-le-chu-ga"
Debió de llegar de polizón en la última lanzadera turística de Marte pero no me percaté de ello hasta que descubrí que las lechugas menguaban con más rapidez de lo acostumbrado en mi casa.
No lo entendía. Nunca me había parado a pensar en la frecuencia con la que iba a "La huerta" (así se llama la frutería de mi pueblo donde suelo comprar: me gustan sus frutas y verduras siempre tan apetitosas en comparación con las de plástico de las grandes superficies; y además, sus dependientes son muy amables.)
No lo entendía: por mucho que le daba vueltas al asunto, no había forma: no lo entendía...
Ya había llegado al extremo de apuntar en la agenda cada visita que les hacía. Y a comprar las lechugas, endivias, cogollitos o escarolas de dos en dos. E incluso más.
Asimismo iba anotando cada noche lo que había en el cajón de la nevera.
Pero cada mañana comprobaba que no quedaba casi nada de ellas. Si bien los tomates desaparecían con su ritmo habitual así como los pepinos, apios y demás verduras, lo de las lechugas eran un misterio. Y me tuve que rendir ante la evidencia: las lechugas desaparecían como por arte de birlibirloque. Abracadabra. Blip. Blip.

Me estaba poniendo nerviosa porque después de pensar en un corto circuito que habría cambiado algo en las tripas de mi nevera, sospechaba también de mí misma ¿sería una sonámbula de ésas que se levantan de noche para darse un atracón de lo que sea y al día siguiente no se acuerdan de nada? Y por eso empecé a poner trampas como hacen en las películas de intriga, con un pelo pegado en la puerta, para saber si alguien la abría mientras yo dormía. Pero no. Cada mañana la puerta seguía intacta. Y las lechugas seguían mermando al mismo ritmo sospechoso y desasosegante.

Como estaba claro que el problema venía desde dentro, un día decidí hacer un experimento: no comprar ni una lechuga más, a ver lo que pasaba.
Se sorprendió el chico de "La huerta" (la cajera del super, ni se enteró) (a veces compraba allí también, para despistar al primero cuyos guiños me empezaban a molestar cada vez que me decía: "Y dos lechugas ¿no? Como siempre." Como si él supiera algo que yo ignoraba...)
Se sorprendió cuando ese día le contesté: "No, gracias. Hoy, no."

Y fue a raíz de esta decisión drástica cuando a la mañana siguiente oí una voz bajita, apagada y tristona que salía de entre los yogures: "Le-chu-ga. Ne-ce-si-to-le-chu-ga. Blip."
Primero me sonreí: me acordé de una película en que el bicho raro decía : "Da-tos, necesito da-tos" pero enseguida me di cuenta de que la cosa no era de ficción: era real. ¡Tenía a un especie de ET en la nevera y me pedía lechuga! Brrrr... Desconcertante... Inquietante...
Me quedé sin habla: no todos los días te sale una cosa tan rara en la nevera. O ¿sí?...
No lo sé... Porque en realidad, cada casa tiene sus rarezas entrañables: recuerdo que mi madre contaba que tenía tres terneritas que la dejaban sin botellas de leche... Yo personalmente tengo a un monstruo de las naranjas en la despensa. Y a veces a las ardillas de los frutos secos que me dejan sin almendras. Pero son gente conocida de toda la vida. Nada preocupante.
(... Ahora que lo pienso... una vez encontré también un pequeño caracol extraviado en una escarola; y una tijereta medio dormida...)
Pero un extraterrestre en la nevera ¡¡jamás me había pasado!!

Sin embargo, ahí estaba. Escuálido y gris, con pintas naranjas de óxido. Tenía mal aspecto a pesar de sus grandes ojos de plástico negro brillante; y repitió con voz desmayada:
"Le-chu-ga. Ne-ce-si-to-le-chu-ga. Blip."
Yo era la culpable de su debilidad: le había dejado sin alimento muchas horas. Estaba tan arrepentida que, a falta de otra cosa, busqué en el comedero de los pájaros, rescaté una hoja todavía sin picotear, la lavé, la sequé y se la di. Y recobró su color verde-pradera enseguida. Blip. Blip.
Quería sacarlo del frigorífico porque no me parecía razonable tener a un bicho allí dentro (no fuese a resfriarse y a estornudar encima de la comida. Poco higiénico.)
Pero él parecía estar a gusto a pesar del frío (aunque noté que tosía un poco) y al final me ablandé y lo dejé instalarse.
En seguida le cogí cariño, como en un sueño eléctrico, acostumbrándome a su presencia y eligiendo las mejores lechugas, los berros más tiernos, toda clase de romanas, rúculas, canónigos, batavias u hoja de roble para agradecerle su ayuda: a menudo me avisa cuando un producto está a punto de caducar o si nota que falta algo básico. Se me ha hecho imprescindible. Blip.
Max (así se llama) me cuenta cosas maravillosas de su planeta lejano. Yo no le cuento todo sobre el mío... No quiero que se vaya, asustado por el panorama político actual... Es tan sensible y cariñoso. Dan ganas de abrazarlo, achucharlo y comérselo a besos, como a un osito de peluche. Pero no me atrevo, por si de repente se me pone agresivo o a berrear... Hace tiempo vi otra película donde se daban casos escalofriantes cuando llovía... No recuerdo cómo terminó.

Y fue también por la misma época cuando decidí cultivar unas pocas verduras: el chico de la frutería ya se ponía demasiado impertinente con sus comentarios. Uup. Yo creo que sospechaba algo...Y no le iba a contar que todo se lo comía el trasgo verde de la nevera. ¿no?..

Pero quizás no debí acogerle con tanta ligereza... Me asusta algo pensar que la invasión ha empezado en serio ... Y puede que el de la frutería lo sepa... Hasta puede que sea cómplice y por eso venda verduras tan apetitosas...

https://www.youtube.com/watch?v=BgIuUyAUxaw             
http://www.traduceletras.net/es/wayne-jeff/eve-of-the-war/417739/
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Pompita que se me escapó una madrugada de invierno, desvariando al mirar hacia el firmamento mientras soplaban aires de cine...
Ps. Él sigue aquí, en la nevera, entre el jamón de york, las cuajadas y las botellitas de agua. Blip.
Guardadme el secreto, porfi. :D
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martes, 12 de abril de 2016

Mi jardín me habla...


 ¿No te lo crees?... Pues, ven conmigo y escucha:

Nada más entrar, a la derecha, nos saludan las coronillas que sembró un día el viento y allí se quedaron haciendo las delicias de las abejas que más de un Ángel teme por su alergia.
A la izquierda está la adelfa rosa que, viniendo de un estrecho tiesto de ciudad donde se plantó al llegar la "niña", se acostumbró en seguida a la libertad de la sierra. Un poco más abajo, está también la thuja del "niño", de semejante recorrido.
Y el manzano que hicieron los dos, hace más de veinte años, de una de las numerosas pepitas que sembraban juntos con ilusión. Manzano del cual nunca comemos las pequeñas manzanas que avispas y urracas catan una a una antes que nosotros pero de siempre espectacular floración.

En la terraza, el ruido de conversaciones se acentúa pues allí se reunen otros familiares y amigos:
El eléboro verde, regalo de mi "invisible" David; y las bisnietas de la tomatera decorativa de Jacqueline. Está cerca el lilo de José, siempre oloroso en su estación. Y su hermana Eli, de rosal valiente que lucha con el celindo para alcanzar el sol; celindo superviviente a los juegos de una cachorrita colley, empedernida podadora de arbustos recién plantados.
Y entre los tiestos de hierbaluisa, una en particular: regalo chistoso de MariaLuisa, medio bruja, compi de infusiones inspiradoras de las largas, nutritivas y sabrosas charlas esotéricas sobre "hierbajos".
Bajando hacia el huerto, me cruzo con un abeto de nombre Alfonso y Elena. (¡hola! ¿qué tal las niñas?) Y siguiendo por el jardín, está también otro vecino amigo: Antonio y sus fresas (un gran gran abrazo para ti); más abajo me encuentro con mi murcianica Juli y el perfume de sus alhelíes que se siembran por todas partes (luego te llamo), con mi hermano Pierre y sus gariguettes de Bretaña (bises à tous), con el acebo de César y Sagri, la hierbabuena de otro Antonio (el number one de la tortilla española de los saraos del vecindario); la hierbabuena para el té moruno de Carmen y Jesús, que no faltan nunca a la cita, entre viaje y viaje (¿A dónde vais esta vez, pendones?).
Y más gente, de mucha raíz:
El olivo sin podar y la higuera dulce de la Alcarria de mis suegros. Las mimosas olorosas que rebrotan más vigorosas que nunca después de cada helada y que llegaron desde Las Landas de mis padres; y sus madroños que plantamos juntos y que alegran cada rincón, regalando a la vez flores y frutos entre el verde perenne de sus hojas.
Y en la entrada a la casa, el viejo rosal, trepador especial: lo primero que plantamos al llegar y que cada primavera obsequia su tapiz de pétalos de recibimiento y sus ramos olorosos de despedida a las visitas que lo admiran.

Están también los bulbos, bulbillos, semillas y esquejes varios traídos de excursiones cercanas o de viajes lejanos. Y que también me cuentan las historias de sus acompañantes.
Todo esto entre tomillos, romeros, cantuesos, jaras, encinas y enebros autóctonos que los acogieron en la sierra, entre abrazos de rocas.
Que les hicieron un sitio; como me lo hicieron a mí.
Todo esto salpicado por las numerosas hierbas "cuerdas y locas", flores silvestres y arbustitos, muchos desconocidos, regalados por los pájaros y el viento; que también cantan, silban o susurran.

Sí, mi jardín está poblado de mucha gente a la que saludo una a una al dar mi vuelta matutina, nada más terminar de desayunar.
Como todos los días.
Como hoy que empiezan a alborotar las hadas y los duendes de la primavera en mi jardín, entre chaparrón y chaparrón...

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Pompita de jardín parlanchín.
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martes, 5 de abril de 2016

Y ahora ¿qué?...



- ¡Ya era hora que dejaras sitio a los jóvenes, macho!
- ¡Que sea para bien!
- Los hay con suerte... No veo el momento.
- ¡Disfrútalo! Te lo tienes muy merecido.
- ¿Ves cómo todo llega?...
- Te echaremos de menos, jefe...
- No te olvides del sarao este verano ¿hein?
- ¡Por fin nos libramos de ti! Ahora, a dar guerra en casa jajaja
- Contamos contigo para seguir con las tertulias ¿vale?
- A ver cómo se lo toma tu mujer, jeje.
- Hacer sólo lo que me da la gana: mi sueño...
- Has sido como un padre para mí...
- Ya sabes: si cambias de opinión, te recibiremos con los brazos abiertos.

  ... Y el móvil que no para de wasapearte también emoción familiar, parabienes y chistes. Lagrimillas y eteces...

Y así toda la mañana. Tu última mañana en la oficina.
Y mañana, el primer día del resto de tu vida. El postre.
Tu primer día sin.
Primer día sin despertador, sin reloj (a pesar del regalo incongruente que te hizo la empresa), sin atascos, sin quebraderos de cabeza, sin...
Sin muchas cosas (buenas, que las hubo; y malas, que las hubo también) Cosas que hasta hoy han pintado buena parte del panorama de tu vida.
De tu vida antes del cambio de estatus.

Pero sobre todo, primer día con.
Con otras muchas cosas, merecidas, no regaladas por leyes fluctuantes sino ganadas a pulso.
Mañana, el primer día de empezar a hacer ¡por fin! lo que nunca pudiste. "Por falta de tiempo", decías...
¡Ingenuo! Mira a los jubilados de tu alrededor: ahora es cuando te va a faltar tiempo, ya lo verás.
Sólo ellos llevan una vida tan llena, siempre muy atareados, muy inquietos de todo, muy activos; por mucho que digan las malas lenguas que confunden "activo" con "económicamente rentable".
Más activos que nunca. Siendo los propios jefes de su tiempo.
Siendo libres.

Y yo sé que vas a ser un "pluri-jubiloso", entre viajes, fotografía, lecturas, estudios y tertulias varias y otras muchas actividades, gratas todas, por elegidas.

(...Y si aún así te sobra tiempo (cosa que dudo), ya te buscaré yo algo, lejos de la mesa camilla o de la tele.
Por si te faltan ideas, entre viaje y viaje... podrías también dedicarte un poco a la bolsa... Ya sabes: un poco más a la bolsa de deporte, la bolsa de la basura o la bolsa de la compra. ;)

 Pompita de          ¡¡¡ FELIZ  JUBILACIÓN, MARIDO !!!


martes, 22 de marzo de 2016

Mirlo




Te observo desde hace un buen rato. Y me sonrío. A pesar de saber que me costará tiempo y esfuerzo recolocarlo todo en su sitio. Te veo hurgar. Remover. Mirarme tú también con el rabillo del ojo. Ojo negro, redondeado de naranja. Bien abierto. Siempre mirando a tu alrededor en busca de algo. Inquieto. Inquisitivo. Siempre yendo y viniendo. Siempre volviendo. La culpa es mía por mimarte tanto. Vuelves. Para ver si dejé algo apetecible en tu ausencia. Para escarbar un poco. Sacudir la cabeza, poco o nada convencido por el menú. Dar saltitos graciosos. Silbar. Volar cerca o lejos. Desaparecer. Un día o dos o tres. Volver. Espantar a cualquier gorrión o herrerillo con tus gritos.
En verano me despiertas bien temprano: lo tienes fácil con este árbol donde te posas y cuyas ramas, al más mínimo soplo de aire, alcanzan mi ventana.
Pero ahora, con la savia todavía aletargada, todo está en la oscuridad del subsuelo y hurgas en varios tiestos. Te vas a buscar fortuna algo más lejos. Vuelves. Trinas. Te callas, expectante. Esperando respuesta. Chillas repentinamente, sin motivo. Sobresaltas a todo el barrio. Negro. Pico picudo. Naranja un día y otro, negro. No eres siempre el mismo, es evidente. Varías. Desvarías también. De sur a norte. De oeste a este. Depende de los días. Soleados o nublosos.

¿Volverás esta primavera a anidar tan cerca? ¿Volverás a abandonar un nido vacio dejándome con la ilusión frustrada de ver tu prole, mirlita?...



Pero el resultado de tus investigaciones en mis tiestos buscando a saber qué, es siempre el mismo: raíces al desnudo, semillas esparcidas, la tierra sacada de su espacio, la planta desprotegida.
Sabes que me da lo mismo azul que verde, blanco o negro: he dado de comer a gente alada de mucho plumaje y cantar.
Pero permíteme decirte que si fueses un mirlo blanco, te lo aguantaría, tal vez... por lo excepcional, lo irrepetible, por tu canto melodioso a veces... tal vez...
Pero ni siquiera esto: más negro que el carbón o el diablo eres, jomío, aunque te creas muy blanco, inocente, revoloteando lejos, pasando de mí; o cerquita, provocándome, incansablemente.
Y por si fuese poco, sin modales eres con tu apetito desmesurado: hay que ver cómo lo has dejado todo. Una vez más.

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Pompita para un pajarito incordioso que sin embargo me cae bien.
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martes, 15 de marzo de 2016

Peluquería de señoras

No me gusta ir a la peluquería, me aburre. Pueden pasar meses y meses sin que la pise. Y muchas veces me apaño yo misma; con resultados no siempre idóneos ni de color ni de corte, todo hay que decirlo... 
Pero por lo menos ni me he gastado una fortuna ni me salen arrugas por enfurecerme contra nadie como ocurre en esta, para mí divertida (...por vivida alguna vez) canción de Lynda Lemay.

Llegué una buena media hora
antes que la hora de mi cita.
Tiempo para estar segura del color,
para no lamentarlo después.

Tiempo para hurgar en las revistas,
para descubrir a Claudia Schiffer
con los brazos en alto, medio desnuda,
por supuesto guapa como nunca.
Y fue cuando vi la luz
y dije: "Así es cómo los quiero.
Chico, no me los vayas a estropear:
esta noche veo a mi enamorado."
Insistí en el largo

y me dijo:" Calma, querida cliente,
tranquila, no tema:

la voy a dejar im-pre-sio-nan-te.
Dijo: "Conozco mi arte.
Déjelo de mi cuenta, ya verá:
le voy a dar un look de muerte.
La tomarán por una artista."
Parecía tan convencido
que le dije:" Confío en ti"

Tomé asiento con mi revista
intentando quedarme en silencio.

Muerta de miedo
con mi capa
y mi toalla alrededor del cuello,

pasé por la famosa etapa
del gorro de baño con agujeros...
Señores, no tenéis ni idea,
vosotros que pasáis por la barbería
para un simple corte
antes de volver a la oficina,
de lo que nosotras tenemos que soportar
y de lo mucho que nos humillamos
al arriesgar nuestra cabellera,
como si se tratase de nuestra vida,
entre las manos de lo que se llama una "loca"
que jura que el óvalo de nuestra cara
exige tal o tal permanente

y también tales o tales mechas.
Sí, vosotros que no sois más que los testigos
de nuestra vuelta histérica
con la cabeza como un puñado de heno
y la cartera anoréxica,

Vosotros cuyo único papel
consiste en reprimir vuestra risa tonta
mientras nos escondemos
en el cuarto de baño, negándonos a salir...


Estaba pues con el gorro espantoso
cayéndome en los ojos.
¡qué posición más molesta!
para ver entrar en el salón
a mi gran vecina (seis pies y medio)
con su falda y su perfume,
y que viene gritando:
" ¡Hola, Lynda! Casi no te reconozcooo!"


Después tuve derecho a los bigudis

"Solamente para dar más cuerpo"
me prometió el locuelo
antes de pasar al secador.
Omitió simplemente
decirme que tendría pinta de tener
familiares en Haiti:
salió de lo más encrespado, lo nunca visto.
Al final, colmo de desesperación,
las mechas rubias salieron pelirrojas
En cuanto al rasurado cerca de las orejas..
tendría que esperar a que volviese a crecer.
Y lo peor de mi historia
es que después de pasar por caja
dije."Muchas gracias, buenas tardes"
como la reina de las cretinas.

Volví echando humo por las orejas.
"Impresionante" me había dicho.
y para impresionar,
eso sí: impresionaba de lo lindo.
Me estudié delante del espejo
en braguita, levantando los brazos
pero no conseguí jamás ver
el parecido con Claudia.

Anulé mi cita
temiendo que el chico fuese asmático:
la podía haber espichado en el acto
nada más pasar la cancela.

Me juré que nunca más en la vida
acudiría a un experto
¡Al diablo el arte! ¡Vivan los fígaros!
Y las bellas permanentes de mi madre.

                                                   https://www.youtube.com/watch?v=qIMzJlv0jJ8

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Pompita con champú
 .

martes, 8 de marzo de 2016

"Hermana pequeña" y familia

"Hermana pequeña", en esos momentos lo que me gustaría es daros uno de esos abrazotes apretaditos y calentitos que no necesitan palabras para transmitir su mensaje.
Un abrazo como los que intercambiamos vuestra Mariajesús y yo, por medio de comentarios y correos recíprocos cuando "olíamos" que los necesitábamos.

A ella, me habría gustado poder decirle hoy, precisamente hoy,
y mostrarle con esta foto, que los tres guisantes ya asoman ahora mismo en mi invernadero.
Ella sabría porqué "hoy" y porqué "tres guisantes"...


Y también contarle que un día encontré con alegría y enseguida me compré, "la dentadura postiza", o sea, un artilugio de hacer empanadillas como el suyo (siempre se me olvidó comentárselo) y que me acuerdo de ella con sonrisa cuando lo uso.
Y repetirle lo mucho que me gustaba el calor familiar alrededor de su mesa donde nos presentaba a su gente querida. A vosotros, "hermana pequeña" y familia. El mantel a cuadros blancos y rojos. Y lo que allí se compartía. Manjares varios para el cuerpo y el alma.

Y que la palabra "frailecillo" (yo me refería al ave nórdica ese día) va siempre acompañada de una sonrisa también desde su comentario jocoso en mi blog:
          "Reconozco abiertamente que es el único "fraile" que me gusta."
Muchas veces me reí con su ingenio, sus comentarios tan graciosos.
Muchas veces hubo guiños de complicidad también con sus entradas tan llenas de amor a la naturaleza, a sus animales y a su tierra verde, tan parecida a la mía bretona. Con su orballo, con sus filloas, con su gente. Morriña al alejarse de ella.
Y sus comentarios en mi blog, que esperaba siempre con curiosidad ("a ver lo que se le ha ocurrido a mi galleguiña...") y que nunca me defraudaron por su acierto en entenderme más allá de las palabras.
Y que echaré de menos; así como su presencia fiel.
Tan fiel y tan atenta que incluso un día me pidió perdón por si se le había extraviado alguna de mis entradas. Cosas de Mariajesús. :)
Y más cosas, muchas más, divertidas, bonitas y entrañables, hubo en esos años en los que compartimos tramo del camino bloguero ella y yo.
Muchos recuerdos me has dejado, MaríaJesús, bonita.
Cosas pequeñas, de ésas que nos hacen felices. Ya sabes.;)
Gracias por compartir las tuyas con nosotros.
Y gracias por hacerme un sitio en tu vergel de amigos de Paradela.

Sirvan mis recuerdos de abrazo grande para ti, "hermana pequeña".
Y para toda la familia.

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Hasta siempre, galleguiña amiga.
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martes, 16 de febrero de 2016

Mudanza


De repente se le cayó encima todo el cansancio de los meses pasados. Se sentó en una de las numerosas cajas que todavía quedaban por llevar y su mirada se paseó por la estancia...
En esta desapacible mañana de febrero, el salón acogedor que ayer todavía albergaba lustros de vivencias varias, le pareció ahora desmedido y desangelado, exhibiendo sin pudor sus cicatrices más felices: las ventanas ciegas y claras de sus cuadros ya embalados, este arañazo en el parqué que sólo él conocía o este desconchón en la pared que unos intrusos arreglarían; una retahíla de insignificancias abigarradas de las cuales sólo él recordaba el origen...
Los alborotos, risas, gritos y carreras se desvanecían, rebotando en suelos, paredes y techos con la fuerza menguante de una pelota que se desinfla...
Y flotaba en el aire un olor acre de chimenea fría y de casa abandonada que ahora le picaba los ojos y le oprimía el pecho...
Se levantó con esfuerzo y fue a la cocina. Pero por supuesto no quedaba ni un vaso en la alacena; y la nevera desenchufada que habían acordado dejar a los compradores, enseñaba su tripa desolada. Así que bebió directamente del grifo, que hoy no goteaba...
A solas, antes de la vuelta de los chicos de la mudanza que la víspera ya lo habían empaquetado todo y a primera hora se habían llevado la mayoría de los muebles, dio un último paseo por la casa, entre papeles arrugados, burbujas de plástico y restos de cinta adhesiva que se le pegaron a la suela de los zapatos.
Y recogiendo un pequeño libro sin tapa olvidado entre cajas de cartón, se despidió de cada rincón rumoroso de recuerdos...

Le sobresalta el timbre de la puerta; y sacudiéndose la morriña, empieza otra vez a visualizar su nueva casa que pronto se transformará en hogar; con sus cachivaches viejos y sus risas nuevas, con sus rozaduras de calzado recién estrenado y con su caminar ilusionado por una nueva página oliendo a pinturas y barnices frescos.
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martes, 2 de febrero de 2016

Ventana

Una ventana puede ser un simple hueco en la pared por donde entran el aire, las vistas, los olores ...



... y por donde circulan sonidos; de fuera a dentro y de dentro a fuera.

Así las veía Jacques Brel. Y así las cantó.

Las ventanas nos acechan
cuando nuestro corazón se para
al cruzarnos con Luisita
para quien arden nuestras carnes.
Las ventanas se trochan
cuando ven a la frívola
que regala su corola
a un pasante de notario.
Las ventanas lloriquean
cuando en el alba insignificante
un entierro se bambolea
hasta el viejo cementerio.
Pero las ventanas fruncen
sus cornisas de bronce
cuando ven las zarzas
invadiendo su luz.

Las ventanas murmuran
cuando caen, tal cabellera,
las lluvias de la frialdad
que mojan los adioses.
Las ventanas canturrean
cuando en otoño se levanta
el viento que abandona
las calles a los enamorados.
Las ventanas callan
cuando el invierno las apaciguan
y que la nieve espesa
llega a cerrar sus ojos.
Pero las ventanas cotorrean
cuando pasa una mujer
que mora en el callejón
donde pasan los Señores.

La ventana es un huevo
cuando es ojo-de-buey
que espera tal viudo
en un rincón de la escalera.
La ventana lucha
cuando es tragaluz
de donde dispara el soldado
antes de sucumbir.
Las ventanas vaguean
cuando son mansardas
y abrigan los harapos
de un poeta olvidado.
Pero las ventanas amables
se tapan con rejas
si a mala hora se grita
"Viva la libertad"

Las ventanas vigilan
al niño que se maravilla
en un coro de viejas
al dar sus primeros pasos.
Las ventanas sonríen
cuando quince años demasiado bonitos
y quince años demasiado crecidos
se ofrecen un primer ágape.
Pero las ventanas amenazan,
las ventanas fijen sonrisa
cuando a veces tengo la osadía
de llamar al pan pan y al vino vino.
Las ventanas me siguen
me siguen y me persiguen
hasta que llegue el miedo
muy al fondo de mi cama.

Las ventanas a menudo
tachan impunemente
de gamberros a los niños
que buscan a quien querer.
Las ventanas a menudo
sospechan de esos palurdos
que duermen en los bancos
y hablan extranjero.
Las ventanas a menudo
se cierran riendo,
se cierran gritando
cuando bajo ellas vamos a cantar.

¡Ah! no quiero pensar
que sirvan para cegar
más que para dejar entrar
la luz del verano.

No, prefiero pensar
que una ventana cerrada
sirve sólo para ayudar
a los amantes a quererse. (bis)


                                  https://www.youtube.com/watch?v=hgl6doQlGqY
                                  
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 Hace poco, Laura nos obsequió con fotos bonitas y variadas de sus ventanas que dejaban sitio a la imaginación para inventarse la historia de sus interiores.
Y me recordó esta canción de Brel (otra B mayúscula de mi "cordón ombilical musical") Un texto difícil de traducir porque, tal como os comenté hace tiempo, si bien se intenta respetar la idea, a veces es casi imposible traer la música de las rimas. Que Brel me perdone.
Espero que la disfrutéis, a pesar de todo. :)

Pompita soplada desde mi "ventanita" hacia todas las ventanas abiertas pero dedicada en particular a una muy querida ventanita, hoy tristemente cerrada. Hasta siempre, galleguiña amiga.
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martes, 26 de enero de 2016

Tic tac, tic tac, tic tac...

¡Ya estás aquí! Te esperaba ayer. Pero se te habrá amontonado el trabajo, lo entiendo. Y a la vez no te esperaba tan pronto. Se me ha pasado el tiempo tan rápido desde la otra vez. ¿Qué qué hice? Pues menuda pregunta tienes ¿qué iba a hacer? Vivir. ¿Cómo? Pues... hubo de todo desde la última vez que viniste. Cosas malas. Tristes. Muy tristes.
Y también mucha actividad. Y muchas cosas bonitas también. No sabría contártelas todas en detalle. Ya sabes, siempre me olvido de algún episodio. A veces es preferible. Depende. Pero tranquilo: está todo apuntado en el informe anual: los días que parecen años y los que pasan en un suspiro. Y hay años que parecen días o al revés. Ufff me estoy liando. No te rías: a veces tengo la cabeza en las nubes.
¿Me has traído el encargo? ¡Muy bien! ¿Está todo? A ver... Doce paquetitos: uno por mes. Sí, ya lo sé. "No debes abrirlos antes de tiempo." Eres un poco pesadito ¿sabes? Todos los años me repites lo mismo.
Y todos los años te hago caso ¿no? Uno al mes, el día 25. O un poco después. Pero nunca, nunca antes. Que son tonterías eso de querer saber lo que va a pasar...
¿Ya te vas? ¿Ni tiempo para un café, un trozo de mi tarta, un paseito? Bueno, pues... me ha alegrado tu visita. Muchas veces temo que no vuelvas. No me hagas caso. Me estoy haciendo mayor. Y a veces pienso cosas raras. Ya lo ves, ya son algunos que crujen en el cuerpo; si bien en el corazón sigo teniendo veinte; o incluso menos a ratos...
Oye, de verdad que me ha alegrado verte. Y cuento contigo para el año que viene. Y sé puntual. No me falles ¿eh? Te necesito. A ti y a tus cajitas.
Me queda mucho por hacer.

Y el Tiempo se fue, cojeando tic, tac, tic, tac, y al doblar la esquina, tachó en su hoja de ruta el encargo nº 65, guardó el recibí en la carpeta verde y añadió el informe que estudiaría después. Luego apuntó la fecha de la próxima entrega en la portada, entre dos puntos de interrogación, como solía hacer.
Y ella se quedó un rato pensativa mirando las doce cajitas envueltas en papel de regalo que la esperaban cerca del calendario de mesa. Mas luego las colocó todas en lo alto del armario. Menos una, la del mes de enero, que abrió de prisa, cortando el lazo y arrancando el papel. Y de entre las virutas de colorines y burbujitas de ilusiones sacó una llavecita, la llavecita de siempre. La que abría la caja siguiente. Y su sonrisa.
Y con la misma, le volvió a dar cuerda al viejo reloj de pared, como hacía cada mes de enero.
Tic tac, tic tac, tic tac...

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Pompita de enero.
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martes, 12 de enero de 2016

Una ensalada de invierno

Después de algunos excesos festivos y con el último pecado prolorzas del roscón de la semana pasada (acompañado de los últimos mazapanes, bombones de chocolate (con licor) y turrones...), hoy ni me apetece cocinar ni me apetece comer... Bueno... sólo ensalada...
Sólo ensalada pero ¡ojo! bien completita y colorida.
Se puede comer sano sin comer aburrido ¿verdad?
Una ojeada a la despensa... Tengo todos los ingredientes, así que me pongo manos a la obra y me invito a una...

ENSALADA DE INVIERNO

Remolachas cocidas, frías y escurridas
Manzanas (reineta o granny Smith) (crudas) (peladas o no. Va de gustos)
Nueces algo machacadas
Apio en rama en trocitos y sus hojas enteras. (¡de cosecha propia!)
Patata cocida.
Berros o canónigos o escarola rizada. (opcional)
Y para el aliño:
sal y pimienta, vinagre aromatizado en casa con romero (le vendría bien un vinagre de nueces pero no tengo) y aceite de oliva picual (que es mi preferido y que además veo ideal para perfumar las patatas cocidas.).

Troceo todos los ingredientes salvo las hojas de apio que guardo para decorar... y comérmelas por supuesto: me encanta el sabor del apio.
Los mezclo todos salvo la remolacha que añadiré en el último momento para que no les cambie el color a las patatas y manzanas. (¡hay que ver lo que mancha la remolacha!)
Justo antes de comer, añadiré la remolacha que aparto ahora.
Y verteré encima el aliño que previamente he mezclado bien en un bol.

...¿Y si a esta receta tradicional de mi infancia, le doy un toque personal y le añado también unos cubitos de queso?... ¿O también, en el último momento, taquitos de bacon fritos y calientes?... O las dos cosas... Tentador... Muy tentador... Pero esto quizá sea pasarme si quiero quitarme esos "gramillos" de recuerdos navideños... He empezado el año llena de buenos propósitos así que... mejor le pongo unas hojas de canónigos. (Se acabaron las escarolas de mi invernadero ¡qué pena!)
Y ya. Tenemos un plato colorido, nutritivo, apetitoso y sano ¿verdad?


Me digo: "Bon appétit!" y disfruto de cada sabor y su sinfonía en mi boca. Recordando...

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Pompita soplada desde la cocina.

Si gusta, os invito. ;)  A otra parecida porque ésta me la zampé ayer. :)
(No, como lleva patata no hace falta pan pero... traed el vino si queréis. Mejor un tinto :)

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