martes, 11 de agosto de 2015

Visitas estivales

No sé en otras casas pero en la mía proliferan las visitas en verano más que en otra estación.
Y unas me gustan un montón y otras... no tanto.

Una que ya no me gusta nada de nada es la del cartero (aunque sea majo). Primero porque con la excusa de mi firmita y un número de dni que ya casi se sabe de memoria, se enrolla con facilidad a pesar del calor en la cancela del jardín; luego porque últimamente le ha dado por traer más multas de tráfico que las añoradas postales que ya apenas se estilan, desplazadas por el wuasá (o como se escriba.)


Tampoco me entusiasmaban hace años las visitas de la vecina servicial que se te cuela en casa e interrumpe lo que sea. ("Pasaba por aquí. ¿Necesitas algo? ¿No? Entonces me voy: tengo prisa.") Tenía prisa pero relatándote los pormenores de la vida del barrio tardaba en despedirse en la escalera más de lo que me gustaba. (Hay gente que no respeta ni la siesta)



Pero...
Unas visitas veraniegas que me gustan un montón pero un montón son las JuntaCenas Familiares Improvisadas "Trae tu pan recién hecho y tu sandía. Yo tengo para picoteo y también para ensalada. Y queda limoncello."




También me gusta la visita del que entró por primera vez hace años y ha tomado tanta confianza que ahora te pide las zapatillas y se queda a echarse una siesta.


A veces unos desconocidos vienen por la noche, equivocándose de casa, despistados por las Perséidas.


Y otros son tan íntimos que aparecen a cualquier hora, sorpresivos y desconcertantes. "Me apetecía un cafetito con hielo." Y a veces te pillan en bata y con los ojos aún cerrados, llenos de sueño.



Está también la visita que sigues esperando año trás año: la del silencioso y enigmático que vino una sola vez pero que recuerdas cuando ves a uno de sus hermanos pequeños.



Existe también la visita familiar, mogollonera e ineludible de los días de partido. ¡Hay que ver lo que unen el deporte rey y unas cañas!


Una pillina llegó una tarde, se dio baños refrescantes y antes de irse, al cabo de años, posó para el recuerdo dulce.


Otros se limitaron a mojarse un poco en el lavabo y se fueron como habían venido, sin más.


Existen también los gorrones, amigos de los amigos, que se quedan hasta dejar limpio el plato de la merienda. ("¡Gato! Entiendo que te gusten tus amiguetes pero no hace falta que me los traigas a casa. En serio.")


Otros no se perdían ni miga de la cena. Encantadores, muy bien educados.


Y yo, tan contenta con todos.
Siempre me han gustado las visitas veraniegas.

                                       Y las vuestras, en cualquier estación. :)

Pompita de agosto.
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martes, 28 de julio de 2015

Hay mil maneras pero...

... pero con mi entusiasmo, me estoy poniendo algo pesadita con Islandia ¿verdad? Cayendo en el tópico de quien vuelve de donde sea y da la lata a todo el mundo con sus fotos o películas (buenas y malas) hasta arrancarles un bostezo o dos y la frasesita irónica:
"Vámonos, es muy tarde y nuestros amigos tendrán que descansar."

Os podría haber hablado en cifras, en datos, de volcanes y recursos naturales o de movimientos de las placas tectónicas o de historia, arte y artesanía (y tengo tropecientas fotos de todo ello).
O de otras cosas que hacen de ese pequeño país un lugar muy entrañable.
Pero para esto están los especialistas, los estudiosos y los múltiples enlaces (a cual más interesante) que surgen en la pantalla si tecleáis
la palabra mágica:

                                          ISLANDIA


Un sitio tan repleto de maravillas naturales, de lugares que cortan el aliento, que hasta llegas a experimentar algo semejante al síndrome de Stendhal.
Quedé prendada de este país. De su sol de veinticuatro horas en esta estación. De sus aves. De sus piedras. De su agua. De su hielo aparente escondiendo fuego permanente. De su cielo. De su color...
Me apetecía compartir algunos de sus aspectos con vosotros y lo he hecho... a mi manera.
Hay mil formas de contar un viaje, dependiendo de los ojos de cada uno...

Porque os podría haber hablado también de gastronomía (sabéis que es un tema que me gusta y que retrata también a cada país).
Os podía haber hablado de comidas ricas o curiosas...
Y no me resisto ¡ea! y lo hago:
Hablar por ejemplo de la sorprendente "golosina" de las tiras secas de bacalao que se comen allí como las pipas aquí.
O del cordero tan sabroso.
O del pescado omnipresente y siempre sabroso también.
O de cierta sopa de mariscos que aparte de deliciosa, me vino de maravilla para entrar en calor en uno de los pocos días desapacibles que hubo.
O del asado de frailecillo que esquemas sentimentales (mis pajaritos no me lo perdonarían) me hicieron rechazar...
Y de otras (no probadas), como un plato tradicional de tiburón (hákarl) de preparación... "extraña", no apta para estómagos delicados (o estómagos no-islandeses).
O del skir, una clase de queso yogur delicioso. (me encantó uno mezclado con arándanos)
O del pastel con ruibarbo... O de...

Os podría hablar también de la "experiencia humana" de un itinerario salpicado de anécdotas y vivencias, de un grupito de ocho (más una) personas de edades, circunstancias y orígenes dispares que practicaron quince días de convivencia compartiendo conocimientos distintos, buena voluntad cargando y descargando la furgoneta y participando en la cocina; y paciencia y sentido del humor también compartiendo habitación muchas veces "sonora" y con turnos para la ducha incluidos)
Os podría hablar de mil cosas más...

Pero sin embargo, no quiero cerrar el capítulo Islandia sin hablar de algo más: la suerte de haber conocido a un guía de lujo, gran profesional y sobre todo, bellísima persona, ilusionadísimo por hacernos llegar su amor a ese país. Un apasionado.
Y si bien nadie, creo, va a Islandia sin estar ya predispuesto a enamorarse de esa tierra de contrastes, fuego y hielo, día inacabable y noche interminable, Alberto consiguió su propósito. Vaya si lo consiguió. A base de conocimientos varios, experiencia de años y mucho buen humor.
Aquí lo tenéis, rindiendo pleitesía a las cascadas.



Lo que os puedo asegurar es que, por mucho que lo intentase, y a pesar de mi curiosidad referente a los idiomas, no podría contarlo nunca en islandés, esta lengua tan peculiar, porque...  Ég tala ekki islensku   
Con la ayuda de la chuleta y el mapa, sólo consigo recordar... ¿una docena de palabras?...Como por ejemplo...    
góðan daginn... Vestmannaeyjar...  lundi... Akureyri... Dimmuborgir... Gljúfrafoss...
Eyjafjallajökull ...  góða nótt!
Y sin la chuleta, sólo lo más fácil:
"Takk"
O lo que es lo mismo: "Gracias"

Pompita de muchas takk
para mi marido a quien robé "prestadas", por su calidad, unas fotos de glaciares que les hacían más justicia que las mías ;)
para Alberto, el "principito de los volcanes y las cascadas" ;) que nos hizo tan interesante y ameno el viaje.
... Y para vosotros si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura.
Os podría hablar de mil cosas más...
Pero tranquilos: no lo haré. (Si algún día no me leéis, que sea porque tenéis cosas más interesantes que hacer y no porque os eché a fuerza de cháchara machacona y mereciendo la frasesita de más arriba ;)
Os prometo que quería ser más escueta pero ha sido imposible.

                                                       Islandia es fascinante.

(...Pero algo de postre me he guardado para más adelante, para cuando os repongáis del empacho... ¡¡los trolls!! O ¿os creíais que se me había olvidado mi afición a lo fantástico? Pos no... E Islandia es una tierra rica en historia, en fantasía... y en trolls.)

                                                       Islandia es fascinante.

Valeeeeee. Ya me callo por hoy pero...
                                              Vertu blessaður
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martes, 21 de julio de 2015

Hay mil maneras... aquí, otra

Hoy mi manera de contaros Islandia será... en clave animal
y a lo bestia también... ¿Estais preparados?...
Empezaré por los ovinos: ya sé que no es un bicho de lo más apasionante pero en ese país, es más fácil cruzarse con ovejas que habitantes. Dicen que ganan a los humanos por tres cabezas a una. Y me lo creo: están por todas partes; en las llanuras, o cerca de las cascadas, en las laderas escarpadas, o cerca del mar, entre rocas o cruzando las carreteras.


Vaya, me falta una... Es que van tan libres todo el verano y con tanto espacio sin cercar que es difícil pillarlas juntas...


 Los caballos, preciosos, con su renombrado trote particular.


Los renos, no fáciles de ver, lejanos y esquivos y con pelaje de camuflaje.


Faltarán las hormigas: por lo visto, en Islandia no hay. (curioso ¿no?)
Pero hay arañas: hasta en los acantilados de las playas, bien ventiladas, he visto sus telas.

Y pasando de lo muy pequeño a lo muy grande, seré original pues no os pondré las tradicionales fotos de ballenas. Toda la vida presumiendo de  "Yo, no me mareo nunca en barco" y hace años en Noruega, para ver las ballenas, me estrené... ya me entendéis. Y no quise repetir la desagradable experiencia.

Y faltarán también las focas (vistas pero no retratadas: son más rápidas que yo) ¿O esto era una foca?... No sé, no sé... Quizás... Le dejaremos el beneficio de la duda.


Otros bichos que uno espera encontrarse en esa tierra vikinga son los descendientes de Hugin y Munin, los cuervos de Odín. Algunos vi y oí.
Pero más me gusta traeros esta versión de voz más melodiosa.

https://www.youtube.com/watch?v=DKagNKtE4eE&list=PLWU_G6uw0RwLWkhHeKDAxvvEqP7erVUiI&index=3

PERO, PERO, PERO...

Pero traigo en la cámara y en la retina a algunos de mis amigos alados: en este paraíso para ornitólogos y "pajarólogos", las cámaras hacen horas extras, echan humo, gastan sus baterías a la velocidad de la luz... y hasta se cabrean algunos días pidiendo descanso.

Eideres, fulmares, gansos, tordos, patos, " X" (¿agachadizas?), gaviotas (¿pero cuáles?), págalos (¿?), falaropos, charranes, ostreros  y "eteces" (muchos eteces, algunos vistos y otros no, algunos identificados y otros no) Intentar ponerles nombre a cada uno me costó trabajo. Y no estoy muy segura de haber acertado...


 

 





Y... Y... ¡¡ frailecillos por supuesto!!





 El frailecillo, el ave emblemática de Islandia cuya imagen se encuentra en todas partes y de cualquier forma, tamaño o material.

No me pude resistir y ejerciendo un día, no de "senderista cámara en ristre" sino de "turista pura y dura"... me traje uno: está en la puerta del congelador (para no sentirse demasiado desplazado) con otros bichos viajeros.


 Hay mil maneras de disfrutar de un viaje...
                          y contemplar la vida animal es una de ellas para mí.
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martes, 14 de julio de 2015

De mil maneras... otra

Hay mil maneras de contar un viaje.
Y mi segunda opción es de colores:

Allí, al norte del norte del norte, se encuentran todas las tonalidades de blanco, de negro y de gris que te puedes imaginar.
De la nieve, del hielo, del basalto y de las nieblas.
Pero también en esta temporada de sol insomne, hay una increíble paleta de colores en Islandia, como si el paisaje quisiera resarcirse de meses de oscuridad; una paleta donde predomina el azul:
El de los altramuces invasores que rivalizan con el cielo y el agua...




  ... y también con el azul de los glaciares y el de los ojos amables de los islandeses sonrientes.




Y el blanco del hielo veteado por el negro de las orillas que su tenacidad desmenuza sin pausa. (con el color de la alegría añadida de saber que no todos los glaciares retroceden...)


Y el negro, gris o rojizo de lava por donde se circula, la mayoría de las veces, en pistas de escoria. Pistas incómodas, interminables, inhóspitas, azotadas por un viento gélido. Viento que sin embargo se agradece pues despeja las cimas y aleja a las moscas pesadas...




... zonas inhóspitas que unas plantitas valientes se empeñan en salpicar de colores tiernos y efímeros.


Y el gris verdoso o amarillento del liquen que cubre las bombas antiguas y sustenta a los renos cuando desaparecen las praderas.


Y el amarillo azufre que ribetea las charcas negras de barro burbujeante y las proximidades de las fumarolas y géiseres, impregnando el aire de calor sofocante y olor penetrante.



Y el verde intenso de las praderas que alimentan a caballos y ovejas


Y todos los colores del arcoiris aparecen cuando se encuentran el viento y el sol en una de las innumerables cascadas. Y es fácil que esto ocurra: mucho viento y mucho sol en este cielo sin contaminar. Y las cascadas brotan por doquier, pequeñas o espectaculares.




Hay mil maneras de contar Islandia...
Hoy ha tocado pompita de colores.
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