martes, 11 de noviembre de 2014

Siete virtudes tiene la sopa

Para olvidarme un rato de sopas bobas o de sobres, bocatas de chorizos podridos y comistrajos varios cocinados en la oscuridad, (batiburrillo de ingredientes sumamente indigestos, altamente perjudiciales para la salud), apagué la tele, encendí la chimenea con el periódico y me metí en la cocina a preparar una sopita de las mías para entonar mi estómago revuelto y quitarme el mal sabor de boca.

Y eligiendo ingredientes, me pregunté: "¿Por qué me gusta tanto la sopa?.. ¿Qué es una sopa?..."

Ya sé... otros se preguntan cosas más trascendentales del estilo:

 "¿De dónde venimos?" 

o "A dónde vamos?" (esto sobre todo) 

Pero como a esas preguntas nadie sabe contestarme pues yo... 

a lo sencillo: la sopa.


"Una sopa es una preparación culinaria que consiste en un líquido con sustancia y sabor. En algunos casos posee ingredientes sólidos de pequeño tamaño. Una de sus características es que se ingiere con cuchara."

Vale... si lo dice el diccionario habrá que creérselo... pero a veces el diccionario es muy frío con su exactitud ¿no?... 
Le falta poesía, le falta sal, le falta calor, olor, sabor...
Y cuando se trata de sopa me gusta más, sobre todo en esta época del año, que tenga todos estos buenos ingredientes , que la sensación sea de calor, que se huela, que tenga vida, que...
Decididamente, me gusta más la definición del refranero. 
Es que soy refranera. Y "sopera" desde pequeñita. 
Estilo Guille.

 
Y como dice el dicho (ya sé... redundante. Pero no me gusta esto de "como reza el dicho" ¿Por qué tienen que rezar los dichos?...)
Vale. A lo que iba que si no la sopa se me va a enfriar: 

       Siete virtudes tiene la sopa: 
          Es económica,
          quita el hambre
          y la sed apoca,
          ayuda a dormir,
          no cuesta digerir,
          nunca enfada,
          y pone la cara colorada.  

Siete virtudes. Siete. No podía ser otro número. 
Para mí, el siete es mágico. Y la sopa también.

A los que no gustan de ella... pues... Les recomiendo que hagan una sopa de letras para pasar el tiempo mientras otros disfrutamos, cucharada a cucharada, de una de ellas.
(aquí hay siete sopas más dos de propina para el verano. 
... ¿O son dieciocho en total?...)


Pero os advierto que, según otro dicho:
                    "El que no se come la sopa, no crecerá"

Y como hoy, a pesar de todo, me levanté con espíritu lúdico y refranero, os dejo también una adivinanza:
                "¿Qué hay que darle al maridito, 
                después de la sopa, para tenerlo sanito?"... 
(Y añado de mi cosecha: " y a la mujercita también". Faltaría más.)

Pompita chup, chup desde mi sopera.
Y con una gran cucharada de sonrisas para sazonar.


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martes, 4 de noviembre de 2014

Belleza



Hayas de cálidos colores donde trinan pájaros tranquilos.
Abedules susurrantes de corteza variegada.
Abetos olorosos de troncos erguidos.
Arces, guindos, pinos, tejos, acebos, fresnos, sauces, álamos...
Algunos asediando las alturas, luchando para conservar su verticalidad paralela a la vertiente abrupta de la montaña milenaria.
 

Montaña que las temperaturas extremas consiguen erosionar en chorreras grises de piedras estériles entre silencio y estruendo; y sin embargo refugio mineral de un mundo animal escondido, insospechado.


Hierba rala emulando al páramo horizontal e inhóspito de la cima, azotado por vientos cortantes, sin olor. Cielo infinito. Luz cegadora.


Agua ensordecedora buscando su camino, forzando a la roca con constancia, arrancándole sus secretos.


O, domada por ella, plácido reflejo del conjunto.


Y las aves. Libres.


Todos componentes de este espacio de luz cambiante.


Todos protagonistas en cada recoveco del caminar ilusionado.

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martes, 28 de octubre de 2014

Pensando en Brassens

"Es tan imposible traducir la poesía como es imposible traducir la música."

Esta frase de Voltaire, me la hizo conocer, hace años, un alumno especial.
Especial por muchas razones:
Estaba yo acostumbrada a alumnos de mi edad o menores la mayoría.
Y con él, había algo más de cincuenta años de distancia temporal.
Él, jubilado todavía activo que seguía ayudando a su hija a llevar las riendas del bufete que había iniciado su propio abuelo creo.
Y yo, recién llegada aquí, jovencita, y profesora todavía inexperta.

Y para mí, era especial también por ser un gran admirador de
mi muy admirado Brassens.

Y ese alumno bastante díscolo que, si bien se doblegaba a ratos a los imperativos de la gramática francesa que tenía bastante oxidada, siempre que podía me llevaba por el camino brassensiano.
Y yo... tratándose de Brassens ¡me dejaba!
Las clases eran siempre en francés por supuesto, desde el mismo momento de entrar en ese despacho (olor a cuero y a los libros viejos que lo forraban por tres lados de suelo a techo) hasta la hora de salir a la calle y encontrarme, de repente cegada por el sol, como saliendo de otro mundo, para seguir mi recorrido de alumnos particulares.

Y eran siempre un gustazo de intercambio de conocimientos donde yo, por supuesto, me llevaba la mejor parte, vista la amplitud de su cultura.

Y un día me pidió, nada más empezar la clase, que intentáramos con un poema que Brassens tradujo en canción.
Canción que me confesó le encantaba por la musicalidad de las frases pero que no estaba seguro de comprender del todo.

Aparté los previstos y aburridos ejercicios de subjuntivo y entre los dos, nos salió esto que os traigo como mi homenaje anual a Brassens.
Y homenaje también a Hermenegildo, cuyo apellido he olvidado pero cuyo nombre siempre me viene a la memoria cuando escucho esta pequeña maravilla de poema de Antoine Pol.
Brassens lamentó no haber llegado a conocerlo en persona... como pasa con "Las transeúntes" del poema.



Quiero dedicar este poema
a todas las mujeres que uno quiere
durante algunos instantes secretos.
A las que no conocemos apenas,
a las que un destino diferente se lleva
Y que no volvemos a encontrar jamás

A aquella que vemos aparecer
un segundo a su ventana
y que, rauda, se desvanece
pero cuya esbelta silueta
es tan linda y delgada
que permanecemos embelesados.

A la compañera de viaje
cuyos ojos, encantador paisaje,
hacen parecer corto el camino.
A la que, quizás,
somos el único en comprender
y que dejamos sin embargo bajar
sin haber rozado su mano.

A las que ya tienen dueño
y que, viviendo horas grises
cerca de un ser demasiado diferente,
nos han dejado, inútil locura,
ver la melancolía
de un porvenir desesperante

Queridas imágenes vislumbradas,
esperanzas de un día, frustradas,
estaréis en el olvido mañana:
A poco que la felicidad sobrevenga
es raro que uno se acuerde
de los tramos del camino

Pero si uno erró su vida,
con un poco de envidia, sueña
con todas estas felicidades intuidas,
con los besos que no se atrevió a tomar,
con los corazones que, quizá, le esperan,
con los ojos que jamás ha vuelto a ver.

Entonces, por las tardes de cansancio,
poblando la soledad
con los fantasmas del recuerdo,
lloramos los labios ausentes
de todas estas bellas transeúntes

a las que no supimos retener.

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martes, 14 de octubre de 2014

Se llaman Plic


Ha sido largo su viaje y están impacientes por llegar. Traen en su equipaje recuerdos y regalos para todos: frasquitos de perfumes exóticos y vistosos collares de semillas, chales de gasa brillante y poesías lejanas, susurros de arpa, repiqueteos de castañuelas y voces de timbales.

Y llegan, cabalgando melodías. Y prestas, acuden a su cita anual.
Comprueban una vez más la hora tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Las esperan. Tienen que llegar. Las esperan desde hace meses.
Y también se preguntan qué les va a tocar en suerte: ¿un tejado con pendiente? ¿un árbol con sus ramas abiertas, listas para el abrazo? ¿una flor rezagada? ¿las plumas de un gorrión?...

Son muchas. Inexpertas, algo inquietas (para algunas es su primer viaje). Pero confiadas se dejan llevar por el viento del oeste y después de un aterrizaje a veces algo brusco, por fin llegan a su destino.

Todas visten la misma capa transparente; y como acróbatas se deslizan a lo largo de hilos invisibles y mágicos. Todas impregnan con su frescor el ambiente que rodea la casa. Y las rocas de la sierra se vuelven olorosas apenas las primeras en llegar resbalan en ellas.
Cuando se paran, estancadas en el musgo o enganchadas en una teja,
abren suavemente sus alas irisadas y de ellas salen unos seres diminutos cuyos ojos brillantes nos hacen sonreír:

                                    Son las hadas trotamundos.

Las hadas viajeras, llamadas también "hadas Plic".
Se parecen tanto que casi todas se llaman Plic.
Otras no. Otras se llaman Ploc.
Pero no quiero hablarte de las Ploc: son los seres más malvados , destructores, malolientes y antipáticos que existen.

Las hadas Plic, al contrario, son buenas, generosas, cantarinas y alegres y han viajado a lomo de nubes blancas o azules que les prestan sus reflejos para acudir preciosas y veloces a su cita con el otoño que las adora.

Empujadas por mil vientos. Decorando mil cielos de acuarelas.
Alegrando mil bosques. Refrescando mil campos.

Y si oyes esta canción: "Plicplicplic... Plicplic... Plicplicplic...",
seguro que se te abre una sonrisa al imaginar a las hadas de la lluvia.

Las tendrás que imaginar porque no las verás: son demasiado pequeñitas; pero oirás que se llaman, se encuentran, se abrazan, bailan, cantan y se tiran felices y jubilosas desde lo alto del tobogán del tejado.
Escurriéndose luego, mansamente, hasta las hojas de la madreselva donde se paran un rato a descansar...


Luego caerán, una tras otra, en la tierra donde les espera otro viaje,
no menos largo y emocionante.

Pero esto es otra historia que te contaré... otro día.

Pompita para Ana María, para el día que pueda leerla. ;)

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martes, 7 de octubre de 2014

Las rosquillas de la Abuela

Cuando los muchos años pesan en el cuerpo, cuando los dolores se instalan en cada articulación para no moverse de allí, cuando las piernas ya no pueden disfrutar pateando, inquisitivas, las tiendas del barrio o de más lejos, cuando la mente tiene a la tecnología como una barrera entre generaciones, cuando el presupuesto no se puede estirar más siendo su pensión tan escueta y sus nietos y bisnietos tantos...
¿Qué hacen las abuelas para seguir agasajando con cariño a los retoños de sus propios hijos como lo han hecho toda la vida?...
Ni los ojos cansados ni los hombros agarrotados pueden ya tejer jerseys o coser vestidos para abrigar cuerpos tan grandes.
Ni sus conocimientos sirven para comprar libros para mujeres y hombres de lecturas tan insospechadas para ellas.

¿Qué hacen?...
Pues hacen lo que sus manos algo torpes pero aún inquietas las dejan hacer todavía para participar en el cumpleaños. Aunque no les quede muy claro el número ya alcanzado por el chico o la chica del día especial. Son nueve nietos y cuatro bisnietos (más otro en camino) cuyos nombres y fechas se mezclan a veces.
¿Qué hace...?
Hace lo que sus nietos todos le agradecen con mimos emocionados y alaban con una frase redonda e inapelable:

                        "Como las rosquillas de la Abuela, ninguna."


Sabéis que me gusta compartir recetas con vosotros pero... lo siento, hoy no puedo. Hoy, no hay receta.
Primero porque cada familia tiene Su receta que es la mejor por supuesto. Y seguro que tenéis la vuestra. ¿verdad?
Y luego porque, si bien conseguí hace unos meses sacarle, casi a traición, a mi suegri, a la Abu de mis hijos y sobrinos, su receta tan celosamente guardada durante años (siempre dada por supuesto pero omitiendo pícaramente el ingrediente-truco secreto que las hace únicas), me vais a perdonar pero no puedo disponer de una parte de la herencia de mis hijos y sus primos.
¿Me entendéis, verdad?

Sólo deciros que son las mejores del mundo mundial, sin duda alguna.

          Es que... "Como las rosquillas de la Abuela, ninguna."

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martes, 30 de septiembre de 2014

El duende de la niebla




Llegó. En silencio. A pasitos insidiosos. Con su gorro de fieltro gris.
Tiñendo ramas, desdibujando a los pájaros, diluyendo el cielo.
Tejiendo grises rayos de sol apagado.
Infiltrándose, impregnando cada resquicio su aliento frío.
Llorando en fondo gris sus gotas diminutas y sin olor que apenas dejan huellas desmayadas de ceniza mojada en los dedos y las ventanas.
Las ventanas, efímeras pizarras de cristal gris donde niños encerrados soplan y dibujan siluetas troqueladas, animales inexistentes,
estrellas de fantasía.
Estrellas que se escurren en el cristal de las ventanas, que se esfuman, que se desvanecen como añorados recuerdos veraniegos.
Tiritando en lo alto del tejado. Destilando melancolía. 
Llegó el duende gris de la niebla sin eco que todo lo borra,
lo calla, lo diluye...
Mélancolie 
 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Verano que se va, otoño que llega



En esos últimos días del mes, el sol sigue cálido, incluso en las alturas, incluso temprano.
En el sendero semi sombreado escucho pájaros que no veo.
Me paro y descubro otros que no conozco. Y plantas humildes de un verde ácido y fresco, sorprendente a esas alturas del año.
Cada roca me habla, repleta de otros pasos solitarios que no adivino más que en su desgastada suavidad brillante.
Cada árbol de nombre olvidado que acaricio con la mirada, cada fuente fresca donde me inclino para beber.
Mis dedos juegan con piñas diminutas y verdes, recogidas en la arena del sendero escarpado. Caídas antes de madurar.
Su olor y tacto pegajoso evocan otros años y otros pinares.
Y acaricio también con la punta de los dedos las asperezas de unas piñas semiabiertas, algo secas, de otra estación. Ocultas en un recoveco apenas visible, un a modo de capullo verde tierno que las cobija. Escondrijo vegetal y oloroso desde el cual se vislumbra otra peña, otra futura meta.
Lejana y recortada en su cielo limpio y tranquilo.
Unas aves lo animan un momento con su vuelo pausado y circular.
Se alejan.
El griterío de una bandada de otras aves, negras, sin identificar, cruza sus aguas limpidas.
Cielo... azul luminoso de primeros días de otoño que se asemejan a otros días de pleno verano.
El sol, cauto en las primeras horas, calienta el aire a medida que discurre la mañana entre los pinos.
Las escamas desprendidas de su corteza agrietada, caídas en el suelo, crujen al pisarlas, volviendo rumorosa la quietud de la bajada.
Huelen bien sus resinas transparentes. Me gusta su aroma algo acre, penetrante.
Unas nubecillas de luz, jugando al escondite entre las copas, se emborrachan con el leve perfume de savia sudada que fluctua, envolvente. Y precipitan su repiqueteo ambarino en mi cara y mi mano con repentinas gotas de breve chaparrón imprevisto que, lejos de refrescar, acentúa aun más la sensación de calor. Y el olor de las acículas pardas que tapizan algunos tramos del recorrido.
Una avispa, desorientada, buscando no sé qué, se posa en mí un instante. Y se va, dejándome en los labios la sonrisa de un momento mágico, inesperado y sorprendente.
Hace calor. Hace quizá demasiado calor al sol de este principio de otoño.
Me gusta para mí este calor a destiempo. El ultimo del año seguramente.
Pero pienso en los árboles... En todos los árboles que me rodean...

Pobre arbolito serrano tozudo ¿dónde se te ha ocurrido enraizar, en tu despiste? tan cerca del agua y sin embargo tan lejos. Inaccesible. ¿Será clemente contigo el otoño incipiente? ¿Acercará el riachuelo algo de su agua episódica a tus raíces sedientas? ¿Conservará para el invierno algo de calor la roca donde te obstinas en vivir?
¿Cuál será tu futuro?...



miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hoy, el mar es un bolero


Llevaba algunos días con un revuelo de mariposas azules en el estómago. 
Mal presagio. Mi estómago, mi otro cerebro, nunca me falla. 
Y menos cuando se asoma la luna menguante a mi ventana abierta de par en par.
La noche anterior, desde mi insomnio sin sueños, presentí tu respiración inconfundible, este movimiento rítmico tan tuyo, este murmullo sordo e incesante que a veces mece y otras exaspera. Como mece o exaspera tu vaivén de viento y calor al cual nunca me acostumbraré.
Y al levantarme esa mañana, los ojos todavía perdidos en el ensueño brumoso del horizonte, desdibujado entre mar y cielo, noté como tu mirada normalmente azul profundo se había vuelto de un gris metálico que no auguraba nada bueno.
La ancha frente rodeada de espuma gris, mas arrugada; los hombros hinchados de fastidio. Y por encima de todo, este ronco ruido lejano, este rumor constante. Oleaje removiendo sin pausa el fondo y la superficie, alejando a los charranes, silenciando a las caracolas. A tu manera, obsesiva e incansable.
Sin embargo, a media mañana, el aire silencioso se volvió de nuevo mas respirable. 
Incluso empezaste, provocador y juguetón, a lamerme la punta de los pies, mientras me descalzaba frente a ti, confiada.
Y con ganas me zambullí de cabeza entre tus abrazos envolventes, llenos de burbujitas a la vez refrescantes y cálidas.
Pero en un descuido mio, tu esencia versátil me tiro al suelo, mis rodillas raspándose entre los guijarros de tu orilla, llenándose de sal mis ojos y mi cabeza; mi cabeza, patética, risible, aprisionada bajo el pelo apelmazado semejante a una medusa, cegándome, levantando ampollas hasta en mis ideas, sin entender tu broma pesada.
... Ya sé que todos los años te digo lo mismo. Pero tú sabes que te soy sincera aun en mi inconstancia contradictoria.
Y aunque no me creas, te lo repito: "Volveré. Como cada septiembre. Eres mi pecado venial y por mucho que las raíces de los árboles me aten a mi tierra serrana lejos de tus olas. Y volveré. Siempre vuelvo. Y siempre con la misma ilusión."
... Aunque este año me eches de tu vera de esta forma brusca y desconcertante.
"Y hoy me mata de tristeza tu actitud" como dice el bolero. (sabes también que me gustan los boleros y las rancheras que tienen para mi el ritmo de tus mareas.)
 Y te lo repito y te lo repito y no me cansaré de repetírtelo:
"Volveré. Volveré. Como siempre...Ya te echo de menos."
...................................
En ese ultimo día, el mediterráneo se embraveció algo y me puso la zancadilla. 
O yo fui torpe y perdí el equilibrio...
El caso es que me hizo tragar agua salada.
Y no nos despedimos con un ultimo abrazo, como siempre lo hacemos...
... "Como siempre"... otro bolero.
Hoy, el mar suena como un bolero.

martes, 2 de septiembre de 2014

Dentro de un ratito...


... dentro de un ratito, vuelvo y sigo. Prometido.

Besos de todos los colores,
          achuchones apretaditos
                   y sonrisas para todos.

PS Sed buenos mientras yo esté disfrutando de la tumbona...
         si me dejan mis mosquitos, mis avispas... y mi gato... ;)
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martes, 26 de agosto de 2014

Nos vamos al cine

Pues sí. Hoy os llevo al cine si queréis.
Pero primero vamos a ser originales y pasar por... la cocina.
¿Por qué? Pues porque el título de la peli de hoy es también el nombre de un plato provenzal muy veraniego.
La "ratatouille" o lo que es lo mismo: el pisto.
Ya conocéis los ingredientes:
Aceite de oliva, pimientos verdes, berenjenas, cebollas, ajo, calabacines y tomates.
Más las hierbas aromáticas que realzan el plato con su toque sabroso: tomillo, romero y perejil. Sin olvidar una pizca de sal.

(Cierro los ojos y...sólo con estos nombres, huele a verano y a Provenza para mí. La cocina también es una forma de viajar.
Y viajar una forma de descubrir también la gastronomía de otros lugares. ¿verdad? ;)

En la olla, se ponen a freír-pochar los ingredientes sin pelar (salvo los tomates que sí pelaremos despues de escaldarlos) y picados bastante fino, de uno en uno y en el orden susodicho porque no todos necesitan el mismo tiempo hasta al alcanzar la misma consistencia. (más tiempo para los pimientos y menos para los tomates)
Me gusta hacer este plato al descubierto, con tranquilidad, chup, chup, de tal forma que se vaya evaporando el agua de las verduras y se quede sólo su "carne".
Y ya. ¿Facilito, no?...

Pero sobre esta receta de toda la vida, se pueden hacer variaciones, dejar volar la imaginación, la fantasía, dar un toque personal... me gusta este lado lúdico de la cocina.
Por ejemplo... Una vez hecha la "ratatouille" (o pisto) se vuelca en una fuente para horno, se cubre con unas rodajas muy finas de patatas a medio freír, se espolvorea con abundante queso rallado y se mete en el horno hasta que se dore el queso... ¡De chuparse los dedos!

                                                      Bon appétit!

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Y ahora sí:  nos vamos al cine para ver "Ratatouille".
Para mí, una pelicula deliciosa, de ingredientes variados y sabrosos:
dibujos animados, animalitos, cocina, personajes entrañables, sentido del humor, una historia de amor, París...Insisto, una delicia de película.

Espero que os gusten las dos cosas: el plato y la pelí.

                                         http://www.youtube.com/watch?v=ZJWYOTNgRGo


Pompita de verano...  y gastronomía, de cine.

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