martes, 2 de febrero de 2016

Ventana

Una ventana puede ser un simple hueco en la pared por donde entran el aire, las vistas, los olores ...



... y por donde circulan sonidos; de fuera a dentro y de dentro a fuera.

Así las veía Jacques Brel. Y así las cantó.

Las ventanas nos acechan
cuando nuestro corazón se para
al cruzarnos con Luisita
para quien arden nuestras carnes.
Las ventanas se trochan
cuando ven a la frívola
que regala su corola
a un pasante de notario.
Las ventanas lloriquean
cuando en el alba insignificante
un entierro se bambolea
hasta el viejo cementerio.
Pero las ventanas fruncen
sus cornisas de bronce
cuando ven las zarzas
invadiendo su luz.

Las ventanas murmuran
cuando caen, tal cabellera,
las lluvias de la frialdad
que mojan los adioses.
Las ventanas canturrean
cuando en otoño se levanta
el viento que abandona
las calles a los enamorados.
Las ventanas callan
cuando el invierno las apaciguan
y que la nieve espesa
llega a cerrar sus ojos.
Pero las ventanas cotorrean
cuando pasa una mujer
que mora en el callejón
donde pasan los Señores.

La ventana es un huevo
cuando es ojo-de-buey
que espera tal viudo
en un rincón de la escalera.
La ventana lucha
cuando es tragaluz
de donde dispara el soldado
antes de sucumbir.
Las ventanas vaguean
cuando son mansardas
y abrigan los harapos
de un poeta olvidado.
Pero las ventanas amables
se tapan con rejas
si a mala hora se grita
"Viva la libertad"

Las ventanas vigilan
al niño que se maravilla
en un coro de viejas
al dar sus primeros pasos.
Las ventanas sonríen
cuando quince años demasiado bonitos
y quince años demasiado crecidos
se ofrecen un primer ágape.
Pero las ventanas amenazan,
las ventanas fijen sonrisa
cuando a veces tengo la osadía
de llamar al pan pan y al vino vino.
Las ventanas me siguen
me siguen y me persiguen
hasta que llegue el miedo
muy al fondo de mi cama.

Las ventanas a menudo
tachan impunemente
de gamberros a los niños
que buscan a quien querer.
Las ventanas a menudo
sospechan de esos palurdos
que duermen en los bancos
y hablan extranjero.
Las ventanas a menudo
se cierran riendo,
se cierran gritando
cuando bajo ellas vamos a cantar.

¡Ah! no quiero pensar
que sirvan para cegar
más que para dejar entrar
la luz del verano.

No, prefiero pensar
que una ventana cerrada
sirve sólo para ayudar
a los amantes a quererse. (bis)


                                  https://www.youtube.com/watch?v=hgl6doQlGqY
                                  
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 Hace poco, Laura nos obsequió con fotos bonitas y variadas de sus ventanas que dejaban sitio a la imaginación para inventarse la historia de sus interiores.
Y me recordó esta canción de Brel (otra B mayúscula de mi "cordón ombilical musical") Un texto difícil de traducir porque, tal como os comenté hace tiempo, si bien se intenta respetar la idea, a veces es casi imposible traer la música de las rimas. Que Brel me perdone.
Espero que la disfrutéis, a pesar de todo. :)

Pompita soplada desde mi "ventanita" hacia todas las ventanas abiertas pero dedicada en particular a una muy querida ventanita, hoy tristemente cerrada. Hasta siempre, galleguiña amiga.
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martes, 26 de enero de 2016

Tic tac, tic tac, tic tac...

¡Ya estás aquí! Te esperaba ayer. Pero se te habrá amontonado el trabajo, lo entiendo. Y a la vez no te esperaba tan pronto. Se me ha pasado el tiempo tan rápido desde la otra vez. ¿Qué qué hice? Pues menuda pregunta tienes ¿qué iba a hacer? Vivir. ¿Cómo? Pues... hubo de todo desde la última vez que viniste. Cosas malas. Tristes. Muy tristes.
Y también mucha actividad. Y muchas cosas bonitas también. No sabría contártelas todas en detalle. Ya sabes, siempre me olvido de algún episodio. A veces es preferible. Depende. Pero tranquilo: está todo apuntado en el informe anual: los días que parecen años y los que pasan en un suspiro. Y hay años que parecen días o al revés. Ufff me estoy liando. No te rías: a veces tengo la cabeza en las nubes.
¿Me has traído el encargo? ¡Muy bien! ¿Está todo? A ver... Doce paquetitos: uno por mes. Sí, ya lo sé. "No debes abrirlos antes de tiempo." Eres un poco pesadito ¿sabes? Todos los años me repites lo mismo.
Y todos los años te hago caso ¿no? Uno al mes, el día 25. O un poco después. Pero nunca, nunca antes. Que son tonterías eso de querer saber lo que va a pasar...
¿Ya te vas? ¿Ni tiempo para un café, un trozo de mi tarta, un paseito? Bueno, pues... me ha alegrado tu visita. Muchas veces temo que no vuelvas. No me hagas caso. Me estoy haciendo mayor. Y a veces pienso cosas raras. Ya lo ves, ya son algunos que crujen en el cuerpo; si bien en el corazón sigo teniendo veinte; o incluso menos a ratos...
Oye, de verdad que me ha alegrado verte. Y cuento contigo para el año que viene. Y sé puntual. No me falles ¿eh? Te necesito. A ti y a tus cajitas.
Me queda mucho por hacer.

Y el Tiempo se fue, cojeando tic, tac, tic, tac, y al doblar la esquina, tachó en su hoja de ruta el encargo nº 65, guardó el recibí en la carpeta verde y añadió el informe que estudiaría después. Luego apuntó la fecha de la próxima entrega en la portada, entre dos puntos de interrogación, como solía hacer.
Y ella se quedó un rato pensativa mirando las doce cajitas envueltas en papel de regalo que la esperaban cerca del calendario de mesa. Mas luego las colocó todas en lo alto del armario. Menos una, la del mes de enero, que abrió de prisa, cortando el lazo y arrancando el papel. Y de entre las virutas de colorines y burbujitas de ilusiones sacó una llavecita, la llavecita de siempre. La que abría la caja siguiente. Y su sonrisa.
Y con la misma, le volvió a dar cuerda al viejo reloj de pared, como hacía cada mes de enero.
Tic tac, tic tac, tic tac...

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Pompita de enero.
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martes, 12 de enero de 2016

Una ensalada de invierno

Después de algunos excesos festivos y con el último pecado prolorzas del roscón de la semana pasada (acompañado de los últimos mazapanes, bombones de chocolate (con licor) y turrones...), hoy ni me apetece cocinar ni me apetece comer... Bueno... sólo ensalada...
Sólo ensalada pero ¡ojo! bien completita y colorida.
Se puede comer sano sin comer aburrido ¿verdad?
Una ojeada a la despensa... Tengo todos los ingredientes, así que me pongo manos a la obra y me invito a una...

ENSALADA DE INVIERNO

Remolachas cocidas, frías y escurridas
Manzanas (reineta o granny Smith) (crudas) (peladas o no. Va de gustos)
Nueces algo machacadas
Apio en rama en trocitos y sus hojas enteras. (¡de cosecha propia!)
Patata cocida.
Berros o canónigos o escarola rizada. (opcional)
Y para el aliño:
sal y pimienta, vinagre aromatizado en casa con romero (le vendría bien un vinagre de nueces pero no tengo) y aceite de oliva picual (que es mi preferido y que además veo ideal para perfumar las patatas cocidas.).

Troceo todos los ingredientes salvo las hojas de apio que guardo para decorar... y comérmelas por supuesto: me encanta el sabor del apio.
Los mezclo todos salvo la remolacha que añadiré en el último momento para que no les cambie el color a las patatas y manzanas. (¡hay que ver lo que mancha la remolacha!)
Justo antes de comer, añadiré la remolacha que aparto ahora.
Y verteré encima el aliño que previamente he mezclado bien en un bol.

...¿Y si a esta receta tradicional de mi infancia, le doy un toque personal y le añado también unos cubitos de queso?... ¿O también, en el último momento, taquitos de bacon fritos y calientes?... O las dos cosas... Tentador... Muy tentador... Pero esto quizá sea pasarme si quiero quitarme esos "gramillos" de recuerdos navideños... He empezado el año llena de buenos propósitos así que... mejor le pongo unas hojas de canónigos. (Se acabaron las escarolas de mi invernadero ¡qué pena!)
Y ya. Tenemos un plato colorido, nutritivo, apetitoso y sano ¿verdad?


Me digo: "Bon appétit!" y disfruto de cada sabor y su sinfonía en mi boca. Recordando...

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Pompita soplada desde la cocina.

Si gusta, os invito. ;)  A otra parecida porque ésta me la zampé ayer. :)
(No, como lleva patata no hace falta pan pero... traed el vino si queréis. Mejor un tinto :)

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martes, 5 de enero de 2016

Iremos


Me gusta Zaz, su voz particular, su ritmo y el optimismo de sus letras sencillas. Y este video tan colorido que une gente tan diversa.
Y por eso me apetecía hoy compartir esta canción con vosotros, para empezar el año 2016.

                                    https://www.youtube.com/watch?v=8IjWHBGzsu4

Iremos a escuchar Harlem en la esquina de Manhattan
Le daremos color al té en los zocos de Amán
Iremos a nadar en el río Senegal
Y veremos arder Bombay bajo luces de bengala.
Iremos a rascar el cielo por debajo de Kyoto
Sentiremos el latido del corazón de Río de Janeiro
Alzaremos los ojos hacia el techo de la Capilla Sixtina
Y alzaremos nuestras copas en el Café Pouchkine.
                      Oh, qué bella es nuestra suerte,
                      en los miles de colores del ser humano
                      entrelazados con nuestras diferencias
                      en los cruces del destino.
Sois las estrellas, somos el universo
Sois un grano de arena y el desierto
Sois mil frases y yo lapicero.
Oh oh oh oh oh oh oh
Sois el horizonte, somos el mar.
Sois las estaciones, somos la tierra.
Sois la costa y yo la espuma.
Oh oh oh oh oh oh oh
     Diremos que los poetas no tienen banderas
     Haremos tantos días de fiesta como héroes tengamos
     Sabremos que los niños son los guardianes del alma
     Y que hay tantas reinas como mujeres.
     Diremos que los encuentros hacen los viajes más bellos
     Veremos que sólo merecemos lo que se comparte
     Escucharemos la música cantada en todas partes
     Y sabremos dar lo mejor que tenemos dentro.
                    Oh, qué bella es nuestra suerte,
                    en los miles de colores del ser humano
                    entrelazados con nuestras diferencias
                    en los cruces del destino.
Sois las estrellas, somos el universo
Sois un grano de arena, nosotros el desierto
Sois mil frases y yo lapicero.
Oh oh oh oh oh oh oh
Sois el horizonte, somos el mar.
Sois las estaciones, somos la tierra.
Sois la costa y yo la espuma.
Oh oh oh oh oh oh oh

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Pompita musical oh oh oh  oh oh oh oh  :))

jueves, 31 de diciembre de 2015

El árbol de los deseos


Cuenta la leyenda que hubo una era en que, cada año, los duendes, hadas y demás diminutos se reunían en alegres tertulias donde cada cual lanzaba la semilla de sus mensajes a los cuatro vientos.
Esos mismos vientos se multiplicaban, se enlazaban y bailando se encargaban de sembrarlos en cada resquicio de la Tierra donde a veces prosperaban y otras luchaban para crecer y a su vez transmitir nuevas semillas.

Mas cuentan también las crónicas que los vientos se volvieron locos.
Y, huracanados, secaron la tierra otrora fértil y dadivosa; alejaron las lluvias que se perdían sin rumbo e hicieron crecer desiertos donde se secaban las flores sin llegar a abrirse sus perfumes.
El cielo se volvió gris de ceniza. Las aves enmudecieron.
Y con ellas el mundo.
Los duendes y las hadas desaparecieron de la faz de la Tierra que se había vuelto hostil, inhóspita.
Desaparecieron. Se escondieron...

Pero una mañana, animados por no se sabe muy bien qué esperanza, salieron de todas partes: del fondo de los baúles cerrados, de los joyeros antiguos de llaves perdidas, de las cajas de cartón donde dormitaban entre fotos deslavadas, de entre las páginas de los libros olvidados en estanterías polvorientas, de detrás de los espejos azogados, de debajo de los cimientos de las casas o de las tejas y pizarras acariciadas por la luna.
De los mil lugares insospechados donde se refugiaban...
Y volvieron cerca de los árboles. Primero en silencio.
Mas luego clamando sus anhelos.

Y, tal como lo relataba la leyenda antigua, colgaron de nuevo sus hojas en el árbol de los deseos. Como cada 31 de diciembre.



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Con cariño,
os deseo que se cumplan vuestros Siete grandes o pequeños Deseos
                                    
                                            para   2016
 .

martes, 15 de diciembre de 2015

Árbol de Navidad

- ¡¡¡No quiero, no quiero, no quiero y no quiero!!! Siempre me toca a mí.

El hombre salió de su taller al oír los gritos.
-¿Se puede saber lo que pasa aquí? ¿A qué viene este alboroto, niños?

Y todos apuntaron hacia el que había gritado.
- Es que no quiere que lo decoremos.
- Es que siempre me toca a mí. Y luego me plantan en un rincón del salón y me tengo que quedar inmóvil durante horas y horas. Y ellos se van a jugar fuera, incluso a veces con la nieve. Y no es justo.

El hombre sonrío y rascándose la cabeza les dijo:
- El abeto tiene razón, no es justo... ya buscaremos una solución...
Pero ahora, id a jugar más lejos. María está agotada del viaje y necesita descansar un rato.

A todos se les iluminó la cara... bueno... las ramas, la corteza y las hojas que les quedaban en este invierno tan suave. Y casi en voz baja preguntaron:
- ¿Falta mucho para que nazca tu hijo, José?
- Pues sí, todavía falta algo. Pero poco. Ya os avisaré.
¡Ah! Otra cosa: si Alberto no quiere vestirse así pues hay que respetarlo ¿no os parece? ¿Desde cuando se ha visto un abeto cubierto de pelotas de pingpong y linternas e hileras de papelitos de caramelo?
- Es que... lo vimos en Internet y...
- ¡Ya estamos con Internet! ¡Hala, id todos al bosque a jugar allí! Y no discutáis más. Ya buscaré una solución...

El hombre era herrero, de los pocos que quedaban, acostumbrado al calor agobiante de la fragua y el ruido del martillo chocando con el yunque para dar forma a lo que le pedían.  Era su medio de vida.
Vida ruidosa y cansada. Pero él era feliz de todas formas, con su trabajo, en su casa y en su barrio.
En realidad, era amante del silencio sólo roto por los susurros de los árboles, los trinos de los pájaros y las risas de los niños.
Siempre pensaba que hubiera sido aún más feliz quizá siendo carpintero...
Le gustaba el tacto suave y el olor de los árboles que le hablaban y guiaban sus manos. Y por esta razón en sus ratos libres esculpía figuritas de madera, parecidas a la gente del barrio y también de animales domésticos e incluso animales fantásticos salidos de su imaginación.
Figuritas que luego María y él regalaban a sus amigos y conocidos para decorar sus casas en cualquier festejo.
Tenían tantos amigos y tantas y tan variadas figuritas que todos habían empezado a colocarlas a la entrada de sus casas como si fuera un pueblecito permanente en vez de tenerlas, como hacían en otros barrios, guardadas en cajas de donde no salían más que una vez al año (según había leído en Internet...él también a veces caía en la tentación, como los niños)

Pero no tenía para comprar un trozo de madera fina y resistente para esculpir el árbol prometido a los niños. Ni quería sacrificar a uno de verdad. Así que se le ocurrió una idea y les hizo un árbol diferente con lo que tenía a mano.
Y mientras trabaja en su pequeña fragua, canturreó canciones de su infancia que hablaban de animales de granja que calentaban una casa donde reía un niño, de pececillos que bebían alegres en ríos sin contaminar, de estrellas viajeras que traían maletas repletas de regalos y cosas parecidas.
Cuando al cabo de una hora de esfuerzo y canciones alegres terminó su tarea, le brotó una sonrisa al imaginar la sorpresa de los chiquillos del barrio, sus preguntas y cómo, con su imaginación, lo iban a terminar de decorar.

Ya podían llegar los niños, duendes del bosque y de las casas.
Ya tenían su árbol de Navidad, donde colgar deseos.
 

Fue en este preciso momento cuando oyó la llamada de su mujer:

- ¡José!... Por favor, saca el coche del garaje. Creo que ya es la hora.
- Pero... María... ¿no dijo el médico que todavía faltaban unos diez días?...
- Hazme caso, por favor. El niño no puede esperar.

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Pompita de Navidad soplada con sonrisas y buenos deseos hacia todos.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Pespunte


Descalza y desnuda se acerca; y con la punta del dedo índice dibuja en la superficie brumosa una silueta.
Perfila la curva de la cara; la barbilla, bien definida.
Esboza una nariz, que le sale algo infantil; y baja luego por el cuello, largo.
Despacio acaricia unos hombros fuertes, una cintura esbelta.
Y los dedos rosados y titubeantes recorren recuerdos. Pespunteados.
Vuelve a subir por la nuca su mano entera a modo de peine y se demora plasmando el pelo lacio, largo y goteando en la espalda y el torso.
Se para. Indecisa.
Añade los ojos. Que dibuja cerrados.
Y se aleja. Temerosa.
Pero enseguida vuelve y añade con valentía pestañas de ojos abiertos frente al espejo.
Con la palma de las dos manos lo frota largamente, borrando la niebla fría que lo cubría.
Y de frente se contempla, igual que siempre. Igual que antes.
Con la boca de sonrisa amplia, segura y feliz que a él le gusta tanto.
La sonrisa dulce que alimenta también a su hijo.
La sonrisa que ya no tendrá que dibujarse cada mañana en el espejo
al salir de la ducha.

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martes, 24 de noviembre de 2015

Manipulación


A veces a los niños no les gusta mucho la verdura. Y ponemos todo nuestro empeño en que tengan una alimentación equilibrada ¿verdad?
Cuando son mayores puedes intentar hacerles ver que la zanahoria o el tomate o las espinacas o lo que sea que odian, tienen múltiples ventajas para su cuerpo. A veces funciona...
Y les explicas porqué valen más las verduras que las chuches. Y lo suelen entender: si una cosa caracteriza a los niños es que no son nada tontos (aunque siempre que pueden te piden dulces y nunca espinacas o coliflor)

Pero cuando son muy pequeños, a veces usamos "técnicas de venta rastreras". Que funcionan casi siempre.


Confieso que lo hice cuando me tocó bregar con este tema, hace años.
Pero hoy, me pregunto si hice bien en manipular a mis hijos de esta forma cuando eran pequeños. Presentándoles primero la cara amable del menú para convencerlos...
... En el fondo creo que sí, porque era por su bien. (Y ellos lo saben; aunque todavía me recuerdan la coliflor con un guiño y ya no la prueban ni locos.)
Lo hice.. y hubo  algunas chuches también aparte de las espinacas, todo hay que decirlo.
"El azúcar también es necesario para el rendimiento de nuestro cerebro." me argumentaban con razón mis hijos adolescentes.

Pero creo también que con mi empeño y su resistencia, descubrieron que tenían armas para no caer en otras trampas de manipulación mucho peores. Aprendieron a decir "no". A no dejarse engañar por el primero que venga con "chuches" atractivas. Con promesas de lo que sea...

La manipulación... Esto está claro. Según y cómo se presenta un artículo (o un viaje...), será más o menos atractivo y quien manipula obtendrá más o menos resultados.
Y es muy fácil manipular cuando se tiene un mínimo de arte, labia para convencer...
O habilidad de caradura.
O espíritu malvado que manipula con fines envenenados y no piensa cumplir sus promesas ni de lejos.
Según se utilice la manipulación para el bien o para el mal.
Y debe de ser muy fácil ser manipulado si no se tiene puntos de referencia claros como ejemplos de platos nutritivos aunque sin adornar...
... ¿por qué?...

Pompita sin respuesta desde el desván mental de mi cocina de hoy.

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viernes, 20 de noviembre de 2015

domingo, 15 de noviembre de 2015

Calendarios privados

Todos tenemos en nuestros calendarios particulares fechas bonitas, compartidas o privadas. Que dibujamos mentalmente con un sol, una estrella o más, o una flor que nos gusta, como las que jalonan a veces nuestros libros preferidos a modo de marcapáginas. Fechas que abren nuestras sonrisas cuando aparecen en los calendarios oficiales que las ignoran.
Pero todos tenemos también fechas negras. Fechas que ni marcamos en el calendario de cicatrices porque no las olvidaremos nunca. Hitos infelices de nuestro recorrido por los años. Perdidas de seres queridos. Recodos bruscos de nuestros caminos. Abruptos y difíciles de asimilar.
11 de Septiembre, NuevaYork...
11 de Marzo, Madrid...
13 de Noviembre, París.
Y tantas, tantísimas otras fechas de horror, de dolor producido por la locura de unos pocos.

El sábado por la mañana, mi amiga Juli me llamó.
Y mi amiga Mabel me mandó una foto sin palabras que me emocionó.
El sábado por la noche, mi amiga Paloma, una cariñosa carta que me emocionó igualmente.
Y más gente amiga o casi desconocida, hace un rato.
Una fecha que añadiré a mi calendario particular.
Para que me ayude a hacer contrapeso reconfortante.
Intentando equilibrar sentimientos para que la vida siga.
A pesar de la tristeza que me embarga desde el viernes al pensar en el dolor de quien ha perdido tanto en una noche que se anunciaba festiva y terminó en tragedia.
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