martes, 28 de julio de 2015

Hay mil maneras pero...

... pero con mi entusiasmo, me estoy poniendo algo pesadita con Islandia ¿verdad? Cayendo en el tópico de quien vuelve de donde sea y da la lata a todo el mundo con sus fotos o películas (buenas y malas) hasta arrancarles un bostezo o dos y la frasesita irónica:
"Vámonos, es muy tarde y nuestros amigos tendrán que descansar."

Os podría haber hablado en cifras, en datos, de volcanes y recursos naturales o de movimientos de las placas tectónicas o de historia, arte y artesanía (y tengo tropecientas fotos de todo ello).
O de otras cosas que hacen de ese pequeño país un lugar muy entrañable.
Pero para esto están los especialistas, los estudiosos y los múltiples enlaces (a cual más interesante) que surgen en la pantalla si tecleáis
la palabra mágica:

                                          ISLANDIA


Un sitio tan repleto de maravillas naturales, de sitios que cortan el aliento, que hasta llegas a experimentar algo semejante al síndrome de Stendhal.
Quedé prendada de este país. De su sol de veinticuatro horas en esta estación. De sus aves. De sus piedras. De su agua. De su hielo aparente escondiendo fuego permanente. De su cielo. De su color...
Me apetecía compartir algunos de sus aspectos con vosotros y lo he hecho... a mi manera.
Hay mil formas de contar un viaje, dependiendo de los ojos de cada uno...

Porque os podría haber hablado también de gastronomía (sabéis que es un tema que me gusta y que retrata también a cada país).
Os podía haber hablado de comidas ricas o curiosas...
Y no me resisto ¡ea! y lo hago:
Hablar por ejemplo de la sorprendente "golosina" de las tiras secas de bacalao que se comen allí como las pipas aquí.
O del cordero tan sabroso.
O del pescado omnipresente y siempre sabroso también.
O de cierta sopa de mariscos que aparte de deliciosa, me vino de maravilla para entrar en calor en uno de los pocos días desapacibles que hubo.
O del asado de frailecillo que esquemas sentimentales (mis pajaritos no me lo perdonarían) me hicieron rechazar...
Y de otras (no probadas), como un plato tradicional de tiburón (hákarl) de preparación... "extraña", no apta para estómagos delicados (o estómagos no-islandeses).
O del skir, una clase de queso yogur delicioso. (me encantó uno mezclado con arándanos)
O del pastel con ruibarbo... O de...

Os podría hablar también de la "experiencia humana" de un itinerario salpicado de anécdotas y vivencias, de un grupito de ocho (más una) personas de edades, circunstancias y orígenes dispares que practicaron quince días de convivencia compartiendo conocimientos distintos, buena voluntad cargando y descargando la furgoneta y participando en la cocina; y paciencia y sentido del humor también compartiendo habitación muchas veces "sonora" y con turnos para la ducha incluidos)
Os podría hablar de mil cosas más...

Pero sin embargo, no quiero cerrar el capítulo Islandia sin hablar de algo más: la suerte de haber conocido a un guía de lujo, gran profesional y sobre todo, bellísima persona, ilusionadísimo por hacernos llegar su amor a ese país. Un apasionado.
Y si bien nadie, creo, va a Islandia sin estar ya predispuesto a enamorarse de esa tierra de contrastes, fuego y hielo, día inacabable y noche interminable, Alberto consiguió su propósito. Vaya si lo consiguió. A base de conocimientos varios, experiencia de años y mucho buen humor.
Aquí lo tenéis, rindiendo pleitesía a las cascadas.



Lo que os puedo asegurar es que, por mucho que lo intentase, y a pesar de mi curiosidad referente a los idiomas, no podría contarlo nunca en islandés, esta lengua tan peculiar, porque...  Ég tala ekki islensku   
Con la ayuda de la chuleta y el mapa, sólo consigo recordar... ¿una docena de palabras?...Como por ejemplo...    
góðan daginn... Vestmannaeyjar...  lundi... Akureyri... Dimmuborgir... Gljúfrafoss...
Eyjafjallajökull ...  góða nótt!
Y sin la chuleta, sólo lo más fácil:
"Takk"
O lo que es lo mismo: "Gracias"

Pompita de muchas takk
para mi marido a quien robé "prestadas", por su calidad, unas fotos de glaciares que les hacían más justicia que las mías ;)
para Alberto, el "principito de los volcanes y las cascadas" ;) que nos hizo tan interesante y ameno el viaje.
... Y para vosotros si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura.
Os podría hablar de mil cosas más...
Pero tranquilos: no lo haré. (Si algún día no me leéis, que sea porque tenéis cosas más interesantes que hacer y no porque os eché a fuerza de cháchara machacona y mereciendo la frasesita de más arriba ;)
Os prometo que quería ser más escueta pero ha sido imposible.

                                                       Islandia es fascinante.

(...Pero algo de postre me he guardado para más adelante, para cuando os repongáis del empacho... ¡¡los trolls!! O ¿os creíais que se me había olvidado mi afición a lo fantástico? Pos no... E Islandia es una tierra rica en historia, en fantasía... y en trolls.)

                                                       Islandia es fascinante.

Valeeeeee. Ya me callo por hoy pero...
                                              Vertu blessaður
.

martes, 21 de julio de 2015

Hay mil maneras... aquí, otra

Hoy mi manera de contaros Islandia será... en clave animal
y a lo bestia también... ¿Estais preparados?...
Empezaré por los ovinos: ya sé que no es un bicho de lo más apasionante pero en ese país, es más fácil cruzarse con ovejas que habitantes. Dicen que ganan a los humanos por tres cabezas a una. Y me lo creo: están por todas partes; en las llanuras, o cerca de las cascadas, en las laderas escarpadas, o cerca del mar, entre rocas o cruzando las carreteras.


Vaya, me falta una... Es que van tan libres todo el verano y con tanto espacio sin cercar que es difícil pillarlas juntas...


 Los caballos, preciosos, con su renombrado trote particular.


Los renos, no fáciles de ver, lejanos y esquivos y con pelaje de camuflaje.


Faltarán las hormigas: por lo visto, en Islandia no hay. (curioso ¿no?)
Pero hay arañas: hasta en los acantilados de las playas, bien ventiladas, he visto sus telas.

Y pasando de lo muy pequeño a lo muy grande, seré original pues no os pondré las tradicionales fotos de ballenas. Toda la vida presumiendo de  "Yo, no me mareo nunca en barco" y hace años en Noruega, para ver las ballenas, me estrené... ya me entendéis. Y no quise repetir la desagradable experiencia.

Y faltarán también las focas (vistas pero no retratadas: son más rápidas que yo) ¿O esto era una foca?... No sé, no sé... Quizás... Le dejaremos el beneficio de la duda.


Otros bichos que uno espera encontrarse en esa tierra vikinga son los descendientes de Hugin y Munin, los cuervos de Odín. Algunos vi y oí.
Pero más me gusta traeros esta versión de voz más melodiosa.

https://www.youtube.com/watch?v=DKagNKtE4eE&list=PLWU_G6uw0RwLWkhHeKDAxvvEqP7erVUiI&index=3

PERO, PERO, PERO...

Pero traigo en la cámara y en la retina a algunos de mis amigos alados: en este paraíso para ornitólogos y "pajarólogos", las cámaras hacen horas extras, echan humo, gastan sus baterías a la velocidad de la luz... y hasta se cabrean algunos días pidiendo descanso.

Eideres, fulmares, gansos, tordos, patos, " X" (¿agachadizas?), gaviotas (¿pero cuáles?), págalos (¿?), falaropos, charranes, ostreros  y "eteces" (muchos eteces, algunos vistos y otros no, algunos identificados y otros no) Intentar ponerles nombre a cada uno me costó trabajo. Y no estoy muy segura de haber acertado...


 

 





Y... Y... ¡¡ frailecillos por supuesto!!





 El frailecillo, el ave emblemática de Islandia cuya imagen se encuentra en todas partes y de cualquier forma, tamaño o material.

No me pude resistir y ejerciendo un día, no de "senderista cámara en ristre" sino de "turista pura y dura"... me traje uno: está en la puerta del congelador (para no sentirse demasiado desplazado) con otros bichos viajeros.


 Hay mil maneras de disfrutar de un viaje...
                          y contemplar la vida animal es una de ellas para mí.
.

martes, 14 de julio de 2015

De mil maneras... otra

Hay mil maneras de contar un viaje.
Y mi segunda opción es de colores:

Allí, al norte del norte del norte, se encuentran todas las tonalidades de blanco, de negro y de gris que te puedes imaginar.
De la nieve, del hielo, del basalto y de las nieblas.
Pero también en esta temporada de sol insomne, hay una increíble paleta de colores en Islandia, como si el paisaje quisiera resarcirse de meses de oscuridad; una paleta donde predomina el azul:
El de los altramuces invasores que rivalizan con el cielo y el agua...




  ... y también con el azul de los glaciares y el de los ojos amables de los islandeses sonrientes.




Y el blanco del hielo veteado por el negro de las orillas que su tenacidad desmenuza sin pausa. (con el color de la alegría añadida de saber que no todos los glaciares retroceden...)


Y el negro, gris o rojizo de lava por donde se circula, la mayoría de las veces, en pistas de escoria. Pistas incómodas, interminables, inhóspitas, azotadas por un viento gélido. Viento que sin embargo se agradece pues despeja las cimas y aleja a las moscas pesadas...




... zonas inhóspitas que unas plantitas valientes se empeñan en salpicar de colores tiernos y efímeros.


Y el gris verdoso o amarillento del liquen que cubre las bombas antiguas y sustenta a los renos cuando desaparecen las praderas.


Y el amarillo azufre que ribetea las charcas negras de barro burbujeante y las proximidades de las fumarolas y géiseres, impregnando el aire de calor sofocante y olor penetrante.



Y el verde intenso de las praderas que alimentan a caballos y ovejas


Y todos los colores del arcoiris aparecen cuando se encuentran el viento y el sol en una de las innumerables cascadas. Y es fácil que esto ocurra: mucho viento y mucho sol en este cielo sin contaminar. Y las cascadas brotan por doquier, pequeñas o espectaculares.




Hay mil maneras de contar Islandia...
Hoy ha tocado pompita de colores.
.

martes, 7 de julio de 2015

De mil maneras... una.

Hay mil maneras de contar un viaje.
Y algunas pompitas bullen en el caldero de mi cabeza.
Y aún más desde que volví, ataviada para el hielo y aterrizando en el horno de Madrid hace unas horas.
Así que hoy la primera pompita que os traigo es... refrescante.


Hay mil maneras de contar un viaje...
.

jueves, 11 de junio de 2015

Preguntas al viento


¿Quién es esta mujer, cuando mira el mar?...
¿Con quién habla al anochecer?...



¿Con los pájaros volando?...
¿Con las velas abiertas de los libros?...
¿Con los barcos anclados?...

¿En qué piensas, mujer, sentada en la orilla?...



Pompita de espuma de mar.
                                               Para ti, J., para hoy. ;)
.


martes, 2 de junio de 2015

Cacofonía lunar



En el poyato de mi ventana
cada noche se pregunta
la lechuza Eulalia.
Ulula: " ¿Olela? ¿olola?"

-  "¿Dónde? ¿Dónde?" pregunta un autillo,
egagropilando, concienzudo y listillo.
Repitiendo "Où? Où?"  matiza:
(pues estudia idioma e ironiza)

- "Yuyú" los saluda el mochuelo del olivo
 (que no se entera ni un hue...
so de aceituna
(que no rima nà de nà.) )

Un poco sordo y al tuntún,
un viejo búho buhonero
cabecea, balbucea:
- "¿Aliaum, aliaum?
 ¿In saecula saeculorum?"


Y el cárabo carabobo caraspeando
contesta cual eco:
- "¡Ululú, palulú!"

¡Retruécano, decano! ¡Menuda cacofonía!
¿O lela o lola o lulú ?
¡Olala!
No hay quien los entienda.

[ En este momento del relato ruidoso,
mirando desde abajo hacia el poyato,
pregunta nervioso el gato goloso,
(acechando imposible plato) :
-¿Miau? ¿Miau? ]                      

A todo esto, protesta Morfeo:
"Yo lo coloco, lo coloco..."
 "... y ella lo quita, lo quita."
replica la luna.

¡¡ Menudo cachondeo!!
¡¡ Menuda cacofonía!!
Con todo esto,
no hay quien duerma.

**********************************
Pompita para la luna llena lloviznando en llanura su llanto llameante.

.

martes, 19 de mayo de 2015

Te tengo que contar algo raro...


- Era una farmacia de ésas muy antiguas ¿sabes? En el escaparate, pastilleros varios, unos de madera con tapas esmaltadas, otros de marfil amarillento con filigranas de plata, diseminados en un bosque de plantas silvestres... Encima de la puerta, una hilera de cascabillos que tintineó al entrar... A su izquierda, había un gran jarrón de cristal panzudo medio lleno de pétalos de flores y cerca, una frase troquelada en forma de flecha señalando su boca: "Gracias por donar tu savia."... Al otro lado de la entrada, un sillón de orejas, desvencijado y cojo, la tela ajada dejando ver su relleno de esparto... Estanterías de madera oscura repletas de frascos de cerámica cuidadosamente alineados...  Con su olor entre adelfa y alcanfor... Unos visillos de encaje apolillado colgados de una barra de latón en la parte trasera del escaparate no dejaban pasar más que un mortecino hilo de luz dorada donde bailaban motitas de polvo...
No había expositores de colorines ni batas blancas con sonrisas de dentífrico ni máquina moderna para tomarte la tensión...
- ¿Por qué entraste?
- No sé... Hacía muchísimo calor fuera... Me dolían los pies de tanto patear la ciudad. Quizá pensaba comprar algunas tiritas: me rozaban las sandalias. No lo recuerdo...
- Sigue.
- Pues al entrar, lo primero que noté fue un frescor de heno mojado... o de moho... y sobre todo el silencio. Como de bodega... o de cripta ... Y como no venía nadie para atenderme y no tenía prisa, me puse a mirar los rótulos en los cajones de las estanterías bajas. En algunos había sólo pequeñas láminas de flores sencillas. Otros estaban escritos a mano, con tinta deslavada, roja y negra, y una caligrafía rebuscada llena de volutas donde pululaban mariquitas. No pude descifrarlos todos por la letra borrosa. Y algunos eran sorprendentes...
- ¿Qué ponían?
- Cosas como... "Infusión para abrir sonrisas" o "Pomada para dar brillo a las calvas" o "Jarabe para quitar murciélagos de la garganta" ... todos eran así de raros.
- Pues sí...raros, rarísimos... ¿Qué más viste?
- También había en el mostrador dos canastillas de mimbre de igual tamaño: en el asa de una, llena de caramelos verdes y violetas, un lazo de tela blanca ponía "Para olvidar las cosas que..." y en la otra, llena de aceitunas violetas y verdes, el lazo decía "Para recordar las cosas que..."
Y entre las dos, una invitación:
                             "Sírvete pero escoge sólo dos de cada cesta."
- ¿Y qué hiciste?
-  Justo cuando iba a servirme, fue cuando apareció un hombrecito... También era extraño: un vejete bajito, rechoncho, de pelo ralo y ojos brillantes. Lucía un poblado mostacho rizado y vestía un chaleco pasado de moda, de satén damasquinado verde chillón sobre una camisa gris llena de manchas... Llevaba también un monóculo sin cristal en la mano derecha y en la otra una probeta llena de un precipitado burbujeante de color canela... En el hombro, un lagarto azul...
Me miró afablemente y me preguntó:
" ¿Qué deseas?..."
- ¿Quién? ¿¿El lagarto??
- Jajaja... No. El lagarto dormía... Me lo preguntó el boticario.
- Ah... Sigue.
- ...
-... ¿Y...?...
- ... Y no sé cómo sigue porque fue cuando me di cuenta de que tenía la mano pringosa del helado que se derretía. Me dolían los pies y me dolía la cabeza también por el olor dulzón de las adelfas. El sol había bajado trás los edificios pero yo seguía sintiendo mucho mareo a pesar de la proximidad de la fuente donde me había parado... Entonces me levanté del banco, metí las manos en el agua helada y me fui en busca de una farmacia. Pero en ese barrio, no había... Sólo covachas viejas, y la mayoría de ellas con puertas cerradas con candado, sin rótulos, sus ventanucos de cristal roto opaco de telarañas, ...
- ... Y... ¿qué más?...
- Nada más... Entré en una que me parecía abierta: me llamó la atención su pequeño escaparate, los pastilleros de anticuario, el reclamo del cantueso polvoriento, de los celemines llenos de bulbos de vinagrillo, las semillas negras de adormidera entre erizos de estramonio y ...
Y lo que pasó después, ya lo sabes... Era como una farmacia de ésas muy antiguas...
- ...
- No me mires así. Ya te dije que era muy raro lo que te tenía que contar...

**************************
Pompita sin más.