martes, 31 de mayo de 2016

Me gustan...



A veces me dicen que tengo gustos raros... Será verdad supongo.
Porque me gustan las ferreterías, las mercerías y las papelerías más que cualquier otra tienda... Me gusta deambular en estos antros de potencial creatividad infinita donde la imaginación se puede desbocar en silencio. Demorarme en el recorrido. Tocar. Calcular. Preguntar. Apuntar. Visualizar...
Me gustan, me gustan. Definitivamente, me gustan.
A veces veo cuatro tablas y unos tornillos y empiezo a cavilar... un refugio en un árbol o un barquito listo para zarpar...
Hilos de colores, huso y bastidor... y ya. Ya estoy tejiendo una impalpable alfombra mágica con sus flecos meciéndose encima de las nubes...
¿Un expositor, abanico arcoiris de papel?...y sin más herramienta que las manos, se transforman como por arte de magia en flor sin nombre, frágil velero o cisne surcando un lago...

A veces me gusta que se expresen mis manos sin sonidos ni lápices.
En soledad.
Lo necesito. Me relaja. Me gusta.

Y en esto estoy ahora.... (¿es grave, doctor?... :D )

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Pompita de silencio vacacional. ;)
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martes, 24 de mayo de 2016

Noche de insomnio



Las noches de mis insomnios
        me persiguen...

Y los mil cielos callados
tras jirones de gasa azulada,
arropando sueños y recuerdos,
deshojan sendas y senderos.
Unos árboles ciegos
y sus raíces hablan.
Susurros entre las ramas.
Ruiseñores rozan
las mil aguas rebosantes.


Las noches de mis insomnios
        me encuentran...

Y la luna llena, desvelada,
tras sus visillos de nube,
arropada, chal de seda,
hojea secretos libros
donde las hojas no mienten
y las bocas se sonríen .
Donde los rizos, miel oscura,
liberan las risas dulces.
Donde se rozan los ojos
y las manos susurran.

Las noches de mis insomnios
      me alcanzan...

                  Y la luna sonríe.

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martes, 17 de mayo de 2016

¿Qué sería...?

  
                                               
"Lo que dicen las flores"...     
(extracto de uno de los "Cuentos de una abuela")  de George SAND


"Cuando era niña, querida Aurora, me atormentaba el no poder entender lo que se decían las flores. Mi profesor de botánica me aseguraba que no decían nada, o bien porque era sordo, o bien porque no quería decirme la verdad. Juraba que no se decían nada en absoluto.

Estaba segura de lo contrario. Las oía charlar de manera confusa, sobre todo con la llegada del rocío del anochecer pero hablaban demasiado bajito para que pudiera distinguir sus palabras y además eran desconfiadas y cuando yo pasaba cerca de los arriates o en el sendero del prado, se avisaban mutuamente con una clase de psitt que corría de una a otra. Era como si se hubiera dicho en toda la línea “¡Cuidado! ¡Callemos! Aquí llega la niña curiosa que nos escucha”

Me obstiné en ello. Me entrené en andar tan suavemente, sin rozar ni la más pequeña brizna de hierba, que ya no me oyeron y pude avanzar cerquita, cerquita; entonces al agacharme bajo la sombra de los árboles para que no vieran la mía, por fin capté palabras articuladas. Se requería mucha atención: eran voces tan pequeñas, tan dulces, tan ligeras que la mínima brisa se las llevaba y que el zumbido de las mariposas esfinge o noctua las tapaba completamente.

No sé en qué idioma hablaban: no era ni francés ni latín que me enseñaban en aquel entonces pero ocurrió que lo entendía muy bien. Me pareció incluso que entendía mejor ese idioma que todo lo que había oído hasta entonces.
Una tarde, conseguí tumbarme en la arena y no perderme nada de lo que se decía cerca, en un rincón del arriate. Como todo el mundo hablaba en el jardín, era inútil intentar sorprender más de un secreto a la vez.
Me quedé pues muy quietecita y he aquí lo que oí entre las amapolas."...



 ... "Cuando le conté a mi preceptor lo que había oído, él declaró que yo estaba enferma y que urgía darme una purga. 
Pero mi abuela me salvó de ello diciéndole:
- Lo compadezco si no oyó nunca lo que dicen las rosas. Personalmente, extraño aquellos tiempos en que podía oírlas. Es un don de la niñez.
¡Tenga cuidado y no confunda, señor, dones con enfermedades!."

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Pompita de mayo.
PS ¿Qué sería lo que se contaban las flores?...A mí me lo contaron hace años; no lo recordaba pero hace poco lo volví a descubrir aquí
Cada uno puede imaginar a su antojo... Pero lo importante es escuchar.
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martes, 10 de mayo de 2016

Ellos y los demás

Todos lo comentaban pues los cálculos no engañan.
Iba a ser El Acontecimiento del Día.
Iban a salir de paseo a plena luz del día pero... Algo se torció.
Para ellos, no. Para los demás que no pudieron cotillear (¡Hay que ver cómo les gusta a algunos el cotilleo! Y cómo les gusta a otros que les cotilleen!)
Ellos no se inmutaron; ellos a lo suyo.
Sin entender ni comprender esta agitación ajena; y para ser sinceros, sin importarles un pimiento.
Tenían algo mucho más bonito que hacer y el tiempo apremiando.
No tendrían otra oportunidad de saborear el momento hasta dentro de... ni se sabe.
(Bueno, sí se sabe. Los cotillas, sí lo saben. Siempre al acecho.
Pero su tiempo, su reloj no es el mismo.)
Así que, resumiendo la noticia y retransmitiendo desde la sierra donde no para de llover sobre mojado desde hace días:

Gracias a las hermosas nubes serranas que los protegieron de las miradas indiscretas de los paparazzi sin arte de aquí abajo, los protagonistas del día pudieron disfrutar del calor de su intimidad.
(Calorazo en este caso. Y con la complicidad de Venus que andaba cerca, como es lógico)
El calor de la intimidad: lo que a fin de cuentas es lo único que importa.
Mucho más que los oropeles de las mal llamadas revistas "del corazón".

Y su empeño en evitar la publicidad, me recordó esas palabras de  Florian en una de sus fábulas: 
                        " Para vivir felices, vivamos escondidos"
Lo que hicieron ayer, Mercurio y el Sol, haciéndoles burla a muchos al no dejarse sorprender más que en un corto momento de su despedida pero regalando con generosidad la exclusiva a algunos privilegiados. Amigos de toda la vida, sin duda. ;)

Hasta dentro de tres años.

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Pompita con agua de lluvia serrana.
(obviamente y por varios motivos, éticos y técnicos... sin foto :D)
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sábado, 30 de abril de 2016

Sonrisas de abril

Podía haber puesto de título "Sonrisas y lágrimas", (por seguir con mi racha de cinéfila ;) pero prefiero dejar las lágrimas para otras ventanas, otras pantallas. Como la de la tele y sus noticias.
O la pantallita del móvil como medio de incomunicación, tal como comentaba Juan, hace poco.
Pero no. Hoy, el título de esta ventana mía quiere ser  "Sólo sonrisas".
De abril.

Pensamientos y alegrías en ventanas renovadas.



El manzano se retrasa pero sé que pronto estará igual que en esta foto del año pasado


El último crocus

La sorpresa de las colmenillas: por primera vez salieron en mi jardín,
unas pocas a principio del mes...


... Y otras, que tras la precaución de dejarlas secar, perfumarán una tortilla con sabor a infancia.



Sonrisas de refranes o canciones. "En abril, aguas mil..."
Con rocas bonitas de un paseo bajo una lluvia fina que acabó en gran chaparrón... Un diluvio de dos mil dieciséis aguas que me dejó calada hasta los huesos. (por no seguir el consejo de otro refrán: "En avril, ne te découvre pas d´un fil...")


Y como siempre, algunos pájaros me acompañaron en abril también...

La abubilla de mis desvelos que por fin conseguí retratar. En realidad fue en marzo, justo a final. Pero todavía me dura la alegría, a pesar de la poca calidad de la imagen. Una pequeña ilusión cumplida. De esas pequeñas cosas que me hacen feliz.


 Éste que "de vez en cuando toma conmigo café... " pero sólo en verano, cuando está la puerta abierta de par en par; aunque venga a diario al comedero y a arramblar con todo.


O éste otro que no aparece más que en primavera, a fecha fija.
Y luego desaparece el resto del año. ¿Es bonito, verdad?


Ésta no quería café; sólo cotillear lo que pasaba en casa durante la obra de las ventanas (que ha sido otra alegría, tanto por el resultado como porque ¡¡¡ha terminado por fin!!!)


"Una golondrina no hace la primavera" decia Aristóteles.
Pero a mí, su visita me alegró un día blanco de yeso y gris de cielo frío.

No ha salido todavía el muguet este año:
por estas temperaturas tan variables, sólo empieza a asomar. Indeciso.

Pero tiro de recuerdos y de fotos de años pasados para desearos con sonrisa un bonito día 1º de mayo. Festejando el Día del Trabajo... Descansando. :)



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Pompita de ¡¡¡Adios abril!!!  y  ¡¡¡Bienvenido, mayo!!!
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martes, 19 de abril de 2016

Algo raro en la nevera...



 "Le-chu-ga. Ne-ce-si-to-le-chu-ga"
Debió de llegar de polizón en la última lanzadera turística de Marte pero no me percaté de ello hasta que descubrí que las lechugas menguaban con más rapidez de lo acostumbrado en mi casa.
No lo entendía. Nunca me había parado a pensar en la frecuencia con la que iba a "La huerta" (así se llama la frutería de mi pueblo donde suelo comprar: me gustan sus frutas y verduras siempre tan apetitosas en comparación con las de plástico de las grandes superficies; y además, sus dependientes son muy amables.)
No lo entendía: por mucho que le daba vueltas al asunto, no había forma: no lo entendía...
Ya había llegado al extremo de apuntar en la agenda cada visita que les hacía. Y a comprar las lechugas, endivias, cogollitos o escarolas de dos en dos. E incluso más.
Asimismo iba anotando cada noche lo que había en el cajón de la nevera.
Pero cada mañana comprobaba que no quedaba casi nada de ellas. Si bien los tomates desaparecían con su ritmo habitual así como los pepinos, apios y demás verduras, lo de las lechugas eran un misterio. Y me tuve que rendir ante la evidencia: las lechugas desaparecían como por arte de birlibirloque. Abracadabra. Blip. Blip.

Me estaba poniendo nerviosa porque después de pensar en un corto circuito que habría cambiado algo en las tripas de mi nevera, sospechaba también de mí misma ¿sería una sonámbula de ésas que se levantan de noche para darse un atracón de lo que sea y al día siguiente no se acuerdan de nada? Y por eso empecé a poner trampas como hacen en las películas de intriga, con un pelo pegado en la puerta, para saber si alguien la abría mientras yo dormía. Pero no. Cada mañana la puerta seguía intacta. Y las lechugas seguían mermando al mismo ritmo sospechoso y desasosegante.

Como estaba claro que el problema venía desde dentro, un día decidí hacer un experimento: no comprar ni una lechuga más, a ver lo que pasaba.
Se sorprendió el chico de "La huerta" (la cajera del super, ni se enteró) (a veces compraba allí también, para despistar al primero cuyos guiños me empezaban a molestar cada vez que me decía: "Y dos lechugas ¿no? Como siempre." Como si él supiera algo que yo ignoraba...)
Se sorprendió cuando ese día le contesté: "No, gracias. Hoy, no."

Y fue a raíz de esta decisión drástica cuando a la mañana siguiente oí una voz bajita, apagada y tristona que salía de entre los yogures: "Le-chu-ga. Ne-ce-si-to-le-chu-ga. Blip."
Primero me sonreí: me acordé de una película en que el bicho raro decía : "Da-tos, necesito da-tos" pero enseguida me di cuenta de que la cosa no era de ficción: era real. ¡Tenía a un especie de ET en la nevera y me pedía lechuga! Brrrr... Desconcertante... Inquietante...
Me quedé sin habla: no todos los días te sale una cosa tan rara en la nevera. O ¿sí?...
No lo sé... Porque en realidad, cada casa tiene sus rarezas entrañables: recuerdo que mi madre contaba que tenía tres terneritas que la dejaban sin botellas de leche... Yo personalmente tengo a un monstruo de las naranjas en la despensa. Y a veces a las ardillas de los frutos secos que me dejan sin almendras. Pero son gente conocida de toda la vida. Nada preocupante.
(... Ahora que lo pienso... una vez encontré también un pequeño caracol extraviado en una escarola; y una tijereta medio dormida...)
Pero un extraterrestre en la nevera ¡¡jamás me había pasado!!

Sin embargo, ahí estaba. Escuálido y gris, con pintas naranjas de óxido. Tenía mal aspecto a pesar de sus grandes ojos de plástico negro brillante; y repitió con voz desmayada:
"Le-chu-ga. Ne-ce-si-to-le-chu-ga. Blip."
Yo era la culpable de su debilidad: le había dejado sin alimento muchas horas. Estaba tan arrepentida que, a falta de otra cosa, busqué en el comedero de los pájaros, rescaté una hoja todavía sin picotear, la lavé, la sequé y se la di. Y recobró su color verde-pradera enseguida. Blip. Blip.
Quería sacarlo del frigorífico porque no me parecía razonable tener a un bicho allí dentro (no fuese a resfriarse y a estornudar encima de la comida. Poco higiénico.)
Pero él parecía estar a gusto a pesar del frío (aunque noté que tosía un poco) y al final me ablandé y lo dejé instalarse.
En seguida le cogí cariño, como en un sueño eléctrico, acostumbrándome a su presencia y eligiendo las mejores lechugas, los berros más tiernos, toda clase de romanas, rúculas, canónigos, batavias u hoja de roble para agradecerle su ayuda: a menudo me avisa cuando un producto está a punto de caducar o si nota que falta algo básico. Se me ha hecho imprescindible. Blip.
Max (así se llama) me cuenta cosas maravillosas de su planeta lejano. Yo no le cuento todo sobre el mío... No quiero que se vaya, asustado por el panorama político actual... Es tan sensible y cariñoso. Dan ganas de abrazarlo, achucharlo y comérselo a besos, como a un osito de peluche. Pero no me atrevo, por si de repente se me pone agresivo o a berrear... Hace tiempo vi otra película donde se daban casos escalofriantes cuando llovía... No recuerdo cómo terminó.

Y fue también por la misma época cuando decidí cultivar unas pocas verduras: el chico de la frutería ya se ponía demasiado impertinente con sus comentarios. Uup. Yo creo que sospechaba algo...Y no le iba a contar que todo se lo comía el trasgo verde de la nevera. ¿no?..

Pero quizás no debí acogerle con tanta ligereza... Me asusta algo pensar que la invasión ha empezado en serio ... Y puede que el de la frutería lo sepa... Hasta puede que sea cómplice y por eso venda verduras tan apetitosas...

https://www.youtube.com/watch?v=BgIuUyAUxaw             
http://www.traduceletras.net/es/wayne-jeff/eve-of-the-war/417739/
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Pompita que se me escapó una madrugada de invierno, desvariando al mirar hacia el firmamento mientras soplaban aires de cine...
Ps. Él sigue aquí, en la nevera, entre el jamón de york, las cuajadas y las botellitas de agua. Blip.
Guardadme el secreto, porfi. :D
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martes, 12 de abril de 2016

Mi jardín me habla...


 ¿No te lo crees?... Pues, ven conmigo y escucha:

Nada más entrar, a la derecha, nos saludan las coronillas que sembró un día el viento y allí se quedaron haciendo las delicias de las abejas que más de un Ángel teme por su alergia.
A la izquierda está la adelfa rosa que, viniendo de un estrecho tiesto de ciudad donde se plantó al llegar la "niña", se acostumbró en seguida a la libertad de la sierra. Un poco más abajo, está también la thuja del "niño", de semejante recorrido.
Y el manzano que hicieron los dos, hace más de veinte años, de una de las numerosas pepitas que sembraban juntos con ilusión. Manzano del cual nunca comemos las pequeñas manzanas que avispas y urracas catan una a una antes que nosotros pero de siempre espectacular floración.

En la terraza, el ruido de conversaciones se acentúa pues allí se reunen otros familiares y amigos:
El eléboro verde, regalo de mi "invisible" David; y las bisnietas de la tomatera decorativa de Jacqueline. Está cerca el lilo de José, siempre oloroso en su estación. Y su hermana Eli, de rosal valiente que lucha con el celindo para alcanzar el sol; celindo superviviente a los juegos de una cachorrita colley, empedernida podadora de arbustos recién plantados.
Y entre los tiestos de hierbaluisa, una en particular: regalo chistoso de MariaLuisa, medio bruja, compi de infusiones inspiradoras de las largas, nutritivas y sabrosas charlas esotéricas sobre "hierbajos".
Bajando hacia el huerto, me cruzo con un abeto de nombre Alfonso y Elena. (¡hola! ¿qué tal las niñas?) Y siguiendo por el jardín, está también otro vecino amigo: Antonio y sus fresas (un gran gran abrazo para ti); más abajo me encuentro con mi murcianica Juli y el perfume de sus alhelíes que se siembran por todas partes (luego te llamo), con mi hermano Pierre y sus gariguettes de Bretaña (bises à tous), con el acebo de César y Sagri, la hierbabuena de otro Antonio (el number one de la tortilla española de los saraos del vecindario); la hierbabuena para el té moruno de Carmen y Jesús, que no faltan nunca a la cita, entre viaje y viaje (¿A dónde vais esta vez, pendones?).
Y más gente, de mucha raíz:
El olivo sin podar y la higuera dulce de la Alcarria de mis suegros. Las mimosas olorosas que rebrotan más vigorosas que nunca después de cada helada y que llegaron desde Las Landas de mis padres; y sus madroños que plantamos juntos y que alegran cada rincón, regalando a la vez flores y frutos entre el verde perenne de sus hojas.
Y en la entrada a la casa, el viejo rosal, trepador especial: lo primero que plantamos al llegar y que cada primavera obsequia su tapiz de pétalos de recibimiento y sus ramos olorosos de despedida a las visitas que lo admiran.

Están también los bulbos, bulbillos, semillas y esquejes varios traídos de excursiones cercanas o de viajes lejanos. Y que también me cuentan las historias de sus acompañantes.
Todo esto entre tomillos, romeros, cantuesos, jaras, encinas y enebros autóctonos que los acogieron en la sierra, entre abrazos de rocas.
Que les hicieron un sitio; como me lo hicieron a mí.
Todo esto salpicado por las numerosas hierbas "cuerdas y locas", flores silvestres y arbustitos, muchos desconocidos, regalados por los pájaros y el viento; que también cantan, silban o susurran.

Sí, mi jardín está poblado de mucha gente a la que saludo una a una al dar mi vuelta matutina, nada más terminar de desayunar.
Como todos los días.
Como hoy que empiezan a alborotar las hadas y los duendes de la primavera en mi jardín, entre chaparrón y chaparrón...

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Pompita de jardín parlanchín.
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martes, 5 de abril de 2016

Y ahora ¿qué?...



- ¡Ya era hora que dejaras sitio a los jóvenes, macho!
- ¡Que sea para bien!
- Los hay con suerte... No veo el momento.
- ¡Disfrútalo! Te lo tienes muy merecido.
- ¿Ves cómo todo llega?...
- Te echaremos de menos, jefe...
- No te olvides del sarao este verano ¿hein?
- ¡Por fin nos libramos de ti! Ahora, a dar guerra en casa jajaja
- Contamos contigo para seguir con las tertulias ¿vale?
- A ver cómo se lo toma tu mujer, jeje.
- Hacer sólo lo que me da la gana: mi sueño...
- Has sido como un padre para mí...
- Ya sabes: si cambias de opinión, te recibiremos con los brazos abiertos.

  ... Y el móvil que no para de wasapearte también emoción familiar, parabienes y chistes. Lagrimillas y eteces...

Y así toda la mañana. Tu última mañana en la oficina.
Y mañana, el primer día del resto de tu vida. El postre.
Tu primer día sin.
Primer día sin despertador, sin reloj (a pesar del regalo incongruente que te hizo la empresa), sin atascos, sin quebraderos de cabeza, sin...
Sin muchas cosas (buenas, que las hubo; y malas, que las hubo también) Cosas que hasta hoy han pintado buena parte del panorama de tu vida.
De tu vida antes del cambio de estatus.

Pero sobre todo, primer día con.
Con otras muchas cosas, merecidas, no regaladas por leyes fluctuantes sino ganadas a pulso.
Mañana, el primer día de empezar a hacer ¡por fin! lo que nunca pudiste. "Por falta de tiempo", decías...
¡Ingenuo! Mira a los jubilados de tu alrededor: ahora es cuando te va a faltar tiempo, ya lo verás.
Sólo ellos llevan una vida tan llena, siempre muy atareados, muy inquietos de todo, muy activos; por mucho que digan las malas lenguas que confunden "activo" con "económicamente rentable".
Más activos que nunca. Siendo los propios jefes de su tiempo.
Siendo libres.

Y yo sé que vas a ser un "pluri-jubiloso", entre viajes, fotografía, lecturas, estudios y tertulias varias y otras muchas actividades, gratas todas, por elegidas.

(...Y si aún así te sobra tiempo (cosa que dudo), ya te buscaré yo algo, lejos de la mesa camilla o de la tele.
Por si te faltan ideas, entre viaje y viaje... podrías también dedicarte un poco a la bolsa... Ya sabes: un poco más a la bolsa de deporte, la bolsa de la basura o la bolsa de la compra. ;)

 Pompita de          ¡¡¡ FELIZ  JUBILACIÓN, MARIDO !!!


martes, 22 de marzo de 2016

Mirlo




Te observo desde hace un buen rato. Y me sonrío. A pesar de saber que me costará tiempo y esfuerzo recolocarlo todo en su sitio. Te veo hurgar. Remover. Mirarme tú también con el rabillo del ojo. Ojo negro, redondeado de naranja. Bien abierto. Siempre mirando a tu alrededor en busca de algo. Inquieto. Inquisitivo. Siempre yendo y viniendo. Siempre volviendo. La culpa es mía por mimarte tanto. Vuelves. Para ver si dejé algo apetecible en tu ausencia. Para escarbar un poco. Sacudir la cabeza, poco o nada convencido por el menú. Dar saltitos graciosos. Silbar. Volar cerca o lejos. Desaparecer. Un día o dos o tres. Volver. Espantar a cualquier gorrión o herrerillo con tus gritos.
En verano me despiertas bien temprano: lo tienes fácil con este árbol donde te posas y cuyas ramas, al más mínimo soplo de aire, alcanzan mi ventana.
Pero ahora, con la savia todavía aletargada, todo está en la oscuridad del subsuelo y hurgas en varios tiestos. Te vas a buscar fortuna algo más lejos. Vuelves. Trinas. Te callas, expectante. Esperando respuesta. Chillas repentinamente, sin motivo. Sobresaltas a todo el barrio. Negro. Pico picudo. Naranja un día y otro, negro. No eres siempre el mismo, es evidente. Varías. Desvarías también. De sur a norte. De oeste a este. Depende de los días. Soleados o nublosos.

¿Volverás esta primavera a anidar tan cerca? ¿Volverás a abandonar un nido vacio dejándome con la ilusión frustrada de ver tu prole, mirlita?...



Pero el resultado de tus investigaciones en mis tiestos buscando a saber qué, es siempre el mismo: raíces al desnudo, semillas esparcidas, la tierra sacada de su espacio, la planta desprotegida.
Sabes que me da lo mismo azul que verde, blanco o negro: he dado de comer a gente alada de mucho plumaje y cantar.
Pero permíteme decirte que si fueses un mirlo blanco, te lo aguantaría, tal vez... por lo excepcional, lo irrepetible, por tu canto melodioso a veces... tal vez...
Pero ni siquiera esto: más negro que el carbón o el diablo eres, jomío, aunque te creas muy blanco, inocente, revoloteando lejos, pasando de mí; o cerquita, provocándome, incansablemente.
Y por si fuese poco, sin modales eres con tu apetito desmesurado: hay que ver cómo lo has dejado todo. Una vez más.

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Pompita para un pajarito incordioso que sin embargo me cae bien.
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martes, 15 de marzo de 2016

Peluquería de señoras

No me gusta ir a la peluquería, me aburre. Pueden pasar meses y meses sin que la pise. Y muchas veces me apaño yo misma; con resultados no siempre idóneos ni de color ni de corte, todo hay que decirlo... 
Pero por lo menos ni me he gastado una fortuna ni me salen arrugas por enfurecerme contra nadie como ocurre en esta, para mí divertida (...por vivida alguna vez) canción de Lynda Lemay.

Llegué una buena media hora
antes que la hora de mi cita.
Tiempo para estar segura del color,
para no lamentarlo después.

Tiempo para hurgar en las revistas,
para descubrir a Claudia Schiffer
con los brazos en alto, medio desnuda,
por supuesto guapa como nunca.
Y fue cuando vi la luz
y dije: "Así es cómo los quiero.
Chico, no me los vayas a estropear:
esta noche veo a mi enamorado."
Insistí en el largo

y me dijo:" Calma, querida cliente,
tranquila, no tema:

la voy a dejar im-pre-sio-nan-te.
Dijo: "Conozco mi arte.
Déjelo de mi cuenta, ya verá:
le voy a dar un look de muerte.
La tomarán por una artista."
Parecía tan convencido
que le dije:" Confío en ti"

Tomé asiento con mi revista
intentando quedarme en silencio.

Muerta de miedo
con mi capa
y mi toalla alrededor del cuello,

pasé por la famosa etapa
del gorro de baño con agujeros...
Señores, no tenéis ni idea,
vosotros que pasáis por la barbería
para un simple corte
antes de volver a la oficina,
de lo que nosotras tenemos que soportar
y de lo mucho que nos humillamos
al arriesgar nuestra cabellera,
como si se tratase de nuestra vida,
entre las manos de lo que se llama una "loca"
que jura que el óvalo de nuestra cara
exige tal o tal permanente

y también tales o tales mechas.
Sí, vosotros que no sois más que los testigos
de nuestra vuelta histérica
con la cabeza como un puñado de heno
y la cartera anoréxica,

Vosotros cuyo único papel
consiste en reprimir vuestra risa tonta
mientras nos escondemos
en el cuarto de baño, negándonos a salir...


Estaba pues con el gorro espantoso
cayéndome en los ojos.
¡qué posición más molesta!
para ver entrar en el salón
a mi gran vecina (seis pies y medio)
con su falda y su perfume,
y que viene gritando:
" ¡Hola, Lynda! Casi no te reconozcooo!"


Después tuve derecho a los bigudis

"Solamente para dar más cuerpo"
me prometió el locuelo
antes de pasar al secador.
Omitió simplemente
decirme que tendría pinta de tener
familiares en Haiti:
salió de lo más encrespado, lo nunca visto.
Al final, colmo de desesperación,
las mechas rubias salieron pelirrojas
En cuanto al rasurado cerca de las orejas..
tendría que esperar a que volviese a crecer.
Y lo peor de mi historia
es que después de pasar por caja
dije."Muchas gracias, buenas tardes"
como la reina de las cretinas.

Volví echando humo por las orejas.
"Impresionante" me había dicho.
y para impresionar,
eso sí: impresionaba de lo lindo.
Me estudié delante del espejo
en braguita, levantando los brazos
pero no conseguí jamás ver
el parecido con Claudia.

Anulé mi cita
temiendo que el chico fuese asmático:
la podía haber espichado en el acto
nada más pasar la cancela.

Me juré que nunca más en la vida
acudiría a un experto
¡Al diablo el arte! ¡Vivan los fígaros!
Y las bellas permanentes de mi madre.

                                                   https://www.youtube.com/watch?v=qIMzJlv0jJ8

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Pompita con champú
 .