martes, 6 de junio de 2017

Infatigables...

Infatigables... ellas.
Y yo no me canso de mirarlas, observarlas, admirarlas.
Y de envidiarlas. Siempre activas, de sol a sol. Sólo frenadas en las horas del mediodía cuando no se las ve (pero porque siguen trabajando en el subsuelo, a la fresca de sus refugios). Sólo paradas un rato cuando la tormenta, que a su escala se vuelve diluvio universal, las machaca y destroza parte de sus edificaciones. Que se apresuran a reconstruir.
Infatigables.
Son arquitectas, ingenieras de camino, criadoras de sus crías que transportan de allí hacia aquí o al revés según las horas, criadoras de otras especies que explotan, agricultoras, recolectoras. De lo cultivan, de lo que encuentran, de lo que roban cuando pueden: lo aprovechan todo.
Infatigables.

¿No les duele nunca nada? ¿No necesitan descansar nunca? ¿Tendrán acaso fisios gratis para masajear sus cuerpos machacados por el trabajo intenso? ¿Tendrán viajes del Imserso donde les dan de todo, masticado, sin tener que planificar nada, sin tener que pensar (que es una cosa agotadora, se diga lo que se diga)? ¿Se irán de balneario cada fin de semana para cuidar sus articulaciones rígidas y sus huesos que crujen? (¿tienen huesos las hormigas?... me parece que no... ¿Será su secreto entonces?... Será su secreto, seguro.)
¿Cómo lo hacen?...
Infatigables.
Las envidio. Envidio su actividad que no decae nunca... Envidio sus patitas ágiles (las mías no lo son), sus articulaciones siempre engrasadas (las mías no lo están) ...
Su esbeltez (también)... Su comunicarse sin ruido (también).

Soy una envidiosa...
Vale... pero en otra vida quiero ser hormiga. He dicho.

... Aunque... no sé... ¿Ven la luna, las nubes y las estrellas  las hormigas?...
Quizás me lo pienso mejor y me busco otra animalita para la reincarnación...
No sólo cuentan las articulaciones, desprovistas de poesía. ¿No?...

*******************
Pompita observando la actividad de los hormigueros de mi jardín.
(Hoy sin foto. El suelo está muy bajo y no encuentro el tres en uno...)
.

martes, 16 de mayo de 2017

El sendero de los sueños

Eran siete. Cada una de un color distinto. Las habían mandado allí para purgar sus pecados que eran muchos; y despojadas de su cuerpo mágico que las hacía invisibles, les habían dado el disfraz de unas libélulas de alas frágiles y transparentes.


Y ellas que habían incordiado tanto a los humanos en sus anteriores encarnaciones, debían ahora sortear los múltiples peligros que acechan a todo ser alado.
Algo arrepentidas por sus fechorías pasadas, estaban en ese momento cavilando sobre la manera de enmendarse, conseguir su rehabilitación a los ojos de los demás moradores del bosque y recuperar, con el perdón, su aspecto habitual.

Su reflexión fue interrumpida por un ruido muy familiar: el de los pasos de un hombre que solía pasear por este bosque en busca de soledad y silencio... Aquel día, el hombre, algo mayor y cansado, se sentó en el tronco tumbado de un árbol que allí yacía entre la hierba; con ese banco improvisado el lugar se tornó propicio a la meditación o la ensoñación.

Al ver su rostro serio, ellas se acordaron de lo mucho que le habían fastidiado en el pasado: dolorosas picaduras de avispas, molestos zumbidos de mosquitos que le quitaban el sueño y más trastadas de chinches que en su inconsciencia de jóvenes e inexpertas hadas del bosque habían urdido para entretenerse cada primavera. Fechorías que a la vejez lamentaban y por las cuales estaban ahora sufriendo destierro.

Pero las hadas, al igual que los duendes, trasgos y demás diminutos que pueblan nuestro entorno, si bien son a menudo incordiosas por burlonas, son también personitas sin maldad verdadera. Y se les ocurrió una idea curiosa para alegrar al visitante...
Rozaron levemente las ramas del enebro que daba sombra al banco con el fin de salpicar a su huésped con el polvo de oro que en esta estación se escondía entre las acículas. Pues son muchas las propiedades de los enebros y las hadas lo saben. Y esta lluvia dorada viene cargada de poderes mágicos que los humanos no sospechan...


Al hombre le gustó el chaparrón impalpable a su alrededor. Le pareció bonito verlo bailar abrazado a los rayos de sol que se colaban entre los troncos. Pero estornudó estrepitosamente y parte del polen dorado se le metió en los ojos. Y se apoderó de él un sopor al que no se resistió, tan a gusto se encontraba en ese lugar.
Lo que no imaginaba ese hombre es que el sueño profundo que le invadió era un ardid mágico de las Siete Hadas del Enebro para hacerse perdonar lo mucho que le habían perseguido y maltratado toda la vida con sus bromas de mal gusto.

Ellas entraron por sus ojos, como siempre lo hacen; se escondieron detrás de sus párpados y se apoderaron de sus sueños... Pero esta vez no fue con la idea de truncarlos sino con el propósito de dejarle un regalo muy especial, un favor exclusivo...
Sembraron a su alrededor el sueño de un bosque umbrío y misterioso, con su camino serpenteando entre musgos y flora silvestre de jaspeados tonos azules. Se respiraba paz en este bosque sólo poblado de pájaros cantores. Y le dejaron pasear de la mano de sus recuerdos y sus sueños juveniles por el camino de polen dorado, entre campanulas celestes y jacintos olorosos.

Cuando el hombre despertó, se encontró de nuevo en el paisaje de siempre y muy lejos del Bosque Dorado de las Hadas pero volvió a su casa con una sonrisa en los labios.
Y al pasar al lado de la señal de la senda encantada, le guiño un ojo al ciervo alado que le había mostrado otro de los muchos caminos de los sueños del ser humano.

                                                          de la red: una de las múltiples señales mágicas de Bretaña

***************************
Pompita con guiño:
Este cuento está dedicado a un curioso perrito verde que me lo inspiró, regalándome el favor especial de pasear por
                      el Camino de las Hadas de su lejano Bosque Azul.
Muchas gracias, P. ;)
.

lunes, 1 de mayo de 2017

En mayo


Suele florecer en mayo si las temperaturas son propicias.
Y su perfume es inconfundible.
El muguet o lirio del valle (Convallaria majalis) es símbolo de alegría
y sobre todo es amuleto de la suerte para cualquier aspecto de la vida, amor salud o trabajo.
Y por esta razón se reparte entre familiares y amigos en estas fechas en mi tierra, desde el mismo día 1º,  el día del Trabajo.

Y con estas pequeñas flores de mi jardín, os deseo un feliz mes de mayo a todos y mucha suerte para todo el año:
Suerte para los que buscan y esperan encontrar ;
para los pre-activos y los activos;
y para los pre-jubilados y los jubilados.

*************************
Pompita de mayo con sonrisa.
.

martes, 18 de abril de 2017

Un conejito de Pascua

Mi gato, que no entiende de semanas, ni santas ni paganas, que no sabe de religiones ni de ritos ni leyendas, y sólo vive al ritmo de días y noches que regula su actividad y su descanso, festejó hace poco y a su manera la vuelta de la primavera y aprovechó sus correrías por el monte a su manera también... saliendo de caza.

Su instinto depredador le lleva a menudo por el camino fácil: el de los ratoncillos.
Otras veces por el reto más complicado de los pájaros, aún a sabiendas que, de conseguirlos, se expone a mis regañinas (que, lo sé, le importan bien poco pues me mira con su sonrisa inocente pensando: "Tú, grita, grita. Pero yo me lo he pasado en grande. Y sé que se te pasará tu enfado conmigo.")
Otras veces conjuga los dos deportes y se enfrenta a un reto mucho más divertido por más difícil: la caza veraniega del murciélago, este animal mitad ratón, mitad pájaro. Y algunas veces ¡lo consigue!
Para no herir sensibilidades, no os pondré fotos de los diversos trofeos que trae a casa como regalos día sí y otro también.

Pero hace unos días, salió de caza mayor... o la caza mayor le salió al encuentro... en forma de gazapillo.
Y como buen gato que es, hizo lo que a unos parecerá crueldad pero que, a los que entendemos de gatos, no nos parece otra cosa que una prueba más de que, a pesar de vivir "domesticado", ha sabido conservar sus instintos naturales y hacer lo que hacen a veces sus primos mayores en libertad cuando el hambre no aprieta: no sacrificar a su presa en el acto sino traerla viva, observarla y jugar con ella para aprender de sus reacciones para futuras cazas.
Un gato de piso (lo que yo llamo un gato de peluche) juega con moscas porque al privarle de su libertad se le priva de la posibilidad de dar rienda suelta a su instinto cazador con presas más interesantes ¿no?...
Pero Munsi no es un gato de peluche.
Y los únicos insectos que llaman su atención son los saltamontes que deben de ser para él lo más parecido a las pipas que a los humanos nos entretienen tanto...

Ya sé que a algunos mis palabras horrorizarán pero... seamos sinceros... a mí, mucho más me horrorizan cosas como las guerras todas, la caza como deporte para presumir, el embuche de ocas, las corridas de toros, las cabras de campanarios y demás "juegos" humanos para la crueldad de los cuales siempre hay alguna excusa o justificación...

Pues sí, Munsi, mi gato, cazó un gazapillo, lo trajo al jardín, y después de introducirlo por la gatera que le permite entrar y salir de casa a su antojo, me lo regaló.
Vivito y coleando, sin una gota de sangre, sin un rasguño salvo una pequeña calva sin pelo en el cogote.
Otro gato de hace años, era un especialista de la caza de conejitos que regalaba a la perra que los miraba sin mucho interés y sin duda se preguntaba: "Y yo ¿qué hago con esto?..."
Pero este gato de ahora, quizás por no tener compiche de cuatro patas, trae sus presas a casa para compartirlas con su familia bípeda.

Sin embargo, esta presa tan poco corriente para él, le vino grande y lo dejó tan sorprendido que no hizo otra cosa que observar... hasta que se cansó y me dejó a mí a solas con el regalo.

Así que, por otros caminos que los de las leyendas, credos y ritos de Semana Santa, por otro regalo aparte de los huevos decorados y de chocolate de toda la vida,
disfruté yo este año de mi particular conejito de Pascua.



Y ¿qué pasó luego?... Pues como estaba el animalillo tan en plena forma, después de no pocos esfuerzos para capturarlo (no tengo las habilidades de mi gato y ¡hay que ver lo que brincan los conejitos!) conseguí arrinconarlo en un cubo y soltarlo fuera del jardín, aprovechando que el cazador tomaba el sol, relajadito y disfrutando de un merecido descanso, como es de ley en Semana Santa también por otra parte...


Después de un rato pensativo, el animalito indultado aprovechó su suerte y desapareció entre jaras, cantuesos y enebros, bajando hacia el riachuelo.

Quizá su aventura dé pie a una leyenda bonita que circulará de madriguera en madriguera en las primaveras venideras... Me gustaría que así fuese...

********************
Pompita de una semana, entre santa y pagana.
.

martes, 11 de abril de 2017

No busques más


No, no busques más. Lejos de la agitación estéril y del mundanal ruido sólo existe la alegría de las ramas del manzano estrenando flores en un domingo de abril; y el zumbido de las abejas que se emborrachan de sol. No busques más, no. Aquí está el renacer.



***************
Pompita debajo del manzano.
.

martes, 4 de abril de 2017

Mañana...

...mañana cumplimos años, mis pompitas y yo.
Y me pasa de año en año con ellas igual que me pasa con mis hijos, las miro, me asombro y me digo:
"No me lo puedo creer... ¡Pero si fue ayer cuando empezasteis a andar!... ¡Pero si fue ayer cuando empecé a soplar...! Y ¡qué creciditas os veo hijas mías! Y ¡qué guapas con estos colores en las mejillas! Incluso las menos altas y menos rubias. Jajaja... Cómo pasa el tiempo!... Qué mayor me estoy haciendo sin darme cuenta..."

 Jajaja... No me toméis a mal este arranque de ombliguismo chocheando pero desde que ya no tengo abuela (y hace años), me necesito para todo: para inyectarme optimismo si hace falta, para hacerme la pelota (ahora se dice "mimar el ego" y dicen que es muy sano de vez en cuando aunque ¡sin abusar, eh!); e incluso para regañarme sin miramientos de vez en cuando también, no vayáis a creer... Menuda era mi abuela en eso también pero ¡ojo! siempre con razón y cariño...
Y sobre todo, tal como lo hacía ella, para obligarme a reflexionar; y sobre cualquier cosa.
Ella era así de grande; y servía lo mismo para un roto que un descosido.

Y hoy al cabo de estos seis años en vuestra compañía, reflexiono y me pregunto en voz alta lo que muchas veces me pregunto en voz baja... "¿Porqué escribo?..."
... Pues... No lo sé con exactitud...
¿Será porque disfruto jugando con las palabras, las conocidas, las recién descubiertas o las inventadas?...
¿Porque soy una parlanchina empedernida quizás y mientras escribo nadie me interrumpe ni me hace perder el hilo?...
¿Porque me gusta compartir lo que me gusta con la gente que me gusta... y a veces lo que me disgusta o me entristece también?...
¿Será porque me gusta saber lo que piensa la gente que me rodea, me visita y deja un poco de sí en sus comentarios?...
¿Porque al ver lápiz-tigre y papel siento picor infantil en los dedos?...
¿Será porque pretendo dejarles a mis hijos otros recuerdos sobre mí (aparte de mi soufflé de queso por supuesto, o mis erupciones volcánicas o mis remiendos a sus rodillas y a alguna cosa más?...)

¿Por qué escribo?... pienso, mientras los mirlos alborotan en el porche contándose sus historias. Y gracias a ellos recuerdo una frase:
"Un pajarito me ha contado que estamos hechos de historias." 
Creo que es de Eduardo Galeano (pero no estoy muy segura porque lo que vuela lejos a menudo es mi memoria y a veces se mezclan mis lecturas...)
O ésa otra: "Las historias tienen que volar fuera de su jaula para no languidecer y morir."
(Ésta es de Eduvigis, la lechuza impertinente que tengo en el hombro, estoy segura.)

Y recuerdo otra frase, de Galeano también, en "El libro de los abrazos":
"¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos?"...  
 ¿Será por eso?... ¿Por todo lo anterior?... En realidad no lo sé.

Y vosotros... ¿por qué escribís?...
Quizás en vuestras razones encuentre la mía....
Anda, porfa, decidme "¿Porqué escribís?"...

Pero si es un secreto y no me lo contáis, lo entenderé; y con uno de vuestros abrazos de cada cumpleaños bloguero, estaré satisfecha y me servirá para festejar hoy como cada martes aquí.
(bueno... martes u otros días, que en esto también a veces se me mezclan las cosas y las fechas.)

Vosotros sois mi regalo de la cajita de cada mes de abril. ¿Lo sabíais?...
Así que gracias a todos por estar aquí un día más.
Y perdonadme si alguna vez he dejado vuestro comentario sin responder, por despiste; no me gusta ser ni parecer desconsiderada. Os prometo ser más atenta. Besos a todos.

Y me callo, que voy a emocionarme.

**********************
Pompita... emocionada.

Ps  Con la emoción se me iba a olvidar lo que os digo casi cada año:
       "Mientras haya agua limpia, jabón perfumado y ganas de soplar..." ;)
.

jueves, 23 de marzo de 2017

En el camerino de las hadas


¿Dónde habré dejado los pendientes? ...


¿Alguien ha visto la borla de mi polvera? ...


¡No encuentro mi estola preferida, ya sabes, la verde! ...


¿Y dónde están mis lentillas nuevas, las azules? ...


¿Qué opinas? ¿ Un broche naranja o mejor en blanco y azul? ...




Creo que me pondré la capa verde este año, con la diadema de…



No, no, no. Estáis equivocadas, haditas del jardín. Nada de diademas ni de tacones de vértigo: esto no es un concurso de belleza, señoritas… Guardad todo esto para el día de la inauguración.
Que por cierto se ha pospuesto otra vez: me acaban de avisar que la primavera se retrasa por culpa del tráfico aéreo: un atasco de nubes de nieve, encima de la Alameda nº6. *



Pero sin embargo daros prisa: todas tenemos que estar preparadas para recibir a la primavera.
Y vuestra carroza (carretilla quería decir) os espera, princesas jardineras.

*********************
Pompita suspirando por la primavera...
* A6 para los que la sufren

martes, 7 de marzo de 2017

¿A qué saben las nubes?...


De repente notó frescor en los ojos a través de sus gafas negras.
Y preguntó:
- ¿Se escondió el sol verdad?
- Supongo... Noto una nube cruzando el cielo...

-... ¿A qué sabrán las nubes?...

Él cogió su mano y jugando dirigió su dedo índice hacia el cielo y le dijo:
- Dímelo tú.
Ella se rió, se llevó el dedo a la boca, lo saboreó y contestó muy seriamente:
- A helado de vainilla, mi preferido.
- Acertaste. Y ¿ésta otra?
- Muy fácil: a chantilly con moras y arándanos.
Siguieron caramelo de mandarina y sorbete de violeta, pollo asado y setas, espárragos silvestres y agua de mar...Y mil cosas deliciosas que inventaron sobre la marcha mezclándolas con recuerdos de sus lecturas descubiertas con las puntas de los dedos.
-  ¿Y esta nube? A ver si lo adivinas...
Estuvo dudando, sacudiendo la cabeza; y volvió a apuntar con el dedo.
- No sé... No me gusta... Sabe rara... ¿A metal?... ¿A humo?...
¿A pólvora?..
- Podría ser... Se ha levantado aire: se aproxima una tormenta, creo.

Descubierto su nuevo juego, siguieron probando cada nube, cada día, apuntando al cielo.
Un banquete de sibaritas; entelequia donde mezclaron sin orden ni lógica el sabor de las nubes.
Unas desfilaban rápidamente, insípidas ya de tan conocidas. Otras tenían sabor a frutas exóticas que no supieron identificar. Algunas empachaban con sus ribetes de azúcar impalpable.
Tuvieron, de madrugada, desayunos opíparos de tímidas nubes azules. Y cenas anaranjadas de atardeceres melancólicos. Festines de cúmulos con sabor a tiza escolar. Meriendas deshilachadas y susurradas de brumas verdes. O rosadas a cualquier hora...
Y así, durante meses, degustaron el cielo a su manera.

Pero empezó el buen tiempo, sin nubes de ninguna clase. Se quedaron hambrientos de sueños. Preguntando cada día a los que miraban el cielo y redactaban informes meteorológicos:
-¿Tendremos nubes hoy?
Y se hundían en el silencio de un cielo sin relieve, con sabor amargo, cuando les contestaban tan ufanos que no; que no había nada en el cielo; que estaba totalmente despejado; que iba a ser un hermosísimo día de primavera; que ya era hora ¿no?...
Y se acabó el juego infantil del sabor de las nubes.

Pero años después, los dos seguían preguntándose, a solas detrás de sus párpados ciegos:
- ¿A qué sabrán las nubes?...

******************************
Pompita volando, con pregunta errática.

Ps. Y algo nuevo para los "golosos"...
http://www.aemet.es/es/noticias/2017/03/Nuevo_Atlas_Nubes
.

martes, 28 de febrero de 2017

Miradas

                                               https://www.youtube.com/watch?v=zI5ih9jlaLI

Había en el jardín ramos de luz.
El sol atravesaba los colores del sotobosque.
A orillas del hermoso estanque, un pescador solitario
dormitaba dulcemente con su caña entre los brazos.

Era un día de verano, ligero como un domingo.
El aire transparente bajo el follaje claro.
La felicidad estaba allí, apacible, entre las ramas 
y los reflejos cambiantes de los árboles y los helechos. 

El sol inundaba la orilla del río.
Parejas enlazadas bailaban en el pontón
cerca de mesas repletas de botellas y de vasos.
Unas guirnaldas colgadas se derramaban bajo los balcones.

Una mujer, de pie, miraba algo
con una luz mágica en el fondo de los ojos;
su brazo desaparecía bajo un ramo de rosas.
Estaba apoyada en un sofá extraño.


Era en el Grand Palais, en unos lienzos de maestros:
había un Monet y dos o tres Renoir.
Con el corazón en los cuadros me sentía renacer.
Y al cerrar los ojos, podría verlos de nuevo. 

       El mundo tiene la belleza de la mirada que en él posamos.
       El jardín de Monet, el sol de Renoir
       no son si no el reflejo de su visión de las cosas
       de las cuales cada uno de nosotros puede ser el espejo.

       La vida nos pinta les días al azar del viaje
       en amor, en dolor o en melancolía.
       Es un poco de este tiempo lo que dejamos en herencia,
       enriquecido por la mirada que en él hemos posado.

*******************
Pompita sin más... por puro placer. :)
.

martes, 21 de febrero de 2017

Oír y ver

Hacía años que no las oía.
¿Por qué gritan tanto?
¿Están enfadadas por algo?
¿Avisan de algo?
¿De qué?
¿A quién?
¿Es un canto de felicidad?
¿Por qué motivo?...
Y hacía años que no las avistaba más que en mi imaginación.
Oteando el cielo. En vano.
Pero a veces se tiene suerte.
O se está en el lugar exacto y en el momento exacto.
Y hace unos días las oí.
Siempre se oyen primero: son gritonas, escandalosas incluso.
Y por supuesto las busqué. Y las encontré.
Eran muchas, muchísimas. Y más aún. Incontables.
Las vi.
Sobrevolando muy alto en un cielo despejado como a veces nos regala este febrerillo loco que alterna días de niebla y lluvia con días de sol primaveral.

Pero no las retraté esta vez.
No me hace falta: las tengo en el fondo de la retina.
Donde están mis mejores fotos.
Las que nunca conseguiré enseñar por mucho que lo intente.

¿De quién os estoy hablando?... Os podría poner unas de "mis fabulosas fotos" de hace años pero...mejor lo dejo a vuestra imaginación.
Y las pintáis en este cielo tan azul de hoy.
Este mismo rincón del lienzo donde aparecieron ellas. (un poco más arriba... un poco más...¡Ahí! Justo ahí. )



¡Ah!...Y ya sé lo que decían y traían...
Me lo contó un duende (O ¿es un ratoncillo?) de gorrito blanco que también las esperaba.

*********************
Pompita volando. Yendo y viniendo. Como ellas.