Las pompas de jabón... infancia, belleza de las cosas efímeras que sin embargo no olvidamos, sentimientos, cosas impalpables sin las cuales no seriamos nadie.
viernes, 14 de septiembre de 2012
De ola en ola...
- ¿Qué te pasa?
- Tengo frío.
-¿Qué te pasa?
- Me voy mañana.
- ¿Qué te pasa?
- Se acabó viajar en tus carabelas...
... despeinarme con tus brisas...
De ola en ola...
- ¿Qué te pasa?
- Se acabó escuchar los relatos de tus olas...
...tatuar en mi piel la sal de tus arenas ...
De ola en ola...
- ¿Qué te pasa?
- Se acabó arroparme con tus algas...
... perfumarme con tus aromas...
De ola en ola...
- ¿Qué te pasa?
- Se acabó mecerme con secretos de sirenas...
... beber tus lágrimas de luna...
De ola en ola...
- ¿Qué te pasa?
- No te olvidaré.
De ola en ola...
- ¿Qué te pasa?
- Volveré...
De ola en ola...
... el verano que viene.
De ola en ola...
Volveré...
.
viernes, 7 de septiembre de 2012
La arena me contó...
Tumbada en la arena, juego con ella... es fina y se escurre entre mis dedos como los días de vacaciones en el reloj... sin ruido...
¿Sin ruido? ... escucho el susurro que dibuja al pasear en mi piel, en la toalla, en mi cuadernito naranja...
Cierro los ojos...Me adormezco, mecida por este murmullo... a cada momento más insistente.
"Yo era acantilado ¿sabes? Allí, al norte... Blanco, alto, defensivo y tengo un hermano gemelo al otro lado del canal. El mar que nos creó y nos dejó la firma de sus conchas, sus estrellas y sus erizos, el mar nos separó, nos alejó."
"Y yo era una caracola de los mares del Sur, rosada, brillante, irisada, habitada, sonora. El mar que me dió la vida y me paseó de ola en ola, me hizó añicos contra un portaviones un día de tempestad y me llevó lejos de mis aguas turquesas."
"Yo (no me gusta contarlo...), yo sé que era una ostra, (no se lo digas a nadie ¿vale?) Vivía en un parque vigilado por Dahut. Mira, todavía tengo reflejos de perla. ¿verdad que me sientan bien?"
"Y yo, un mejillón... ¿sabes?... me arrancaron de mi familia... hace tiempo... Eramos como una piña...
Estoy de luto ¿no lo ves?..."
"Y yo... pues...no lo sé... no entiendo lo que hago aquí... estaba en el desierto, tan tranquilo, sin ver a nadie... y entre remolinos de vendaval y sacudidas de patera, me encuentro aquí donde todos me pisotean y me manchan...Si no fuese por la media luna que veo a veces..."
" ¡Ozú! ¡Shiquillos! ¡qué malajes sois! ¡Escuchar todos! Mi historia es mucho más divertida: yo era una botella de cristal verde (¡hip!) que un marinero lanzó por la borda pero ¿sabeís una cosa? las ballenas me han contado que antes había sido acantilado normando, concha del Pacífico, mejillón de Galicia, ostra de Bretaña y muchas más cosas que se remontan en la noche de los tiempos, mucho antes de la Reconquista incluso y que en realidad debo de ser (¡hip!) el granito de arena más antiguo del mundo mundial aunque no lo parezca. Me gusta la juerga y bailar y cantar y... ¿quereís que...?
¡Anda Manué! ¡Saca la guitarra! ¡Ozú, hace una caló!...
¡Y tú, Candela, mi arrrma, trae la neverita questoy seco... hace una caló..."
Me despiertan la música del levante y el taconeo de la arena que escapa de las palmas de mis manos y baila unos metros más allá.
Pero sigue contando sus batallitas en mi piel y mi pelo y entre las hojas de mi cuadernito naranja.
¡Cuántas cosas cuenta la arena! Escuchad...
"Yo era acantilado ¿sabes?..."
martes, 28 de agosto de 2012
El eco
Cuando se mezclan lectura, cine e imaginación...
Levanto los ojos de mi libro un rato para descansar la vista y mi espíritu vagabundea mirando las nubes y pensando en la vida del niño cabrero, el niño púdico y solitario de la novela de Marcel Pagnol que leo por enésima vez y siempre me cautiva por la aparente sencillez de su escritura y la perdurabilidad de sus mensajes.
Me refiero a la trilogía
"La gloire de mon père", "Le château de ma mère" y "Le temps des secrets"
El entrañable protagonista es Marcel compartiendo con nosostros los recuerdos de su infancia.
Marcel y su devoción hacia su familia, la admiración que siente hacia su padre, la adoración hacia su madre, su relación con cada miembro de su familia.
Pero, para mí, otro personaje importante de esta trilogía provenzal es Lili, su amigo de las vacaciones, con quien tanto compartirá, de quien tanto aprenderá, tan distintas sus vivencias. Dos mundos aparentemente opuestos pero que gracias a la magia de la niñez, se reconocen y se comunican.
Sé cual va a ser la vida del pequeño Lili des Bellons pero, si le sigo primero en el texto, mi imaginación divaga luego por caminos distintos a los que le marcó su autor...
Mágica trampa de la lectura.
Le leo, niño, vigilando sus cabras, haciendo el recorrido de sus trampas, entre matorrales de aromáticas, guardando liebres y pájaros en el morral, asustándose con la mirada airada del búho del Garlaban y jugando con el eco... hablando con el eco... como un Principito provenzal.
entrada de la gruta del "Grozibou"
El eco, el único que le responde hasta la llegada de Marcel, su amigo de la ciudad.
Oigo sus gritos y la voz del eco que anima su soledad.
- "¡Ohé!"...-... "¡Hé!"...
- "¡Estoy aquí!"...-... "¡Aquí!"...
- "¡Ven!"...-... "¡Ven!"...
Una risa respondiendo a su risa.
Le imagino mozo, soñador, enamorado y tímido...
Y oigo sus preguntas a todas las flores humildes de la montaña...
- "¿Sí?"...-... "¡Sí!"...-... "¿No?"...-... "¡No!"...
Y el canto obsesivo de las cigarras. Y el sonido de la flauta dulce de pastor. El olor mareante del tomillo silvestre, de la ajedrea... el murmullo de los manantiales secretos en ese paisaje aparentemente tan seco de Provenza; tierra de poetas de lengua cantarina y mágica.
Magia del agua escondida que da resplandor al desierto árido del paisaje... Y se vuelven a mezclar los personajes... Lili... Principito...
Bruma malva y lejana de los campos de lavanda en los llanos. Provenza olorosa.

lavanda en Provenza (foto sacada de internet)
Por la novela, sé que de mayor se fue a la ciudad, donde no suena ningún eco; la ciudad donde se desesperó con el sonido falso de las estancias de los cuerpos vacíos. Persiguiendo una respuesta a una pregunta que la guerra truncó.
"Entre plantas frías del norte cuyo nombre desconocía" nos dice Pagnol. .
A pesar de su autor, le imagino, de muy mayor, anciano ya... un día vuelve a los riscos del Garlaban, al refugio del búho, entre rocas. Para despedirse.
Sin aliento, preguntó "¿Adios?"...
Su voz sonó tan débil que el eco, esta vez sin engaño, no le devolvió siquiera una última sílaba de falso consuelo.
Siempre preguntó.
Nunca afirmó nada más que cosas de su rincón de Provenza; sabiduría libre...
En el valle, entre rumor de pájaros, gemido de ramas y canto de viento, imagino a un alma, ansiosa de responder cual eco y que esperó su voz que nunca le preguntó nada. ... nada...
Este alma no existe, el anciano tampoco.
Pero existen estos tres libros preciosos que me hicieron vagabundear. Como todos.
Ecos de la lectura y que una relectura vuelve más sonoros.
Pompita para Marcel Pagnol que me hizo descubrir y saborear la Provenza mucho antes de recorrerla.
.
Levanto los ojos de mi libro un rato para descansar la vista y mi espíritu vagabundea mirando las nubes y pensando en la vida del niño cabrero, el niño púdico y solitario de la novela de Marcel Pagnol que leo por enésima vez y siempre me cautiva por la aparente sencillez de su escritura y la perdurabilidad de sus mensajes.
Me refiero a la trilogía
"La gloire de mon père", "Le château de ma mère" y "Le temps des secrets"
El entrañable protagonista es Marcel compartiendo con nosostros los recuerdos de su infancia.
Marcel y su devoción hacia su familia, la admiración que siente hacia su padre, la adoración hacia su madre, su relación con cada miembro de su familia.
Pero, para mí, otro personaje importante de esta trilogía provenzal es Lili, su amigo de las vacaciones, con quien tanto compartirá, de quien tanto aprenderá, tan distintas sus vivencias. Dos mundos aparentemente opuestos pero que gracias a la magia de la niñez, se reconocen y se comunican.
Sé cual va a ser la vida del pequeño Lili des Bellons pero, si le sigo primero en el texto, mi imaginación divaga luego por caminos distintos a los que le marcó su autor...
Mágica trampa de la lectura.
Le leo, niño, vigilando sus cabras, haciendo el recorrido de sus trampas, entre matorrales de aromáticas, guardando liebres y pájaros en el morral, asustándose con la mirada airada del búho del Garlaban y jugando con el eco... hablando con el eco... como un Principito provenzal.
El eco, el único que le responde hasta la llegada de Marcel, su amigo de la ciudad.
Oigo sus gritos y la voz del eco que anima su soledad.
- "¡Ohé!"...-... "¡Hé!"...
- "¡Estoy aquí!"...-... "¡Aquí!"...
- "¡Ven!"...-... "¡Ven!"...
Una risa respondiendo a su risa.
Le imagino mozo, soñador, enamorado y tímido...
Y oigo sus preguntas a todas las flores humildes de la montaña...
- "¿Sí?"...-... "¡Sí!"...-... "¿No?"...-... "¡No!"...
Y el canto obsesivo de las cigarras. Y el sonido de la flauta dulce de pastor. El olor mareante del tomillo silvestre, de la ajedrea... el murmullo de los manantiales secretos en ese paisaje aparentemente tan seco de Provenza; tierra de poetas de lengua cantarina y mágica.
Magia del agua escondida que da resplandor al desierto árido del paisaje... Y se vuelven a mezclar los personajes... Lili... Principito...
Bruma malva y lejana de los campos de lavanda en los llanos. Provenza olorosa.
lavanda en Provenza (foto sacada de internet)
Por la novela, sé que de mayor se fue a la ciudad, donde no suena ningún eco; la ciudad donde se desesperó con el sonido falso de las estancias de los cuerpos vacíos. Persiguiendo una respuesta a una pregunta que la guerra truncó.
"Entre plantas frías del norte cuyo nombre desconocía" nos dice Pagnol. .
A pesar de su autor, le imagino, de muy mayor, anciano ya... un día vuelve a los riscos del Garlaban, al refugio del búho, entre rocas. Para despedirse.
Sin aliento, preguntó "¿Adios?"...
Su voz sonó tan débil que el eco, esta vez sin engaño, no le devolvió siquiera una última sílaba de falso consuelo.
Siempre preguntó.
Nunca afirmó nada más que cosas de su rincón de Provenza; sabiduría libre...
En el valle, entre rumor de pájaros, gemido de ramas y canto de viento, imagino a un alma, ansiosa de responder cual eco y que esperó su voz que nunca le preguntó nada. ... nada...
Este alma no existe, el anciano tampoco.
Pero existen estos tres libros preciosos que me hicieron vagabundear. Como todos.
Ecos de la lectura y que una relectura vuelve más sonoros.
Pompita para Marcel Pagnol que me hizo descubrir y saborear la Provenza mucho antes de recorrerla.
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martes, 21 de agosto de 2012
Coleccionistas de palabras
Los coleccionistas de palabras son gente curiosa, gente afortunada.
Recogen las palabras oídas por la ventana, las acogen, las miman, las guardan en sitios secretos. Contemplan su tesoro de vez en cuando. Lo enseñan a los amigos. Hasta te cuentan dónde y cómo las encontraron.
Así son los coleccionistas de palabras.
Como otros que coleccionan sellos viajeros, plumas de aves, conchas, hojas de árboles o lo que sea que les haga felices.
Encuentran las palabras. Y sonríen al encuentro que puede producirse en cualquier lugar o momento. Sonríen y las apuntan. Las atesoran.
A veces, las piden prestadas o las roban sin miramiento, tal es su ansia.
Las atesoran.
Unas por su sonoridad, su color.
Otras por su forma, su origen, para identificarlas como un entomólogo sus mariposas, para ponerles rostro, consultando el álbum de familia del diccionario.
Otras veces, las más, por su fondo, su sabor, que les trae un eco que resuena, que vibra también en ellos.
Cada uno tiene su criterio a la hora de hacer su colección.
A veces, las comparten sirviéndolas como manjares en una mesa, mezclando sus ingredientes, sazonando con tiento, cuidando la presentación y la temperatura.
O las regalan como cajas de bombones de relleno sorprendente.
O juegan haciendo trueques o inventan otras nuevas con código secreto como hacen los niños o los enamorados.
A veces, al hojear sus cuadernitos, se dan cuenta de que algunas las tienen "repe". Será que se han tropezado con ellas varias veces a lo largo de los años y que, o bien no habían calado muy hondo la primera vez y las olvidaron, o bien, al contrario, que les gustaron tanto que no les importó tenerlas escritas varias veces y con caligrafía distinta.
No olvidemos que son coleccionistas. O sea, gente rarita.
En las carpetas principiantes, se encuentran algunas palabras superficiales o rimbombantes, sofisticadas o complicadas.
Los hay que se especializan sólo en un campo: bien estructurada su colección que comparten sólo con gente afín, profesionales o estudiantes o simples curiosos.
Y otros más libres, desordenados, bohemios o artistas las mezclan todas componiendo ramos silvestres que van repartiendo por allí.
En las carpetas de los privilegiados, hay palabras asociadas a un nombre querido... o evocadoras de un momento o lugar especial... o en varios idiomas... o lo que sea que a ellos les gusta.
Con el paso del tiempo, la lista de sus palabras crece, al ritmo de lo que encuentran en su camino, de los regalos recibidos, de los trabajos de investigación a los que han dedicado sus horas libres.
Los coleccionistas son gente entregada.
Pero si va menguando su lista, no es que se empobrezca, no; es porque se depura, obviando palabras que ya no hacen sonreír ni sorprenden, ni entusiasman... marchitas ya... sin perfume.
Si en su "carpeta de hoy", (por no decir "ultima carpeta" (no me fío yo de esta palabra "último o última": ¿la última será la más actual o la que será seguida de un punto final?) ) si a veces muchas les parecen tan gastadas ya, se preguntan si hicieron bien en encerrarlas en cuadernitos.
Entonces escriben frases, textos, libros para que las palabras puedan volar como nubes llenas de agua nutritiva o nubarrones tormentosos que estremecen o simplemente nubecillas bonitas como efímeras mariposas que alegran la vista.
Y algunos, en sus momentos de "corazón a marea baja" como cantó Brel (a quien le tomo prestadas estas palabras) , algunos piensan:
"La próxima vez, colecciono sólo perfumes"
Pero no saben que los perfumes también vuelan.
Y otros coleccionistas empiezan a escribir con pluma mojada en agua olorosa, frases que encierran en frasquitos de cristal que tiran a la inmensidad del mar... y empiezan de nuevo los trueques, intercambios, regalos, guiños...
Abrir un libro, leer un texto ajeno, es como abrir un frasquito de perfume...
O abrir una ventana y apoyarse en el alféizar de la mañana, y contemplar... y saltar por la ventana y luego entrar en el paisaje para mirarlo de más cerca, y hacerse pintor y añadir un árbol, una nube, un pájaro...
Y entrar en un blog conocido o desconocido es lo mismo.
¿con qué nos perfumaremos, hoy?...
Pompita para todos vosotros, que visito y que me visitáis,
mirando unos y otros por las ventanitas.
Y en especial para "mariajesús" a quien se le duplican las letras y multiplican las palabras.
y "mientrasleo" que siempre tiene alguna olorosa sorpresa reservada entre sus "montones de libros".
y mi amiga "mabel" que todo lo pinta color esperanza.
PS aunque vieja conocida, mi palabra apuntada de hoy:
"alféizar"
por su color, su música, su origen... y todo lo anterior.
Y ¿la vuestra?...
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martes, 14 de agosto de 2012
Volvemos a las "nadadas"
Secándose estaba. Momificado ya de tan seco. Esperándome. Desde nuestro último chapuzón, hace tanto tiempo. (nos castigaron por abusos.)
Nos gustaba jugar, saltar, correr, las risas, el ritmo, las salpicaduras, el olor a cloro.
Los
"¡Uy! ¡qué fría está hoy!",
"¡Vamos, chicas!",
"No puedo más con mi cuerpo",
" Hoy se ha pasado el profe"
"¡Secador libre!",
"¡Nos vemos el lunes!"
A él, hasta le gustaba la música de la clase de aquagym (a mí no tanto, pero para darle gusto, seguía el ritmo) pero nos castigaron a los dos sin saltitos en el gresite azul-piscina. Por abusones. Por discrepancias.
"Esto, no le conviene de momento. Mejor, bicicleta estática. Es por su bien" dijo este señor de bata blanca, tan triste y tan mandón.
Le gustaban las charlas antes del agua con el bañador blanco tan atlético, los esfuerzos y las risas dentro del agua con el color fuscia tan sofisticado o con los dos bañadores negros, anchotes, algo torpes y tan alegres, y más charlas despues del agua con el gorro azul marino, jubilado parlanchín y el gorro de flores verdes más parlanchín aún.
Y el sentirse arropado por el albornoz amplio, y el mareo de la centrifugadora del vestuario, y su bolsita transparente... ¡ay! su bolsita transparente... donde abrazaba a las gafas y el gorro plateados... ¡ay!... y su descanso tomando el sol, rozando con el hombro la toalla naranja... y suspirando por la siguiente clase.
Sé que lo echaba de menos.
No me atrevía a mirarlo.
Me daba pena.
Le oía quejarse: "Llévame, anda..."
Al verlo tan abandonado y tan triste, esta mañana le he dicho: "¡Qué narices! Si no saltamos con música, por lo menos hoy nos echamos unos largos tú y yo, solitos.
¡A ver quién aguanta más! ¡Te desafío!
No estamos para Olimpiadas pero ¡qué nos quiten lo bailaó!"
¡Qué a gusto nos hemos quedado!
Pompita con agua (fría) de gresite azul.
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martes, 7 de agosto de 2012
Una de policias y ladrones...
Las veía desde donde estaba sentada, con mi libro y mi botellita de agua al alcance de la mano, disfrutando de la tarde.
Estaban a pleno sol, paseando en la arena. Solas o en grupo. Todas morenas, muy morenas, la piel brillante, animadas, cintura de avispa.
Un grupito llamó mi atención. Parecían conspiradoras: se habían parado y cuchicheaban, sus cabezas casi tocándose, gesticulando pero lo imprescindible, sin gritos.
Parecían amigas íntimas. Sin embargo, hubo un momento en que pensé que iban a pelear: una asió a la que tenía cerca y la zarandeó. Pero en seguida se calmaron y siguieron con su conciliábulo discreto (¿quizás eran mudas?)
Luego, de repente, el grupo se disolvió y cada una se fue por donde le apeteció. O hacia donde las llamarían sus obligaciones.
Algunas de dos en dos. Otras, solas.
Una, algo más nerviosa que las demás, se fue sola pero volvió enseguida sobre sus pasos y recogió un bulto que había en el suelo y que se le habría olvidado con el sofoco de la conversación o con las prisas.
Como me intrigaba, me levanté y la seguí. Andaba yo despacio, observándola desde lejos, fijándome en su caminata que me pareció algo errática (se confirmaban mis sospechas: era miembro de una asociación secreta, quizá peligrosa, planeando una invasión a gran escala, una guerra sin cuartel; era una conspiradora que quería borrar huellas ¿me habría descubierto? ¿hasta dónde me llevaría en su deambular para despistarme?)
De repente, se paró. Parecía perdida. Pero, arrimándose a una pared larguísima, siguió todo recto, ya sin titubear. Casi corriendo a pesar del enorme bulto que llevaba (¿qué transportaría, tan importante que no lo soltó ni un momento? ¿material robado? ¿droga? algo muy valioso para ella, sin duda)
Estaba en forma, está claro: tan delgada y tan fuerte y corriendo con ese calor, cargada con ese bulto de forma indefinida pero que se intuía muy pesado.
Cruzó una esplanada (la crucé yo también), torció hacia un pasadizo (torcí) y dejó el bulto delante de un recoveco que había en la pared y donde otra, con el mismo aspecto enigmático, parecía esperarla. Intercambiaron información durante un rato (bueno, esto me lo imagino porque desde donde estaba seguía sin oírlas) y luego, la de la entrada se metió adentro, llevándose el bulto misterioso.
La primera de mis conspiradoras fue hasta una puerta de madera y se paró en el umbral (me paré también, fingiendo mirar hacia otro lado). Levantó la cabeza (parecía un perro olisqueando el ambiente). Dio media vuelta, como molesta, disgustada y volvió más despacio (algo cansada me imagino) hasta el lugar del encuentro y entró también.
Y la perdí de vista.
..........................................................................
Creo que lo he conseguido: no soy mala y no les veto la entrada al cuarto de baño (al fin y al cabo, vivían en esta zona mucho antes que nosotros, mucho antes de que construyéramos la casa) pero en una temporada, no se acercarán a Mi despensa... las hormigas.
Pompita soplada con curiosidad hacia ellas.
Y con admiración hacia Bernard Werber que escribió, mezclando rigor científico y fantasía desbordante,
su "Trilogía de las hormigas".
Historia que me viene siempre a la mente cuando las veo o si me hablan de ellas.
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martes, 31 de julio de 2012
Calor...
Ha llegado el verano... y el calor.
Cierra los ojos y suben a la superficie de su memoria, como burbujas frescas de profundidad, unas encontradas sensaciones de calor... sensaciones injustificadas puesto que en su casa no entra el sofoco.
Calor de fuera. Calor de las calles. Calor de una calle.
Calor de un pueblecito alcarreño que apenas consta en los mapas.
Calor. Un verano interminable. Una casa vieja de muros gruesos. Moscas... como las de Machado: pertinaces.
Y que, a pesar de la mosquitera, se han colado en la penumbra de la salita fresca.
Sólo un haz de luz cae sobre su libro.
No se echa la siesta como hacen todos. Lee.
"Novelas ejemplares", de tapa sobada. Lee.
Lee y a ratos se entretiene cazando las molestas moscas con una goma elástica.
Buena puntería. Le sonríen el negrito y el chinito del Domund desde la estantería.
Gallinas sueltas en la calle, pugnando por entrar en la casa a través de la cortina de tiras de plástico colgada delante de la puerta cerrada.
No se oye ruido alguno en esta hora aplastante.
Salvo el zumbido de una mosca rebelde y el intermitente cloquear despistado de una gallina tozuda, buscando el frescor de la casa.
Silencio aplastado incluso en la gran acacia cercana: los pájaros han bajado a la vega, al frescor del río.
El pequeño río donde dormitan los cangrejos en sus escondrijos que la pandilla conoce .
Calor. La higuera del corral, sus violetas gotas de miel... y sus avispas celosas y malvadas.
La leñera donde se esconden las gatas de pueblo, flacas y ariscas, ojos febriles de repetidas preñeces.
Calor. El polvo de las eras; mudas ahora.
Muda también la campana de la iglesia románica, teñida de abandono y sólo adornada por el vuelo de los estorninos... o ¿eran avioncillos?... no lo sabe... o no lo recuerda si lo ha sabido.
Y las flores silvestres del altar, casi siempre marchitas y que la Carmen cambia cuando se acuerda, cuando tiene un rato de respiro entre el huerto y la casa. Calor.
Pronto parará el "correo" de las cinco, cerca de la acacia... viajando con toda la calorina como dice su madre...
Y "Ca Pedro", donde se amontonan sin orden lo mismo latas de sardinas al lado de alpargatas que velas y aperos y esos tirabuzones rubios y pegajosos para cazar moscas; y que ya nadie utiliza. Moscas. Calor...
Ya no existe el colmado... ni su dueño.
Y las fiestas: el subir a la ermita de la Fuensanta, andando o a veces con la borriquilla de la tía Juana o a lomo de la mula del tío... ¿cómo se llama el vecino?... ¿cómo se llamaba? No lo recuerda...
Los "dormidos" de la tahona y las tortas de pellizco cubiertas de azúcar que traen del pueblo vecino.
El majuelo. El molino del aceite con sus capazos de esparto y su olor acre. El viejo nogal.
Las promesas de las moras de las zarzas del sendero... estarán verdes aún. Calor.
La fuente fresca donde había que bajar para llenar los cántaros en ese pueblo sin agua corriente hace... ¿cuarenta años? ...¿ya cuarenta años?...
El botijo blanco sudando; su chorrito de anís.
Los tomates de piel rosada y fina, en la fresquera. Deformes, hinchados, jugosos.
Le sube a la boca el deseo del sabor del tomate o del pepino que iban a robar en los huertos y comían a mordiscos, con un pellizco de la sal que siempre llevaban en el bolsillo de la camisa.
Los tomates del pueblo... ¡Ay! los tomates del pueblo...
Se levanta y abre la nevera, buscando con la mirada...
Y vuelve a cerrar la puerta, nostálgico.
-"Me apetecía un tomate del pueblo..."
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miércoles, 25 de julio de 2012
Canción de cuna
¿Recuerdas, mi niña, el canto del poeta?
"Duerme, preciosa, la luna llena te arropa."
¿Recuerdas, mi niño, la respuesta de las estrellas?
" Sueña, pequeño, sueña tu camino."
¿Recordaís, todos, el regalo del cielo?
"Bebed, hijos míos, bebed conmigo."
Volando de nube en nube,
siguiendo el camino estelar,
susurrando a la luna,
los niños, con sueños
arrullan sus penas.
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martes, 24 de julio de 2012
Del arte de comer gominolas
Se podría pensar que es de lo más sencillo: se abre la bolsita de las golosinas y se comen las gominolas, así... sin más.
Y más de uno (o una) se las come así... sin más.
Pero, no.
Para algunos (algunas), es todo un ritual:
Primero, se miran las gominolas a través de la bolsita. Se maravilla una (o uno) con su forma redondita, empolvada de cristalitos de azúcar; se saborea con la vista unos colores que por supuesto se sospechan más de química que de fruta silvestre; la boca hecha agua se anticipa al duro dilema de elegir el sabor según su color
¿rojo = fresa...granada...frambuesa?
¿naranja = mandarina...albaricoque...níspero?
¿amarillo = limón...pomelo...carambolo?
¿verde = menta...albahaca... o dentífrico?
y las blancas ¿a qué sabrán?...
Se espera un rato.
Eligiendo el momento y el lugar.
Se abre la bolsa, sin prisas, sonriendo.
Disfrutando anticipadamente.
O no se espera nada y se arranca el papel transparente con ansia con gula y los dedos avanzan retroceden y se vuelven a aproximar con deleitosa incertidumbre algunas veces al color-sabor elegido en no-se-sabe-muy-bien qué rincón del corazón y otras dudando y cambiando de parecer en el último instante movidos por no-se-sabe-muy-bien qué rincón del cuerpo. (quedándose sin aliento)
La mirada y los dedos, cómplices, se demoran en acercar la fruta dulce y pecaminosa a los labios.
Al llegar a ese momento tan ansiado, caben varias posibilidades, según la intensidad del síndrome de abstinencia experimentado:
O bien una (o uno) se lanza vorazmente a ingerir las gominolas sin pausa e incluso de dos en dos o de tres en tres. (sí, lo he visto... espectáculo desagradable pero ya se sabe: sobre gustos y colores no hay nada escrito)
O bien, uno (o una) se demora aún más, lamiendo con la punta de la lengua cada cristalito de azúcar hasta que el color asome en un avance de su esplendor de fuegos artificiales y hasta que la gominola regale una chispa de su sabor, no tan alejado, como temíamos, de la fruta silvestre. Sorprendentemente.
Sea cual sea la manera de aproximarse a la gominola, el resultado es practicamente el mismo: algo sabroso que se pasea acariciando la lengua, esparciendo su color encima de las papilas, jugando entre los dientes que la mordisquean, diluyéndose su aroma en toda la boca y subiendo esta ola juguetona desde el fondo de la garganta hasta la nariz para volver a bajar por el camino clásico nariz-garganta-boca del estómago... cosquillas hasta el ombligo. Cerrando los ojos.
Y tiñendo toda la boca, largo rato. (la química)
Comerse una sola, es imposible.
Antes de que se acabe la primera, los dedos ansiosos, golosos, ya van a por otra, y otra, y otra.
Repitiendo sabor y ritual.
O cambiándolos por completo, alternando varios colores y sabores, experimentando, tanteando, descubriendo matices hasta ahora insospechados.
Nunca te comes una sola. Es imposible.
A veces, te da reparo, por el pecado de gula. Pero caes.
No puedes parar. Y sigues, riendo, olvidándote de ser razonable, sin complejos.
Y te empachas. Pero ¡menudo empacho más rico!
Pero también... experimentas esta angustia latente cuando en un relámpago breve, entreves el final de la bolsa que te han regalado o cuando, peor aún, no te quedan más que unos cristalitos de azúcar en el fondo de la dichosa bolsa... azúcar que apuras con la punta de los dedos, con nostalgia.
Sí, es cierto...
... Lo malo de las gominolas es que crean adicción.
Algo parecido dijo Sabina ¿no?...
¡ah! no... él, hablaba de los besos.
Pompita de pecado de gula.
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martes, 17 de julio de 2012
Para Leti
Leti tiene el pelo largo, negro, lacio.
Tiene una silueta flaca y grácil de gato joven.
Tiene una mirada clara de niña buena.
Su boca dice aburrimiento pero sus ojos brillan.
Tiene frío cuando hace calor.
Tiene calor cuando hace frío.
Y una risa de niña pequeña.
Y una sonrisa de chica mayor.
Tiene suerte.
Tiene secretos. (Yo sé algunos pero no los contaré)
Y hace poco descubrí una de sus suertes más bonitas.
Apenas se ve pero ella lo tapa, molesta y coqueta.
Tiene un pequeño, un diminuto, un discreto lunar
entre la nariz y los labios...
Leticia cumplió 14 años hace poco.
... Un pequeño lunar donde pronto se engancharán las miradas y los besos.
Pero ¡qué suerte tiene Leti!
Y todavía no lo sabe. Y ya lo sabe.
Pompita para mi sobri especial.
y ¡feliz cumpleaños! aunque sea con retraso ;)
Sé que me lo perdonarás... ¡porque no puse la foto maldita! :D:D
.
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