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martes, 9 de julio de 2019

Plegaria

Ya se fue el frío del invierno.



Deja que el sol acaricie tu piel hilando su vida sedosa con tus canas.



Ama a los insectos que buscan secretos en tus arrugas.



Abre tus sentidos al tenue susurro de sus hojas.



Mira a los árboles a los ojos: ellos no mienten.



Comparte la sabiduría de sus ramas con la brisa.



Emborráchate del sabor de su savia joven.



Ayúdalos siempre

Pero sobre todo
                                                  Quiérelos, respėtalos, protégelos.

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Pompita desde un árbol.

martes, 22 de mayo de 2018

Retazos extraviados de lecturas viajeras


                                                foto: Roma, verano 2014

Todo empieza en un anfiteatro cercano (o un circo), de piedra gris, antaño concurrido, hoy olvidado, abandonado; salvo por los gatos que allí pululan como payasos tristes, algún que otro pájaro cantor solitario, extraviado, hierbajos varios sin nombre y florecitas silvestres sin olor, de vida corta, sin apenas color, cubiertas de polvo gris .
Y se intuye la sombra de los hombres grises, ladrones de tiempo, que se deslizan entre las adelfas sin flor.
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“-¿Por qué tienen la cara tan gris? - preguntó Momo, mientras seguía mirando.
-Porque viven de algo muerto – contestó el maestro “Hora”-. Tú sabes que viven del tiempo de los hombres. Pero ese tiempo muere literalmente cuando se lo arrancan a su verdadero propietario. Porque cada hombre tiene “su propio” tiempo. Y sólo mientras siga siendo suyo se mantiene vivo.”…
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Veo un gato; negro, flaco, pelo hirsuto. Un animal sin brillo; salvo por las uñas, negras también. Alimentándose de restos en los cubos de basura. A veces manjares desechados, otras veces ratones desprevenidos y si no hay, pues bichos rastreros, lo que caiga: lagartijas, culebrillas, hasta babosas o caracoles, o incluso pequeños insectos, de ésos llamados pececillos de plata creo. De ésos que salen en los lugares húmedos y con los cuales juega a ratos para engañar un hambre que no consigue engañar.
Cerca hay una grieta de agua turbia, estancada, debajo de unas rocas del anfiteatro (o circo; no me queda claro) y donde viene también a intentar aplacar su sed un cuervo cojo, negro, con plumas de apagados reflejos azules, carne seca, ojos y pico brillantes. 
Primero pienso que esta sombra, oscura, escurridiza, casi fantasmal, es un gato. No es nítida la imagen que da, desde lejos. Podría ser otra cosa. Por momentos desaparece dentro de una sabina de sombra fría que crece allí entre dos escalones y los trozos inservibles de una vieja mesa redonda moteada de glaucas manchas de verdigrís, como cardenillo de russulas creciendo en su círculo tóxico.
 Lo imagino, lamiendo sus heridas de pellejo polvoriento sobre huesos puntiagudos. Sólo se oye a veces, a media voz, un sonido lastimoso, maullido prolongado y pedigüeño seguido pronto de un bufido desafiante, recobrando orgullo. Destino de gato sin hogar.
Pero, por un movimiento característico de su cuerpo, descubro que es gata. Se alarga el mes de febrero, el mes del celo gatuno. Y me da aún más pena.
El cuervo viejo de alas medio desplumadas, aprovecha su estado febril, le grazna desde el montón de escombros, encaramado en un manillar oxidado. Y le roba hasta los pececillos de plata, urajeando. Bufidos. Graznidos insistentes, provocadores. Maullidos agudos, insistentes.
Un descolorido oso de peluche, desmembrado, yace cerca, dejando ver su relleno vegetal enmohecido.
A lo lejos, se oyen las notas cristalinas de un ruiseñor, esperando eco o respuesta.
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Desaparecen todos en la pantalla de la noche...
El decorado ha cambiado... Un jardín amurallado. Una puerta custodiada por las zarzas. Una casa medio abandonada, cerca de un acantilado, rezumando secreto.
     
"El olor a polvo y tiempo estancado en el interior era intenso. Cassandra dejó que la vista recorreria la hilera de lomos de los libros, rojos, verdes y amarillos, y esperó a que un título la atrapara. Una gata atigrada estaba repantigada en el tercer estante, balanceando el rabo entre los libros, bajo un rayo de luz solar. Cassandra no la había visto antes y se preguntó de dónde habría salido y cómo habría entrado en el apartamento sin que lo adviertiera. La gata, notando que estaba siendo examinada, extendió las patas delanteras y miró fijamente a Cassandra con aires de reina. Después dio un salto en un prolongado y fluido movimiento, se dejó caer al suelo y desapareció bajo la cama." 
       ..............

El acantilado se tambalea: distorsionado se torna de nuevo circo. El cielo, una espiral de jirones de niebla grís que se escurren entre las ruinas.
La gata, flaca, deslucida, recelosa, intenta arañarle los ojos al cuervo pero sus garras negras, sucias y enloquecidas, sólo rozan un poco una piel dura de donde no brotan más que unas gotas de sangre oscura, de sabor indefinido. Y que ella lame al limpiarse la punta de las patas, ronroneando.
Será su alimento de hoy. Hasta que vuelva a hurgar en otro cubo de basura o a engañar el hambre con lo que le echen.
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Abro los ojos. Miro el reloj de la mesilla. Sus dígitos rojos marcan las cinco de la madrugada.
Unos gatos maullan desesperados fuera. Fuera de febrero, mes del celo gatuno que este año se alarga.
Me despierto con mal sabor de boca. Algo me ha sentado mal...
Habrá sido esta receta de caracoles con ajo que me ha producido ardor de estómago con sólo leerla, ayer noche. Caracoles picantes mezclados con lecturas sobre gatos , jardines olvidados y relecturas sobre las ruinas de Grecia y de Roma.
 Roma: amoR en los espejos, dicen. Roma, Ciudad Eterna de las peleas de los gatos abandonados y hambrientos, los gladiadores sin futuro y los ladrones de tiempo, ladrones de vida.

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Hoy tocó pompita de noche sin luna...
                     ... y con pesado concierto gatuno primaveral. :D
A ver si se calman de una vez y me dejan dormir... hasta la próxima luna llena, que también me quita el sueño a veces....

.¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿................??????????????????????????

Amig@s lectores, 
A veces entre mis dedos el lápiz toma el mando y me inspira cosas que hasta a mí, me cuesta entender :D
Y otras veces, quien toma el mando es mi torpeza recurrente con el "cacharrito" 
Hace poco, Laura me preguntó por mi entrada del día 15 que no aparecía... y la explicación es que, al responder a Juan, me percaté de una falta de ortografía en mi texto, la corregí y... en vez de darle a Actualizar le di seguramente a Borradores. Y me fui de viaje tan tranquila, desconectada del mundo bloguero :D No tengo remedio: soy una torpe :( 
O mis textos también necesitan viajes a veces :D
Gracias, Laura, atenta lectora amiga por señalarme el fallo. 
Ah! y no te preocupes con este divagar ;) Los gatos de mi barrio ya se han calmado y los que retraté por ahí eran normalitos :D (salvo uno, negrito como el mío y muy cariñoso, que era sordo de nacimiento y por ello se perdía a menudo nos contó su amo. Pobrecito :( )
Besotes y besotes.
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martes, 16 de mayo de 2017

El sendero de los sueños

Eran siete. Cada una de un color distinto. Las habían mandado allí para purgar sus pecados que eran muchos; y despojadas de su cuerpo mágico que las hacía invisibles, les habían dado el disfraz de unas libélulas de alas frágiles y transparentes.


Y ellas que habían incordiado tanto a los humanos en sus anteriores encarnaciones, debían ahora sortear los múltiples peligros que acechan a todo ser alado.
Algo arrepentidas por sus fechorías pasadas, estaban en ese momento cavilando sobre la manera de enmendarse, conseguir su rehabilitación a los ojos de los demás moradores del bosque y recuperar, con el perdón, su aspecto habitual.

Su reflexión fue interrumpida por un ruido muy familiar: el de los pasos de un hombre que solía pasear por este bosque en busca de soledad y silencio... Aquel día, el hombre, algo mayor y cansado, se sentó en el tronco tumbado de un árbol que allí yacía entre la hierba; con ese banco improvisado el lugar se tornó propicio a la meditación o la ensoñación.

Al ver su rostro serio, ellas se acordaron de lo mucho que le habían fastidiado en el pasado: dolorosas picaduras de avispas, molestos zumbidos de mosquitos que le quitaban el sueño y más trastadas de chinches que en su inconsciencia de jóvenes e inexpertas hadas del bosque habían urdido para entretenerse cada primavera. Fechorías que a la vejez lamentaban y por las cuales estaban ahora sufriendo destierro.

Pero las hadas, al igual que los duendes, trasgos y demás diminutos que pueblan nuestro entorno, si bien son a menudo incordiosas por burlonas, son también personitas sin maldad verdadera. Y se les ocurrió una idea curiosa para alegrar al visitante...
Rozaron levemente las ramas del enebro que daba sombra al banco con el fin de salpicar a su huésped con el polvo de oro que en esta estación se escondía entre las acículas. Pues son muchas las propiedades de los enebros y las hadas lo saben. Y esta lluvia dorada viene cargada de poderes mágicos que los humanos no sospechan...


Al hombre le gustó el chaparrón impalpable a su alrededor. Le pareció bonito verlo bailar abrazado a los rayos de sol que se colaban entre los troncos. Pero estornudó estrepitosamente y parte del polen dorado se le metió en los ojos. Y se apoderó de él un sopor al que no se resistió, tan a gusto se encontraba en ese lugar.
Lo que no imaginaba ese hombre es que el sueño profundo que le invadió era un ardid mágico de las Siete Hadas del Enebro para hacerse perdonar lo mucho que le habían perseguido y maltratado toda la vida con sus bromas de mal gusto.

Ellas entraron por sus ojos, como siempre lo hacen; se escondieron detrás de sus párpados y se apoderaron de sus sueños... Pero esta vez no fue con la idea de truncarlos sino con el propósito de dejarle un regalo muy especial, un favor exclusivo...
Sembraron a su alrededor el sueño de un bosque umbrío y misterioso, con su camino serpenteando entre musgos y flora silvestre de jaspeados tonos azules. Se respiraba paz en este bosque sólo poblado de pájaros cantores. Y le dejaron pasear de la mano de sus recuerdos y sus sueños juveniles por el camino de polen dorado, entre campanulas celestes y jacintos olorosos.

Cuando el hombre despertó, se encontró de nuevo en el paisaje de siempre y muy lejos del Bosque Dorado de las Hadas pero volvió a su casa con una sonrisa en los labios.
Y al pasar al lado de la señal de la senda encantada, le guiño un ojo al ciervo alado que le había mostrado otro de los muchos caminos de los sueños del ser humano.

                                                          de la red: una de las múltiples señales mágicas de Bretaña

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Pompita con guiño:
Este cuento está dedicado a un curioso perrito verde que me lo inspiró, regalándome el favor especial de pasear por
                      el Camino de las Hadas de su lejano Bosque Azul.
Muchas gracias, P. ;)
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jueves, 23 de marzo de 2017

En el camerino de las hadas


¿Dónde habré dejado los pendientes? ...


¿Alguien ha visto la borla de mi polvera? ...


¡No encuentro mi estola preferida, ya sabes, la verde! ...


¿Y dónde están mis lentillas nuevas, las azules? ...


¿Qué opinas? ¿ Un broche naranja o mejor en blanco y azul? ...




Creo que me pondré la capa verde este año, con la diadema de…



No, no, no. Estáis equivocadas, haditas del jardín. Nada de diademas ni de tacones de vértigo: esto no es un concurso de belleza, señoritas… Guardad todo esto para el día de la inauguración.
Que por cierto se ha pospuesto otra vez: me acaban de avisar que la primavera se retrasa por culpa del tráfico aéreo: un atasco de nubes de nieve, encima de la Alameda nº6. *



Pero sin embargo daros prisa: todas tenemos que estar preparadas para recibir a la primavera.
Y vuestra carroza (carretilla quería decir) os espera, princesas jardineras.

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Pompita suspirando por la primavera...
* A6 para los que la sufren

martes, 7 de marzo de 2017

¿A qué saben las nubes?...


De repente notó frescor en los ojos a través de sus gafas negras.
Y preguntó:
- ¿Se escondió el sol verdad?
- Supongo... Noto una nube cruzando el cielo...

-... ¿A qué sabrán las nubes?...

Él cogió su mano y jugando dirigió su dedo índice hacia el cielo y le dijo:
- Dímelo tú.
Ella se rió, se llevó el dedo a la boca, lo saboreó y contestó muy seriamente:
- A helado de vainilla, mi preferido.
- Acertaste. Y ¿ésta otra?
- Muy fácil: a chantilly con moras y arándanos.
Siguieron caramelo de mandarina y sorbete de violeta, pollo asado y setas, espárragos silvestres y agua de mar...Y mil cosas deliciosas que inventaron sobre la marcha mezclándolas con recuerdos de sus lecturas descubiertas con las puntas de los dedos.
-  ¿Y esta nube? A ver si lo adivinas...
Estuvo dudando, sacudiendo la cabeza; y volvió a apuntar con el dedo.
- No sé... No me gusta... Sabe rara... ¿A metal?... ¿A humo?...
¿A pólvora?..
- Podría ser... Se ha levantado aire: se aproxima una tormenta, creo.

Descubierto su nuevo juego, siguieron probando cada nube, cada día, apuntando al cielo.
Un banquete de sibaritas; entelequia donde mezclaron sin orden ni lógica el sabor de las nubes.
Unas desfilaban rápidamente, insípidas ya de tan conocidas. Otras tenían sabor a frutas exóticas que no supieron identificar. Algunas empachaban con sus ribetes de azúcar impalpable.
Tuvieron, de madrugada, desayunos opíparos de tímidas nubes azules. Y cenas anaranjadas de atardeceres melancólicos. Festines de cúmulos con sabor a tiza escolar. Meriendas deshilachadas y susurradas de brumas verdes. O rosadas a cualquier hora...
Y así, durante meses, degustaron el cielo a su manera.

Pero empezó el buen tiempo, sin nubes de ninguna clase. Se quedaron hambrientos de sueños. Preguntando cada día a los que miraban el cielo y redactaban informes meteorológicos:
-¿Tendremos nubes hoy?
Y se hundían en el silencio de un cielo sin relieve, con sabor amargo, cuando les contestaban tan ufanos que no; que no había nada en el cielo; que estaba totalmente despejado; que iba a ser un hermosísimo día de primavera; que ya era hora ¿no?...
Y se acabó el juego infantil del sabor de las nubes.

Pero años después, los dos seguían preguntándose, a solas detrás de sus párpados ciegos:
- ¿A qué sabrán las nubes?...

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Pompita volando, con pregunta errática.

Ps. Y algo nuevo para los "golosos"...
http://www.aemet.es/es/noticias/2017/03/Nuevo_Atlas_Nubes
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martes, 20 de diciembre de 2016

Rito de invierno

 

Desde hacía unos días, estaban nerviosos, incómodos, expectantes... Una curiosa desazón que les quitaba el sueño o a ratos les submergía en imágenes inexplicables. La niebla circundante mucho tenía que ver en el asunto: no se veía a tres pasos y el aire algodonoso los envolvía con su aliento frío.
Lo más desasosegante era el silencio: ni un crujir de ramas, ni un solo pájaro cerca.
Pero notaban llegar un temblor profundo, un gruñido sordo desde el vientre de la tierra. Todos retenían la respiración; incluso los más pequeños, los más parlanchines.
Hasta que de pronto los vieron llegar: vestidos de marrón y verde, calzados de gruesas botas, la cabeza cubierta de gorros negros, armados hasta los dientes .
¡Los hombres! ¡Los hombres habían llegado al monte!
Y un escalofrío de terror recorrió el bosque...
Ya lo entendían, ya lo recordaban: era lo de todos los años... Los hombres iban en busca de abetos jóvenes. Para el sacrificio de siempre, el rito bárbaro de arrancarles a sus hijos para ornar sus casas para el disfrute de los suyos.
De repente se elevó un tornado, una ráfaga de protesta profunda de siglos de esclavitud que recorrió todo el monte; y desde las raíces de la vieja teja hasta los abedules del riachuelo pasando por el musgo de los robles y las acículas de los pinos esbeltos, todos se confabularon para esconder los abetos jóvenes a la vista de los hombres.
Los cubrieron de hojas muertas y de telarañas pegajosas, rodearon su pie de hormigueros gigantescos o zarzas pinchudas. Los arroyos, con furia, arrancaron las rocas que ellos utilizaban de puentes y crecieron sus aguas imposibilitando el paso. La niebla borró cualquier reflejo de sus ojos garzos y elevó un grueso muro infranqueable entre los hombres y los abetos.
Y funcionó.
Los hombres, desconcertados, ya no encontraban las marcas rojo sangre que habían pintado en los troncos elegidos; los senderos les eran desconocidos, no aparecían los mojones antiguos. La brújula se había vuelto loca y después de dar vueltas y más vueltas por este monte que les echaba, los hombres volvieron hacía la ciudad, cabizbajos. Incapaces de explicar lo que les había pasado allí arriba; ni siquiera entendían su impulso de subir al monte pues la niebla invadió también su mente y borró hasta el recuerdo de abetos pasados. Sólo recordaban las bolas coloradas y las lucecitas brillantes. Y nada más...

           A raíz de este acontecimiento extraño, en cada casa los niños empezaron a ...

... Vosotros ¿sabéis lo que hicieron los niños?...
                                         Seguro. Y me lo vais a contar...

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Pompita de Navidad y mi sonrisa para cada uno de vosotros. :)

martes, 16 de febrero de 2016

Mudanza


De repente se le cayó encima todo el cansancio de los meses pasados. Se sentó en una de las numerosas cajas que todavía quedaban por llevar y su mirada se paseó por la estancia...
En esta desapacible mañana de febrero, el salón acogedor que ayer todavía albergaba lustros de vivencias varias, le pareció ahora desmedido y desangelado, exhibiendo sin pudor sus cicatrices más felices: las ventanas ciegas y claras de sus cuadros ya embalados, este arañazo en el parqué que sólo él conocía o este desconchón en la pared que unos intrusos arreglarían; una retahíla de insignificancias abigarradas de las cuales sólo él recordaba el origen...
Los alborotos, risas, gritos y carreras se desvanecían, rebotando en suelos, paredes y techos con la fuerza menguante de una pelota que se desinfla...
Y flotaba en el aire un olor acre de chimenea fría y de casa abandonada que ahora le picaba los ojos y le oprimía el pecho...
Se levantó con esfuerzo y fue a la cocina. Pero por supuesto no quedaba ni un vaso en la alacena; y la nevera desenchufada que habían acordado dejar a los compradores, enseñaba su tripa desolada. Así que bebió directamente del grifo, que hoy no goteaba...
A solas, antes de la vuelta de los chicos de la mudanza que la víspera ya lo habían empaquetado todo y a primera hora se habían llevado la mayoría de los muebles, dio un último paseo por la casa, entre papeles arrugados, burbujas de plástico y restos de cinta adhesiva que se le pegaron a la suela de los zapatos.
Y recogiendo un pequeño libro sin tapa olvidado entre cajas de cartón, se despidió de cada rincón rumoroso de recuerdos...

Le sobresalta el timbre de la puerta; y sacudiéndose la morriña, empieza otra vez a visualizar su nueva casa que pronto se transformará en hogar; con sus cachivaches viejos y sus risas nuevas, con sus rozaduras de calzado recién estrenado y con su caminar ilusionado por una nueva página oliendo a pinturas y barnices frescos.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Pespunte


Descalza y desnuda se acerca; y con la punta del dedo índice dibuja en la superficie brumosa una silueta.
Perfila la curva de la cara; la barbilla, bien definida.
Esboza una nariz, que le sale algo infantil; y baja luego por el cuello, largo.
Despacio acaricia unos hombros fuertes, una cintura esbelta.
Y los dedos rosados y titubeantes recorren recuerdos. Pespunteados.
Vuelve a subir por la nuca su mano entera a modo de peine y se demora plasmando el pelo lacio, largo y goteando en la espalda y el torso.
Se para. Indecisa.
Añade los ojos. Que dibuja cerrados.
Y se aleja. Temerosa.
Pero enseguida vuelve y añade con valentía pestañas de ojos abiertos frente al espejo.
Con la palma de las dos manos lo frota largamente, borrando la niebla fría que lo cubría.
Y de frente se contempla, igual que siempre. Igual que antes.
Con la boca de sonrisa amplia, segura y feliz que a él le gusta tanto.
La sonrisa dulce que alimenta también a su hijo.
La sonrisa que ya no tendrá que dibujarse cada mañana en el espejo
al salir de la ducha.

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martes, 17 de febrero de 2015

Vísperas de San Valentín


Me ha salido un grano en la nariz. Ya... lo veo. No es importante. Será la primavera que se acerca. Y si se me permite, más vale en la nariz que en otro sitio... Pero ¿no lo entiendes? Para mí, es un drama: voy a verla al salir del concierto. ¿Tienes una cita?... No es exactamente una cita pero... Creo que ella lo sospecha: quiero pedirle que salga conmigo. Ah... Nos vemos cada día en clase. No me digas... La camelé con mis notas. Tus notitas, ya lo sé, no fue muy original... Si le gusto un poco, se fijará más en mis ojos que en mi nariz ¿verdad? he notado que se fija mucho en mis ojos. Pero mis ojos, yo no los veo. Y el grano me hace bizquear. A ver... No me lo digas, lo sé: si me quiere, hasta le gustarán mis dobles puntos de vista. Me verá como a un tipo de interesante conversación. El amor es ciego... Tienes razón. O tuerto. O sordo. O bizco. Como tú... Pero yo no quiero engañarla con ideas falsas. Bueno... Todavía no. Ya empezamos otra vez, como todos los años... Déjame en paz. Ya... ¿Será que me está creciendo la nariz?... Si te quiere de verdad hasta la harán reír mis medias mentiras. Pero yo no quiero hacerla reír todo el tiempo. También quiero que me tome en serio. Ni tú te lo crees... Cállate ya, hombre. Se ve que no tienes mi edad. No seas tan pesado con el tema... Tienes razón: si me quiere de verdad, te tomará como soy. O se hará la tonta.... O me tomará por tonto y me dejará. Si es lista de verdad...
Me ha salido un grano en la nariz. ¿Cuándo me dejará?... el grano, digo. Esto no lo sé... Pero si me quedo aquí parado delante del espejo, llegarás tarde a nuestra cita. Y llegará otro. Es muy posible... De su edad, con dedos de tamborilero o de flautista. Y sin grano. Y los suspenderás a los dos...Y ella me dejará y se irá con el otro. ¡Ojalá les salga a los dos un grano en la nariz! Lo tuyo es muy grave. O serán las hormonas. Yo le pediría cita a la dermatóloga... A ella ¿seguro que le gustará? Más con grano que sin... ¿Estás seguro?...
Y en el espejo se ríe, se hincha a reír. Y rojo de la risa y reventando de importancia, piensa:
"De qué depende una cita de San Valentín..." y concluye: "De mí"

El sábado 14, todavía seguían delante del espejo...

El día del santo se despertó la dermátologa con un grano en la nariz que echó a perder su cita con Valentín, el viejo profesor de solfeo. ("Me ha salido un grano en la nariz. Ya lo sé. Lo veo" etc... etc... Vamos: lo de siempre.) Mala suerte. Tardó diecinueve días en desaparecer del todo.
Y mientras, acabó febrero, el mes de Valentín. Por fin.

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Puffff.... Lo siento: no me gustan las fechas fijas y colectivas.

Pompita sin más.